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martes, 26 de febrero de 2019
NO SER NADIE
Buscando leones en las nubes se despide de los haikus por este curso, tras una larga serie -el de hoy es el sexto programa- que hemos dedicado al género poético japonés por excelencia, con su estricta fórmula de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, a partir de los seleccionados en la magnífica antología Un viejo estanque que recoge un gran número de ellos escritos por más de un centenar de escritores españoles e hispanoamericanos.
El libro, que editó La Veleta, una colección del sello Comares, bajo la responsabilidad de Susana Benet y Frutos Soriano, registra una ostensible presencia de poemas vinculados a la experiencia sensorial, razón por la cual, en las semanas precedentes, hemos centrado nuestras emisiones en los cinco sentidos humanos, que han aparecido aquí en lunes consecutivos, con la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto como protagonistas.
Esta noche, manteniendo el libro referido como eje principal del programa, abandonamos, no obstante, el “universo sensitivo” para ocuparnos de haikus que podríamos llamar filosóficos o vagamente metafísicos, que tienen a la vida, el paso del tiempo, la vejez, la muerte, el amor, los recuerdos o, en definitiva, el sentido de la existencia como motivo esencial.
Los poemas leídos son obra de Jesús Aguado, Valentín Carcelén, José Cereijo, José Corredor-Matheos, Isabel Escudero, Enrique García-Máiquez, Santiago Larreta, Martín López-Vega, Andrés Neuman, Mario Ruiz, Andrés Trapiello, Rony José Vargas Castillo, Ricardo Virtanen y José María Bermejo.
Entre los poemas seleccionados suenan canciones sin ninguna vinculación “temática” con los versos, más allá de compartir una misma atmósfera de delicadeza y sensibilidad, de introspección, levedad y belleza que, espero, os hará disfrutar de una emisión a mi juicio espléndida. Kiran Ahluwalia, Charles Bradley con la Menahan Street Band, Elba Ramalho, Coque Malla, Lisa Ekdhal con Ane Brun, Sabrina Claudio, Van Morrison, The Jayhawks, Dana Gillespie con Al Cook y su Original Al Cook Band, Marissa Nadler, Grant-Lee Phillips, Madeleine Peyroux, Mark Laurent con Brenda Liddiard y los hermanos Angus y Julia Stone son los intérpretes de la bellísima banda sonora de la emisión.
La décalcomanie, un muy misterioso cuadro de Magritte, complementa esta reseña.
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Un viejo estanque
martes, 19 de febrero de 2019
UNA GOTA RECORRE MI ESPALDA
Esta semana cerramos la vertiente “sensorial” de nuestra serie de seis programas -el del lunes que viene no tendrá a ninguno de los sentidos como centro- dedicados al haiku en español a partir de Un viejo estanque, una muy apreciable antología que presentó hace unos años la editorial Comares en su colección La Veleta, que dirige Andrés Trapiello. El libro, en edición de Susana Benet y Frutos Soriano recoge varios centenares de poemas de ciento treinta y cinco escritores españoles e hispanoamericanos que se acogen a la más conocida fórmula estilística de la literatura japonesa.
Esta semana cerramos la vertiente “sensorial” de nuestra serie de seis programas -el del lunes que viene no tendrá a ninguno de los sentidos como centro- dedicados al haiku en español a partir de Un viejo estanque, una muy apreciable antología que presentó hace unos años la editorial Comares en su colección La Veleta, que dirige Andrés Trapiello. El libro, en edición de Susana Benet y Frutos Soriano recoge varios centenares de poemas de ciento treinta y cinco escritores españoles e hispanoamericanos que se acogen a la más conocida fórmula estilística de la literatura japonesa.
En su estudio introductorio al libro, el profesor de la Universidad de Sevilla Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, resalta la vinculación de los haikus con la experiencia de los sentidos, encontrando en la recopilación que prologa cinco líneas o ejes temáticos principales, correspondientes con los cinco sentidos humanos.
En semanas precedentes hemos recorrido, en textos y canciones, la vista, el oído, el olfato y el gusto, siendo por tanto en esta ocasión el tacto el protagonista del programa, al menos en su vertiente literaria, porque en la musical he optado por elegir temas que no hablan estrictamente del tocar, sino que, partiendo del objeto del poema -un perro, la nieve, el sol, el pelo-, he buscado canciones que tienen a esos objetos como centro.
Esos haikus “táctiles”, con la que cerramos nuestra “sensitiva” serie, han sido escritos por Jesús Aguado, Isabel Alamar, Félix Arce, Elías Rovira, Emilio Gavilanes, Miguel Ibáñez, María Ángels Lluch, Virginia Llorens, Giovanni C. Jara, José Antonio Mesa Toré, Julia Guzmán, Ana María López Navajas, José Luis Parra y Alfredo Benjamín.
Entre los versos han sonado las canciones de Norah Jones, Mariza, Rosemay Clooney, Peter Gabriel, Roberto Carlos, Franco Battiato, The Be Good Tanyas, Ella Fitzgerald, Jane Siberry, Stereo Total, Rachel Goswell, Billie Holiday, Sade, Gal Costa y el grupo italiano Madreblu, con su exitoso Certamente, una maravilla que ya emitimos en más de una ocasión en Buscando leones en las nubes y que no habla estrictamente del tacto, aunque las menciones al calor opresivo, el temporal fraguándose afuera, la imposibilidad de dormir, crean una atmósfera de una densidad casi física que parece poder tocarse.
Nu à contre-jour, de Pierre Bonnard, ilustra muy bellamente la alusión a la gota que recorre la espalda que titula esta entrada.
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Una gota recorre mi espalda
martes, 12 de febrero de 2019
EL SABOR DEL AGUA EN EL HUECO DE LAS MANOS
Bienvenidos a una nueva emisión de Buscando leones en las nubes. Un programa, el de esta semana, que hace el número cuatro de la serie que desde hace casi un mes estamos dedicando a los haikus en castellano a partir de la estupenda antología Un viejo estanque, que hace unos años publicó la editorial Comares en su colección La Veleta, en una edición a cargo de Susana Benet y Frutos Soriano.
Bienvenidos a una nueva emisión de Buscando leones en las nubes. Un programa, el de esta semana, que hace el número cuatro de la serie que desde hace casi un mes estamos dedicando a los haikus en castellano a partir de la estupenda antología Un viejo estanque, que hace unos años publicó la editorial Comares en su colección La Veleta, en una edición a cargo de Susana Benet y Frutos Soriano.
En el breve pero interesante prólogo al libro, el profesor de la Universidad de Sevilla Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala asocia el poema clásico japonés con una experiencia sensorial en tanto, a su juicio, de un modo u otro, todos tienen que ver con alguno de los cinco sentidos humanos.
En ediciones anteriores de la serie han comparecido la vista, el oído y el olfato, tocándole el turno, pues, esta noche al gusto, con una selección de quince haikus en los que el sabor, disfrutado en el poema o meramente insinuado o implícito en los versos, constituye el protagonista principal. Así, en los textos que os leeré y las canciones que sonarán encontraréis y podréis deleitaros -de un modo a menudo solo metafórico- con la sabrosa presencia de la miel, el mar, las almejas, la hierba, las zanahorias, los melocotones, el vino y el queso, las almendras, el té y la leche, el arroz, y el agua en sus diferentes posibilidades gustativas, el agua fresca, la de lluvia, la del río…
Los breves poemas son obra de María Dolores E. Cordero, José Luis García Martín, Valentín Carcelén, Miguel D’Ors, Sergio Pinteño, León Molina, Pedro Pagés García, Jesús Aguado, Sergio Abadía, Rafael García Bidó, Luis Carril, Fernando López Rodríguez, Enrique Linares, Jorge Braulio Rodríguez Quintana e Isabel Pose.
La banda sonora del programa la han puesto Lizz Wright, Lana Del Rey con Barrie-James O'Neill, The Handsome Family, Leonard Cohen, Mina con Adriano Celentano, Joan Manuel Serrat, Iron & Wine, Carole King, Lucinda Williams, Ornella Vanoni, Dinah Shore con The Sonny Burke Orchestra, Frank Sinatra, Jarabe de Palo, Natalie Merchant y Astrud Gilberto en el clásico de la bossa nova, Agua de beber, escrito por Antonio Carlos Jobim e interpretado aquí por la seductora voz de sensual voz de la cantante brasileña con el acompañamiento del propio compositor.
El aguador de Sevilla, el impresionante cuadro de Diego Velázquez, pintado en torno a 1620, ilustra esta entrada.
martes, 5 de febrero de 2019
OLOR A HUMO EN TU PELO RIZADO
En el programa de Buscando leones en las nubes de esta semana vuelven a ser los haikus, los poemas clásicos japoneses, nuestros invitados principales, que centran una emisión más -la tercera de una serie iniciada hace quince días- dedicada a Un viejo estanque, una selección, que apareció en la colección La Veleta de la editorial Comares que dirige Andrés Trapiello, de centenares de composiciones de autores españoles e hispanoamericanos que se acogen al modelo del haiku, esto es tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente.
En el libro, una edición debida a Susana Benet y Frutos Soriano, podemos encontrar -o así lo hace el profesor de la Universidad de Sevilla Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, que firma su prólogo- una suerte de eje conductor que tiene que ver con lo sensorial, al girar la mayor parte de los poemas sobre los cinco sentidos humanos.
En ediciones anteriores fueron la vista y el oído los protagonistas, mientras que hoy le toca el turno al olfato, a través de una quincena de composiciones en las que los aromas, el perfume, los olores y los efluvios -de lavanda, de tomillo, de jazmín, de la tierra mojada, del café y del pan, del té, de las aguas de un río, de la niebla, del liquen o de los rododendros- inundarán de fragancias el programa, tanto en los textos como en las canciones.
Los poemas son obra de Félix Arce, José Cereijo, Jordi Climent Botella, Luis Corrales, Manuel Díez Orzas, Juan Carlos Durilén, Emilio Gavilanes, Mirta Gili, Coriolano González, Giovanni C. Jara, Toñi Sánchez Verdejo, Jesús Munárriz, Miguel D’Ors, Rodolfo Langer, Gregorio Dávila y Pilar Alcón.
Entre ellos han sonado una serie de canciones, toda ellas también extremadamente fragantes, interpretadas por Dinah Shore, Nina Nielsen, James, Luka Bloom, Ella Fitzgerald, Johnny Cash, Carey Mulligan, El último de la fila, Sarah Vaughan, Van Morrison, Christina Rosenvinge, Stéphanie Crayencour con Saule, Marisa Monte, Marissa Nadler, Blossom Dearie y un Luis Eduardo Aute, recuperándose felizmente, aunque poco a poco, de su duro percance de salud, que cierra el programa con un tema precioso.
Proserpina, de Dante Gabriel Rossetti, un cuadro de 1874, acompaña, con el bello pelo rizado de su modelo, esta entrada del blog.
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martes, 29 de enero de 2019
EL CANTO DE UN MIRLO
Esta semana Buscando leones en las nubes continua con la serie, que hoy cumple su segunda entrega, dedicada a los haikus, a partir del interesante libro Un viejo estanque, una espléndida antología, que recoge centenares de poemas, publicada en la colección La Veleta, de la editorial Comares, dirigida por Andrés Trapiello, en una edición debida a Susana Benet, ella misma prestigiosa autora de haikus, y Frutos Soriano.
Siguiendo la sugerencia que el profesor de la Universidad de Sevilla Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala hace en su prólogo al libro, en el que constata la vinculación de los haikus con el mundo sensorial y con los cinco sentidos en particular, y habiendo ofrecido, hace siete días, una muestra de poemas relacionados con la vista, toca esta semana presentaros una larga quincena de composiciones con el oído como protagonista.
Los versos leídos son obra de Félix Alcántara, Llanos Guillén, José María Bermejo, Luis Carril, Jordi Climent Botella, Félix Arce, Rafael Correcher, Konstantin Dimitrov, Pedro Fanega, Ricardo Fernández Moyano, Alberto Flecha, María Dolores García, Jorge Braulio Rodríguez Quintana, Jenaro Talens y Manuel Córdoba.
Y de la escucha, de los susurros, de los silencios, de las conversaciones en voz baja, de los dulces arrullos amorosos, del rumor de la lluvia, del leve murmullo de la nieve que cae, del gorjeo de los pájaros y de tantas otras dimensiones -literales o metafóricas- del acústico sentido tratan también las magníficas canciones con las que completamos nuestra propuesta de hoy interpretadas por Stacey Kent con Jim Tomlinson, Marvin Gaye, Van Morrison, Edie Brickell, Ella Fitzgerald, Susanna & The Magical Orchestra, Nancy Sinatra, Luiza Possi, Mina con Pato García, Alison Moyet, Tori Amos, John Lennon y Yoko Ono, Astrud Gilberto, Anita O’Day y Linda Ronstadt.
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martes, 22 de enero de 2019
UNA LAGARTIJA. YA NO
Buscando leones en las nubes inaugura hoy una serie, compuesta por seis espacios consecutivos, que tienen a los haikus, los clásicos poemas japoneses, como protagonistas. Hace poco más de cinco años, a finales de 2013, la granadina editorial Comares presentó, en su colección La Veleta, dirigida por Andrés Trapiello, Un viejo estanque, una espléndida antología del haiku contemporáneo en español. La edición, debida a Susana Benet y Frutos Soriano, recoge varios centenares de poemas de ciento treinta y cinco escritores españoles e hispanoamericanos que, más allá de sus respectivas publicaciones, no sólo centradas en la intensa y concentrada forma poética nipona, se articulan, en este su interés por las composiciones de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente, en torno a la página web El Rincón del Haiku.
El profesor de la Universidad de Sevilla Fernando Rodríguez-Izquierdo y Gavala, en su iluminador prólogo al libro, se refiere al haiku como “breve poema sensitivo” y al género como “poesía de la sensación”, pues es este mundo de las “impresiones”, casi siempre fugaces, de un fulgor instantáneo, lo más característico de unos poemas que, al margen de unos ritmos siempre comunes, unas imágenes y metáforas a menudo coincidentes, unos efectos sonoros y unos usos del lenguaje similares, comparten sobre todo la vinculación con los sentidos, con la emoción “física”, con el efecto sensorial, con la percepción -visual, olfativa, acústica, táctil, gustativa- del mundo.
Siguiendo, pues, la pista, que se sugiere en dicho preámbulo -los haikus alusivos a cada uno de los cinco sentidos-, he seleccionado poemas centrados, por orden de aparición a lo largo de las próximas semanas, en la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto, para conformar con ellos los cinco primeros programas de esta serie. El sexto, prescindiendo ya de la “excusa” sensorial, estará dedicado a haikus que podríamos llamar existenciales, en los que la muerte, el paso del tiempo, la reflexión sobre la vida, inspiran los versos del poema.
Así, en el espacio de hoy, os leeré quince haikus en los que el protagonismo recae en la vista, en poemas -y en sus correspondientes canciones- en los que los ojos, la mirada, la observación, la visión -material o metafórica- ocupan el núcleo esencial de versos y melodías. Carlos Alcorta, José Luis Andrés Cebrián, Verónica Aranda, Félix Arce, Alfredo Benjamín, Carlos Blanc, Lara Cantizani, Luis Carril, José Cereijo, Jordi Climent Botella, María Dolores E. Cordero, Luis Elía Iranzu, Julia Guzmán, Jorge Alberto Giallorenzi y Sergio Abadía son sus autores.
Sus sugerentes e inspiradores versos han sonado entre las canciones, también preciosas, interpretadas por Dusty Springfield, Rosa Passos, Nancy Wilson, Jackson Browne, Lou Reed con la Velvet Underground, Billie Holiday, Peter Gabriel con Youssou N’Dour, Ernestine Anderson, Jorge Drexler, Coldplay, Tom Waits, Sarah Vaughn, Morcheeba, Dinah Washington y el mencionado Damien Rice que cierra el programa con esa maravilla que es The Blower's Daughter, (no puedo apartar mis ojos de ti).
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Una lagartija. Ya no
martes, 25 de enero de 2011
JAPAN NO ES SOLO JAPÓN
La emisión de esta semana de Buscando leones en las nubes surge de la reciente lectura de un libro precioso cuya belleza ha generado en mí, como de costumbre en este tipo de casos de exaltación estética, podríamos decir, el deseo de compartir su maravillas con todos vosotros, los oyentes del programa. Se trata de Haikus clásicos, un precioso volumen ilustrado con decenas de estupendas fotografías de John Cleare que recoge, como permite suponer su subtítulo, La mejor poesía japonesa, una selección de cerca de doscientos haikus de los cuatro poetas japoneses más importantes de los siglos XVII, XVIII y XIX: Basho, Buson, Issa y Shiki, La antología se debe a uno de los mayores expertos mundiales en la poesía clásica nipona, Tom Lowenstein, poeta a su vez, antropólogo e historiador, y está publicada en una edición como os digo primorosa, una obra de arte en sí misma, un objeto delicado y bellísimo, por la editorial Blume. El libro, impreso en China, cuenta con la traducción de Remedios Diéguez Diéguez.
Dejadme que os recuerde brevemente de qué hablamos al referirnos a poesía japonesa (en la sección de descargas de este blog podéis encontrar dos programas pasados consagrados a Japón y su poesía), a partir de las palabras de Tom Lowenstein en su introducción al libro.
La más destacada manifestación de la poesía nipona, el haiku, es un poema breve pero muy intenso que contiene descripciones visuales completas de pequeños instantes en la vida de sus autores. En sus diecisiete sílabas originales en japonés, los haikus expresan mundos de profunda emoción y lucidez filosófica. Aparentemente sencillos, pero con una complejidad fascinante cuando se estudian con detenimiento, poseen un atractivo universal, como atestigua el número de idiomas a los que se han traducido. No obstante, conservan un característico sabor japonés, anclado en la historia y la cultura del país oriental. Y por ello, por la necesidad de conocer el entorno en el que nacen, en el libro del que hoy os hablo os vais a encontrar, de entrada, si os decidís a comprarlo, con una introducción sucinta pero sustanciosa, en la que se repasan los antecedentes clásicos del haiku desde el siglo IX, pasando por la época medieval, hasta llegar a su pleno desarrollo y apogeo, como os digo, en los siglos XVII, XVIII y XIX. De manera muy didáctica, muy ilustrativa y clara, en este capítulo preliminar se analizan también, para conocimiento de los no iniciados, las principales reglas del haiku, sus imágenes recurrentes, los contrastes de palabras, sus temas favoritos, la riqueza espiritual de las cosas modestas y sencillas, la belleza, el misterio y la elegancia de los objetos animados e inanimados, el halo filosófico que sobrevuela cualquier descripción, las sutiles evocaciones de la vida cotidiana, la mención a las estaciones, el optimismo primaveral sugerido en la presencia de los cerezos en flor y ciertas aves, el luminoso verano con sus flores y árboles, el otoño melancólico descrito a través de la luna llena, el viento y las hojas que caen, la nieve omnipresente en los versos invernales.
En un segundo capítulo, el libro presenta a los poetas recogidos en la antología, incluyendo para cada uno de ellos una breve biografía así como un escueto pero significativo análisis de los rasgos dominantes de su estilo. Como en la introducción, las afirmaciones del autor se sustentan siempre en multitud de ejemplos, en infinidad de bellísimos versos que trufan así la obra entera, haciendo de su lectura un placer extraordinario. Se trata de un libro que puede utilizarse al modo de un devocionario, si es que este término tiene aún algún sentido para vosotros: su formato reducido que casi cabe en una mano, la posibilidad de abrirlo por cualquier página encontrando en él motivos para el disfrute, la maravilla de las fotografías que lo surcan, lo convierten en una auténtica joya, en una delicia que deseamos que nos acompañe en nuestros paseos, que gustamos de llevar de viaje, que podemos leer en un café, en un banco del parque, en la tediosa espera en una estación o un aeropuerto, en los minutos de pausa entre obligadas exigencias profesionales.
El cuerpo central del libro, no obstante, se corresponde con la selección de poemas de los cuatro poetas antologados de los que he extraído una muestra representativa para integrar la parte literaria del programa. En el precioso volumen se recoge además un llamado interludio estacional, con haikus bellísimos y ya no debidos a los cuatro grandes maestros, relativos a las cuatro estaciones del año y agrupados por su temática.
No quiero cerrar mis comentarios al libro sin haceros una referencia a las magníficas fotografías que lo ilustran. John Cleare, fotógrafo especializado, al parecer, yo no lo conocía hasta ahora, en paisajes, en cumbres y riscos, en nieves y escaladas, presenta varias decenas de excelentes fotos que sirven como complemento y contrapunto de los haikus y permiten degustarlos con mayor deleite; es más, en mi opinión, cada una de las fotografías es en sí misma un poema, tal es la capacidad de su autor para captar la emoción de un instante. Garzas y estanques, flores y hojas, montañas, campos y ríos, la luna y los árboles, el mar y las aves, la nieve y los caminos, templos, puentes, pérgolas y casas de té aparecen, en un muy sugerente blanco y negro, entre los delicadísimos versos y el resultado, creedme, es emocionante y conmovedor.
Para acompañar musicalmente a los haikus y recrear su atmósfera sutil y elegante, intensa y evocadora, me he permitido un juego, algo forzado, pero que espero os resulte estimulante.
Hay un grupo británico de finales de los setenta y comienzo de los años ochenta del pasado siglo, uno de mis grupos favoritos, que no sólo por su nombre, Japan, sino por un cierto clima oriental en sus composiciones (más notorio en unas piezas que en otras, en las que casi no resulta apreciable) se me ha impuesto, en cierto modo, inconscientemente, como la banda sonora perfecta para complementar la lectura de los haikus del libro citado. Japan me entusiasmó durante esos años, tengo todos sus vinilos, publicados, en lo que a la postre fue una carrera fugaz, entre 1978 y 1981. Lamento ahora, treinta años después, no haber podido asistir a uno de sus conciertos, una carencia que se dio también en el caso de los Talking Heads, otros de mis preferidos de la época. Su líder, David Sylvian, sigue aún muy activo musicalmente, publicando discos plagados de hallazgos y experimentación, de innovaciones y riesgos, creando bellísimos paisajes sonoros, colaborando con artistas varios, desarrollando su eclecticismo (el mismo que estaba ya en Japan, en cuya música es fácil encontrar huellas del glam arrebatado y excesivo de David Bowie y, a la vez, del íntimo recogimiento de Eric Satie) mientras se mantiene alejado del primer plano de la escena artística. Japan era -es- un grupo formidable, capaz de crear atmósferas algo evanescentes pero muy sugestivas. No obstante -aviso para navegantes-, quizá a alguno de vosotros os pueda parecer que su música, de la que la almibarada iconografía del grupo -tan admirada en los ambientes gays- es representativa y está demasiado anclada en aquellos años del glamour y el nuevo romanticismo, de la sofisticación y el exotismo artificiales. Y puede que, en efecto, sus canciones os parezcan ahora demasiado deudoras de una época ya acabada, que hayan perdido vigencia y no encajen con el tipo de propuestas sonoras que copan actualmente el universo musical. No me lo parece a mí y, muy al contrario, pienso que las diez piezas que podréis escuchar en la emisión, entresacadas de lo mejor de sus cinco discos, son espléndidas y se degustan con placer, permitiéndoos disfrutar -al menos eso espero- de una hora muy agradable de radio.
Japan protagoniza también, de un modo obvio, la oferta de vídeos de esta semana. Os dejo unos cuantos de algunas de sus canciones más representativas que han sonado en el programa. A la genial Nightporter, a mi juicio ya un clásico -aunque aquí no en su mejor versión-, le siguen Quiet life, The art of parties, Swing, Methods of dance y Gentlemen takes polaroid, que no tuvo cabida en la hora escasa de emisión. La calidad de imagen no es gran cosa, pues se trata de grabaciones de hace treinta años, pero permiten disfrutar de la música y apreciar en toda su extensión el peculiar universo del grupo.
Japan no es solo Japón
Dejadme que os recuerde brevemente de qué hablamos al referirnos a poesía japonesa (en la sección de descargas de este blog podéis encontrar dos programas pasados consagrados a Japón y su poesía), a partir de las palabras de Tom Lowenstein en su introducción al libro.
La más destacada manifestación de la poesía nipona, el haiku, es un poema breve pero muy intenso que contiene descripciones visuales completas de pequeños instantes en la vida de sus autores. En sus diecisiete sílabas originales en japonés, los haikus expresan mundos de profunda emoción y lucidez filosófica. Aparentemente sencillos, pero con una complejidad fascinante cuando se estudian con detenimiento, poseen un atractivo universal, como atestigua el número de idiomas a los que se han traducido. No obstante, conservan un característico sabor japonés, anclado en la historia y la cultura del país oriental. Y por ello, por la necesidad de conocer el entorno en el que nacen, en el libro del que hoy os hablo os vais a encontrar, de entrada, si os decidís a comprarlo, con una introducción sucinta pero sustanciosa, en la que se repasan los antecedentes clásicos del haiku desde el siglo IX, pasando por la época medieval, hasta llegar a su pleno desarrollo y apogeo, como os digo, en los siglos XVII, XVIII y XIX. De manera muy didáctica, muy ilustrativa y clara, en este capítulo preliminar se analizan también, para conocimiento de los no iniciados, las principales reglas del haiku, sus imágenes recurrentes, los contrastes de palabras, sus temas favoritos, la riqueza espiritual de las cosas modestas y sencillas, la belleza, el misterio y la elegancia de los objetos animados e inanimados, el halo filosófico que sobrevuela cualquier descripción, las sutiles evocaciones de la vida cotidiana, la mención a las estaciones, el optimismo primaveral sugerido en la presencia de los cerezos en flor y ciertas aves, el luminoso verano con sus flores y árboles, el otoño melancólico descrito a través de la luna llena, el viento y las hojas que caen, la nieve omnipresente en los versos invernales.En un segundo capítulo, el libro presenta a los poetas recogidos en la antología, incluyendo para cada uno de ellos una breve biografía así como un escueto pero significativo análisis de los rasgos dominantes de su estilo. Como en la introducción, las afirmaciones del autor se sustentan siempre en multitud de ejemplos, en infinidad de bellísimos versos que trufan así la obra entera, haciendo de su lectura un placer extraordinario. Se trata de un libro que puede utilizarse al modo de un devocionario, si es que este término tiene aún algún sentido para vosotros: su formato reducido que casi cabe en una mano, la posibilidad de abrirlo por cualquier página encontrando en él motivos para el disfrute, la maravilla de las fotografías que lo surcan, lo convierten en una auténtica joya, en una delicia que deseamos que nos acompañe en nuestros paseos, que gustamos de llevar de viaje, que podemos leer en un café, en un banco del parque, en la tediosa espera en una estación o un aeropuerto, en los minutos de pausa entre obligadas exigencias profesionales.
El cuerpo central del libro, no obstante, se corresponde con la selección de poemas de los cuatro poetas antologados de los que he extraído una muestra representativa para integrar la parte literaria del programa. En el precioso volumen se recoge además un llamado interludio estacional, con haikus bellísimos y ya no debidos a los cuatro grandes maestros, relativos a las cuatro estaciones del año y agrupados por su temática.
No quiero cerrar mis comentarios al libro sin haceros una referencia a las magníficas fotografías que lo ilustran. John Cleare, fotógrafo especializado, al parecer, yo no lo conocía hasta ahora, en paisajes, en cumbres y riscos, en nieves y escaladas, presenta varias decenas de excelentes fotos que sirven como complemento y contrapunto de los haikus y permiten degustarlos con mayor deleite; es más, en mi opinión, cada una de las fotografías es en sí misma un poema, tal es la capacidad de su autor para captar la emoción de un instante. Garzas y estanques, flores y hojas, montañas, campos y ríos, la luna y los árboles, el mar y las aves, la nieve y los caminos, templos, puentes, pérgolas y casas de té aparecen, en un muy sugerente blanco y negro, entre los delicadísimos versos y el resultado, creedme, es emocionante y conmovedor.
Para acompañar musicalmente a los haikus y recrear su atmósfera sutil y elegante, intensa y evocadora, me he permitido un juego, algo forzado, pero que espero os resulte estimulante.
Hay un grupo británico de finales de los setenta y comienzo de los años ochenta del pasado siglo, uno de mis grupos favoritos, que no sólo por su nombre, Japan, sino por un cierto clima oriental en sus composiciones (más notorio en unas piezas que en otras, en las que casi no resulta apreciable) se me ha impuesto, en cierto modo, inconscientemente, como la banda sonora perfecta para complementar la lectura de los haikus del libro citado. Japan me entusiasmó durante esos años, tengo todos sus vinilos, publicados, en lo que a la postre fue una carrera fugaz, entre 1978 y 1981. Lamento ahora, treinta años después, no haber podido asistir a uno de sus conciertos, una carencia que se dio también en el caso de los Talking Heads, otros de mis preferidos de la época. Su líder, David Sylvian, sigue aún muy activo musicalmente, publicando discos plagados de hallazgos y experimentación, de innovaciones y riesgos, creando bellísimos paisajes sonoros, colaborando con artistas varios, desarrollando su eclecticismo (el mismo que estaba ya en Japan, en cuya música es fácil encontrar huellas del glam arrebatado y excesivo de David Bowie y, a la vez, del íntimo recogimiento de Eric Satie) mientras se mantiene alejado del primer plano de la escena artística. Japan era -es- un grupo formidable, capaz de crear atmósferas algo evanescentes pero muy sugestivas. No obstante -aviso para navegantes-, quizá a alguno de vosotros os pueda parecer que su música, de la que la almibarada iconografía del grupo -tan admirada en los ambientes gays- es representativa y está demasiado anclada en aquellos años del glamour y el nuevo romanticismo, de la sofisticación y el exotismo artificiales. Y puede que, en efecto, sus canciones os parezcan ahora demasiado deudoras de una época ya acabada, que hayan perdido vigencia y no encajen con el tipo de propuestas sonoras que copan actualmente el universo musical. No me lo parece a mí y, muy al contrario, pienso que las diez piezas que podréis escuchar en la emisión, entresacadas de lo mejor de sus cinco discos, son espléndidas y se degustan con placer, permitiéndoos disfrutar -al menos eso espero- de una hora muy agradable de radio.Japan protagoniza también, de un modo obvio, la oferta de vídeos de esta semana. Os dejo unos cuantos de algunas de sus canciones más representativas que han sonado en el programa. A la genial Nightporter, a mi juicio ya un clásico -aunque aquí no en su mejor versión-, le siguen Quiet life, The art of parties, Swing, Methods of dance y Gentlemen takes polaroid, que no tuvo cabida en la hora escasa de emisión. La calidad de imagen no es gran cosa, pues se trata de grabaciones de hace treinta años, pero permiten disfrutar de la música y apreciar en toda su extensión el peculiar universo del grupo.
Japan no es solo Japón
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viernes, 7 de noviembre de 2008

MÁS JAPÓN
Dejo ahora aquí, con algún retraso, el programa del lunes pasado, el segundo de la serie que Buscando leones en las nubes ha dedicado al Japón con ocasión de la exposición de fotografía que durante el mes de octubre se presentó en el Centro Cultural Hispano Japonés de Salamanca. Imágenes del Japón era el título de la exposición y en ella se ofrecían setenta fotografías, realizadas por Carlos Montenegro, en las que se reflejaba de un modo muy amplio la enorme variedad y la riqueza cultural y arquitectónica, natural y humana del país nipón. Una de esas magníficas fotos, la del Torii Itsukushima, en la isla de Miyajima, es la puerta que abre la entrada de hoy al blog, una puerta simbólica que opera a modo de invitación al descubrimiento de una civilización tan fascinante como la japonesa. Los Torii son arcos tradicionales que aparecen normalmente a la entrada de los templos shintoístas japoneses y que delimitan la frontera entre el espacio sagrado y el profano.
En esta segunda emisión se repite el esquema de la primera entrega. Por un lado, piezas musicales con un inequívoco aire japonés, pese a su extracción de ámbitos muy diversos que van desde la electrónica al jazz, desde el folklore tradicional a la música clásica, desde la tonada pop hasta algún no muy atrevido experimento de vanguardia. Los intérpretes de las diversas canciones fueron Aus, Marisha Kosugi con X-Cultures, Haruka Nakamura, Aki Tsukuyo, Piana, Ryuichi Sakamoto con Minekawa Takako, Keiko Matsui, Koto Vortex, Takahiro Kido, Akira Senju y Hako Yamazaki.
Entre las piezas musicales, en la vertiente literaria del programa, he seguido ofreciendo una selección de haikus. El haiku es una de las formas (sin duda la más conocida) de la poesía tradicional japonesa. Aunque hay antecedentes bajo distintas acepciones en el siglo VIII y en diversos clásicos de los siglos X y XI, su popularidad empieza a crecer en el siglo XII. Los grandes nombres del género aparecen, no obstante, a partir del siglo XVII: Matsuo Bashô (1644-1694), Yosa Buson (1716-1783), Issa Kobayashi (1762-1826) y Shiki Masaoka (1867-1902), de cada uno de los cuales he leído tres poemas en el programa. La denominación actual, haiku, surge en el siglo XIX, siendo su manifestación más habitual la de un poema breve, generalmente de diecisiete sílabas, dispuestas en tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. No obstante, tanto el número de versos, como su extensión o la distribución de las sílabas en ellos pueden variar, alejándose del patrón métrico habitual. El poema carece de rima y de título así como, originalmente, de signos de puntuación o mayúsculas, en un reflejo externo, con ese despojamiento y esa austeridad de las formas, de la simplicidad, de la expresión sencilla, concisa y clara, que son rasgos destacados del haiku.
La mayor parte de los haikus incorporan un vocablo que vincula el poema a una estación del año. Así, ligados a la primavera aparecen las flores del ciruelo, del cerezo, del sauce, las golondrinas, el ruiseñor, la neblina, las montañas, las ranas, las mariposas. Al verano corresponden las fiestas, el canto del cuclillo y la alondra, las chicharras, las luciérnagas, las lluvias estacionales, los manantiales, las peonías, la plantación del arroz. En otoño se muestran ánsares y garzas, libélulas y crisantemos, la cosecha del arroz, las noches largas, la luna. Por último, el invierno se refleja en las nieves, la escarcha, los campos helados y yermos, el viento glacial, la vejez, la pobreza. Por otro lado, el fondo del poema, su temática, suele centrarse en la descripción de algún suceso o alguna escena real o imaginada. El sentido literal de haiku (o haikai) es “lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. El poeta recoge de un modo brevísimo e intenso, al modo de un relámpago esclarecedor, un acontecimiento, aparentemente banal, pero al que su mirada, la penetración, la agudeza, la sensibilidad de su mirada dotan de capacidad evocadora, de potencia expresiva, de emoción y espíritu y belleza y sentimiento y ensueño y trascendencia.
La mayor parte de los haikus incorporan un vocablo que vincula el poema a una estación del año. Así, ligados a la primavera aparecen las flores del ciruelo, del cerezo, del sauce, las golondrinas, el ruiseñor, la neblina, las montañas, las ranas, las mariposas. Al verano corresponden las fiestas, el canto del cuclillo y la alondra, las chicharras, las luciérnagas, las lluvias estacionales, los manantiales, las peonías, la plantación del arroz. En otoño se muestran ánsares y garzas, libélulas y crisantemos, la cosecha del arroz, las noches largas, la luna. Por último, el invierno se refleja en las nieves, la escarcha, los campos helados y yermos, el viento glacial, la vejez, la pobreza. Por otro lado, el fondo del poema, su temática, suele centrarse en la descripción de algún suceso o alguna escena real o imaginada. El sentido literal de haiku (o haikai) es “lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. El poeta recoge de un modo brevísimo e intenso, al modo de un relámpago esclarecedor, un acontecimiento, aparentemente banal, pero al que su mirada, la penetración, la agudeza, la sensibilidad de su mirada dotan de capacidad evocadora, de potencia expresiva, de emoción y espíritu y belleza y sentimiento y ensueño y trascendencia.
Espero que música y textos os resulten agradables e intensos.
Japón II
martes, 28 de octubre de 2008

JAPÓNDurante este ya casi extinto mes de octubre, en el Centro Cultural Hispano Japonés de Salamanca, se ha exhibido (aún quedan unos días), con el título de Imágenes del Japón, una muestra de fotografías realizadas por Carlos Montenegro y que tienen al país nipón como referente central. Carlos Montenegro, además de amigo personal, viajero apasionado y gran conocedor del Japón, en donde ha estado en cerca de una decena de ocasiones (en la última de las cuales hizo para mí de amable, ilustrado y muy instructivo cicerone, facilitándome el descubrimiento de un país en sí mismo fascinante, pero que sin él lo hubiera sido menos), tiene un excelente gusto y un muy buen ojo fotográfico, de modo que la exposición, para quienes aún tengáis la oportunidad de visitarla 'en directo', es altamente recomendable y permite disfrutar de unos momentos muy agradables, interesantes y entretenidos. En ella están representadas, en unas setenta estupendas fotografías, las dos grandes vertientes del complejo país del sol naciente. El Japón ancestral, con sus parques, sus jardines, sus templos, con la pervivencia de costumbres y rituales, de ceremonias, de vestimentas. Y también el Japón más moderno y avanzado, con sus rascacielos, sus calles atestadas, sus personajes exóticos, sus neones, sus futuristas tecnologías...
Mi pequeña aportación personal a la magnífica exposición fotográfica la constituye una decena de haikus, la más conocida de las formas poéticas tradicionales japonesas, seleccionados por su vinculación (a modo de contraste o confrontación, espero que enriquecedora) a las imágenes exhibidas.
Con ocasión de esta exposición, Buscando leones en las nubes dedica dos programas al mundo japonés. En la parte literaria de cada uno de ellos se ofrece una serie de haikus extraídos, la mayoría, del completísimo El libro del haiku, publicado por Alberto Silva en la editorial Visor. El contrapunto musical lo ponen algunas piezas interpretadas, claro está, por artistas japoneses, pero pertenecientes a tradiciones musicales no necesariamente autóctonas del archipiélago nipón. He escogido así una muestra variada que incluye música de jazz, melodías pop, canciones folk, piezas de música electrónica, sonidos tradicionales... y hasta alguna representación de la música clásica contemporánea. He elegido piezas lentas, intimistas y con un punto, en general, de melancolía, muy conveniente para degustar la profundidad y la capacidad de evocación de los haikus. En cualquier caso, el resultado es, pese a la aparente heterogeneidad de la mezcla, inequívocamente japonés y representativo de la variada escena musical nipona. Quiero agradecer a mi amiga portuguesa Sara Passos, experta conocedora de la música contemporánea (y también de la no contemporánea), sus imprescindibles sugerencias, hechas desde Viseu; sin ellas no hubiera podido completar los dos programas.
Dejo aquí, hoy, la primera de las dos emisiones, que salió al aire ayer mismo. Los haikus leídos en ella se deben a algunos de los grandes clásicos japoneses en este género literario: Raizan, Chiyo-jo, Shiki, Kigin, Yaba, Issa, Kikaku, Buson, Jôsô, Bâsho, Taigi y Shôha. Las piezas musicales las interpretaron Masakazu Yoshizawa con Kokin Gumi, Susumu Yokota, Hajime Chitose, los Yoshida Brothers, Popoyans, Hiroko Kokubu, Takashi Hirayasu con Chuei Yoshikawa, Ryouko Moriyama, Miyuki Nakajima, Yoko Kanno, Chikara Tsuzuki y Oki. La semana próxima, tras la emisión radiofónica del lunes que viene, os ofreceré la segunda edición de la miniserie japonesa de Buscando leones en las nubes.
Japón I
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