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martes, 7 de noviembre de 2023


EL PUEBLO DE LOS GATOS 

En las últimas semanas, nuestro programa está dedicando sus emisiones a dos de los últimos Premios Princesa de Asturias, a partir de la ceremonia de entrega de los galardones que tuvo lugar, el pasado 20 de octubre, en el Teatro Campoamor de Oviedo. Así, las tres primeras entregas de esta serie de cuatro centrada en los premios, contaron con el protagonismo de Nuccio Ordine, fallecido por desgracia hace unos meses, antes de haber podido recoger su distinción, que le había sido otorgada en la categoría de Comunicación y Humanidades. En ellas os leí textos de tres de sus obras más representativas, La utilidad de lo inútil, Clásicos para la vida y Los hombres no son islas. Esta noche será Haruki Murakami, ganador en la modalidad de Letras, el escritor sobre el que girará la emisión. 

                                                           (Fuente de la foto: Sombras de la mente)

Murakami, eterno candidato al Nobel, ya ha estado presente en varias ocasiones tanto en Buscando leones en las nubes como en mi otro espacio en la emisora universitaria salmantina, Todos los libros un libro. En este último he presentado reseñas de algunos de sus libros, Tokio blues, La muerte del comendador y, hace solo unos días, y de nuevo con la excusa del Princesa de Asturias, el impronunciable 1Q84. Podéis consultarlas en el blog del programa, todosloslibrosunlibro.blogspot.com y, en el caso de las dos últimas novelas, también en mi canal de Youtube. 

Aquí, en Buscando leones en las nubes, la obra de Murakami ha sido objeto de mi atención en dos ocasiones, en junio de 2009 y en febrero de este mismo año. En ambos casos, el planteamiento y la estructura de mi propuesta han sido idénticos: textos extraídos de sus novelas acompañados de canciones entresacadas también de las muchas referencias musicales que pueblan sus obras. Así procederé también esta noche, en la que la vertiente literaria del programa consistirá en mi lectura de un cuento, El pueblo de los gatos, que aparece intercalado en la por ahora última novela del japonés, la mencionada 1Q84

Para complementar el singular, algo insólito y muy murakamiano texto he seleccionado doce temas musicales, algunos de los cuales proceden de citas de dicha novela y otros, la mayoría, forman parte de la siempre abundante banda sonora del resto de su obra. Sus intérpretes son Frank Sinatra, Ricky Nelson, Bob Dylan, John Coltrane, Diana Krall, Bruce Springsteen, Billie Holiday, Phil Collins, Brenda Lee, Nat King Cole, Sonny & Cher y una Astrud Gilberto, fallecida en junio de este año, solo cinco días antes de que lo hiciera Nuccio Ordine, que pone fin al programa de esta noche con su versión, sensual, elegante y exquisita, del clásico Fly me to the moon.

El pueblo de los gatos

martes, 7 de febrero de 2023


LA MUERTE DEL COMENDADOR 

Buscando leones en las nubes os ofrece esta semana un programa dedicado a La muerte del comendador, la última novela del escritor japonés Haruki Murakami publicada en nuestro país, una voluminosa obra -rondando la mil páginas- que, como casi todo el resto de la producción literaria del eterno candidato al premio Nobel, aparece en España en la editorial Tusquets. 

A finales de noviembre pasado os presenté en mi otro programa en Radio Universidad de Salamanca, Todos los libros un libro, una amplia reseña sobre la interesante novela, a la que me remito hoy para una mejor comprensión del planteamiento y el desarrollo de la presente emisión. Y es que en La muerte del comendador están presentes la mayor parte de los rasgos que definen el singular estilo y las casi siempre extravagantes historias, así como los grandes temas, los leitmotivs recurrentes, que caracterizan la “marca literaria murakamiana”. Así, el permanente juego entre el realismo más detallado, casi documental, con la magia, la imaginación y lo fantástico, con lo onírico, lo irracional y lo inconcebible, con lo surrealista, lo disparatado y hasta lo delirante. Está también, claro, el motivo del “doble”, una de sus preocupaciones habituales, presentado a través de los retratos y los espejos como marcos que permiten el enfrentamiento con el verdadero yo, y mediante los hechos y las personas que se “entrelazan”, por no se sabe qué enigmáticas conexiones, con otros sucesos y otros individuos con los que no cabe paralelismo posible. Está el cuestionamiento de los límites de la realidad, la reiterada aparición en la más prosaica cotidianidad de una hendidura por la que se cuela otro mundo, otra existencia que se atisba desde esa grieta, tras la frontera de la normalidad, tras la aterradora línea divisoria que nos define y constriñe. Y, en consecuencia, está, claro, la idea de “el otro lado”, los otros yoes, los otros mundos, las otras vidas de las que no somos conscientes en nuestro ciego día a día pero que una ligera fractura, un desplazamiento apenas apreciable en la “textura” del orden consabido y previsible, nos facilitan su vislumbre. Unos confines que ponen de manifiesto lo resbaladizo de la separación entre la existencia y la no existencia, entre la lógica y la irracionalidad, entre lo conocido y lo ignoto, entre lo normal y lo anormal, entre lo real y lo irreal. Precisamente, con el título de “El otro lado” os presenté, en un ya lejano 2009, otro programa monográfico sobre el escritor japonés, que ahora os invito a revisitar en el blog de nuestro espacio. 

En ese orden de cosas, el libro está repleto de reflexiones vagamente filosóficas –que en ocasiones rozan peligrosamente lo peor de la autoayuda- sobre el tiempo y el destino, sobre la necesidad de “creer”, sobre los encadenamientos causales ajenos a la racionalidad, sobre la realidad de la imaginación y la ficción, sobre la ruptura del tiempo cronológico y la labilidad del espacio, sobre el proceso creador, sobre la frágil urdimbre sobre la que se construye la identidad personal, sobre las experiencias místicas y sobre tantas otras “obsesiones” acostumbradas en la torrencial obra de Murakami. He escogido una docena de esas reflexiones para completar la actual emisión de Buscando leones en las nubes

Los dos tomos de La muerte del comendador están poblados por infinidad de referencias a canciones e intérpretes, pertenecientes a los ámbitos del jazz, el rock, el pop y la música clásica, como suele ser habitual en la obra del japonés, gran amante de la música. Doce de esos temas integran el programa interpretados por The Beatles, Oscar Peterson, The Rolling Stones, Sheryl Crow, Bob Dylan, Thelonious Monk con Coleman Hawkins, The Beach Boys, Bruce Springsteen, The Doors, Bertie Higgins y la espléndida colaboración de Roberta Flack y Donny Hathaway, que han abierto y cerrado el programa con sendos temas de su legendario álbum de 1972.

La muerte del comendador

martes, 16 de junio de 2009

HARUKI MURAKAMI. AL OTRO LADO

La propuesta literario-musical con Japón como protagonista principal, la miniserie nipona que inició Buscando leones en las nubes al comienzo de este curso 2008-2009, llega esta semana, con el año académico dando sus últimas boqueadas, a su término. El invitado estelar de nuestra emisión de ayer fue Haruki Murakami, el misterioso, fascinante, controvertido y genial escritor japonés.

Os contaré, antes de hablaros brevemente de la literatura de Murakami, mi peripecia personal en relación a su obra literaria. Siempre, desde que empezó a ser publicado en España, me había parecido un escritor demasiado raro. No soy yo un lector (ni una persona) dada a las fantasías, propendo al realismo, tengo poca imaginación y no me gusta demasiado (y por ello sobrellevo mal) la presencia en los libros y en mi vida de lo insólito, de las experiencias extrañas, de las aventuras algo místicas, de las apariciones fantasmagóricas (no me pronunciaré, por no llenar esta entrada de insultos, sobre las paparruchas paranormales). Por todo ello, por considerarlo peligrosamente ‘irreal’, me había negado reiteradamente a leerlo, pese a la cada vez más frecuente presencia de sus novelas en las librerías, en los suplementos culturales, en críticas y reseñas. Sólo la azarosa insistencia de mi amiga Elena Rodríguez (fiel seguidora del blog, aunque de escasas y muy medidas apariciones en él) me hizo decidirme por fin, hace unos tres años, a comprar Kafka en la orilla. No sólo superé mis reticencias antifantásticas, sino que me entusiasmó, desató en mí una auténtica fiebre Murakami (soy excesivo y apasionado: estos fenómenos de entrega ciega y algo alocada son muy frecuentes en mi vida). Compré y leí todos sus otros libros publicados en nuestro país (la iniciática y adolescente y musical Tokio blues, con su título original ‘beatleliano’: Norwegian wood; Al sur de la frontera, al oeste del sol; la monumental y desbordante Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; After dark, la última que ha visto la luz en España, que describe una noche en la frenética y acelerada vida de Tokio; los sorprendentes cuentos de Sauce ciego, mujer dormida; y aún me reservo Sputnik, mi amor para saborearla este verano), permanezco atento a sus novedades, recojo información sobre su persona y su obra, hago acopio de todas las canciones que cita en sus novelas y cuentos (de ello os hablaré luego), incluso viajé a Japón (no sólo por su influjo, bien es verdad), reconociendo su espíritu en las calles de Tokio… en fin, me he convertido en un fan (casi) incondicional de Haruki Murakami.

Y creo que ello es debido, precisamente, a esa imbricación de lo sorprendente, de lo mágico, de lo aparentemente imposible, de lo extravagante, con el realismo más común y usual, ello es lo que me llama la atención y lo que me hace especialmente atractivas sus novelas. Porque en todos sus libros suele haber una narración de fondo que podríamos denominar convencional en tanto que se nos cuentan historias, se nos describen vidas con un sustrato narrativo clásico, con una progresión lineal. Pero esto es sólo una primera apariencia que no supone lo más destacado de los diferentes textos, en los que hay, sobre todo, a partir de este entramado básico, una sucesión de efectos, de situaciones, de tramas, de digresiones, de intercalados, de añadidos que ya no responden a la lógica más previsible y que entran en lo que constituye uno de los rasgos típicos del estilo de Murakami, la amalgama de mundos paralelos: se entrecruzan ficción y realidad, aparecen sueños y visiones oníricas, el pasado, el presente y el futuro se confunden, se intercambian espacios, surgen relatos increíbles: uno de sus protagonistas puede hablar con los gatos; en el medio de una situación aparentemente normal, llueven, de manera inopinada, sardinas, caballas y sanguijuelas; un personaje vive encerrado en un pozo; los pájaros hablan; aparecen como seres reales entes de ficción como Johnny Walker (llamado Walken en una novela) o el Coronel Sanders, el icono de Kentucky Fried Chicken; uno de sus personajes femeninos (importantísima y muy intensa y atractiva la presencia de las mujeres en la obra de Murakami) protagoniza episodios dotado de una existencia aparentemente real y simultánea a los quince y a los cincuenta años; hay muertes horribles que quizá ocurren tan sólo en sueños; bosques de alucinación, callejones oscuros que dan paso a mundos inexplorados y misteriosos; y tantas y tantas otras manifestaciones de lo fantástico, de lo imprevisto, de lo sorprendente, de lo (repetiré el término) mágico, de una existencia muy fecunda y atractiva que se vislumbra, casi inadvertidamente, al otro lado. Y todo ello se desarrolla casi siempre en un escenario urbano, cosmopolita, extremadamente moderno, con multitud de referencias a marcas, a relojes Rolex y Casio, a coches Toyota, un escenario inequívocamente japonés, con los signos distintivos de esa cultura, la mitología, los símbolos tradicionales, pero también las calles populosas, los altos edificios, los jardines recogidos, con la singular comida, la extraordinaria gastronomía nipona, omnipresente en las novelas, como uno de sus elementos característicos. Un territorio literario también lleno de menciones al mundo occidental (ha sido criticado por eso por alguno de sus compatriotas), las melodías del jazz, los grandes nombres del pop y el rock de los 60 y 70, la música y la literatura clásicas, las tragedias de Shakespeare o Esquilo, los mitos griegos. Todo ello, esta aparente desordenada amalgama de elementos heteróclitos constituye, como digo, una de las más destacadas señas de identidad (que ciertamente lo acercan a la obra de otro ‘raro’, que se desenvuelve también con soltura en estos universos oníricos y en las fantasías surrealistas, el director David Lynch), de los rasgos definitorios de Murakami, un escritor formidable, capaz de crear mundos fascinantes; unos mundos eficazmente recreados en las estupendas versiones que Lourdes Porta, traductora habitual de Murakami, hace para la editorial Tusquets, que ha venido publicando hasta el momento toda su obra en nuestro país.

Los temas principales de Murakami, el amor, el sexo, la muerte, la identidad, la adolescencia, los sueños, aparecen entre infinidad de referencias a canciones. He recogido, durante mis lecturas de sus obras, decenas de citas de piezas musicales, sobre todo, como digo, de jazz y del pop y el rock de los sesenta y setenta. De entre todas ellas, he escogido las que constituyen la banda sonora del programa, con canciones, relativamente apacibles, para concordar con la atmósfera habitual de Buscando leones en las nubes, de Ella Fitzgerald, Lovin’ Spoonful, Stan Getz con Tom Jobim y Astrud y Joao Gilberto, Fleetwood Mac, Nat King Cole, los Beatles, Sam Cooke, Henry Mancini, Bob Dylan, Benny Goodman, Marvin Gaye, Miles Davis, Brenda Lee, Frank Sinatra y Brook Benton.

En la sección de vídeos hoy seré relativamente austero, os dejo tan sólo dos, aunque el segundo tiene trampa. En primer lugar, con el título Por falta de palabras, una recreación, muy breve pero preciosa, de uno de los cuentos de Murakami, Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril, que concentra de manera ejemplar alguna de las manifestaciones más relevantes del espíritu y la atmósfera de la obra del escritor nipón. El vídeo es una de las muchas maravillas surgidas de Imaginantes, un programa de divulgación cultural de Televisa, la emisora mexicana, que nos recuerda a todos, con esta extraordinaria propuesta, que hay muchas formas de hacer televisión y que caben proyectos imaginativos y brillantes y poéticos y llenos de belleza en ese medio al que por nuestra cómoda inercia, pero sobre todo por la burda y zafia avaricia de los mercaderes que normalmente los dirigen solemos asociar a griterío, incultura, bazofia, ordinariez y basura. Entrad en la página de Imaginantes y disfrutad de lo que con propiedad podemos llamar televisión de calidad, la televisión del futuro (como se obstina en subrayarme mi optimismo natural).

Y hablando de calidad en televisión, mi segunda oferta del día se concentra en un programa emitido por Cuatro el veinticuatro de mayo pasado, una emisión de Callejeros viajeros en la que Tokio fue el protagonista principal de casi una hora de excelente televisión. Os dejo el programa íntegro en seis vídeos consecutivos que requieren tranquilidad y tiempo para degustarlos pero que transmiten, si os decidís a verlos, una imagen muy completa de lo que es Tokio, con la ventaja añadida de que la perspectiva de la vida tokiota la ofrecen ciudadanos españoles que viven en la capital nipona. Un visión fidedigna de Tokio, pues, y una fórmula estupenda para, desde vuestras casas, adentraros en los escenarios de la obra de Murakami.




Haruki Murakami. Al otro lado