IÑAKI URIARTE. LEER YA NO TIENE NINGÚN PRESTIGIO
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martes, 14 de mayo de 2013
IÑAKI URIARTE. LEER YA NO TIENE NINGÚN PRESTIGIO
Esta semana cerramos la serie dedicada a los Diarios de Iñaki Uriarte, de los que nos hemos ocupado también en las dos emisiones precedentes, con una nueva selección de fragmentos entresacados de la más que interesante publicación del escritor vasco, ya comentada suficientemente en nuestras anteriores ediciones. Os diré ahora, por ello, tan sólo, que los textos que protagonizan el programa tienen como hilo conductor uno de los temas favoritos de Uriarte, los libros, la lectura, lo cual -su fijación por los asuntos literarios- no puede extrañar en alguien que -simplificando un poco- desarrolla su vida entre las cuatro paredes de su casa, deleitándose en la lectura. De este modo, y con este motivo central, Buscando leones en las nubes aprovecha para festejar, un año más, la celebración en nuestra ciudad de la Feria del Libro. Con esa misma finalidad, resaltar los placeres de la lectura, el encantamiento y la magia que nos deparan los libros, os dejo también, al término de esta entrada, un revelador y emotivo texto de la escritora argentina Ana María Shua, a la que dedicamos un monográfico en Buscando leones en las nubes hace unos años.
Para completar las enjundiosas y siempre algo iconoclastas opiniones de Iñaki Uriarte sobre los libros, el programa os ofrece también una docena de estupendas canciones cuyo tono intimista contribuye a recrear una atmósfera de sosiego muy oportuna para la degustación de los textos. Morcheeba, Ballaké Sissoko, Paul Simon, Josh Rouse, Kellylee Evans, Beth Hart con Joe Bonamassa, Mark Kozelek, Allison Ann, Serena Spedicato, Ben Harper con Charlie Musselwhite, Zélia Duncan y Grant Lee Phillips (cuyo Fools god suena en el vídeo final) son sus inspirados intérpretes.
A los seis años alguien me puso en las manos un libro con un caballo en la tapa. Esa misma noche yo fui ese caballo. Al día siguiente ninguna otra cosa me interesaba. Quería mi pienso, preferiblemente con avena y un establo con heno limpio y seco. Nunca antes había escuchado las palabras pienso, avena, heno, pero sabía que como caballo necesitaba entenderlas. Durante una semana pude haber sido Black Beauty pero fui Azabache, en una traducción inteligente y libre. Fui caballo de tiro y caballo de alquiler, recibí latigazos, estuve a punto de morir, fui rescatado... y llegué a la última página. Entonces, con terrible dolor, volví a mi cuerpo y levanté la cabeza: el resto del mundo todavía estaba allí. “Deja eso que te va a hacer mal”, decía mi madre. “No se lee en la mesa”, decía mi padre. Entonces descubrí que podía volver a empezar. Y otra vez fui Azabache y otra vez y otra vez.
Después descubrí que podía ser un pirata y muchos, y la ciudad de Maracaibo y ser hombre, manatí, horror o piedra. Lo que acababa de empezar en mi vida no era un hábito: era una adicción, una pasión, una locura.
Ana María Shua
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Leer ya no tiene ningún prestigio
martes, 7 de mayo de 2013
IÑAKI URIARTE. ME GUSTARÍA SER MÁS INTELIGENTE
La presente edición de Buscando leones en las nubes sigue protagonizada, en su parte literaria, por Iñaki Uriarte, el muy singular escritor vasco, aunque escritor es un vocablo muy pobre para definir la amplitud de registros en los que se desenvuelve el inclasificable personaje. Esta semana os presento la segunda entrega de la serie de tres que estamos dedicando a sus Diarios que, en dos tomos, titulados Diarios, 1999-2003 y Diarios, 2004-2007, han sido publicados, en 2010 y 2011 respectivamente, por la riojana editorial Pepitas de Calabaza. Del interés de estos dos volúmenes singularísimos ya os he hablado con detalle hace siete días por lo que me limito ahora a remitiros a la anterior entrada de este blog por si os interesa complementar la información sobre ellos. Os dejo además una elogiosa recomendación de Antonio Muñoz Molina aparecida en su página web oficial.
Entre los textos de Iñaki Uriarte escucharéis algunas excelentes canciones, casi todas pertenecientes a discos de una relativamente reciente aparición, y caracterizadas por la sensibilidad y la emoción, por el tono íntimo que son señas de identidad de nuestras emisiones. Sus intérpretes: Neil Halstead, Rebekka Karijord (que aparece en el vídeo final con The noble art of letting go), Tim Burgess, Carrie Rodriguez, Elvis Costello, Joana Serrat, John Hiatt, Sharon van Etten, Tié, Sophie Hunger, Dido, Idir y Johan Örjansson.
Iñaki Uriarte: El retorno. 8 de septiembre de 2011
Lo malo del segundo volumen de los diarios de Iñaki Uriarte no es que me haya arruinado una gran parte de una jornada laboral en la que esperaba dejar resueltas algunas obligaciones inaplazables: es que también me ha malogrado la siesta. Después de comer y de tomar café charlando un rato y viendo las insensateces de la actualidad en el telediario suelo retirarme al gran momento del día, que es cuando me tumbo un diván bastante gastado por las muchas horas de siesta, vagancia y lectura que he disfrutado en él. Al diván vienen conmigo un libro y Lolita. Lolita se tumba a mis pies o pegando el lomo a mi costado, con esa cosa gatuna que tiene, de perra con alma de gato. Leo un rato y en diez o quince minutos me deslizo con gran solvencia de experto de la lectura a la modorra, y de ahí al sueño, que no dura mucho más de veinte minutos, pero del que despierto poco a poco plenamente restaurado, volviendo con gusto a la lectura, que se confunde bastante con la haraganería, y que me concede una disculpa para retrasar el momento de levantarme del narcótico diván y ponerme a trabajar.
Pero hoy me ha llegado el libro de Uriarte y ni he trabajado, ni he dormido la siesta, ni he hecho nada de nada, en toda la tarde, nada más que leer, unas veces reconociendo afinidades, otras admirando agudezas de observación personal o política, en cada página y en cada línea admirando un estilo en el que la naturalidad de la escritura es el equivalente exacto de una actitud ante la vida: ironía y templanza, conciencia aguda del paso del tiempo y disfrute pleno de las cosas, no solo los libros, ni mucho menos, también una comida, la cercanía de un gato o de una persona querida, un paseo por una calle normal de Bilbao, el hecho simple y asombroso de estar vivo. Iñaki Uriarte es una de esas voces que siempre gusta escuchar, pero que quizás se agradecen más ahora, cuando hay tanto desmelenamiento, tanta gesticulación en lo que se dice o se escribe en público. A algunos de los predicadores más apocalípticos de ahora Uriarte los conoció antes de que se convirtieran, pero ni siquiera con ellos es cruel, o sarcástico, porque tiene una disposición de tolerancia y bondad que ha fortalecido frecuentando a Montaigne, a Pla, a Cervantes, a Séneca, a los grandes escépticos que supieron dudar de todo sin caer en la misantropía ni en la frialdad de corazón. Lo que escribe Iñaki Uriarte no es del todo un diario, ni ensayos, ni aforismos, ni cuentos, ni crónicas, ni confesiones íntimas: pero es algo de todo eso al mismo tiempo. A mí a veces me recuerda a un Baroja sin amargura.
Como Iñaki es de una gran tierra de tapas y pinchos, aquí dejo algunas muestras para ir haciendo boca:
Que alguien se meta con tu pinta irrita más que si lo hace con tus ideas, incluso con tu capacidad intelectual.
El dinero no parece ser importante para la mayoría de los novelistas españoles. En sus obras, me refiero. La difunta peseta habrá pasado a la historia como una de las monedas menos usadas de la literatura.
Hay rostros con un fondo de tristeza que son como una prueba viviente de que la felicidad existe y de que la conocieron.
En cualquier nacionalista hay algo de turista del propio país.
Una semana lejos de España es un reconstituyente de primera.
Si estoy solo, nunca tengo la sensación de perder el tiempo.
Y el tiempo más perdido de mi vida son esos eternos minutos que transcurren desde que comienzas a despedirte de una reunión hasta que por fin consigues irte de una vez.
Una de las profesiones más importantes es la de actor de cine. Supongo que habrá alguna explicación.
Me gustaría ser más inteligente
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martes, 30 de abril de 2013
IÑAKI URIARTE. LOS MEJORES MOMENTOS DE MI VIDA LOS HE PASADO SOLO
Buscando leones en las nubes va a dedicar, en tres semanas consecutivas, otros tantos programas a Iñaki Uriarte, el inclasificable autor de unos diarios, cuyas dos primeras entregas, tituladas Diarios, 1999-2003 y Diarios, 2004-2007, han sido publicadas, en 2010 y 2011 respectivamente, por la riojana editorial Pepitas de Calabaza. En octubre pasado, y en mi otro espacio en Radio Universidad de Salamanca, Todos los libros un libro, os ofrecí la reseña, mi particular comentario sobre la singular obra de este vasco (nacido sin embargo en Nueva York) genial. Aunque podéis localizarla en el blog del programa (todosloslibrosunlibro.blogspot.com) vuelvo a dejárosla aquí -tras esta breve presentación- para facilitar su lectura.
En la emisión de hoy podréis escuchar una primera serie de fragmentos extraídos de estos particularísimos diarios, en los que queda reflejada la muy especial personalidad de su autor. Entre ellos, magníficas piezas de jazz (o similar; en cualquier caso, con un “ambiente” jazzístico: introspectivas, nocturnas, emotivas), casi todas grandes clásicos, interpretadas por algunas estupendas cantantes, la mayor parte no demasiado conocidas pero excelentes: Laïka, Madeleine Peyroux, Sony Holland, Elena Welch, Jackie Ryan, Alexandra Jackson, Emmy Rossum, Mina (cuya melancólica versión del I’ve got you under my skin podéis apreciar en el vídeo que cierra esta entrada), Miranda Sage, Heather Masse, Kathryn Taubert, Sinne Eeg y Muriel Zoe.
Iñaki Uriarte. Diarios
Hola, buenos días. Bienvenidos un miércoles más a Todos los libros un libro, el espacio de recomendaciones literarias de Radio Universidad de Salamanca. Esta semana quiero proponeros la lectura de un par de libritos, breves pero muy enjundiosos, que constituyen los dos primeros tomos de los diarios de Iñaki Uriarte, un vasco muy singular, de penetrante inteligencia, lúcido, sociable pero asocial, dotado de un profundo sentido del humor, divertidísimo, gran lector, furibundo crítico de los lugares comunes, irónico, una rara avis en el panorama literario, político, social de nuestro país, si es que él mismo, en su radical independencia, pudiera aceptar su presencia en algún tipo de clasificación. Tanto el primer tomo, Diarios, 1999-2003, como el segundo, Diarios, 2004-2007, han sido publicados recientemente, en 2010 y 2011 respectivamente, por la riojana editorial Pepitas de Calabaza. Os confieso que espero con auténtica impaciencia las nuevas entregas de estos excepcionales cuadernos de un personaje genial, capaz, en cada frase, de hacernos pensar, reír, aprender, preguntarnos por nuestra propia vida, filosofar, conocer, iluminarnos, sentir, crecer... logros todos absolutamente ajenos a los modestos propósitos del autor, cuya sencillez, cuya ausencia de pretensiones, cuya huída de planteamientos “nobles” o elevados, resultan ostensibles -como veremos- a lo largo de sus escritos.
Iñaki Uriarte nació en 1946 en Nueva York, a los nueve meses justos de que sus padres, vascos de toda la vida, nacionalistas notoriamente enfrentados a Franco, gente acaudalada y de orden, pasaran allí su luna de miel, en la que concibieron -ni más ni menos que en el Waldorf Astoria- a su retoño. Siendo muy niño los padres se trasladaron a San Sebastián e Iñaki, estudiante en Deusto y conservando la nacionalidad estadounidense -mantenida por huir de la mili, en un rasgo típico de la personalidad desapegada del autor-, acabó por instalarse en Bilbao en donde reside en la actualidad.
He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado en un coche. Fui amigo de alguien que murió asesinado y fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos. Así, sin especial énfasis, sin darse importancia -algo tan ajeno a la mayor parte de quienes se mueven en el mundo de la literatura, el arte o el pensamiento, siempre dispuestos a utilizar cualquier anécdota menor, banal, de sus anodinas vidas para construirse una personalidad literaria- describe su curiosa existencia nuestro invitado de hoy. Una vida “pacífica y sin sobresaltos” caracterizada por un principio inamovible: no trabajar. Al terminar la Universidad Uriarte proclama, rotundo: yo no me vuelvo a levantar a las ocho de la mañana en la vida, y decide no trabajar en aquello para lo que supuestamente estaba preparado, economista o abogado. He seguido -dice en otra ocasión- el lema de mayo del 68: "Ne travaillez jamais". Confiesa abiertamente encarar su vida con una cierta seguridad de rico: Yo siempre conté con que mis padres me proporcionarían comida, casa y algo de dinero en un caso de apuro. Me parecía que era su deber y no un capricho mío, y estar orgulloso de no haber perdido su tiempo en ocupaciones absurdas, tan indispensables para el resto de los mortales: A nada de lo que he hecho después de la única semana que trabajé en serio en mi vida para ganar dinero (de pinche de cocina en Londres: put the potatoes in the machine, era el sonsonete con el que le aturdía su jefe, hasta que al cortarse un dedo, a poco de ingresar en el trabajo, abandonó su puesto), le puedo llamar en serio trabajar. Algunas tardes en la Biblioteca del Carmen en Barcelona, ciertas noches en el servicio de documentación del periódico Pueblo de Madrid, ocasionales actividades de redactor de enciclopedias, no son consideradas propiamente laborales por nuestro lúcido perezoso. Nunca he tenido un salario, ni horarios, ni he estado en nómina. Nunca he sido un ciudadano de la sociedad política capitalista. Y eso ha tenido muchas ventajas y algunos inconvenientes. Vivo de la renta de un piso heredado, alguna ayuda de la familia y el trabajo de crítico literario en El Correo.
En consonancia con este propósito elemental pero inflexible, Uriarte vive en Bilbao, donde todo está a mano, en Toni Etxea, el edificio familiar de varias plantas, alguno de cuyos pisos arrienda, con su mujer, María, profesora de Instituto, casi igual a él (pienso que ya no tenemos opiniones individuales) aunque a la vez afortunada y a veces sorprendentemente diferente, y el adorado gato Borges (Dios hizo a los gatos para que los hombres puedan acariciar a los tigres) tan indiferente a los placeres del mundo como su dueño: No quiere ver a nadie salvo a nosotros -dice del muy sosegado animal-. Se parece a mí.
Diabético, adicto al tabaquismo y fiel a la Real Sociedad, hace suya la libertad del Quijote, a la que siempre aspiró y que en buena parte ha logrado: un poco de dinero, un pedazo de pan, una rentita que te libere de amos, jefes y demás pelmazos. Carente de sueños, de afanes, de ambiciones, de fines, de metas, Iñaki Uriarte se “limita” a vivir, se levanta cuando quiere, pasea, se encuentra con amigos, viaja de vez en cuando -de modo reiterado, en otro rasgo de rareza, a Benidorm, siendo inefables las páginas que dedica a glosar las ventajas de la en apariencia nada atractiva localidad mediterránea-, se ocupa en actividades elementales pero intensamente satisfactorias: Otro acto mínimo que casi no es un acto, de los que a mí me gustan: tomar el sol, o también: ¿Qué has hecho hoy? Fumar.
Por supuesto lee, claro, mucho y bien, lecturas enjundiosas y muy atractivas, ensayos biográficos y diarios, mejor que novelas. Se me acumulan los libros por leer como si fueran recados por hacer. Se me amontonan. Me abruman, dice. Pero incluso su “quietud existencial” -me gusta el tiempo lento, no presionado por ninguna urgencia, casi diría que al borde del aburrimiento- puede resistir la ansiedad, las exigencias, que a los devotos impone la pasión por la lectura. Así recuerda -y retiene como referencia aplicable a su vida- a su tía Mariángeles que, cuando se agobiaba, apuntaba con mucho cuidado en un papel una lista con todo lo que tenía que hacer... y luego la rompía. De referencias y citas varias de estas lecturas están llenas estas páginas, en las que nos encontramos, entre otros muchos, a Schopenhauer, Nietzsche, Séneca, Baudelaire, Borges, Proust, Kafka, Kant, Steiner, Tolstoi y, sobre todo, su admirado Montaigne, cuyos Ensayos -con los que estos Diarios guardan tantos paralelismos- son su permanente libro de cabecera. También, en otro plano, Sánchez Ferlosio, Muñoz Molina, Atxaga, Vila-Matas.
Y, obviamente, en esta vida de ocio (aunque no tanto; dice su sobrina María: el tío Iñaki no hace nada pero no tiene tiempo para nada), hay espacio para la escritura. Relativamente tarde, a partir de sus cincuenta y dos años de plácida existencia, empieza a tomar apuntes en un cuaderno y a pasarlos luego al ordenador. Sin someterse -en consonancia con sus relajados ideales de vida- a imposición alguna, y a razón de unos descansados diez folios por mes, comienza a recopilar pensamientos, comentarios sobre libros, breves relatos de encuentros con amigos y conocidos, glosas a acontecimientos de la realidad como declaraciones de políticos, noticias de prensa o pequeños incidentes de la vida cotidiana, retazos de memoria, anécdotas, intuiciones, fogonazos intelectuales, divagaciones, ironías, aforismos, disquisiciones varias sobre política, educación, viajes, conformando el resultado final el autorretrato emotivo y vivísimo de un tipo estrafalario, inteligente, difícil de tratar -como él mismo indica a propósito de Mi vida, escrito en 1576 por Girolamo Cardamo. Hay, además, más menciones explícitas a otros textos autobiográficos y diarísticos de índole similar a sus propios escritos, en los que se reconoce, y que os pueden permitir situar su propia producción literaria. Además del ya mencionado Montaigne, Uriarte cita el estudio que hace Foucault de los Hypomnemata, los cuadernos de escritura o anotaciones que se generalizaron durante la época de Platón, que constituían instrumentos para construir una relación permanente con uno mismo, y eran usados como libros para la vida, como guías de conducta, conteniendo citas, fragmentos de trabajo, ejemplos o acciones de las cuales uno había sido testigo o que había leído o escuchado en otra parte o que habían sido pensados por uno mismo. Textos que eran una memoria material de cosas leídas, escuchadas o pensadas, que se ofrecían como un tesoro acumulado para la relectura o futuras meditaciones, un resumen de tesis susceptibles de ser utilizadas para la constitución del yo. Todo ello es, sin duda y sin cambiar ni una coma, aplicable a estos Diarios.
El propio autor reflexiona constantemente sobre el sentido y el carácter de su escritura: Estos apuntes son como un juguete, como esos trenes eléctricos que algunos adultos instalan en una habitación entera. Me parecen páginas juveniles de alguien con una mente sin cuajar, desordenada, inmadura. De alguien del que me reiré con benevolencia en el futuro, cuando me haga mayor. E igualmente: No está claro por qué o para qué escribo estas páginas. Para calmar los nervios, para leerme más adelante, mañana mismo o dentro de diez años. Para que no sólo queden fotos mías sino también algo de lo que pensé. Para que persistan en una balda de Toni Etxea, por si a alguien le interesa en un día lejano echarles un vistazo. Para enseñárselas a algún amigo. Porque me entretiene mucho hacerlo. Porque es como un gran tren de juguete que me he montado en este cuarto, al que voy añadiendo piezas. Porque un día miré para atrás y vi que no me acordaba de nada y desde entonces decidí guardar algo, como quien acumula monedas en una hucha. Y también: escribo para intentar circunscribir un mundo que con la edad se me va haciendo cada vez mayor. Cada día tengo más la sensación de saber menos, de ver a menos gente y entenderla peor, de que todo es más grande, lejano e incomprensible.
Como se deduce de estas palabras, y de acuerdo con el propio temperamento del autor, no hay nada de sublime y sí mucho de normalidad, de sencillez, de ausencia de afectación y solemnidad en estos diarios escritos aspirando a lo que en el Renacimiento llamaban en italiano sprezzatura. Ese efecto de aparente desatención, ausencia de esfuerzo, escasa preocupación por las apariencias e incluso casi desdén al escribir. Una naturalidad algo desaliñada que en el fondo es el mayor artificio. Y así nos encontramos con unos textos redactados no ya como se escribe una carta a la familia, tal y como recomendaba Josep Pla, otro diarista eminente, citado por Uriarte, sino como si las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo, apostilla el autor.
El pensamiento que aflora tras las anotaciones de estos Diarios es fragmentario, Uriarte huye de desarrollar las ideas, de crear sistemas, de formar un cuerpo teórico, como si tuviera miedo, impaciencia, pereza, incapacidad para la lentitud. No sé quién ha dicho que escribir es hablar sin ser interrumpido. Pero yo me interrumpo de continuo a mí mismo. Hablo a trompicones y escribo de la misma manera. Es, también, contradictorio: ser de una pieza, coherente, con personalidad propia... tonterías. A veces no soy como el que escribe estas páginas. Incluso me produce extrañeza su autor. Cita, consecuentemente, a Machado: Nunca estoy más cerca de pensar una cosa que cuando he escrito lo contrario. La libérrima existencia del personaje, sin el sometimiento a las rigideces del orden laboral, se traduce en un cierto caos en sus lecturas y, por tanto, en su escritura, que salta -sin ataduras- de un tema a otro sin estructura definida, sin hilo argumental nítido, más allá del acontecer de la propia vida. El desbarajuste en que leo es inmenso. Basta que me empeñe en leer o estudiar algo que me interesa, para que surja de inmediato otra cosa que también me interesa y me desvíe. Así soy, incapaz de acumular un capitalito cultural en algo en especial. Y en consecuencia: Si mi cabeza fuera una ciudad, no tendría ningún edificio que llegara más arriba del primero o segundo piso. Estaría llena de portales, escalinatas de acceso, montones de ladrillo y cemento seco, cascotes. Ni un amago de calle urbanizada, alguna tienda de campaña para pasar el rato, ni un sólo jardín decente, una planta por aquí o por allá, bastantes geranios, que resisten porque casi no necesitan riego. Sería como una ciudad bombardeada, pero eso sí, considerablemente extensa, lo que aumentaría la impresión de catástrofe.
Y desde esta libertad formal, desde esta ausencia de sistemática, huyendo de toda tentación de construir un pensamiento ordenado, Uriarte escribe también con absoluta libertad de fondo, sin casarse con nadie y contra todo. Pese a que su personalidad no es especialmente fogosa ni combativa -no me quejo mucho, desconfío poco de la gente, tengo fe en el progreso y tiendo a ver las cosas buenas antes que las malas-, y aunque se mueve, por lo tanto, en un tono tranquilo y relajado, no especialmente agresivo, en sus escritos hay meditados y muy serios y a la vez desternillantes aldabonazos contra el ejercicio físico, contra la exaltación de la voluntad (tener voluntad es estar haciendo todo el rato cosas que no te apetece hacer), contra los valores del esfuerzo y el sacrificio (ante la gente que repite el tópico de “a mí nadie me ha regalado nunca nada. Si estoy aquí es porque me he pasado la vida luchando y trabajando”, contesta: Pues yo estoy aquí y no he trabajado en la puta vida), contra los grandes propósitos (a veces al principio de un viaje me acomete un sentimiento de culpa por no estar haciendo algo para mejorar el mundo. Al segundo día de viaje se evapora), contra el feminismo (mientras no desaparezcan las joyerías habrá que mantener un poco en cuestión todo eso del feminismo), contra la muchedumbre insulsa (uno de los secretos del placer estético que produce la naturaleza es que no hay gente), contra la cultura banalizada (he estado en tantos museos donde lo más excitante que he visto ha sido el culo de alguna visitante...), contra el hecho de traer niños al mundo, contra los mayores (a partir de cierta edad la gente empieza a tener teorías para todo), contra el aceptado fanatismo partidista (no consiento que una discrepancia política rompa una relación personal), contra la imposición del euskera, contra cualquier nacionalismo (ni abertzale, que me suena a burro, ni constitucionalista, que me suena a catedrático. Tertium datur), contra España (una semana lejos de España es un reconstituyente de primera). Todo cuanto suene a solemne, a convención, a principio indiscutible, a, como he señalado, lugar común unánimemente aceptado, pasa por el filtro crítico de Uriarte, que de modo permanente hace gala -expresión incorrecta dado el caso, pues nada más alejado de las galas, de los oropeles, del narcisismo, del pavonearse, que estos libros, escritos como en sordina, en voz baja, muy tenuemente, como para pasar desapercibido- de una inteligencia lúcida y nada acomodaticia, muy independiente y atractiva, deslumbrante.
¿Cómo vivir?, ésa es la gran pregunta. Y está mal planteada. Es como preguntar: ¿existe una única buena manera de pasar la tarde? He aquí una muestra más, muy significativa, del tono -profundo, penetrante, irónico, inteligente- que impregna estos Diarios de Iñaki Uriarte que publica la editorial Pepitas de Calabaza. No deberíais dejar de leerlos, pues son formidables, una magnífica fuente de reflexión y placer, de intensidad y alegría, de lucidez y sentido del humor.
Los mejores momentos de mi vida los he pasado solo
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