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martes, 20 de noviembre de 2018
ANDRÉS TRAPIELLO. COMO TODO LO QUE NO ACABA
Nuestros más fieles y aplicados oyentes recordarán que hace siete días os ofrecíamos la primera entrega de una serie de dos -y que por tanto llega hoy a su fin- centrada en Andrés Trapiello, un escritor que ya había protagonizado un par de programas de nuestro espacio hace algunos años, dos emisiones que podéis recuperar en este mismo blog en el que desde hace años dejamos las diferentes transmisiones radiadas.
En el último tomo de los diarios del escritor leonés, el que hace el número veintiuno, de título Mundo es, Trapiello relata un episodio sucedido en su vida -siempre que admitamos la fidelidad de su escritura a la existencia real, algo abierto a la discusión- en el que el protagonista se enamora en silencio de una muy guapa chica con la que coincide día tras día en su trayecto cotidiano al trabajo en el mismo vagón de metro. Conocíamos el lunes pasado las primeras emociones del narrador, el deslumbramiento que le provoca la atractiva mujer, su emotividad desbordada, su timidez y su falta de decisión, su zozobra, sus impulsos y cautelas simultáneos, los signos todos de su muy poético enamoramiento. Retomamos esta noche la historia, cuando la tensión insostenible que perturba al personaje parece, por fin, a punto de resolverse.
Para complementar musicalmente las dulces y a la vez dolorosas peripecias de las que nos da cuenta el romántico relato os dejo con una docena de canciones, que participan de la sensibilidad y la belleza del texto de Trapiello. Con la intención de mantener una por otro lado difícil continuidad en las dos ediciones, separadas por una semana, he recurrido a un expediente, ya utilizado aquí en los dos programas centrados en Ordesa, la novela de Manuel Vilas, consistente en repetir los intérpretes de las canciones que han arropado el texto en ambas noches. Así, en la emisión de hoy han sonado -en el mismo orden que en la del lunes pasado- Laurinda Hofmeyr, John Carter Cash, Kiki Dee, Mark Erelli, Stacey Kent, Thompson, Norah Jones, Paul McCartney, Low, Brigitte Saint-Aubin, Trijntje Oosterhuis y el magnífico Diali Cissokho con su banda Kaira Ba.
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martes, 13 de noviembre de 2018
ANDRÉS TRAPIELLO. LO MEJOR DE MI VIDA
Esta semana continuamos la serie, que lleva ya tres entregas, centrada en libros de relativamente reciente publicación, de los que entresacamos los fragmentos que os leo en cada emisión. En emisiones precedentes hemos tenido como invitados a Javier Marías, con su Berta Isla, y a Manuel Vilas, a cuya novela Ordesa hemos dedicado dos ediciones del espacio, la última hace siete días.
En el caso de esta noche el protagonismo recae en otro autor ya conocido en Buscando leones en las nubes, pues hace unos años os presenté sendos programas, centrados respectivamente en su obra diarística y en su poesía, que podéis recuperar en este mismo blog. Se trata, quizá lo habéis adivinado, de Andrés Trapiello, que hoy vuelve a comparecer en nuestro espacio en su calidad de escritor de diarios, aunque desde un enfoque algo diferente al de su última aparición aquí.
Andrés Trapiello lleva décadas ofreciendo a un cada vez más amplio grupo de lectores -en su origen los seguidores eran escasos y casi clandestinos, si exagero un poco- sus diarios, recogidos bajo la rúbrica general de Salón de pasos perdidos. Desde 1990, en que apareció el primer tomo -El gato encerrado- hasta 2017 en el que vio la luz el por ahora postrero, Mundo es, sus incondicionales hemos podido leer y deleitarnos con veintiuna entregas de la serie, en cada una de las cuales presenta -filtrados por su talento literario- la crónica de algunos acontecimientos significativos vividos por él diez años antes. Una existencia sin demasiado relieve, sin momentos sobresalientes o experiencias llamativas, más allá del casi siempre rutinario fluir de la cotidianidad, se convierte en manos del autor en una adictiva obra literaria que se lee con la fruición de una novela. En las próximas semanas aparecerá -así lo ha declarado el autor en una reciente entrevista- un nuevo título de la serie; además, desde hace ya casi un mes, está en las librerías, El Rastro: historia, teoría y práctica, su imprescindible y exhaustivo estudio sobre el singular mercado madrileño.
En esta por ahora última entrega Trapiello relata un episodio -ocurrido verdaderamente en su vida, aunque en estos diarios nunca se sabe qué es real y qué inventado- surgido con ocasión del encuentro en un vagón de metro con una mujer desconocida, una chica muy guapa que le fascina y obsesiona, y a la que, pese a la familiaridad que da la coincidencia diaria en el trayecto compartido, no se atreve a abordar. El romántico y muy bello relato de esta “relación” -o como se la quiera llamar- constituye el núcleo central de la vertiente literaria de la emisión de hoy y de la del lunes próximo, una historia que esta noche quedará truncada, pues, ante la imposibilidad de reflejarla íntegra en la exigua duración de un solo programa.
Para complementar la vibrante peripecia narrada por Trapiello os dejo, como de costumbre, con una colección de canciones, doce en este caso, intimistas y delicadas, llenas de emoción y sensibilidad. Sus intérpretes, como siempre por orden de aparición, son Laurinda Hofmeyr, John Carter Cash, Kiki Dee, Mark Erelli, Stacey Kent, Thompson, Norah Jones, Paul McCartney, Low, Brigitte Saint-Aubin, Trijntje Oosterhuis y Diali Cissokho con Kaira Ba.
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martes, 20 de marzo de 2012
MUJERES SOÑADAS
Después del programa especial dedicado el lunes pasado a las mujeres, Buscando leones en las nubes continúa, una semana más, con su particular celebración del Día Internacional de la mujer (Nota aclaratoria: hace siete días hablé aquí del Día Internacional de la mujer "trabajadora" y se me ha hecho ver mi equivocación. Acepto, claro está, la corrección: si la denominación oficial no incluye la mención al trabajo es un error mío no haberla actualizado. Me resulta insólita, en cambio, la alusión a que ese mero despiste pueda interpretarse como un supuesto comentario machista -no ya mío, sino de cualquiera que haya incurrido en él. Haber declarado abiertamente mi defensa de la justa igualdad entre hombres y mujeres, de la indispensable equiparación de derechos y obligaciones, del necesario subrayado de la presencia de la mujer en la sociedad; llevar años abriendo este modesto espacio radiofónico a la ostensible presencia femenina… no resulta suficiente desde la perspectiva de la corrección política imperante. No, al contrario: si pese a todo ello, alguien escribe -por ignorancia de la denominación adecuada, como en mi caso, o por despiste o confusión o vaya usted a saber por qué- “Día internacional de la mujer trabajadora” y no “Día internacional de la mujer” es culpable indiscutible de un irredento machismo. Sencillamente, resulta de un reduccionismo difícil de entender. En fin… el rábano y las hojas).
El enfoque de este nuevo programa dedicado a la mujer en Buscando leones en las nubes es, sin embargo, algo menos femenino que el de la semana pasada Entonces, como quizá recordaréis, era la propia voz de las mujeres la que sonaba en los versos de algunas poetas jóvenes que daban a conocer su obra a través de blogs, páginas web, redes sociales y, en general, el universo de internet.
En nuestra edición de esta semana, en cambio, quiero hablaros de las mujeres a partir de la mirada masculina y desde una perspectiva, además, muy particular. Mujeres soñadas he titulado el programa de esta noche y ello porque el nexo común a todos los poemas que voy a leeros es precisamente ése, el de las ensoñaciones, el de las quimeras que los hombres, sobre todo los más románticos e idealistas, los más ingenuos y fantasiosos, tendemos a construir a partir de un encuentro fortuito, de una mirada cruzada al azar, de una presencia intuida, del paso fugaz de una desconocida a nuestro lado, en la calle (como en la sugerente foto de Stanley Kubrick que acompaña esta entrada). El desencadenante de la emisión, la idea generadora de la que nace el programa me la dio un bello texto de Andrés Trapiello recogido en el último tomo (hasta el momento) de su diario, Apenas sensitivo, y que ahora os transcribo en su integridad:Recuerdo aquella anécdota de los años mejicanos de Bergamín. Paseaba éste por la ciudad y se quedó mirando a una muchacha, descarándose con ella, como Petrarca ante la aparición de Laura. Le atraían las jóvenes hermosas, y él, que era tan viejo y tan feo como Bradomín, a ellas. Pero a diferencia de éste, no se sabe que Bergamín fuese un conquistador y no se conoce ninguna historia en la que él propusiera nada a ninguna de de aquellas adoratrices, ni mucho menos que se propasara con ninguna. Todo quedaba en el amor cortés, como pudimos verlo tantas veces. Y esas beldades, algunas de las cuales eran y siguen siendo amigas nuestras, acaso por ello mismo, porque sabían que todo había de reducirse a un ¡ay! y al campoamoriano “las hijas de las madres que amé tanto...”, se dejaban requebrar y aceptaban sus maliciosas dedicatorias en los libros, a modo de madrigales. A cambio sólo pedía de una manera implícita estar a su lado, a ser posible de dos en dos o de tres en tres, mejor que de una en una, y mirarlas. A la muchacha mejicana de la historia la descubrió caminando. Al columbrarla, se plantó en la acera y esperó a que llegara adonde él estaba. La muchacha se dio cuenta de lo que sucedía, claro, porque las chicas guapas desde que tienen quince años saben leer de una manera instintiva las miradas de los hombres e interpretar sus deseos. Lo que lean en esas miradas puede incomodarlas o no, conforme a un código que sin embargo no está escrito, pero están, como suele decirse, al cabo de la calle. A esta de la historia debió de hacerle gracia la estampa de aquel garabato flaco que era Bergamín y supo desde ese mismo momento que era, además, de los inofensivos y corteses, así que cuando llegó adonde Bergamín estaba, le sostuvo la mirada y le dijo, con ese desparpajo de las muchachas que lo dan todo en un instante sabiendo que al instante siguiente ya lo habrán olvidado: ‘¿Me va usted a soñar?’
Esas mujeres soñadas que nos ilusionan y entristecen, que nos impulsan y torturan, que se nos imponen desde nuestra pobre naturaleza de seres deseantes, aparecen en los poemas de Charles Baudelaire, Mario Benedetti, Pablo Neruda, Álvaro Valverde, Roger Wolfe, Miguel D’Ors, Felipe Benítez Reyes, José Luis García Martín, Vicente Gallego, Robert Desnos y Fernando Pessoa.
Y música de ensueño también para acompañar los poemas, preciosas y melancólicas canciones, grandes clásicos, piezas, todas ellas, intemporales, interpretadas por muy renombradas vocalistas de jazz, que contribuyen, con la seda de sus voces, como quiere el tópico, a crear un clima recogido, henchido de nostalgia y suavidad, que se aviene de maravilla con la dulce tristeza que impregna los versos de los poetas escogidos. Diana Krall, Helen Merrill, Nina Simone, Silje Nergaard, Ruth Cameron, Sophie Milman, Dorothy Dandrige, Beady Belle, Blossom Dearie, Stacey Kent (que aparece en la sección de vídeos con una magnífica versión de Jardin d’hiver) y Dinah Washington han sonado en la emisión.
Mujeres soñadas
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Stanley Kubrick
martes, 18 de mayo de 2010
ANDRÉS TRAPIELLO. QUIZÁ YA SÓLO SEA LO SOÑADO
Mis muchas exigencias profesionales me impiden dejaros hoy una entrada bien nutrida (del estilo de las acostumbradas aquí, y cuya lectura os saltáis habitualmente entre refunfuños por la insoportable pesadez de su autor).
Os diré tan sólo, por lo tanto, para presentar la emisión de esta semana, que ella constituye la continuación de la de hace siete días. De nuevo, pues, Andrés Trapiello en Buscando leones en las nubes aunque en esta ocasión es su vertiente poética (explícitamente poética, diría, en tanto lo lírico impregna toda su obra, sea cual sea el género en el que se desenvuelva) la que protagoniza el programa. Os ofrezco una docena de bellísimos poemas de Andrés Trapiello, poemas, como todos los suyos, llenos de emoción, clásicos, sencillos, elegíacos, intimistas, modestos pero intensos, recogidos y tranquilos, poemas con un tono un algo antiguo, con la ligera tristeza que siempre aporta la pátina del tiempo, poemas que hablan de las estaciones y del paso de los años, de flores y de pájaros, de la yedra y las encinas, de las estrellas, del amor sosegado, del sueño y de la muerte, de la amistad, de la melancolía, de la vida.Para acompañar la lectura de los poemas he vuelto a insistir en música interpretada por mujeres, con la intención de crear una atmósfera placenteramente femenina en la emisión. Y así, han sonado algunas preciosas canciones en las voces de Sade, Cortney Tidwell, Sophie Zelmani, Patty Griffin, Dianne Reeves, Kathryn Williams con Neill MacColl, Melody Gardot, Ida Sand, Sara Tavares, Leonor Watling al frente de Marlango, Skye Edwards y Sally Doherty.
En el apartado final dedicado a los vídeos, apoteosis sadiana. Siete actuaciones en directo grabadas entre 1984 y 2001, algunas de sus mejores canciones. No he podido encontrar ninguna muestra de su impresionante último disco, el excepcional Soldier of love, más allá de su primer sencillo, del mismo título, que no es, para mi gusto, su mejor pieza y con la que, sin embargo, cerramos la sección. Dejadme deciros para terminar que Sade es una de las cantantes que más me han gustado desde siempre. Recuerdo (intuyo vuestra queja, lo sé, veis avecinarse una batallita más del abuelo Cebolleta) un viaje de miles de horas en un incomodísimo tren (era 1984 o 1985, quizá 1986, no recuerdo con exactitud) para llegar a Barcelona a un concierto increíble de la diosa (exagerando) en una discoteca entonces de moda. ¡¡Cuánto tiempo ha pasado!! ¡¡Qué mayor es ya uno!!
Andrés Trapiello. Quizá ya sólo sea lo soñado
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martes, 11 de mayo de 2010
ANDRÉS TRAPIELLO. SALÓN DE PASOS PERDIDOS
A lo largo de las dos próximas semanas Andrés Trapiello se convierte en el invitado principal de Buscando leones en las nubes, en el referente central de un par de programas consagrados a su fecunda figura literaria. El escritor leonés es uno de los grandes favoritos en nuestras emisiones y ha aparecido con frecuencia en ellas desde que empezáramos a salir al aire hace once temporadas.
De todas las facetas en las que se manifiesta su prolífica obra literaria: novela, ensayo, libros misceláneos, poesía, diarios, son estas dos últimas, su obra poética y la diarística, las que más me interesan. También me gustaron (el término es pobre: llegaron a emocionarme), no obstante, algunas de sus novelas, que os recomiendo: Días y noches, La noche de los cuatro caminos o, más recientemente, Los confines. En estos días vuelve a ver la luz, en una reedición más completa que la original, Las armas y las letras, su gran clásico sobre la literatura en la Guerra civil española. Pero son el lirismo de sus poemas y la prosa desbordante de sus interminables (y uso el vocablo en sentido positivo) diarios lo que prefiero de toda su producción (¡¡¡producción!!!... ¡¡¡agggg!!!, odio esta prosa funcionarial). Es por ello que los dos programas que dedicamos a Andrés Trapiello, el que se emitió ayer y el que os ofreceremos el próximo lunes, se centran en estas dos vertientes destacadas de su rica personalidad literaria.La emisión que ahora os presento se centra en el Salón de pasos perdidos, su ingente obra en marcha, los dieciséis (hasta la fecha) tomos publicados de sus diarios (por cierto, en la emisión radiofónica me empeciné, con obstinada reiteración, en la cifra de quince volúmenes en lugar de los dieciséis que realmente han sido editados hasta ahora; el decimosexto titulado Troppo vero). Quien se acerque a ellos no va a encontrarse peripecias insólitas, aventuras inimaginables, escenarios exóticos, tramas deslumbrantes, anécdotas especialísimas, personajes singulares y fascinantes; muy al contrario, si hubiera que sintetizar su clima principal, el rasgo esencial que los define, yo elegiría la noción de simplicidad, incluso las de rutina, normalidad y hasta grisura. La vida de Trapiello es una vida sencilla. Lee y escribe en su casa, charla con su mujer, lleva al colegio a sus hijos, se acerca al Rastro los domingos en procura de alguna perdida joya de la bibliofilia escondida entre bagatelas, pasa la mayor parte de sus vacaciones en su casa extremeña de Las Viñas, cercana a Trujillo, visita a sus amigos, -enternecedores los encuentros con el pintor Ramón Gaya, en la última entrega ya muy enfermo- y, de vez en cuando, sólo de vez en cuando, aunque en los libros más recientes estos ‘fastos’ se repiten con mayor asiduidad, pronuncia conferencias, da charlas, presenta libros o es invitado a congresos. Con tan aparentemente pobres elementos, Trapiello construye unos diarios muy sugestivos y de lectura arrebatadora. Llevados por la magia de su escritura, por su muy notable aliento poético, presenciamos interesados -y más aún, encantados- los hechos más banales de su vida cotidiana, sus pequeñas y triviales ocupaciones: el hijo que falsifica unas notas, el operario que llega a reparar el calefactor, el chapucero y obstinado intento por arreglar un reproductor de discos compactos, los cánticos de los pajarillos en los despertares primaverales, las cuitas con los vecinos, un encuentro con un mendigo, las celebraciones familiares, las visitas esporádicas a la madre, la dolorosa ausencia del padre. Y asistimos también, claro, a las no siempre muy elevadas batallas literarias: los despiadados y sarcásticos juicios sobre los colegas escritores, las mediocres obsesiones de los protagonistas de lo que se ha dado en llamar ‘la vida literaria’: los celos, las influencias, las intrigas, los tejemanejes de los certámenes, de los congresos, de los premios literarios. Enemigo declarado de este particular mundillo, sus diarios contienen siempre abundantes diatribas en contra de esas ceremonias endogámicas del CAS (lo que él llama el Club de las Almendritas Saladas). Pero más allá del objeto sobre el que recaen las observaciones de Andrés Trapiello, lo que interesa de estos diarios, lo que los hace extraordinariamente atractivos, lo que provoca el que sus más asiduos lectores esperemos en tensión cada nuevo año la publicación del tomo consiguiente, es la ternura, el tono melancólico y delicado, el humor, en definitiva la mirada, la capacidad de poetizar la existencia, incluso en sus manifestaciones más mediocres, más irrelevantes.
Entre los muy breves fragmentos, casi aforismos en algunos casos, entresacados de los diarios de Trapiello, suenan algunas canciones pertenecientes (salvo la excepción de Sting) a discos de reciente publicación y que yo llevo escuchando con muy placentera insistencia en los últimos meses. Estupendas canciones interpretadas por Basia Bulat, Tindersticks con Mary Margaret O’Hara, Corinne Bailey Rae, Melody Gardot, Nick Cave con Debbie Harry, Charlotte Gainsbourg, Mi & Lau, Swamy Junior, Massive Attack con Hope Sandoval, Gill Scott-Heron, The Swell Season, Sting y la magnífica Sade Adu. A muchos de estos intérpretes (caso de Melody Gardot, la propia Sade o Basia Bulat, entre otras) ya las habéis podido encontrar en las ediciones precedentes de Buscando leones en las nubes, y aún tendréis ocasión de escucharlas en las inmediatamente venideras, porque, como os digo, tengo sus últimos y excelentes discos gastados de tanta reiterada audición, prueba evidente de su excelencia, que quiero así compartir con vosotros.
Con idéntico afán de disfrute colectivo cierro con una sección de vídeos que hoy viene austera, con sólo tres canciones interpretadas en directo: la magnífica Peanuts, de los Tindersticks, que pierde algo sin la voz femenina; Closer, de la siempre estupenda Corinne Bailey Rae, y I have loved you wrong de The Swell Season, la actual reencarnación musical de aquella pareja que tanto nos conmovió, no sólo musicalmente, en Once.
PD.- Os dejo también una especie de entretenimiento divertido (¿pero es sólo eso?) que acabo de descubrir en internet: una atractiva representación gráfica del programa, una peculiar 'traducción' en forma de nube de palabras (de nube, ¿cómo no?) de la emisión de esta semana. Espero que mi aún deficiente dominio de los aspectos técnicos del juego os permitan, sin embargo, disfrutarlo.
Andrés Trapiello. Salón de pasos perdidos

Una nube de palabras
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