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martes, 9 de enero de 2024
LOS MUERTOS
Bienvenidos a la emisión inicial de Buscando leones en las nubes por este 2024 que da sus primeros pasos. Alberto San Segundo, creador del programa y hablándoos ante el micrófono, os saluda, encantado de estar aquí un año más, y os invita a disfrutar con nosotros de una hora de radio muy singular. Y lo es porque, aprovechando una conjunción algo forzada de excusas, voy a recuperar una emisión ya radiada, con ligeras variaciones, en junio de 2002 y también en junio de 2006.
Se trata de volver a dedicar el programa a un cuento espléndido, emotivo y bellísimo, de cuya aparición se cumplen en este 2024 recién nacido ciento diez años, en una primera coincidencia de las dos que justifican mi elección de esta noche. En efecto, en 1914 el escritor James Joyce publicó su libro Dublineses, una recopilación de relatos entre los que se incluía el magistral Los muertos que sería objeto de una igualmente formidable traslación al cine, con el mismo título que el cuento, bajo la dirección de John Huston, en la que sería su última película, rodada, ya al borde de la muerte, en 1987. En mis programas de 2002 y 2006, el texto de Joyce apareció en la traducción, ciertamente mejorable, de Guillermo Cabrera Infante para la edición española de 1974 en Alianza Editorial. Para la presente emisión he elegido la versión, mucho más cercana y actual, de Nuria Barrios para Navona, publicada hace ahora tres años, en enero de 2021.
Como acompañamiento musical al conmovedor cuento del escritor de Dublín, sonarán las canciones de otro irlandés célebre e igualmente genial, éste de Belfast, el gran Van Morrison, cuyas melancólicas canciones se acomodan de un modo idóneo a la dulce tristeza del relato. Quiero advertiros, antes de empezar, que pese a que os voy a ofrecer tan sólo una recreación hecha de fragmentos del cuento citado, éste es demasiado largo para que, con el añadido de los temas musicales, pueda tener cabida, ni siquiera en extracto, en la escasa hora habitual del programa que, de esta manera, se extenderá por encima de los límites, por otro lado tantas veces superados, de los sesenta minutos.
Y todavía antes de dar comienzo al espacio, adelanto un breve apunte a propósito del relato de James Joyce cuyo espíritu -ya que no su texto íntegro- pretendo trasladaros. Estamos en Dublín en la noche del 6 de enero de 1904, hace, pues, ciento veinte años, en otro redondo aniversario que explica, tan cercano aún para nosotros el día de Reyes, esta nueva recuperación del programa. Un matrimonio, Gabriel y Gretta, acude al baile de Navidad que celebran todos los años sus tías, miss Kate y miss Julia. Llegan parientes y conocidos, amigos e invitados habituales. Se cena, se habla, se canta, se danza. Se suceden con rutina ritual, encuentros, charlas, bromas, pequeñas disputas, bailes, discursos. Al fin, todo acaba. Gabriel y Gretta se disponen a abandonar la casa de sus tías. En este punto nos acercamos al texto y empieza nuestro programa. Cae la nieve fuera de la casa de miss Kate y miss Julia. Pronto empezará a sonar la música de Van Morrison...
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martes, 21 de abril de 2020
CAE LA NIEVE
La interrupción de las emisiones regulares de Buscando leones en las nubes, ante la imposibilidad de grabar los programas a causa de la epidemia de coronavirus, y el hecho de que la última entrega emitida coincidiera, hace siete días, con los veinte años de existencia del espacio, “funcionan” como excusa para ocupar estas semanas “vacías” hasta su reanudación (que esperemos sean pocas, aunque me temo que no deberíamos descartar el horizonte de septiembre, o incluso alguno posterior) con la recuperación, aquí y en las ondas, en las que sí sigue siendo posible la difusión, de algunos programas antiguos que iré eligiendo en función de mis particulares criterios.
La interrupción de las emisiones regulares de Buscando leones en las nubes, ante la imposibilidad de grabar los programas a causa de la epidemia de coronavirus, y el hecho de que la última entrega emitida coincidiera, hace siete días, con los veinte años de existencia del espacio, “funcionan” como excusa para ocupar estas semanas “vacías” hasta su reanudación (que esperemos sean pocas, aunque me temo que no deberíamos descartar el horizonte de septiembre, o incluso alguno posterior) con la recuperación, aquí y en las ondas, en las que sí sigue siendo posible la difusión, de algunos programas antiguos que iré eligiendo en función de mis particulares criterios.
Unos criterios que, desde un punto de vista objetivo, no son otros que los de la calidad e interés que puedan atesorar las distintas selecciones de música y literatura que os he venido ofreciendo durante estas dos décadas, y que desde una perspectiva más personal y subjetiva tienen que ver con mi propia satisfacción con el resultado obtenido en determinadas emisiones.
Con las muchas limitaciones técnicas y de sonido, pero también las que se derivan de mi condición de aficionado y de mi correlativa falta de profesionalidad, de mis deficiencias en la locución, de mis, en definitiva, múltiples carencias radiofónicas, hay programas que me gustan mucho, cuyos textos y canciones logran todavía, tras nuevas escuchas, emocionarme, hacerme pensar, conmoverme, cambiar mi ánimo, ilusionarme o sumirme en un placentero estado de agradable melancolía.
Algunos de esos programas irán saliendo aquí en las próximas citas con la escasa pero fiel audiencia de Buscando leones en las nubes, empezando por el de hoy mismo, una emisión que se radió por primera vez el 24 de junio de 2002 y que se redifundió, ya con el blog abierto, el 11 de octubre de 2008. En ambos casos se presentó con el título de “Van Morrison/James Joyce” que ahora he cambiado al actual “Cae la nieve”, más poético y, sobre todo, menos expuesto a absurdas reclamaciones (en su momento, y a requerimiento de los abogados del “león de Belfast”, que debieron rastrear el nombre de su cliente en la biblioteca digital en la que deposito mis “producciones”, hube de retirar el programa por supuesta violación de los derechos de propiedad intelectual… en fin).
La emisión conjuga la lectura de fragmentos significativos del cuento Los muertos, de James Joyce, incluido en su libro Dublineses, con algunas de las más tristes canciones de otro irlandés ilustre (pero uno del sur y otro del norte). El cuento, como sin duda conocéis, ha sido objeto de traslación cinematográfica por John Huston, en una película de 1987, The Dead, testamento profesional del director, que es, sin duda, una de las mejores de la historia del cine (y probablemente la más bella que yo haya podido ver).
El programa, algo más largo de lo habitual, permite apreciar muchas de las insuficiencias antes reseñadas, agravadas por mi bisoñez de hace casi veinte años: una locución impostada y algo artificiosa, un mal sonido, diversas imperfecciones técnicas. El resultado final, sin embargo, es más que digno, porque creo que es fácil percibir la emoción que me embarga al narrarlo (lo cual, a mi juicio, es un valor) y, sobre todo, porque el texto de Joyce y la música de Morrison son, simplemente, inmejorables.
Un breve apunte, antes de comenzar, a propósito del relato de James Joyce cuyo espíritu -ya que no su texto íntegro- inspira el espacio. Estamos a principios del siglo XX, en Dublín. Un matrimonio, Gabriel y Gretta, acuden al baile de Navidad que celebran todos los años sus tías, miss Kate y miss Julia. Llegan parientes y conocidos, amigos e invitados habituales. Se cena, se habla, se canta, se danza. Se suceden con rutina ritual, encuentros, charlas, bromas, pequeñas disputas, bailes, discursos. Al fin, todo acaba. Gabriel y Gretta se disponen a abandonar la casa de sus tías. En este punto nos acercamos al texto y empieza nuestro programa. Cae la nieve fuera de la casa de miss Kate y miss Julia. Suena ya la música de Van Morrison…
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martes, 19 de octubre de 2010
VAN MORRISON. EN EL LADO ALEGRE DE DE LA CARRETERA
De nuevo una semana de Van Morrison en Buscando leones en las nubes, de nuevo la magia de sus canciones, de nuevo sus -para mí- no demasiado interesantes letras... y de nuevo mis exigencias laborales que me obligan a minimizar la extensión de esta entrada.
Supliré mis limitaciones con el enlace a una fantástica página ‘morrisoniana’ en la que podéis recrearos en la lectura, la consulta de información y muchas cosas más. Se trata de Viaje a Caledonia, nacida en torno a un libro del mismo título del año 2004 que, por cierto, acaba de reeditarse.De manera que, por mi parte, resumo. En nuestra parcela musical podréis escuchar poderosísimas canciones del León de Belfast; a diferencia de la semana pasada ahora he optado por los ritmos más vivos y contagiosos del irlandés, por sus piezas más movidas y alegres. Así, en un nuevo intento de mostrar una selección representativa de su larga carrera, os encontraréis con Brown eyed girl, de 1967, Real real gone de 1990, Meet me in the indian summer de 2002, Cry for home de 1983, Cleaning windows de 1982, Come running de 1970, Gloria de 1964, Full force gale de 1979, Going down Geneva de 1999, Evening train de 2005, Bright side of the road de 1979, Ivory tower de 1986 y Stop drinking de 2002, la única no escrita por él, sino por uno de sus maestros, el mítico Lightin’ Howpkins.
Y entre las canciones, sus letras. La mayor parte entresacadas de tres libros, las únicas referencias en castellano sobre los textos de nuestro invitado de esta noche (son, al menos, las principales, aparte de la arriba reseñada; hay alguna más, como la aparecida en 1995 en la editorial Celeste, con Alberto Manzano a cargo de las traducciones, pero parece inencontrable y no he podido consultarla): el Van Morrison de Eduardo Jordá publicado por Cátedra en 1990 y los dos volúmenes de la Editorial Fundamentos, editados en 2002, Van Morrison: Canciones 1 y Canciones 2, con las traducciones de Paula Serraller. Para resolver algunas discrepancias personales con el enfoque que Jordá y Serraller dan al sentido de ciertos textos, para el programa de esta noche he contado además con la colaboración de Mª Ángeles Vicente, compañera y profesora de inglés en Salamanca, a quien se deben algunas decisiones últimas y muy atinadas sobre giros, modismos, referencias o interpretaciones en las para mí difíciles letras de Van Morrison (una sola muestra de esta dificultad, el título del programa y de esta entrada, Bright side of the road: ¿flanco radiante del camino?, ¿la parte soleada de la calle?... he preferido ‘el lado alegre de la carretera’. En fin...)
El siempre huraño e incluso a veces irascible irlandés aparece en nuestra habitual sección de cierre en unos cuantos vídeos grabados en vivo con muy distinta calidad musical y de imagen. Tres canciones lentas, no emitidas en el programa, Talk is cheap, The healing game, y Sometimes we cry, y cuatro que sí pueden escucharse en la emisión, más movidas y animadas, Real real gone, Cleaning windows (que utilizo -a mi juicio muy provechosamente- en mi clases; algún día haré un programa construido a partir de mis ‘recursos metodológicos’) y las muy conocidas Brown eyed girl y Gloria, mil veces versionadas y aparecidas incluso en el cine (hay un espléndido disco, Van Morrison at the movies, que os recomiendo y que acabará por aparecer también en Buscando leones en las nubes).
Van Morrison. En el lado alegre de la carretera
Van Morrison. En el lado alegre de la carretera
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martes, 12 de octubre de 2010
VAN MORRISON. LA BELLEZA DE LOS DÍAS PERDIDOS
El 31 de agosto pasado, Van Morrison, el genial músico irlandés, cumplía 65 años. Y con esa excusa, la celebración de su aniversario, una celebración algo tardía porque en Buscando leones en las nubes hemos estado ocupados con otras efemérides, queremos hacer un repaso somero a su ingente obra, a su fascinante universo musical.
El repaso, en efecto, ha de ser somero, pues sólo serán dos las emisiones (la de ayer y la del próximo lunes) que dedicaremos a las canciones y los textos del león de Belfast, y es tan inmensa su producción musical, tan dilatada su carrera (subió a un escenario por primera vez a los doce años, ¡¡en 1957!!), tantas sus piezas deslumbrantes, tantas también las decenas de discos -muchos excepcionales-, tantos los tipos de música en los que se ha desenvuelto -rock y blues, folklore y raíces irlandesas, country, jazz, funk, gospel y música negra, rhythm and blues-, que acometer la tarea de seleccionar entre tal cantidad de material una muestra que resulte no sólo atractiva e interesante, sino que pretenda también una cierta intención pedagógica, esto es, que se quiera representativa de los diferentes estilos, etapas, influencias del músico irlandés, siempre es un esfuerzo condenado al fracaso, limitado a ofrecer, en el mejor de los casos, un pálido reflejo de tanta inmensidad. Diré también que, sin embargo, ha resultado ser un esfuerzo, complejo y agotador pero sobre todo placentero, porque uno siempre disfruta moviéndose entre las canciones de Van Morrison. Van Morrison es un músico que me apasiona, he podido verlo en directo, no tanto como me hubiera gustado, y siempre me entusiasma. Hace años ya fue el protagonista del que para mí es el mejor programa de Buscando leones en las nubes que he hecho nunca, el más intenso, el más emotivo, el más ‘redondo’, a mi juicio. En él se juntaban las inmensas personalidades de dos irlandeses universales, James Joyce y el propio Van Morrison, Dublín y Belfast frente a frente. La aparición del programa en este blog suscitó entonces no sólo un extraordinario interés (es el programa más descargado de todos los aquí ofrecidos), sino una a mi entender gratuita polémica, pues los abogados del músico me exigieron de manera formal -con apelaciones sutilmente amenazantes a la intervención de los aparatos judiciales- que retirara el programa de Ourmedia, el espacio en el que deposito las emisiones para facilitar vuestra posterior descarga. El frío requerimiento, formulado en la mejor prosa administrativa, dio sus frutos y efectivamente retiré el conflictivo Van Morrison/James Joyce... para hacerlo reaparecer a las pocas horas con otra denominación, Cae la nieve, que impidiera la localización fácil por los sofisticados escáneres con los que los sabuesos leguleyos rastrean el universo virtual en busca de supuestos infractores (sólo supuestos, en mi caso: aquí sólo ofrezco lo que previamente se ha emitido en Radio Universidad, que, como emisora institucional, paga todos los derechos y por tanto dispone de todos los permisos necesarios).
En fin, dejemos atrás la burocracia. En el programa de ayer noche podréis escuchar al Van Morrison más melódico y delicado, al Van Morrison íntimo, al de las baladas y los medios tiempos, al de las piezas melancólicas (Melancolía se titula una de sus más representativas canciones). Escucharemos piezas que abarcan un período de cuarenta años, los que van entre la aparición en 1968 de su LP Astral weeks, hasta la grabación en vivo e íntegra de dicho disco en Los Ángeles en noviembre de 2008, en lo que constituye la última obra publicada del irlandés; espléndidas canciones de sus discos Astral weeks, de 1968, Tupelo honey, de 1971, Poetic champions compose, de 1987, Enlightenment, de 1990, Hymns to the silence, de 1991, Days like this, de 1995 y Down the road, de 2002.
Y entre las bellas músicas, las letras, las complicadas letras de sus canciones, a partir de las discutibles versiones de Paula Serraller en unos casos y de Eduardo Jordá en otros, a veces retocadas a mi gusto; unas letras que aunque -anticipo- están, a mi juicio, en calidad y emoción a años luz de su música excepcional (hablando en plata: a mí no me dicen casi nada, o muy poco), pueden sin embargo resultaros interesantes para conocer algunas de las vertientes fundamentales de la personalidad de Van Morrison: los recuerdos de su infancia, las evocaciones irlandesas, las preocupaciones filosóficas, las veleidades místicas y religiosas formuladas de un modo siempre algo confuso y evanescente, las ráfagas poéticas, y, como no puede ser de otro modo, su personalidad, sus pasiones, los temores, sus esperanzas, la añoranza del pasado, la rabia, el amor, la sensualidad y la desesperación, los sueños, la presencia de Dios.
En fin, dejemos atrás la burocracia. En el programa de ayer noche podréis escuchar al Van Morrison más melódico y delicado, al Van Morrison íntimo, al de las baladas y los medios tiempos, al de las piezas melancólicas (Melancolía se titula una de sus más representativas canciones). Escucharemos piezas que abarcan un período de cuarenta años, los que van entre la aparición en 1968 de su LP Astral weeks, hasta la grabación en vivo e íntegra de dicho disco en Los Ángeles en noviembre de 2008, en lo que constituye la última obra publicada del irlandés; espléndidas canciones de sus discos Astral weeks, de 1968, Tupelo honey, de 1971, Poetic champions compose, de 1987, Enlightenment, de 1990, Hymns to the silence, de 1991, Days like this, de 1995 y Down the road, de 2002.
Y entre las bellas músicas, las letras, las complicadas letras de sus canciones, a partir de las discutibles versiones de Paula Serraller en unos casos y de Eduardo Jordá en otros, a veces retocadas a mi gusto; unas letras que aunque -anticipo- están, a mi juicio, en calidad y emoción a años luz de su música excepcional (hablando en plata: a mí no me dicen casi nada, o muy poco), pueden sin embargo resultaros interesantes para conocer algunas de las vertientes fundamentales de la personalidad de Van Morrison: los recuerdos de su infancia, las evocaciones irlandesas, las preocupaciones filosóficas, las veleidades místicas y religiosas formuladas de un modo siempre algo confuso y evanescente, las ráfagas poéticas, y, como no puede ser de otro modo, su personalidad, sus pasiones, los temores, sus esperanzas, la añoranza del pasado, la rabia, el amor, la sensualidad y la desesperación, los sueños, la presencia de Dios.
Con respecto a los vídeos ocurre algo similar a lo señalado para las canciones: hay tantos que uno no sabe cuáles elegir. Opto por una relativa austeridad, pues, y os dejo cuatro actuaciones en vivo, cuatro maravillas registradas también en épocas muy distintas: Days like this, Saint James infirmay, Have I told you lately that I love you y Tupelo honey.
PD.- Anteayer, el 10 de octubre, moría en un vuelo entre Los Ángeles y Amsterdam Solomon Burke, el inmenso -en todos los sentidos- intérprete de soul y rythm and blues. Hace años Buscando leones en las nubes ya le dedicó un programa, centrado íntegramente en su música. Me comprometo ahora a que tanto él como su compatriota Abbey Lincoln, que nos dejó este verano, tengan sendas emisiones monográficas a lo largo de esta temporada.
Van Morrison. La belleza de los días perdidos
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sábado, 11 de octubre de 2008


VAN MORRISON Y JAMES JOYCE
Cuando era un chaval, las orquestas que tocaban en las verbenas de los pueblos de Galicia (no lo he dicho, soy de Vigo, pese a mi anclaje de años en Salamanca) aceptaban (y hasta alentaban) las peticiones del público. Era así habitual que alguien de entre la concurrencia se acercara al escenario y, tímidos los niños, descarados los adolescentes, azoradas las muchachas, bravucones los mozalbetes, atrevidos los novios, circunspectos los adultos, alegres y risueños los ancianos, solicitara a la moderna vocalista (convertida en inconsciente objeto de deseo de todo el pueblo) o al maduro galán (que encanecía año tras año entre suspiros de las madres y la algo aviesa envidia de los maridos) o al joven cantante rebelde (rebelde, pero menos, condenado a enfundar su ansia de libertad en el uniforme fosforescente, el traje de lentejuelas, la pajarita opresora), alguna pieza musical con la pretensión (como digo casi siempre satisfecha) de que la orquesta la interpretara sin un excesivo ensañamiento.
En mi memoria está desde entonces la frase con la que siempre, en todo caso (matiné o sesión vespertina), en cualquier entorno (aldea rural diminuta o barrio urbano multitudinario), el cantante de turno (clásico o yeyé, aborigen o foráneo, oscuro o cetrino o luminoso y deslumbrante -en su acepción más literal: refulgiendo entre el resplandor de las americanas de fantasía) daba paso a la pieza solicitada, antes de perpetrar su interpretación: Atendiendo una amable petición...
Atendiendo una amable petición (un comentario que con tono urgente y apasionado se vertía ayer mismo en este blog) ofrezco hoy un programa (quizá el que más me gusta de los cerca de doscientos que ya han salido al aire; ciento ochenta y dos, exactamente) que tiene un doble protagonismo, en ese juego de espejos en el que a veces incurre Buscando leones en las nubes (en la entrada de ayer aparecen Raymond Carver y Tom Waits frente a frente). Por un lado, una decena de preciosas y tristísimas canciones de Van Morrison, el león de Belfast; por otro, un cuento, Dublineses, escrito por otro irlandés, esta vez de Dublín, James Joyce; un cuento que presento en la traducción de Guillermo Cabrera Infante y que fue la base de una excepcional película, la última suya, de John Huston, The Dead.
Tristeza, melancolía, intensidad, amor, deseo, pasión... eso quiero ofrecer... atendiendo una amable petición...
Van Morrison/James Joyce
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