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martes, 27 de enero de 2009

BLUES

El segundo programa que Buscando leones en las nubes dedica a la celebración de la llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica tiene también como eje central, al igual que la semana pasada, a Langston Hughes. Y esta elección viene motivada porque se trata de un poeta también norteamericano, también negro, y porque en el ámbito de la literatura ha podido desempeñar -forzando un poco la analogía- un papel similar al que el joven político estadounidense juega en la política. Un autor que en sus poemas ha recogido temas como la reivindicación social, la queja por la discriminación racial, el lamento por la injusticia y la explotación, por la inhumana esclavitud a la que fueron sometidos los negros en Estados Unidos durante tantos años; todas esas injusticias, todas esas atrocidades, todas esas discriminaciones, todas esas desigualdades que esperamos ver para siempre arrumbadas en el rincón más oscuro de la Historia gracias al esperanzador mandato de Obama.

Langston Hughes es, sin duda, el más destacado de los poetas estadounidenses de color, y sin duda también uno de los grandes nombres de la literatura norteamericana en general, comparado por los expertos con Walt Whitman o Emily Dickinson. Un poeta que constituye una de las expresiones más genuinas de su raza, una de las voces más representativas del padecimiento del negro permanentemente sojuzgado, del sufrimiento de un pueblo -la raza como patria- excluido, perseguido. Langston Hughes nació en 1902 en un pueblecito de Missouri y falleció en Nueva York en 1967. En los años treinta del pasado siglo fue traducido al español por Jorge Luis Borges, nada menos. Mantuvo en vida un muy intenso vínculo con España, pues fue correponsal en nuestro país durante la Guerra Civil y aquí conoció y trató a Miguel Hernández, Rafael Alberti o José Bergamín, entre otras figuras destacadas de nuestras letras. También tradujo a García Lorca al inglés y era un entusiasta del flamenco, siendo admirador incondicional de La niña de los peines.

Los poemas que han salido al aire en estas dos emisiones de Buscando leones en ls nubes han sido extraídos de una excelente antología, titulada, significativamente, Blues, y publicada en una cuidadísima edición por la editorial Pretextos en 2004, siendo la responsabilidad de la selección y la traducción de Maribel Cruzado, que también escribe un largo y muy interesante estudio introductorio.

Dos son las vertientes de la obra de Langston Hughes que constituyen su principal contribución a la Literatura, por las que es fundamentalmente recordado y que están recogidas de modo muy certero en título del libro. Por un lado, sus poemas giran, con un tono subyacente de pesar y de protesta, de queja y añoranza, sobre los temas principales del sufrimiento, el dolor, la miseria y la desgraciada peripecia de su raza, la afirmación de la negritud, el deseo de integración racial y social. Por ello, es un acierto ese título para la antología de sus poemas porque es el blues un género con el que la raza negra ha cantado durante siglos su terrible existencia, sus inhumanas condiciones de vida, su desgracia y sus aspiraciones, su realidad lacerante y sus ilusiones frustradas, su desesperación y también su esperanza. Esta primera vertiente, más combativa, más beligerante, podríamos decir, fue recogida en los poemas leídos en la emisión de hace siete días.

Por otro lado, aparte del interés, del sentido, de la emoción, del ‘mensaje’ que en sí mismos puedan transmitir los poemas de Langston Hughes, la obra de este gran poeta negro es significativa -y ello es quizá su mayor aportación a las letras estadounidenses- por la imbricación de la música negra en sus textos, por su intento de conciliar los lenguajes del blues o del jazz, sus ritmos, sus temas, el desengaño amoroso, el sexo, la muerte, la reivindicación, la protesta racial, con el texto poético. En los versos de este segundo programa la palabra poética de Langston Hughes nos habla de música, tanto de un modo directo, en poemas en los que los cabarets, los clubs de jazz, las bailarinas y los músicos negros son los protagonistas, como de un modo indirecto, en versos que suenan como la música, versos en los que podríamos decir que el poeta canta como las lánguidas melodías, las notas melancólicas, la indecible tristeza y la sufriente intensidad del blues. Poemas, pues, con ritmo de blues, con la cadencia de las piezas con las que sus antepasados y también sus contemporáneos cantaban su persistente pena en las plantaciones de algodón, en los ingenios esclavistas del sur, en las calles de Harlem, en las hirvientes noches de los populosos barrios negros en tantas urbes norteamericanas. El propio Langston Hughes escribió: No soy sureño y los campos de algodón sólo los he visto desde la carretera, pero la vida del negro es tan dura en las calles de Broadway como en la tierra de donde surgió el blues.

Y para acompañar tan musicales poemas, era imprescindible, como parece evidente, la música del blues, algunas canciones desgarradas pertenecientes ese género intenso y emotivo. Para elaborar el programa escuché cientos de canciones, espigué decenas de antologías, para acabar escogiendo una mezcla de cantantes clásicas de blues, algunas nacidas en el siglo XIX, con jóvenes representantes del género, en una muestra que pese a no ser suficientemente representativa, porque es imposible condensar en poco menos de una hora más de cien años de tradición, sí es, al menos, a mi juicio, muy interesante y variada. Y así, en el programa pueden escucharse piezas de blues, de intérpretes, todas mujeres, todas de raza negra, todas excelentes, nacidas entre 1894, la más antigua, y 1972, la más joven. Por orden de aparición han sonado Vera Hall Ward, Etta James, Memphis Minnie McCoy, Shemekia Copeland, Ella Mae Morse, Alberta Hunter, Algia Mae Hinton, Bessie Smith, Dinah Washington, Precious Bryant, Mae Glover, Trixie Smith, Billie Holiday y Beverly ‘Guitar’ Watkins.

He querido también que en estas emisiones se escuchara la voz, la voz auténtica (no sólo en sentido metafórico) de Langston Hughes. Dejo aquí un vídeo en el que el propio poeta recita, de un modo profundo y conmovedor, uno de sus poemas mayores, Weary Blues, con un fondo de imágenes de frenética vida nocturna, tórridos cabarets, elegantes music-halls, alegres orquestas de jazz, cantantes eufóricos y serpenteantes bailarines.





Langston Hughes. Blues

martes, 20 de enero de 2009


YES, WE CAN!

Barack Husein (¿o es Hussein?; de ambas formas lo he visto escrito estos días) Obama es ya el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, el primer presidente negro al frente del país más poderoso del mundo. Obama me resulta, más allá de su vertiente política, de su enorme valor simbólico, de su condición de icono de una raza -y hasta de emblema de una nueva época histórica-, una persona extraordinariamente simpática, con un intenso carisma, con un poderoso magnetismo, con un indudable atractivo como ser humano. Y ya sólo por eso, por el interés personal que me suscita, se haría merecedor, a mis ojos, de alguna suerte de homenaje en Buscando leones en las nubes.

Pero es su condición pública la que justifica sobre todo, es obvio, el que Buscando leones en las nubes dedique dos programas a su persona con ocasión de su acceso a la Presidencia estadounidense. Barack Obama es, a mi juicio y sin ninguna duda, el más potente símbolo de la sociedad, del mundo, de la -me permito un mínimo de exageración- especie humana en este incipiente siglo XXI. El símbolo de todo lo más noble -acepto ser tachado de optimista entusiasta: hablo de símbolos; quizá la realidad, la dura realidad los desmienta cuando deba enfrentarse a ella- que ha soñado el ser humano a lo largo de su existencia de siglos sobre la tierra: la igualdad, la justicia, la democracia, la fraternidad universal, la participación, la solidaridad, la humildad, la confianza, el compromiso ciudadano, los valores individuales, la ética pública. Y ello por muy diversas razones. Por su mensaje ilusionante, optimista, conmovedor, aglutinador de entusiasmos: Yes, we can. Por su fantástica capacidad de comunicación (haceos con el suplemento especial de La Vanguardia -está en las librerías- titulado Palabra de Obama, que recoge once de sus más destacados discursos, y comprobaréis sus cualidades de comunicador excepcional, más allá de la colaboración del joven Jon Favreau), fundada no en la retórica vacua de los políticos profesionales sino en la transmisión convincente y apasionada de su verdad íntima, de la palabra sentida. Por su liderazgo ‘humano’, cercano, asequible, atento a las preocupaciones de la gente, de sus conciudadanos. Por su apuesta por nuevas formas de hacer política, alejándose del obsoleto estereotipo del político profesional que en su burocrática torre de marfil permanece ajeno a la realidad que debiera inspirarle; superando, en la campaña electoral, los anquilosados engranajes de la rígida estructura de los partidos; refundando, en cierto modo, fórmulas de democracia directa; y siendo capaz de levantar, en esa misma campaña, una formidable máquina de participación, desde abajo hacia arriba, que movilizó a más de diez millones de norteamericanos sólo a través del correo electrónico. Por su voluntad, manifestada en este mismo ámbito político, de ir más allá de las legítimas discrepancias partidarias para aglutinar, tras su victoria, a toda la población norteamericana en un proyecto común y compartido; una voluntad integradora -recogida en el nombramiento de sus colaboradores, algunos de ellos abiertamente republicanos- de la que tanto tienen que aprender nuestros romos politicastros locales. Por su sensibilidad ante las nuevas tecnologías, su aproximación a los instrumentos de información y comunicación que usa la gente de su tiempo, las personas a las que va a representar, su proximidad, por lo tanto, también en esto, a la sociedad real. Por su condición de líder global, cuyo nombramiento es acogido con alborozo en su país y también en Europa, en el África negra de sus antepasados y en Sudamérica, en Asia, en donde tiene también algún vínculo familiar, y hasta en el mundo árabe. Por su raza negra, que incorpora todo el pasado de siglos de sufrimiento, de esclavitud, de padecimiento, de reivindicación de justicia; su raza negra que ha concitado el apoyo esperanzado de todas las minorías raciales y étnicas de Norteamérica y del mundo en general, que ven en él la oportunidad de una posible superación definitiva de las discriminaciones. Por los componentes de mezcla y fusión de sus orígenes y su vida, con distintas culturas, religiones y hasta razas fundidas en su persona: nacido en Honolulú de padre negro y madre blanca, crecido en Indonesia, país de su padrastro, educado en Yakarta en escuelas islámicas, con abuelos paternos originarios de Kenia, formado en tres universidades norteamericanas, California, Nueva York y Harvard, abogado, profesor, senador por Chicago. Por lo interesante -a priori: veremos qué ocurre en el devenir de su mandato- de sus primeros pronunciamientos sobre economía, medio ambiente, Oriente Medio, la guerra de Irak, las relaciones internacionales, la educación, el trabajo, la ciencia y la innovación, la cuestión racial...

Buscando leones en las nubes también participa de esta especie de euforia compartida en la que una gran parte del mundo se ve envuelta en estas fechas. Por ello, no se me ha ocurrido otra mejor forma de celebrar la estimulante aparición de Barack Obama en la escena mundial que dedicar dos emisiones, la de ayer y la del lunes próximo, al mundo negro, resumiendo en la negritud de Obama el rasgo más significativo de la singularidad histórica de su elección. En la vertiente literaria del programa presento poemas de Langston Hughes, el más destacado de los poetas negros norteamericanos, nacido en 1902 en un pueblecito de Missouri y fallecido en Nueva York en 1967; un poeta del que aportaré más datos en la próxima entrada de este blog. Sus versos, con la injusticia y la discriminación racial como motivo temático principal, se presentan entre voces negras, voces de mujeres, todas norteamericanas, todas de color, todas excelentes cantantes que, desde géneros musicales diversos, el blues, el jazz, el gospel, el hiphop, ofrecen una muestra de lo mejor de la música negra de los últimos sesenta años. Así, pueden escucharse canciones interpretadas por Abbey Lincoln, Cassandra Wilson, Alicia Keys, Amel Larrieux, Erykah Badu, Roberta Flack, Nina Simone, Lauryn Hill, Tracy Chapman, Mahalia Jackson y Billie Holiday.

Dejo aquí, como complemento al programa, el vídeo original (subtitulado en castellano) de la canción que interpretaron algunos músicos y artistas muy conocidos como apoyo a Obama en su campaña electoral, usando como base su más célebre discurso, el del popular Yes, we can!

En cualquier caso, no lo olvidéis, Buscando leones en las nubes es un programa de radio, un programa de música y literatura. Mis opiniones políticas, mi visión de la realidad son, a estos efectos, irrelevantes (a casi todos los efectos mis opiniones son irrelevantes). En consecuencia, mi mensaje -con o sin Obama- es sólo uno: ¡disfrutad de la extraordinaria belleza de textos y canciones!






Langston Hughes. Voces negras