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martes, 29 de septiembre de 2015
LAS MUJERES QUE HE CONOCIDO
Nuestra edición de esta semana sigue moviéndose, al igual que hemos hecho en las restantes emisiones del mes de septiembre, en el esquema más reconocible del programa, el formato misceláneo hecho de canciones y textos heterogéneos que no comparten ni estilos ni orígenes ni enfoques siquiera similares.
Aunque sí hay, en el planteamiento general de nuestra propuesta, una nueva recaída en el tema del amor, que aparece en sus más amables manifestaciones, en una emisión que rezuma dulzura y esperanza, intensidad y gozo, pasión y ternura, entusiasmo, delicadeza y entrega, temblor, emoción y sensibilidad e incluso, como siempre resulta esperable en Buscando leones en las nubes, un punto de melancolía algo triste...
En la banda sonora del programa podréis escuchar a Annie Lennox, Keira Knightley (a la que os dejo cantando Lost stars en el trailer de Begin again, una entrañable película que os recomiendo con entusiasmo), Emilie Simon, Neil Diamond, Chiara Civello con Gilberto Gil, Asa, Katie Melua, Michael Brecker con James Taylor, Hanne Boel, Karrin Allyson, Bluebell, Ilya Serov, Misia y Rebekka Bakken.
Las íntimas y acogedoras canciones envuelven los dulcísimos textos escritos por Joan Margarit, Zoé Valdés, José Luis Sampedro, Antonio Gala, Francisco Brines, Olga Guirao, Jacques Prévert, Bárbara Kingsolver, Antonio Gómez Rufo, Leopoldo María Panero, José Avello, Olivier Rolin, Albert Camus y José Carlos Llop.
El vestido de la noche, un cuadro de 1954 que constituye la cuarta aparición de René Magritte en este septiembre, despide esta entrada con su personal universo onírico y lleno de simbolismo, algo inquietante y perturbador.
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Las mujeres que he conocido,
René Magritte
martes, 22 de septiembre de 2015
UNA MANZANA EN LA HIERBA
En esta tercera emisión del mes de septiembre nuestro programa vuelve a ofreceros una edición miscelánea hecha, como es costumbre cuando nos acomodamos a este formato, de canciones variadas y textos heterogéneos, unidos sólo por la calidad y la belleza de las unas y el interés, la penetración y la inteligencia de los otros.
Esta noche, el motivo central, el hilo conductor que anuda los distintos fragmentos literarios es el del improbable sentido de la vida, la ominosa presencia de la muerte, el absurdo de la existencia, el a la postre inapreciable rastro de nuestro paso por el mundo, en una emisión ciertamente densa, intensa y profunda. Metafísico estáis, podríais argüir, como dice Babieca a Rocinante en el prólogo del Quijote; a lo que yo no podría contestar Es que no como, al irónico modo en que Cervantes hace responder al decrépito acompañante del ingenioso hidalgo.
Esta noche, el motivo central, el hilo conductor que anuda los distintos fragmentos literarios es el del improbable sentido de la vida, la ominosa presencia de la muerte, el absurdo de la existencia, el a la postre inapreciable rastro de nuestro paso por el mundo, en una emisión ciertamente densa, intensa y profunda. Metafísico estáis, podríais argüir, como dice Babieca a Rocinante en el prólogo del Quijote; a lo que yo no podría contestar Es que no como, al irónico modo en que Cervantes hace responder al decrépito acompañante del ingenioso hidalgo.
Los fragmentos literarios seleccionados pertenecen a obras de Nicole Krauss, Jesús Rodríguez, Rainer María Rilke, Peter Eisenman, Marcel Proust, Hans Lebert, Albert Cohen, José Carlos Llop, Paola Capriolo, Juana Salabert, José Ovejero, Fernando Royuela y Pedro García Montalvo.
Entre ellos han sonado las canciones de Dawn Landes, Sophie Zelmani, Natacha Atlas, Maria Taylor, Emery Adeline, Joelle Lurie, Linda Ronstadt con Ann Savoy, Leonard Cohen, Issa Bagayogo, Matthew E. White, Ana y Milton Popovic, Fiorella Mannoia y Dar Williams.
Ceci n'est pas une pomme, un cuadro de 1954 de René Magritte, que protagoniza las ilustraciones de este mes de septiembre en el blog, acompaña esta presentación.
Ceci n'est pas une pomme, un cuadro de 1954 de René Magritte, que protagoniza las ilustraciones de este mes de septiembre en el blog, acompaña esta presentación.
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Una manzana en la hierba
martes, 15 de septiembre de 2015
UN ATAQUE DE REUMA
Buscando leones en las nubes os propone esta semana una apacible hora de radio que se deslizará dulcemente por un suave cauce hecho de temas musicales íntimos y acogedores y de una serie de fragmentos literarios que tratan de las relaciones entre hombres y mujeres, no siempre con el amor por medio, enfocadas desde una perspectiva humorística, participando todos ellos de una sutil ironía, un a veces cruel sarcasmo, una agudeza a menudo políticamente incorrecta y un ingenio siempre provocador.
Los autores de los muy punzantes textos escogidos son Sergi Pàmies, Fulgencio Argüelles, Vicente Huidobro, Jesús Pardo, Giacomo Leopardi, Julian Barnes, Paulino Masip, Justo Navarro, Ricardo Piglia, Fernando Iwasaki, Zadie Smith, Mario Benedetti y un sagaz, acertado e irónico Felipe Benítez Reyes.
Sus breves y penetrantes pensamientos -la mayor parte de una concentración y una intensidad que los asemeja -casi- a haikus- aparecen arropados por las delicadas y acogedoras melodías interpretadas por Halie Loren, Luisa Maita, Emmylou Harris con Rodney Crowell, Jane Weaver, Mario Biondi, Paola Turci, Tad Robinson, Emma Russack, Sofie, She & Him, Thievery Corporation con Lou Lou Ghelichkhani, Márcio Faraco y Krista Detor.
Un nuevo Magritte, Los amantes, ilustra -al igual que la semana pasada- nuestra enésima aproximación, esta vez irónica y plagada de escepticismo, al universo de la pareja y el amor.
El cuadro, de 1928, es una versión alternativa de otro del mismo título que ya os habíamos ofrecido en este blog.
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Un ataque de reuma
martes, 8 de septiembre de 2015
UN ENORME MALENTENDIDO
Bienvenidos un septiembre más, un curso más, a Buscando leones en las nubes que inicia aquí -sólo en el blog, las emisiones radiadas no comenzarán hasta octubre- su decimosexta temporada. Después de tantos años de contacto continuo con nuestros oyentes, celebro volver a empezar ahora un nuevo curso en antena.
En este primer programa del curso os ofreceremos una emisión miscelánea con canciones que comparten la atmósfera de intimidad y sosiego habituales en nuestra trayectoria, y textos de orígenes muy distintos pero que tienen en común el que se refieren, no de una manera sistemática, organizada y analítica, sino más bien de un modo indirecto, a partir de meras alusiones o tenues sugerencias, al tema de la identidad. En todos ellos encontraréis diversas aproximaciones a esa importante cuestión y a algunas adyacentes: ¿quiénes somos en realidad?, ¿qué nos constituye?, ¿existe un yo firme e inmutable?, ¿qué rasgos definen nuestra identidad?, ¿cuál es nuestro auténtico rostro -caso de que tal cosa exista?-, ¿somos dueños de nuestra vida o algo -quién sabe qué- nos lleva, nos dirige?
Los fragmentos literarios son obra de Arthur Schnitzler, Witold Gombrowicz, Enrique Vila-Matas, Dimas Más, Antonio Orejudo, Pedro Zarraluqui, Antonio Fontana, Vicente Verdú, Enriqueta Antolín, John Banville, José María Merino, Fernando Pessoa y Javier Marías.
Sus interesantes reflexiones han aparecido entre las melodías de Melody Gardot, Jamie Lynn Fletcher, Ora Cogan, Natalie Merchant, Shelby Lynne, Simply Red, Mindy Smith con Daniel Tashian, Diana Krall con Ryan Adams, Rumer, Hozier, Sara Mitra, She & Him y la espléndida y joven cantante española Nat Simons, una formidable revelación.
Reproducción prohibida, el magnífico cuadro de 1937 de René Magritte, acompaña esta entrada con una imagen también ilustrativa del tema de la identidad.
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Un enorme malentendido
martes, 1 de julio de 2014
ATRAPANDO NUBES
Esta semana cerramos las emisiones radiadas de Buscando leones en las nubes por este curso 2013/2014. A lo largo del mes de julio, los cuatro programas que os ofreceré verán la luz exclusivamente aquí, en nuestro blog. Y con esta edición postrera ponemos fin, además, a la breve serie que estamos dedicando al tema de las nubes, al cual nos hemos aproximado hace siete días desde nuestra doble vertiente habitual, la literaria y la musical.
Desde el punto de vista de la literatura esta semana os propongo doce poemas centrados en las nubes y que nos hablan de su fragilidad y su condición efímera, de su carácter simbólico, de su fugacidad, de su permanente hacerse y deshacerse, de su indolencia y su lentitud, de su huidizo transcurrir, de su amenaza de una lluvia a menudo indeseada, aunque en ocasiones liberadora, de su algodonosa belleza, de su etérea realidad. Todos ellos están extraídos de una excelente antología, publicada el pasado 2013 por el Centro Cultural Generación del 27 de Málaga con el título de Ángeles errantes. Las nubes en el cielo poético español, y que vio la luz en una edición primorosa, responsabilidad de Antonio Lafarque. Sus autores son Luis Cernuda, Luis Feria, Ángel Crespo, Carlos Marzal, José Antonio Mesa Toré, José Luis López Bretones, Javier Rodríguez Marcos, Vicente Gallego, Juan Pardo Vidal, Enrique García-Máiquez, Andrés Trapiello (al que olvidé citar en la emisión radiada) y José Antonio Muñoz Rojas.
Y entre la nebulosa poesía sonarán estupendas canciones en las que se trata también de las nubes y de su influencia sobre el ánimo, las emociones y hasta el carácter de sus protagonistas. Carly Simon, Mel Tormé, Mireia Izquierdo con Joan Isaac, Laura Veirs, Laura Fygi, Cindy Lauper con Jeff Beck, Gal Costa, Eagles, Paul Weller, Alison Krauss & Union Station, Cristina Branco, Matt Bauer (cuyo nombre también olvidé mencionar en antena) y Kate Bush, con su clásico Cloudbusting, han puesto la banda sonora al programa, con sus canciones relativas, como digo, a las nubes, que aparecen en ellas tanto en su sentido literal como en el metafórico.
Para completar esta entrada os dejo un interesante poema en prosa, también recogido en la antología, escrito por Lorenzo Saval y titulado Las nubes. En él aparece Magritte, gran pintor de nubes, como podréis comprobar en el cuadro que acompaña mi comentario, Los valores personales, una obra de 1952.
Las nubes. Lorenzo Saval
Me pareció entonces que el arte de la pintura
era vagamente mágico y que el pintor
estaba dotado de poderes superiores.
René Magritte
Aquella mañana, al despertar, me encontré a Magritte pintando nubes por toda la casa. Temiendo interrumpirlo me acerqué silencioso y me coloqué en un rincón apartado, observando absorto una a una las nubes que ahora pululaban con entera libertad por el salón. Estaban en todas partes, sentadas en los sillones, sobre las mesas, subiendo y bajando las escaleras y en los cristales de las ventanas. Crecían sin cesar y poco a poco lo iban todo blandamente cubriendo desde el suelo hasta el techo.
En un descuido involuntario, al llegar a mi rincón, me pintó en los dedos de los pies una hermosa y blanca nube que se estremeció al sentir mi primer movimiento desde aquella extasiada inmovilidad. Magritte me miró dulcemente pero no llegó a decirme nada, solamente se limitó a apartarse y seguir con su laboriosa tarea. Aún quedaba falto de nube algún objeto perdido y también mi madre que aún dormida me preparaba un oloroso desayuno en una bandeja cubierta de pájaros, cuando quise advertirle que ya la había transformado en una tierna nube y las aves de la bandeja revoloteaban confundidas sobre su cabeza.
Cuando no quedó ni un solo sitio ni objeto por pintar, Magritte se sentó en una silla que ya era parte del cielo descansando y observó complaciente su obra mientras se enjuagaba algunas nubes que se habían quedado en sus manos.
Por primera vez me atreví a hablarle y mi voz me pareció un poco de viento que mecía a las suaves visitantes. Sintiendo esa misma emoción que en la adolescencia experimenté al descubrirlas le pregunté por las palomas. Entonces se levantó y me indicó que lo siguiese hasta el balcón donde una inmensa paloma pintada de cielo nos esperaba para llevarnos de viaje.
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René Magritte
martes, 29 de octubre de 2013
SI DOS PERSONAS SE QUIEREN MUCHO
Buscando leones en las nubes os ofrece esta semana una nueva emisión repleta de textos y canciones relativos al amor. Son trece las piezas musicales y otras tantas las citas literarias con las que queremos acercarnos a ese sentimiento universal tan capaz de enardecernos o, como aflorará en la mayor parte de los fragmentos leídos, sumirnos en el dolor y la melancolía. Laura Veirs, Pink Turtle, Gabrielle Aplin, Youn Sun Nah, Cecile McLorin Salvant, Sixto Rodríguez, Yoro Ndiaye con Baba Maal, Chiara Mastroianni, Night Beds, Jennifer Porter, Jose James con Emily, Coque Malla con Leonor Watling y María Gadú, que cierra la emisión con su desesperado Mais que a mim (interpretado a dúo con Ana Carolina; también en el vídeo que acompaña esta entrada) de letra desgarrada (Intenté hablar pero no supiste oír, intenté admitir, intenté volver y pude ver cuánto me equivoqué. Te amé más que a mí, sí, mucho más que a mí), componen la lírica y algo triste banda sonora del programa. Ese tono desesperanzado aparece también en unos textos en los que el amor se muestra casi siempre contrariado, amargo, frustrado, soñado, imposible; unos textos escritos por Kirmen Uribe, Juan Gabriel Vásquez, Michel Houellebecq, Clara Usón, Maxence Fermine, Susana Fortes, Álvaro Pombo, James Salter, Fernando Pessoa, Paola Capriolo, John Maxwell Coetzee, José Avello y Francisco Goldman, autor del largo fragmento final -que reproduzco íntegro aquí- extraído de Di su nombre, la estremecedora y emotiva crónica -que no deberíais perderos- de la bellísima historia de amor vivida con su mujer Aura, escrita a partir de la trágica muerte de esta, ocurrida antes de haberse cumplido dos años de su enamorado matrimonio.
El enigmático, intenso y muy sugerente Los amantes, un cuadro de René Magritte de 1928, ejemplifica -en consonancia con la propuesta del programa- la dulce complejidad del amor y sus contradicciones: la ternura y la incomunicación que a veces conlleva, sus misterios y sus secretos, la irresistible atracción y el difícil contacto entre quienes se aman, el deseo y la incomprensión, la intimidad y la distancia...
Poco después, una gélida noche neblinosa, mientras volvía caminando de un restaurante, vi a Aura en el árbol que había al final de nuestra manzana, ella estaba arriba, entre las ramas desnudas y húmedas que resplandecían con el fulgor del alumbrado público, me sonreía como aquella vez, pocas noches después de su muerte, cuando la había visto flotando en su propio halo de luz lunar sobre el Zócalo. La felicidad y el asombro disolvieron mi incredulidad y me paré en la acera para devolverle la sonrisa, entrando en calor con mi propio fulgor amoroso. Me acerqué al árbol, coloqué las manos sobre el tronco y lo besé.
Me parecía verosímil que Aura hubiera elegido un árbol de nuestro barrio para esconderse, sobre todo aquél árbol, el más grande de nuestra manzana, un robusto arce plateado del que brotaba un exuberante follaje en verano, aunque entonces sus ramas intrincadas y largas estaban desnudas. Aura había recorrido las calles de arriba abajo en primavera, fotografiando las brillantes hojas nuevas de los árboles y las flores. Se había comprado una guía de los árboles del noreste para poder identificarlos y sorprender con sus nombres.
A lo largo de muchos de los días siguientes, cada vez que bajaba por esa manzana veía a Aura en aquel árbol, con su sonrisa y sus ojos brillantes flotando entre las ramas, y entonces su felicidad llegaba a mí y me detenía a besar el tronco, pero una tarde doblé la esquina con más cosas en la cabeza, me olvidé de levantar la mirada para ver el árbol y pasé junto a él sin más, pero sentí una fuerza que tiraba de mi cabeza hacia atrás, como si me agarrara por el cabello. Desconcertado y humillado, me volví, regresé al árbol, me disculpé y lo besé.
Me preguntaba qué debían pensar los vecinos al verme actuar así. El árbol estaba justo enfrente de una brownstone en cuyo apartamento de la planta baja vivía un tipo fornido, bastante envejecido, que parecía motero; tenía bíceps de tacle defensivo y una barba entrecana y tupida. Me preguntaba qué pensaría cuando advirtiera que yo me detenía constantemente frente a la verja de su apartamento para besar aquel árbol. No me preocupaba que fuera violento conmigo, pero lo imaginé saliendo para decirme algo como: “¿Qué coño haces?”, así que después de una semana, si había gente en la acera o si veía que el motero tenía las luces encendidas y las cortinas abiertas, tan sólo extendía una mano para hacerle cosquillas al tronco cuando pasaba frente a él mientras susurraba: “Hola, mi amor, ¿cómo estás hoy? Te quiero”.
Esos días sentí una ligereza emocional desacostumbrada, algo parecido a la felicidad. ¿Me estaba volviendo loco? Aura no está de verdad en el árbol, me decía. No obstante, una noche fría me desperté como a las tres de la madrugada y recordé que ese día no me había detenido a saludar al árbol ni siquiera una vez. Salté de la cama, me puse mi chaquetón de pluma sobre el pijama, me calcé unas zapatillas y salí a la calle. Esa noche había caído una lluvia helada. La acera estaba resbaladiza por el hielo, lo cual me recordó que Aura nunca había dominado el arte de caminar sobre las aceras heladas, siempre resbalaba o pisaba en falso, y yo me burlaba diciéndole que era como Bambi sobre el estanque congelado.
El árbol de Aura jamás se había visto tan hermoso como aquella noche, parecía esmaltado y brillaba como si hubieran vertido sobre él una mezcla de diamantes líquidos y luz estelar.
-Francisco, dijo, ¡¡no me casé para pasar todo el tiempo sola en un árbol!!
-¡Claro que no, mi amor! Eché los brazos alrededor del tronco y apreté mis labios contra su helada corteza áspera.
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Si dos personas se quieren mucho
martes, 12 de abril de 2011
EN TODOS LOS ESPEJOS COTIDIANOS
Con la última emisión ‘oficial’ antes de las vacaciones de Semana Santa (el próximo martes dejaré aquí un programa de propina, sólo para los seguidores del blog, que no saldrá al aire en las ondas) cerramos la serie que hemos dedicado en Buscando leones en las nubes al tema de la identidad. El enfoque con el que encaramos esta tercera edición de la serie es algo distinto al de las semanas anteriores, pues nos acercamos a los límites del yo a partir de un puñado de poemas que escudriñan los abismos de nuestra personalidad enfrentada a la imagen del espejo. Espejos, pues, en los poemas de Felipe Benítez Reyes, Ángel González, Juan Luis Panero, Francisco Díaz de Castro, Luis Martínez de Merlo, José Hierro, José Mateos, Pelayo Fueyo, Lorenzo Oliván, Fernando Ortiz, Juan Manuel Villalba, Enrique Lihn y Javier Rodríguez Marcos. Espejos que reflejarán broncos despertares, vergüenza y espanto, asombro y miedo, huellas de la nada que, en último término, nos constituye. Espejos en los que contemplamos, aterrados, las traiciones de la memoria, las secretas batallas de sonoros fracasos, el viento helado de la edad, la triste, la insoportable soledad, aquel verano roto que se pudre, las zumbantes ambulancias del recuerdo. Espejos en los que a duras penas reconocemos al otro que fuimos, la cara borrosa del niño agazapado contra el miedo; al que ya, irremisiblemente, somos, más expertos, más viejos, definitivamente derrotados por el tiempo inclemente; al que seremos, la sombra acechante de la muerte vislumbrada en una arruga, en el ingrato charco de ceniza de los ojos.
Espejos que aparecen también, de una manera central o como mera referencia indirecta, en las canciones de Everything but the girl, Rim Banna, Badi Assad, The Thievery Corporation, Peppermoon, Chris Isaak, Youssou N’Dour, Simply Red, Anja Garbarek, Tori Amos, Van Morrison, Eliza Gilkyson y Ketil Björnstad que constituyen la atractiva banda sonora del programa.
De algunos de estos intérpretes tenéis una muestra en la sección de vídeos de esta entrada. Es el caso de Peppermoon con la deliciosa Les petites miroirs, de Badi Assad y sus muy intensos 1.000 mirrors, de Tori Amos cantando, con su inseparable piano, Ruby through the looking glass, y de Mick Hucknall en una especie de transmutación retroactiva de Bisbal, interpretando Your mirror al frente de Simply Red.
Os dejo un texto de la profesora argentina, María Rosa Díaz entresacado de un interesante artículo que con el título de Espejos, Imágenes y Reflejos podéis encontrar íntegro en la revista digital de educación Contexto educativo. En él se rastrea la presencia de los espejos en el arte a partir del comentario de algunos cuadros representativos en la Historia del arte pues, como señala la autora, a lo largo de la historia, en la mitología, la literatura, la leyenda, el arte, el espejo aparece cubierto de un poder que va más allá de su propia forma y tamaño. Cualquiera sea su soporte material (un simple espejo de agua puede ser suficiente), el espejo encierra en sí todos los secretos y misterios que la historia humana ha necesitado guardar en él. Esa formidable capacidad de evocación de los espejos está presente también en La reproduction interdite, el magnífico cuadro de René Magritte que preside esta entrada.
Nuestro universo simbólico está inundado de imágenes, pero también de reflejos y de sombras. ¿Es más verdadera para nosotros esa imagen que vemos, que la que los demás nos devuelven? Cuando nos miramos en los espejos, ¿vemos lo que realmente somos o vemos lo que creemos ser? ¿Es verdadera esa imagen, como decía Sócrates, o es sólo un engaño, como pensaba Platón? ¿Es importante la imagen que los demás tienen de nosotros? Al construir nuestra identidad, ¿la hacemos mirándonos realmente como somos? ¿O nos vemos sólo cuando miramos hacia adentro, más allá de los espejos y de las miradas de los otros? La misma ambigüedad de los espejos los transforma: pueden ser amistosos si se trata de nuestros espejos familiares, pero cargados de peligros o de amenazas si son nuevos, si no estamos acostumbrados a ellos, como cuando nos miramos por primera vez en un espejo ajeno.
Seductores, misteriosos, intimidantes; buscados o rechazados, aceptados o negados, misteriosos, mágicos, dotados de poderes, poseedores de la verdad, o del engaño, raptores del alma... El espejo siempre aparecerá cargado de significados, y si queremos aprehender aquello que estamos viendo, como Narciso, nos encontraremos con una superficie que nos rechaza, o con una imagen que se desvanece como una sombra. Quizá por eso el magnetismo de este objeto que, a la vez, atrae y repele. Por eso tal vez fantaseemos alguna vez con traspasar sus límites y sumergirnos en ese mundo paralelo. Narciso fracasó, pero Alicia pudo lograrlo.
En todos los espejos cotidianos
Espejos que aparecen también, de una manera central o como mera referencia indirecta, en las canciones de Everything but the girl, Rim Banna, Badi Assad, The Thievery Corporation, Peppermoon, Chris Isaak, Youssou N’Dour, Simply Red, Anja Garbarek, Tori Amos, Van Morrison, Eliza Gilkyson y Ketil Björnstad que constituyen la atractiva banda sonora del programa.
De algunos de estos intérpretes tenéis una muestra en la sección de vídeos de esta entrada. Es el caso de Peppermoon con la deliciosa Les petites miroirs, de Badi Assad y sus muy intensos 1.000 mirrors, de Tori Amos cantando, con su inseparable piano, Ruby through the looking glass, y de Mick Hucknall en una especie de transmutación retroactiva de Bisbal, interpretando Your mirror al frente de Simply Red.
Os dejo un texto de la profesora argentina, María Rosa Díaz entresacado de un interesante artículo que con el título de Espejos, Imágenes y Reflejos podéis encontrar íntegro en la revista digital de educación Contexto educativo. En él se rastrea la presencia de los espejos en el arte a partir del comentario de algunos cuadros representativos en la Historia del arte pues, como señala la autora, a lo largo de la historia, en la mitología, la literatura, la leyenda, el arte, el espejo aparece cubierto de un poder que va más allá de su propia forma y tamaño. Cualquiera sea su soporte material (un simple espejo de agua puede ser suficiente), el espejo encierra en sí todos los secretos y misterios que la historia humana ha necesitado guardar en él. Esa formidable capacidad de evocación de los espejos está presente también en La reproduction interdite, el magnífico cuadro de René Magritte que preside esta entrada.
Nuestro universo simbólico está inundado de imágenes, pero también de reflejos y de sombras. ¿Es más verdadera para nosotros esa imagen que vemos, que la que los demás nos devuelven? Cuando nos miramos en los espejos, ¿vemos lo que realmente somos o vemos lo que creemos ser? ¿Es verdadera esa imagen, como decía Sócrates, o es sólo un engaño, como pensaba Platón? ¿Es importante la imagen que los demás tienen de nosotros? Al construir nuestra identidad, ¿la hacemos mirándonos realmente como somos? ¿O nos vemos sólo cuando miramos hacia adentro, más allá de los espejos y de las miradas de los otros? La misma ambigüedad de los espejos los transforma: pueden ser amistosos si se trata de nuestros espejos familiares, pero cargados de peligros o de amenazas si son nuevos, si no estamos acostumbrados a ellos, como cuando nos miramos por primera vez en un espejo ajeno.
Seductores, misteriosos, intimidantes; buscados o rechazados, aceptados o negados, misteriosos, mágicos, dotados de poderes, poseedores de la verdad, o del engaño, raptores del alma... El espejo siempre aparecerá cargado de significados, y si queremos aprehender aquello que estamos viendo, como Narciso, nos encontraremos con una superficie que nos rechaza, o con una imagen que se desvanece como una sombra. Quizá por eso el magnetismo de este objeto que, a la vez, atrae y repele. Por eso tal vez fantaseemos alguna vez con traspasar sus límites y sumergirnos en ese mundo paralelo. Narciso fracasó, pero Alicia pudo lograrlo.
En todos los espejos cotidianos
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René Magritte
martes, 8 de junio de 2010
EL JUEGO DE LAS VERSIONES
Con el programa de esta semana, y tal como os anticipé hace algunas fechas, Buscando leones en las nubes llega a su edición número doscientos cincuenta. De entrada la cifra impresiona, y no creáis que me estoy poniendo estupendo… es tan sólo que... ¿sois conscientes de que se han emitido en torno a tres mil canciones (con muy pocas repeticiones) y otros tantos fragmentos literarios, poemas, microrrelatos y textos varios? Pero es también cierto que tras una reflexión más sosegada la cosa no es para tanto. Ésta que ahora llega a su fin es la decimoprimera temporada del programa, lo que arroja la ridícula cifra de veintipocas emisiones por curso. Las peculiaridades de Radio Universidad, la necesidad de acomodarse al calendario académico, la precaria infraestructura técnica de la emisora durante los primeros años que provocó que, en más de una temporada, no saliéramos al aire hasta enero o incluso febrero, justifican unas magnitudes que, analizadas desde esta perspectiva, se revelan más bien pobres.
En cualquier caso, humilde o meritorio el balance, aquí estamos, cumpliendo doscientos cincuenta encuentros con la audiencia. ¿Llegaré a ver otros tantos? No quiero ponerme melancólico, pero parece difícil poder prolongar tanto tiempo una iniciativa de este tipo… los cambios en la radio, el paso del tiempo, la edad y con ella mi propio cansancio, la vida en suma… En fin… no dejemos que la tristeza, que la nostalgia del futuro (también la del pasado que ya no volverá) empañe mi modesta celebración.
Y si de celebración hablamos, un formidable festejo os propone la emisión de esta semana. Festejo en lo musical y también en lo literario.
En la vertiente sonora del programa he incurrido en un juego al que me entrego en ocasiones en Buscando leones en las nubes, el de las versiones. Vais a escuchar, si os decidís a adentraros en el programa, algunas estupendas recreaciones de canciones muy conocidas de las últimas cuatro décadas, grandes clásicos del pop y el rock, popularizados en su origen por músicos tan destacados como Björk, Neil Young, John Lennon, Simply Red, Genesis, Kylie Minogue, Sting, Annie Lennox (en solitario y no con Eurhytmics como equivocadamente señalé en la emisión), Sade, Peter Gabriel y David Bowie en las excelentes interpretaciones, con el tono intimista marca de la casa, de Corinne Bailey Rae, Ida Sand, Youssou N’Dour, Jimmy Scott, Denzal Sinclair, Helena Noguerra, Klaudia Salkovic al frente de Liquid blue, Sitti, Chris Botti, Kate Mc Garry y Prozak for lovers. Esta idea de las versiones, de la doble visión de las cosas, igual pero alterada, casi idéntica y sin embargo distinta, este juego siempre enriquecedor y sugestivo que consiste en el enfoque paralelo de una misma música, de una misma realidad, de una misma emoción, de unas mismas palabras, de una misma vida, se evoca en el espléndido cuadro, La reproduction interdite, de René Magritte, un pintor que me apasiona desde hace muchos años, y que sirve de encabezamiento a esta entrada. Los textos que acompañan las piezas musicales, decantados en su mayoría hacia la temática del amor y en general de la felicidad y el sentido de la vida, los escribieron Markus Orths, Orhan Pamuk, Luis Landero, Andrew Sean Greer, Inma Monsó, Martin Amis, Adolfo García Ortega, Philippe Claudel, Ann-Marie Mac Donald, Pedro García Montalvo y Antoni Casas Ros.En el apartado dedicado a los vídeos y aprovechando la celebración intento hoy una arriesgada y quizá inútil (porque nadie la mirará) vuelta de tuerca: os presento todas las canciones del programa pero en la voz de sus intérpretes originales en una nueva aproximación al tema del doble que esta semana permea las distintas manifestaciones de Buscando leones en las nubes. Así escucharéis, siempre en vivo, a la excéntrica Björk con su Venus as a boy; a un jovencísimo Neil Young, en 1971, cantando Heart of gold tras un largo (casi dos minutos) y prescindible speech introductorio; a John Lennon, en estudio, entre imágenes de actuaciones, con su tristísimo Jealous guy; a Mike Hucknall, líder de Simply Red, encarando, solitario y acústico, la emocionante Holding back the years; a Genesis, que aportan más emoción, al menos para mí, por lo que tiene de vínculo con mi propia vida el encanto de Follow you, follow me; a la inusual presencia aquí de Kylie Minogue con el 'llenapistas' Can’t get out of my head, en una muestra palpable de que en Buscando leones en las nubes carecemos de prejuicios (habrá quien piense que también de criterios estéticos fiables); a Sting con Fields of gold; a Annie Lennox con la estupenda No more ‘I love you’s’ (en realidad una versión ya desde el origen, pues no es ella su primera intérprete); a la sensual Sade con No ordinary love en una actuación diferente a aquella con la que apareció aquí hace algunas semanas; a un tímidamente italiano Peter Gabriel con la melancólica Mercy street; y a un David Bowie de 1985, con su himno Rebel rebel, en un concierto, el Live Aid, lleno también de recuerdos para mí, y al que asocio a una habitación de hotel en México desde la que, recién desembarcado y afectado por el jet lag, asistí alucinado a aquella interminable y fascinante sucesión de maravillas.
Confío en que aquellos que os atreváis con tan exhaustiva propuesta podáis sobrevivir al intento. Pero considerad, a modo de disculpa por mis algo insoportables excesos, que la ocasión lo merece... ¡no todos los días se llega a los doscientos cincuenta programas!
El juego de las versiones
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