No sé cuánta gente oirá mi programa. A veces sospecho que no está oyéndolo nadie, lo que se dice nadie: cero personas en total, y eso me produce una sensación de afantasmamiento: la voz inútil que suena en la noche vacía. Y entonces me siento como un turista belga que tocase el acordeón o similar en mitad del desierto de Nafud o similar. (Felipe Benítez Reyes)
En pleno descanso primaveral (en los centros escolares salmantinos, incluidos los universitarios, la Semana Santa se prolonga una semana tras el Domingo de Pascua), Buscando leones en las nubes irrumpe en los destinos de vacaciones de aquellos que las estéis disfrutando con una nueva emisión viajera consagrada en este caso, como hace siete días, al Gabón, el atractivo país africano en el que se centra un libro muy curioso, El pájaro de la lluvia. Un viaje a través del África Ecuatorial, escrito por el holandés Jan Brokken y publicado por la editorial Alba en traducción de Inge Lukken. En la anterior entrada de este blog encontraréis más información sobre los múltiples motivos de interés que alberga el muy recomendable libro de Brokken al que pertenecen todos los textos que escucharéis en la presente edición del programa: unos textos que recrean, sobre todo, la naturaleza salvaje de ese exótico territorio ecuatorial. Y así, a lo largo de la breve hora de emisión podréis adentraros en un país de fábula, algo mítico, el paradigma de la selva interior del exótico continente africano que todos, en nuestros sueños infantiles, asociamos a las arriesgadas aventuras de los grandes exploradores: la tierra color marrón rojizo; helechos que se elevan muy por encima de la altura de la estatura humana; grandes ceibas que dan, como setas gigantescas, sombra a la maleza y a la maraña de arbustos; infinitos bosques rebosantes de madera de ébano y caoba; árboles imponentes que dibujan enormes e impenetrables paredes vegetales de un verde deslumbrante; un sinfín de arroyos y torrentes; murallas arbóreas con aspecto inhóspito y atosigante a ambos lados de los ríos; arbustos flotando con las lianas suspendidas de las ramas inmóviles; plantas de papiro en las orillas pantanosas; troncos de árboles que se elevan decenas de metros apuntando al cielo como dedos extendidos; bancos de arena un color amarillento como de marfil; rápidos que adquieren un color rosa como la corteza de coco incandescente; gargantas de paredes que se elevan oblicuamente conteniendo la selva. Y todo ello, ese paisaje aterrador, envuelto en lluvias torrenciales que caen durante todo el día, el cielo plomizo o de un azul deslumbrante, el aire que vibra, la humedad asfixiante, el calor despiadado, la presencia intuida de los animales salvajes, el grito de un mono, el chillido desgarrador de un pájaro nocturno, la noche tropical, oscura como la boca de un lobo, un temor ancestral apenas mitigado por el amistoso paso de luciérnagas centelleantes. Y, de repente, el zumbido del silencio en los oídos, el silencio de la selva, el olor de la selva, la profunda y aterradora soledad de la selva.
Las sugestivas estampas extraídas de El pájaro de la lluvia aparecen envueltas en fantásticas canciones africanas, en una nueva muestra de la especial predilección que siempre manifiesta Buscando leones en las nubes por el continente negro. Sus intérpretes han sido la gabonesa Annie Flore Batchiellelys, el maliense Toumani Diabaté, la somalí Maryam Mursal, la Orchestra Baobab de Senegal, Busi Mhlongo, sudafricana, Ghorwane, de Mozambique, la etíope Aster Aweke, la caboverdiana Cesaria Évora (recientemente fallecida y que tendrá, vuelvo a insistir, algún programa de homenaje el curso próximo), la camerunesa Anne Marie Nzie y, para cerrar el programa con música de Gabón, la genial Patience Dabany que repite en ambos programas y que aparece también en la sección de vídeos con una doble intervención: más moderna y actual, discotequera en París, en Djazzé, y más tradicional y clásica en On vous connait, grabada en Gabón. En ambos casos, espléndida. No os la perdáis (y buscad en internet información sobre su peculiar trayectoria vital: os sorprenderá).
Os dejo, para cerrar esta entrada, con un cuento africano, un cuento nacido en uno de los cuatro grupos de los pigmeos efé, los bambuti (en singular mbuti), que viven en la República Democrática del Congo, cercana al Gabón en el que habitan los bongongo, otro grupo pigmeo que protagoniza uno de los textos del programa. El cuento, titulado El origen del fuego, está extraído de un libro formidable, Cuentos populares de África, que, en edición de José Manuel de Prada-Samper, acaba de publicar la editorial Siruela.
El origen del fuego
Hace mucho tiempo los chimpancés eran personas, pero hartos de ser víctimas de la picaresca y los robos de los bambuti terminaron por retirarse al interior de la selva, donde se volvieron salvajes y se convirtieron en las criaturas que son hoy. Antes de que eso sucediera, vivían en poblados, poseían extensas plantaciones de plátanos y conocían el uso del fuego.
Cierto día, mientras estaba de cacería, un mbuti se encontró con un poblado de chimpancés. Éstos recibieron al hombre con espléndida hospitalidad, y le ofrecieron plátanos, cuyo sabor le pareció delicioso. Al anochecer, el cazador se sentó junto a la hoguera de los chimpancés para calentarse. El agradable resplandor y el calor de las llamas siempre en movimiento le fascinaron, y a partir de ese día el hombre fue un huésped frecuente del poblado de los chimpancés.
Un día llegó al poblado vestido de un modo extraño. Los chimpancés adultos estaban atareados en sus plantíos, y allí sólo quedaban los niños que se divirtieron de lo lindo a costa del hombre, que llevaba colgada del taparrabo una larga cola de corteza machacada que iba arrastrando por el suelo. Cuando, como de costumbre, le dieron plátanos, el hombre se acuclilló junto al fuego con los demás, poniéndose tan cerca de la hoguera que su cola corría el peligro de prenderse en cualquier momento.
-¡Ten cuidado, mbuti! -le gritaron los niños chimpancé-, -¡tu mrumba se está quemando!
-No importa, Ya es bastante larga -respondió el hombre, fingiendo indiferencias, mientras masticaba medio plátano y al mismo tiempo miraba furtivamente su cola, que empezaba a humear. Entonces, de pronto, se levantó de un salto y salió corriendo a toda prisa.
Los atónitos niños chimpancé empezaron a gritar, ante lo cual sus padres regresaron apresuradamente de los plantíos. Cuando supieron lo que había pasado, supusieron de inmediato, que el hombre les había robado el fuego por medio de un engaño. Emprendieron rápidamente la persecución, pero él era demasiado ágil para ellos. Cuando los chimpancés llegaron por fin al campamento de los bambuti, las hogueras ardían alegremente por todas partes.
- ¿Por qué nos has robado el fuego en lugar de comprárnoslo honradamente? -les reprocharon a gritos a los bambuti.
Éstos, sin embargo, no se sintieron intimidados por el lenguaje insultante de los chimpancés, quienes regresaron a su poblado, totalmente burlados. Tan furiosos estaban por la desvergonzada ingratitud de los bambuti -que, como cuenta la historia, también les habían robado los plátanos- que abandonaron todas sus cosas y se retiraron a la selva, donde ahora viven sin fuego ni plátanos, y se alimentan de frutos silvestres.
El pais sin límites
martes, 3 de abril de 2012
EL PÁJARO DE LA LLUVIA
A lo largo de las vacaciones de Pascua Radio Universidad, que acomoda sus emisiones al calendario académico, interrumpe su programación. Es por ello por lo que los dos programas de Buscando leones en las nubes que coinciden con estas fechas, son grabados y sólo salen al aire en este blog. Y aprovechando, precisamente, el hecho de que estos períodos vacacionales suelen ser propicios para el viaje, y recordando yo estos días el último mío en Semana Santa, un estupendo recorrido por Gabón, del que ahora se cumplen tres años, he querido dedicar estas dos emisiones extraordinarias al curioso país africano, a partir de un interesante libro, El pájaro de la lluvia, que tiene como subtítulo Un viaje a través del África Ecuatorial, escrito por el holandés Jan Brokken, y publicado hace algunos años por la editorial Alba en traducción de Inge Lukken.
Los seguidores habituales de Buscando leones en las nubes ya conocéis mi fascinación por África, por los encantos y los misterios, por el deslumbramiento y la magia que encierran sus paisajes y sus gentes, sus costumbres y su música, sus tradiciones, su colorido, su comida, su naturaleza, su fauna, sus enigmáticos ceremoniales, sus máscaras, su arte… por, en definitiva, la intensa maravilla de la vida africana. Hace pocas semanas tuvisteis una nueva ocasión de comprobarlo con el especial dedicado a Senegal (cuyo proceso electoral, por cierto, en una disputada segunda vuelta, ha terminado, sorprendente y afortunadamente, con la victoria de la oposición). El libro que sirve de inspiración a estos dos programas, tiene también a África, en este caso particular al Gabón, como tema central, y constituye una buena aproximación a la historia y la cultura, pero también al presente, a la vida actual del bastante poco conocido país africano.
En El pájaro de la lluvia el autor mezcla de un modo muy sugestivo distintos géneros literarios, se mueve en escenarios también diversos y describe situaciones de épocas históricas diferentes. Jan Brokken viaja a Gabón, observa sus ciudades, se adentra en sus poblados, penetra en su naturaleza desbordada, surca ríos en piragua, sufre los avatares de un singular viaje en ferrocarril, conversa con sus habitantes y, sobre todo, reflexiona sobre el país que está visitando. En el libro nos ofrece la descripción de lo que ve en su viaje, y también el fruto de esas reflexiones, sus observaciones personales, entreverado todo ello con narraciones de los exploradores que desde el siglo XV se aventuraron en la selva gabonesa, con historias de misioneros, de ceremonias tribales, de ritos caníbales; con escritos de literatos que en el siglo XX tuvieron la oportunidad de vivir algunas temporadas en Gabón; con fragmentos de novelas; con multitud de curiosidades; con datos históricos muy variados; con la sangrienta y dramática historia de la colonización; con el relato del tráfico de esclavos y el rastro no siempre benéfico del paso de los europeos por aquellas tierras; con la descripción del dominio francés hasta la independencia de 1960; con el análisis de la ciertamente descabellada política local, hasta concluir en la actual democracia formal, en la que, sin embargo, un presidente autocrático, Omar Bongo, se perpetuó en el poder desde 1967, siendo, a su muerte en 2009 -pero este dato ya no está en el libro, que es de 2001-, sustituido por uno de sus hijos, tras unas elecciones controvertidas; con la mención de las repercusiones, no siempre positivas, del descubrimiento de ricos yacimientos minerales y más recientemente del petróleo en las tierras gabonesas.
Por el libro pasan escritores como Georges Simenon o Louis-Ferdinand Céline en cuyas vidas, e incluso en cuyas obras, el Gabón tuvo una cierta presencia; exploradores como Paul de Chaillu, el primer hombre blanco que se encontró cara a cara con un gorila; como Pieter Van den Broecke, que a principios del siglo XVII hizo cuatro viajes a África en busca de aventuras y negocios; como Lopo Gonçalves, el primero que trazó un mapa de la costa del África occidental, en 1474, y a quien se debe, según algunas tesis poco creíbles, el nombre del Gabón, al recordarle el estuario al que accedía por primera vez la forma de una capa, de un gabán; como los conocidos Stanley y Livingstone, con una aparición esporádica y menor en el libro; como el fascinante Conde Brazza, el gran descubridor del Gabón, empecinado en buscar a través de la selva y surcando río arriba el Ogooué, el enlace con el mítico río Congo; como Mary Kingsley, que recorrió en piragua ese río Ogooué y que, a finales del siglo XIX, protagonizó muchas otras peripecias en el continente negro. Nos encontramos también con científicos e investigadores, sobre todos ellos el médico Albert Schweitzer, que sería premio Nobel de la paz en 1952 y que en los primeros años del pasado siglo se instaló en Lambarené, un pequeño poblado en el interior del país, construyendo un hospital ejemplar, que he podido visitar en mi viaje reciente para poder apreciar los logros que consiguieron el coraje, el mérito, la valentía y la entrega de un personaje fascinante.
Y además decenas de anécdotas con los habitantes de las ciudades y los poblados del Gabón actual, personajes anónimos pero que con sus testimonios, con el perfil que Jan Brokken hace de sus personalidades, contribuyen a dibujar mejor el panorama de un muy singular país africano, de modo que quien no conozca ese continente pienso que va a sentirse atraído de inmediato por su encanto.
Pues bien, de todos estos fragmentos heteróclitos he seleccionado las estampas gabonesas con las que completar las dos emisiones. Y, como no podía ser de otra manera, la banda sonora de ambos programas es también africana en su totalidad, con canciones que proceden de diversos países del continente negro y no sólo de Gabón, cuya exigua producción musical no da para completar una emisión digna (hay bastantes músicos gaboneses pero, a mi juicio, pocos de calidad sobresaliente y, en cualquier caso, la mayoría de difícil acomodo en el estilo “recogido” y sosegado de Buscando leones en las nubes). En la edición de esta semana han sonado, Patience Dabany, del propio Gabón, Ballaké Sissoko, maliense, la etíope Gigi Shibabaw, la caboverdiana Lura, Asmara All Stars, la banda eritrea, Dobet Gnahoré de Costa de Marfil, Ismael Lô, senegalés, la camerunesa Kareyce Fotso, el congoleño Lokua Kanza y Pierre Akendengué, el gran clásico gabonés, que aparece en último lugar pues he querido que la apertura y el cierre de la emisión los pongan voces de nuestro país invitado. Su reivindicativa canción Africa obota, que hemos escuchado en el programa, protagoniza también el extraño vídeo de esta semana, con un fondo algo surrealista de imágenes del propio músico y mapas y fotos de África y Gabón.
Buscando leones en las nubes es el blog de un programa de radio, del mismo nombre, que se emite en Radio Universidad de Salamanca los lunes de 10 a 11 de la noche. Una descripción pormenorizada de la emisión la encontraréis en la primera entrada de este blog, del 25 de septiembre de 2008 (se puede acceder a ella desde la imagen inferior -el cartel de Buscando leones en las nubes-, en este mismo panel lateral).
En las diferentes entradas del blog se ofrece la posibilidad de escuchar íntegramente, sobre la misma página, el programa correspondiente (en el player adjunto).
Además, es posible descargar esas mismas emisiones en formato mp3 desde este panel lateral, dentro de la sección denominada Programas (descargas) y, tras ella, en la que lleva por título Más programas para descargar. 'Pinchando' sobre el nombre del programa se accede a una pantalla, en la columna izquierda de la cual, debajo de Play/Download, aparecen unas cifras (64kbps, habitualmente) ola expresión Whole directory. Un click de ratón sobre las cifras o el texto permite la descarga automática del programa.
En la sección Etiquetas, entrando en cada una de las referencias recogidas, encontraréis información sobre el contenido de los programas respectivos.
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Con pose intelectualoide (los periódicos son de atrezo: habitualmente sólo leo hojas parroquiales)
"La felicidad era como aquellas nubes que cambiaban de apariencia a cada instante. Brillaban doradas, o se teñían de gris, sin permanecer más que un momento en el mismo estado. Las horas más radiantes pasan así de largo veloces, como un capricho o como una broma." Kyoichi Katayama
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