No sé cuánta gente oirá mi programa. A veces sospecho que no está oyéndolo nadie, lo que se dice nadie: cero personas en total, y eso me produce una sensación de afantasmamiento: la voz inútil que suena en la noche vacía. Y entonces me siento como un turista belga que tocase el acordeón o similar en mitad del desierto de Nafud o similar. (Felipe Benítez Reyes)
Con los ecos de la ceremonia de entrega de los Premios Príncipe de Asturias correspondientes a 2011 resonando todavía en nuestros oídos, con el rastro de la conmovedora presencia en España de Leonard Cohen impresionando aún nuestra sensibilidad, cerramos la serie que Buscando leones en las nubes ha dedicado a su excepcional personalidad creadora. Han sido en total siete programas, contando los cuatro dedicados al canadiense hace dos años con ocasión de su septuagésimo quinto aniversario y este último que os ofrezco ahora.
Una emisión, esta postrera, que se centra en la relación del artista con las mujeres. Las mujeres, las muchas mujeres, han sido -son todavía- un elemento central de la vida y la obra de Leonard Cohen. Uno de sus poemarios se titula significativamente Memorias de un mujeriego y entre los poemas en él recogidos se incluyen las letras de algunas de las canciones de un disco titulado, también de un modo esclarecedor, Death of a ladies’man. Al final de esta entrada os dejo las hermosas palabras de una de estas canciones, la que da título al disco y que Alberto Manzano traduce como La muerte del hombre de una dama.
Desde esa ‘orientación’ femenina, he recogido para conformar la parte literaria del programa declaraciones y comentarios de Cohen referentes a su vinculación con el sexo opuesto, a la importancia que para el hombre y el artista tiene el contacto con las mujeres, a la seducción, al encantamiento, a la atracción que las mujeres ejercen sobre nuestro personaje. La mayor parte de estas opiniones se incluyen en el librito, breve pero intenso, Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen, publicado por Alberto Manzano en la editorial Alfabia, del que ya os hablado en las entradas precedentes.
Todas estas reflexiones se acompañan de once magníficas canciones de Cohen, aunque como resulta obligado en versiones femeninas. Once estupendas voces de mujeres cantando a Leonard Cohen. Comparecen así en la emisión Nina Simone, Judy Collins, Carla Bruni (a la que hemos de felicitar por su reciente ‘sarkoziano’ retoño; y eso pese a que su versión es, a mi juicio, la más sosa de todas las seleccionadas y si se ‘salva’ es gracias a la presencia -escondida pero esencial- del trompetista Till Brönner), Marianne Faithfull, Roberta Flack, Linda Ronstadt con Emmylou Harris, Marissa Nadler, Allison Crowe, Sharon Robinson, Jennifer Warnes y Ane Brun.
Despido esta entrada con un vídeo, para mí muy tierno y emotivo, muy dulce y sensible, que recoge el discurso de agradecimiento de Cohen al recibir, hace sólo unos días, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011. Un discurso en el que, con su atractiva voz -ya sin apenas fuerza, pero igualmente encantadora-, relata sus profundos lazos con España. Os dejo también el enlace al estupendo artículo de Carlos Boyero, este domingo en El País.
La muerte del hombre de una dama
El hombre que ella había querido toda su vida estaba colgando de un hilo “Nunca supe lo mucho que te quería”, le dijo. Se podían contar sus músculos y su estilo estaba obsoleto. “Oh, nena, he llegado demasiado tarde”. Ella se arrodilló a sus pies. “Nunca veré un rostro como el tuyo por más hombres que traiga el futuro, nunca volveré a ver semejantes brazos ni en la lucha libre ni en el amor”. Y todas sus virtudes ardían en aquel humeante holocausto, mientras ella tomaba casi todo lo que su amante había perdido. Ahora el señor de este paisaje estaba a la vista con un gorrión de San Francisco al que predicaba. Ella hizo señas al centinela de su alto espíritu religioso. Dijo: “Haré un sitio entre mis piernas, te enseñaré la soledad”. Él le ofreció una orgía en una habitación de muchos espejos le prometió protección por el derrame del útero. Ella movió su cuerpo intensamente contra una cuchara de metal con punta, detuvo los sangrientos rituales del pasaje a la luna. Tomó su muy admirado estado de ánimo oriental, y la coartada del corazón de la oscuridad que esconde su dinero. Tomó su rubia madonna y su vino de monasterio. “Este espacio está ocupado y todo es mío”. Él intentó una última resistencia junto a la vía del tren. Ella dijo: “El arte del anhelo se ha acabado y no esperes que vuelva”. tomó su parlamento de taberna, su gorra, su baile presumido; se burló de sus modales femeninos y de su bigote de clase obrera. La última vez que lo vi a él se esforzaba por tener una educación de mujer pero aún no lo es. Y la última vez que la vi a ella estaba viviendo con un chico que da a su alma un espacio vacío y a su cuerpo alegría. Así pues la gran aventura ha terminado, pero quién se hubiera imaginado que iba a dejarnos tan vacíos y tan poco impresionados. Es como nuestra visita a la luna o a esa otra estrella: Creo que no vas a ninguna parte si quieres ir tan lejos.
La rúbrica con la que presentamos el programa de esta semana, el segundo de la serie dedicada a Leonard Cohen con ocasión de su designación como Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011, es Leonard Cohen español, porque he elegido canciones de nuestro invitado, como es obvio, pero en las versiones de músicos que o bien son españoles o bien se expresan en castellano en su interpretación de las piezas del canadiense. Apreciaréis así, si os acercáis a la emisión de ayer, acentos inequívocamente ‘nuestros’, como los de Aute o Ana Belén, Santiago Auserón o Javier Muguruza (que aunque canta habitualmente en euskera aquí interpreta Chelsea Hotel en castellano). Además suena el catalán de Toti Soler, y también escucharéis dicciones mestizas, como la de la mexicano-estadounidense Perla Batalla, o incluso a nuestro inclasificable Enrique Bunbury haciendo en inglés una particular recreación del Who by fire. Todo ello sin contar las interpretaciones en el peculiar idioma del flamenco de Duquende y Enrique Morente, el primero abriendo y el segundo poniendo el colofón al programa. Se trata de una manifestación más, por si no hubiera suficientes, que demuestra cómo la inmensa figura de Leonard Cohen ha seducido a músicos de orígenes y planteamientos artísticos muy diversos, buena prueba de la universalidad de sus creaciones.
Los textos que acompañan las canciones continúan la misma tónica que los de hace siete días, esto es, declaraciones, comentarios y opiniones del artista entresacados de dos libros muy interesantes sobre su vida y su obra: Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen, publicado por la editorial Alfabia, y Leonard Cohen. La biografía, editado por Libros Cúpula, ambos escritos por Alberto Manzano, el gran experto español en la figura del poeta. Alberto Manzano no sólo ha vertido al español las canciones y los poemas de Cohen (la editorial Edhasa aprovecha para recuperar ahora, con ocasión del premio, las novelas El juego favorito y Hermosos perdedores, aunque no en traducción de Manzano), sino que es responsable también de conciertos y discos en los que músicos españoles homenajean al ídolo hoy premiado. Así, Acordes con Leonard Cohen, es un disco de 2007 (del que he entresacado la mayor parte de los cortes del programa) grabado en vivo, que cuenta con la participación de un elenco soberbio de artistas de nuestro país.
Además, la fecunda relación de Leonard Cohen con España que tanto debe, en mi opinión, a la labor de acercamiento del propio Manzano -más allá del genuino interés del artista, a partir de su temprano descubrimiento de la guitarra flamenca y de la poesía de Federico García Lorca-, es recogida en otro libro del traductor, Leonard Cohen en España, que incluye numeroso material diverso relativo al vínculo de Cohen con la realidad española, así como las ediciones discográficas y literarias de su obra en España, fotografías y anécdotas de sus conciertos, carteles y cuadernos de gira, y declaraciones de artistas nacionales e internacionales sobre él.
Alberto Manzano es también responsable de Leonard Cohen en boca de, un estupendo disco recopilatorio, recién publicado, que en el que encontramos versiones de algunas de las canciones más emblemáticas del artista seleccionadas por nuestro hoy ubicuo traductor. Lambchop, Lewis Furey, Jonathan Ritchman o Carole Laure, por citar a algunos músicos que no os he ofrecido en nuestros muchos programas ‘cohenianos’, forman parte del interesante disco.
Por último, en estos días ve la luz también Songs by drawings, un libro precioso con treinta y ocho ilustraciones, realizadas por el dibujante asturiano Alfredo González, de otras tantas piezas de Cohen. Se trata de las treinta y ocho canciones -elegidas por Pedro Tabernero, el editor- que, según indica éste, encierran una mayor sobrecarga sensorial, aquellas en las que su elegante, íntimo, profundo, misterioso, complejo, oscuro y luminoso universo permanece ceremonialmente intacto. El libro es un volumen misceláneo en el que se recogen, además, las impresiones sobre Cohen de Martirio, Aute, Christina Rosenvinge o Javier Rubial, entre otros artistas españoles, un par de sonetos de Joaquín Sabina con el canadiense como centro, y el relato de algunas vivencias de Javier Mas junto al maestro. Javier Mas, como quizá sabréis, es un músico español que desde hace algunos años forma parte del grupo de acompañamiento de Cohen en sus giras.
Una versión española, como es obligado, integra nuestra sección de vídeos esta semana. Ana Belén interpreta Pequeño vals vienés, su recreación del Take this waltz, que Cohen escribió sobre los versos de un poema de García Lorca. Hay en Youtube otra versión de la misma canción de Ana Belén, de mejor calidad (pero que por no sé qué extrañas razones técnicas no es admitida por embedr, la página en la que deposito los vídeos que veis aquí) grabada en la gala televisiva de la Nochevieja de 1998 (¿sería imaginable hoy algo así?).
El próximo 21 de octubre Leonard Cohen recibirá el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Con este motivo, Buscando leones en las nubes va a ocupar tres programas en glosar su extraordinaria figura artística. Como quizá recordaréis, hace ahora dos años, cuando Cohen cumplió los setenta y cinco, en Buscando leones en las nubes dedicamos hasta cuatro programas a su obra, cuatro programas en los que escuchamos sus poemas y sus canciones, éstas en su propia voz pero también en las de algunos de sus admiradores que han prodigado las versiones de sus ya clásicas piezas. Os invito a revisitar esas emisiones accediendo a ellas desde esta misma página.
Pues bien, como os digo, en la presente edición y en las de los dos próximos lunes vamos a detenernos de nuevo en el fecundo y singular creador, con tres nuevas aproximaciones a su desbordante personalidad literaria y musical. En relación a esta última faceta, en el programa de esta semana suena el propio Leonard Cohen en su profunda y seductora voz, interpretando cerca de una docena de magníficas canciones no emitidas en las anteriores entregas de nuestros reiterados homenajes al personaje. De la música que integrará los programas venideros ya os iré dando cuenta en lunes sucesivos.
La vertiente literaria del programa discurrirá, en las tres entregas de la serie, en torno a las propias palabras del autor: comentarios y reflexiones de Leonard Cohen sobre sus orígenes familiares, su infancia, sus versos, su música, su obra, los procesos creativos, sus peripecias vitales, las mujeres, su relación con las drogas, el judaismo, sus reiteradas estancias en monasterios zen, sus opiniones sobre el mundo y el futuro de la especie humana. Todas estas declaraciones están entresacadas de dos libros, relativamente recientes, de 2009 el más antiguo, de 2010 el más próximo en el tiempo, que ha presentado el gran experto español sobre la vida y la obra de Cohen, Alberto Manzano, principal responsable también de la introducción y la traducción de sus letras y sus poemas en nuestro mercado editorial. Palabras, poemas y recuerdos de Leonard Cohen, un modesto librito publicado por la editorial Alfabia, y sobre todo, Leonard Cohen. La biografía, que edita Libros Cúpula, son las dos interesantísimas referencias de inexcusable consulta si se quiere conocer al personaje en las que me he basado para completar los textos de los tres programas.
Quiero comentaros brevemente este último libro, en el que Alberto Manzano construye, como el propio título indica, una biografía del canadiense; una biografía escrita por alguien que lo conoce muy bien, pues lleva a su lado, en cierto sentido, más de treinta años, desde 1980 exactamente, compartiendo experiencias con él, viviendo en algunas de sus casas, siguiéndole en decenas de conciertos, traduciendo sus letras y sus libros al castellano, promoviendo iniciativas discográficas y musicales que lo tienen como centro, adaptando sus canciones para que las interpreten músicos de nuestro país. En definitiva, se trata de un profundo conocedor de la obra y la vida de Leonard Cohen, como demuestran muchas de las páginas del libro, que narran vivencias muy personales e incluso íntimas que sólo alguien muy cercano al protagonista podría conocer. ¿Cómo, si no, puede saberse -por citar un ejemplo- que, en un episodio de su infancia, Cohen hipnotizó y llegó a hacer desnudarse a una de las criadas de su casa?
Dos son los aspectos del libro que me interesa resaltaros en esta entrada que ha de ser forzosamente breve. En primer lugar que, pese a lo exhaustivo del planteamiento de la obra, a la ingente información, a los muchos datos, al inabarcable conocimiento que del objeto de su estudio tiene el autor, tras la lectura del libro yo he tenido una cierta -y algo decepcionante- impresión de ligereza, de superficialidad incluso. Y creo que ello es debido, a mi juicio, a que las pretensiones con las que el autor ha encarado su escritura han sido -quizá- excesivas. Dar cuenta en escasas trescientas páginas de toda la existencia y la obra literaria y musical de un personaje tan desbordante, con tanta vida interior, tantas experiencias, tantos libros escritos, tantos discos publicados, tantos conciertos, tantas mujeres, tantos amores, tantas idas y vueltas, tantos países, es tarea poco menos que imposible. Partiendo -como yo presupongo que hace el biógrafo- de esa voluntad de agotar, de completar todas las facetas del personaje, el libro debiera tener mil páginas. Por el contrario, de haber optado por un mero dar cuenta de los aspectos más destacados de su biografía el resultado hubiera sido más ceñido y logrado. Pero así, tal y como se presenta el libro, la sensación que nos queda es, como os digo, la de rapidez, la de fugacidad, años que pasan en un suspiro, acontecimientos que no se explican suficientemente, personas, relaciones, episodios tratados de modo algo apresurado y sólo por encima, discos que se graban, novelas que ven la luz, poemarios que se publican... y todo ello se agolpa en una sucesión poco pausada. En otras palabras, pasan muchas cosas en el libro, muchos personajes, muchos nombres, muchos conciertos, muchos lugares, muchos libros, muchas ideas, muchas declaraciones, muchas canciones, muchos versos... y tras todo ello, claro, conocemos mucho más al personaje, se nos despierta -se nos aviva, para quienes ya lo teníamos- el deseo de profundizar más en una personalidad tan interesante, de adentrarnos en el ser de alguien que aparece revestido en la bastante mitificadora visión de Alberto Manzano de tan atractivos valores, tan ricas vivencias, tan ideales cualidades, tan compleja visión del mundo, pero, a la vez, nos embarga una cierta frustración por haber tenido acceso tan sólo a una leve capa -y no la más profunda- de una existencia que adivinamos, que sabemos, fascinante. Yo me he visto obligado, mientras leía el libro, a buscar en internet (porque desgraciada e inexplicablemente, no se nos ofrece tampoco una bibliografía que permita completar los aspectos de lo leído que hayan estimulado nuestra curiosidad) otras referencias bibliográficas en las que poder agotar la sed despertada por la, por otra parte, estimulante aproximación de Manzano.
Y es que en el libro está -casi siempre meramente apuntado, en algunos casos desarrollado con más exhaustividad- todo, toda una vida, una larga vida que ahora llega ya a los setenta y siete años. Toda una vida desde el punto de vista de sus episodios externos, por así llamarlos: los orígenes familiares, con la emigración a Canadá, en 1869, del abuelo Lazarus desde el pueblo lituano en el que era profesor de la escuela judaica; la muerte del padre, y las segundas nupcias de la madre; los estudios, en la más rígida tradición judía, la Universidad en Nueva York; su temprano descubrimiento de la poesía a través de la obra de Federico García Lorca, una revelación y una compañía constante desde entonces -su hija se llama Lorca-; sus primeros escarceos poéticos y literarios, sus publicaciones de juventud; todos sus libros, con los esbozos y las tentativas, los poemas desechados y los reescritos; todos sus discos, con sus grabaciones y sus descartes, con los músicos que lo acompañaron; muchos de sus conciertos, con, en ocasiones, mención de las canciones, los colaboradores y hasta la descripción, incluso, de episodios vividos en los camerinos; sus coqueteos -en realidad, bastante más que un ligero pasatiempo- con las drogas; su refugio de Hydra, la paradisíaca -en su descarnada y primitiva sencillez- isla griega; sus muchos amigos, poetas y músicos, sus innumerables mujeres -Cohen es un gran seductor-, sus dos hijos; sus muchas influencias literarias y en general, culturales, su vinculación con el judaísmo y con Israel, su conocimiento del budismo y su reclusión durante años en un monasterio zen; el último revés de la fortuna con la millonaria estafa de su representante que le obligó a salir de nuevo a la carretera, en una interminable serie de conciertos, a punto de cumplir los setenta y cinco años.
Pero cuando hablo de esa pretensión de totalidad del libro, me estoy refiriendo a un todo que es también, y sobre todo, lo más íntimo, el alma -a menudo torturada- del ser humano, de un ser humano complejo y sensible, solitario y depresivo, lúcido y rebelde, inteligente y genial. Por el libro desfilan todas las preocupaciones de Leonard Cohen, y lo hacen, y éste es el segundo elemento que quería comentaros para cerrar mi breve recomendación, en una fecunda y muy valiosa -desde mi punto de vista el aspecto más interesante del libro- imbricación de vida y obra, de la experiencia personal y la producción artística del personaje. El desbordante conocimiento que Alberto Manzano tiene de ambas, le permite, de un modo muy logrado, integrar, interrelacionar de continuo los episodios vividos por el cantautor con sus poemas, con fragmentos de sus novelas, con las letras de sus canciones. Y ello, ya de por sí extraordinariamente atractivo y esclarecedor, unido además a la constante aparición -a lo largo de las páginas del volumen- de las propias declaraciones del canadiense, algunas ya publicadas pero otras muchas -las más- fruto, creo intuir, de esa relación amistosa que el autor y el poeta mantienen desde hace décadas, lo que le habrá, sin duda, permitido, sondear sus opiniones, registrar sus anhelos más íntimos, acceder a sus más profundas convicciones; esa unión, os decía, de vida, canciones, poemas, novelas y opiniones convierte este Leonard Cohen. La biografía en un más que notable libro, una lectura interesante y muy sugestiva, aunque -lamentablemente- sólo sea a modo de una primera aproximación al ingente y, al parecer, ilimitado universo de este deslumbrante canadiense que es objeto estos días del reconocimiento del Premio Príncipe de Asturias de las Letras. No deberíais dejar de leerlo, a poco que estéis interesados en conocer mejor a este esencial representante de la cultura occidental de los últimos cincuenta años.
Os dejo, en la sección de vídeos, The night comes on, una de las estupendas canciones de Leonard Cohen. Os ofrezco también su letra, un precioso poema. Alberto Manzano nos presenta La noche va avanzando, ésa es su traducción, como uno de los textos más autobiográficos que jamás haya escrito Cohen, con referencias explícitas a su madre, su padre, su esposa y sus hijos, y algo más veladas a la guerra de los Seis Días o a los conflictos espirituales entre el mundo interior y el exterior del poeta.
La noche va avanzando
Fui al lugar donde sabía que ella me esperaba bajo el mármol y la nieve. Le dije: “Madre tengo miedo, hay truenos y rayos; sé que no podré hacerlo solo”. Ella me dijo: “Yo estaré contigo, mi chal te envolverá, mi mano sobre tu cabeza cuando te vayas”. Y la noche avanzaba; era una noche muy tranquila; quise que no acabara nunca, pero ella me dijo: “Vuelve, vuelve al mundo”. Estábamos luchando en Egipto cuando firmaron un pacto según el cual nadie más debía morir. Hubo un terrible sonido y mi padre cayó con una terrible herida en el costado. Me dijo: “Intenta seguir, coge mis libros, coge mi pistola, y recuerda, hijo mío, cómo mintieron”. Y la noche avanzaba, era una noche muy tranquila; me gustaría decir que mi padre estaba equivocado, pero no pienso mentir a los jóvenes. Nos encerramos en la cocina; me dediqué a la religión, preguntándome hasta cuándo se quedaría ella. Necesitaba tanto no tener nada que tocar: siempre he sentido esa codicia. Pero mi hijo y mi hija salieron del agua gritando: “Papá, nos prometiste que ibas a jugar”, y me llevaron con ellos para darme una sorpresa: “Papá, no mires, papá, tápate los ojos”, y se escondieron, se escondieron en el mundo. Ahora ando buscándola siempre, perdido en esta vocación, diciendo: “¿Cuándo me llamará? ¿Cuándo volverá? ¿Qué debo preparar? Entonces ella se inclina ante mi anhelo, como un sauce, como una fuente, permanece en el aire luminoso. Y la noche avanza, es una noche muy tranquila; me acuesto en sus brazos y me dice: “Cuando me haya ido, seré tuya para una canción”. Cantan los grillos, suenan las campanas vespertinas, el gato está dormido, hecho un ovillo en la silla. Iré al bar de Bill, hasta ahí puedo llegar, y ver si aún están mis amigos. Sí, ¡y ésta es la salud de los pocos que te perdonan lo que haces, y los menos a los que ni siquiera les importa! Y la noche avanza, es una noche muy tranquila; quiero ir al otro lado, quiero volver a casa, pero ella me dice: “Vuelve, vuelve al mundo”.
LEONARD COHEN POETA La fascinación que la obra -y el propio personaje- de Leonard Cohen ha ejercido sobre decenas de músicos a lo largo de varias décadas se pone de manifiesto de un modo notorio en el programa de esta semana de Buscando leones en las nubes. Si hace siete días os ofrecía canciones de Cohen en versiones de algunos ‘grandes’ de la música popular (casi todos pertenecientes a la generación inmediatamente posterior a la suya, gentes que rondan los sesenta años), escuchando la emisión de ayer podemos encontrarnos con músicos más jóvenes, algunos cuarenta años menores que el canadiense, pero que con sus recreaciones de los clásicos intemporales de Leonard Cohen demuestran que su obra está, por si hubiera dudas, más allá de las épocas y de los estilos, más allá de los gustos singulares y de las peculiaridades de los distintos movimientos musicales, más allá de las ideologías y las diferentes visiones de la vida, más allá de las trayectorias artísticas y las particulares peripecias vitales de quienes la degustan, la disfrutan, la reinterpretan, e incluso la critican; rasgos estos, los de la aceptación casi universal, que definen a un clásico.
Fijaos en que (y doy este argumento para quienes estos días, en diversos foros, echan pestes de la música de Leonard Cohen, critican su pesadez, sus sosería, el aburrimiento que les suscitan sus canciones, lo pasado de moda de su propuesta) figuras tan distintas como Nick Cave, Ian McCulloch, Suzannna and the Magical Orchestra, Linda Thompson, Martha Wainwright, REM, los Pixies, James, Lloyd Cole, That Petrol Emotion, Beth Orton, o en España Luis Eduardo Aute o Santiago Auserón, entre otros, se han sentido atraidos por las canciones de Cohen, hasta el punto de haber grabado versiones de ellas.
Para la edición de esta semana de Buscando leones en las nubes, con la que se cierra esta miniserie dedicada a Leonard Cohen, he escogido piezas muy conocidas, algunas ya emitidas en otros programas (por ejemplo la perfecta Famous blue raincoat, que tanto me gusta y que suma tres versiones distintas a lo largo de esta serie), en interpretaciones de Antony, Madeleine Peyroux, John Cale, Christina Rosenvinge (a quien, por error, olvidé citar en la emisión en directo), The House of Love, Jennifer Warnes, Josh Ritter, Katie Melua, Claudine Longet, Jabier Muguruza y Jarvis Cocker.
Para conformar la parte literaria del programa he querido mostraros la faceta ‘sólo’ poética de Leonard Cohen, es decir algunos de sus versos que no han sido musicados, que han surgido al margen de su plasmación en canción. No existen, a mi juicio, demasiadas diferencias entre los textos de una y otra vertientes de la producción de Cohen, se mueven todos en un territorio común marcado por el amor, las mujeres, los conflictos de pareja, la muerte, las referencias religiosas, la guerra y la paz… Hay muchos interesantes libros de poemas de Leonard Cohen, casi todos publicados por la editorial Visor con traducciones de Antonio Resines (‘otro’ Antonio Resines). De algunos de ellos he entresacado los que suenan en esta postrera edición de la serie que Buscando leones en las nubes ha dedicado durante el mes de septiembre a Leonard Cohen.
En la sección de vídeos os propongo cinco estupendos. En primer lugar una grabación de Katie Melua, con bastante ruido de fondo e imagen algo titubeante, cantando In my secret life en un festival de jazz de Montreal en 2008. A continuación, Jabier Muguruza interpreta en Sant Cugat el So long, Marianne que ha sonado en el programa (con el valor añadido de los subtítulos en catalán). Luego, el austero Nick Cave encara con delicadeza la magistral Suzanne. En cuarto lugar, Madeleine Peyroux espléndida en una versión en clave jazzística de Dance me to the end of love. Y para terminar, como no podía ser de otra manera, he querido que el cierre lo ponga la voz del propio Leonard Cohen en su doble condición de cantante y poeta: primero interpreta un definitorio I’m your man al que sigue el recitado, profundo e intenso, de A thousand kisses deep, ambos registrados en Londres en esta su última gira.
Buscando leones en las nubes se despide así, por ahora, de Leonard Cohen, agradeciéndole los muchos momentos de belleza y de placer que nos ha proporcionado y deseándole muchos años más de vida plena y de fecunda carrera artística.
El tercer programa de Buscando leones en las nubes dedicado a Leonard Cohen, que se emitió ayer, después del susto del concierto en Valencia y en el mismo día de su cumpleaños, da la voz a otros intérpretes que recrean, en formidables versiones, algunas de las canciones del canadiense. Hay decenas de músicos pertenecientes a países, generaciones y estilos diversos que reconocen el magisterio y, en cierto modo, la autoridad de Leonard Cohen y que han querido, por ello, a lo largo de varias décadas, rendirle homenaje haciendo propias las canciones del prolífico y veterano cantautor.
En el programa de ayer han sonado Don Henley, Trisha Yearwood, Tori Amos, Aaron Neville, Peter Gabriel, Billy Joel, Suzanne Vega, Jann Arden y Willie Nelson, en interpretaciones contenidas en un disco de 1995, The tower of song: The songs of Leonard Cohen, que incluye, aparte de las canciones emitidas, versiones de Elton John, Sting, Martin Gore (miembro de Depeche Mode) y Bono, en una prueba de la variedad de sensibilidades musicales tocadas por la magia de Leonard Cohen.
En la sección de vídeos os dejo una algo oscilante pero magnífica Tori Amos haciendo, en un concierto en Albany en 2007, una recreación necesariamente triste pero conmovedora de Famous blue raincoat, la canción que más me gusta de Leonard Cohen. En segundo lugar, una filmación extraída de esta su reciente gira en la que las Webb Sisters, que le acompañan en sus conciertos, bordan en una interpretación delicadísima, la estremecedora If it be you will. A continuación, una actuación, grabada en el Joe’s Pub de Nueva York en abril de 2007, en la que Leonard Cohen canta con su colaboradora durante muchos años y ahora excelente cantante en solitario, Anjani Thomas. Por último, otra maravilla, Ain’t no cure for love, también en directo, en Moncton, Canadá.
LEONARD COHEN A MIL BESOS DE PROFUNDIDAD La segunda entrega de nuestra serie de homenaje a Leonard Cohen salió al aire ayer en un programa que recogió canciones de sus dos últimos discos de estudio, Ten new songs, de 2001, y Dear Heather, de 2004. Para mi gusto, y pese a las pésimas críticas recibidas, ambos álbumes contienen al menos seis o siete canciones formidables, que no desentonan entre la restante discografía del genial cantautor, y algunas de ellas, como In my secret life, Alexandra leaving, Boogie street o A thousand kisses deep, están llamadas, incluso, a convertirse en clásicos y a perdurar sin duda en la memoria de varias generaciones de aficionados a la música.
En la emisión de ayer os ofrecí, como es costumbre en este tipo de programas, la traducción de las letras de las canciones radiadas. En esta ocasión he optado por versiones algo artesanales, dejando de lado las recreaciones de Alberto Manzano que aparecieron -tan sólo cuatro o cinco canciones- en un curioso poemario de Leonard Cohen, Libro del anhelo es su título, que recoge muchos versos, algunas canciones y bastantes dibujos del cantante y poeta canadiense y que la editorial Lumen publicó en España hace tres años. En cualquier caso, las versiones emitidas de los textos de Cohen son naturalmente discutibles; por poner un solo ejemplo de las complejidades que entraña la traducción y de las interpretaciones absolutamente contrapuestas que de un mismo texto ofrecen sus diversos traductores y, en consecuencia, de la relativa validez de cualquiera de ellas, baste decir que en Alexandra leaving, basada con toda nitidez (pues los paralelismos son evidentes y van más allá de la mera cita) en un poema de Cavafis, El dios abandona a Antonio, Alberto Manzano traduce en todo momento la Alexandra del título por la Alejandría, nombre de ciudad, del poema cavafiano; yo, en cambio, he optado por Alexandra, nombre de mujer, creo que de un modo más consecuente con el sentido último de la canción.
En la habitual sección de vídeos os ofrezco, al igual que hace siete días, un buen número de ellos; en este caso son cinco, vinculados a las canciones del programa. En primer lugar, In my secret life, grabada en Londres en 2008, con un protagonismo destacado de la magnífica Sharon Robinson, en una grabación de inmejorable calidad. A continuación, By the rivers dark sonando sobre una sucesión de fotos de esta reciente y ultimísima gira. El tercer vídeo es también un montaje, con fotografías bastante interesantes, que aparecen como fondo para The faith. Del mismo modo podréis escuchar el A thousand kisses deep que da nombre al programa de ayer, deslizándose entre algunos destacados y conocidos cuadros de Dalí, Y, para finalizar, de nuevo Sharon Robinson, ahora cantando en solitario la estupenda Boogie street en un concierto de este año en Lisboa.
LEONARD COHEN. ALGUNOS ‘CLÁSICOS’ DESDE LA TORRE DE LA CANCIÓN
El próximo 21 de septiembre, Leonard Cohen cumplirá 75 años. A lo largo de de este mes, durante cuatro lunes consecutivos, Buscando leones en las nubes va a dedicar sus emisiones al genial cantautor canadiense. Coincidirá así, además, nuestro homenaje con las últimas fechas de la extensa gira que el artista está realizando, a lo largo del verano, por toda España. Yo pude verlo y escucharlo en un magnífico concierto en León, el 31 de julio. Pero los escenarios de Vigo, Palma de Mallorca, Gerona, Madrid, Granada, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Barcelona, en donde actúa el mismo día de su cumpleaños, han contado -o contarán- con su presencia luminosa e intensa.
No me extenderé en la glosa de la figura de Leonard Cohen; tanto su biografía como su obra, poética y musical, son debidamente conocidas por todos, de modo que un simple enlace a la wikipedia me permitirá soslayar esos comentarios. Os daré noticia, tan sólo (os anticipo que mi aterrador panorama laboral para este curso, permite aventurar unas entradas del blog más bien ceñidas y austeras), de la estructura que he elegido para la serie, de la lógica que engarzará estos cuatro programas. El hilo conductor es sencillo: mostrar lo más destacado, en textos y melodías, de la producción musical del canadiense. Para ello, en el primer programa, en el que salió al aire ayer (por cierto, las emisiones regulares de Radio Universidad no comenzarán hasta octubre; mi insistencia y la amabilidad de sus responsables permiten no obstante que se haga una excepción con Buscando leones en las nubes), he recogido algunos de los grandes clásicos de Leonard Cohen interpretados por él mismo. Os encontraréis así con auténticos himnos de la música popular de los últimos cuarenta años, emblemas poderosos de una época como Dance me to the end of love, I’m your man, Take this waltz, So long, Marianne, Chelsea Hotel o The tower of song, ese tipo de canciones que el público, arrobado, corea en los conciertos. En las ediciones venideras escucharéis bastantes otras piezas de la destacada discografía de Leonard Cohen, tanto en su propia voz como en versiones, todas excelentes, de otros intérpretes.
Para presentar la compleja traducción de sus, a veces, difíciles letras he elegido las versiones de Alberto Manzano, un gran conocedor de la obra de Cohen. Todas las de esta primera emisión han sido entresacadas del imprescindible libro Un acorde secreto, publicado por la editorial Celeste en 1996 (imagino que, dado el insensato sistema de publicaciones que guía nuestro mercado editorial, es bastante probable que su búsqueda en las librerías resulte infructuosa, a pesar de los escasos trece años transcurridos).
Un acorde secreto incluye en su portada, previo al título principal, otro lema, muy revelador: Leonard Cohen. Canciones y poemas. Y es revelador ese dualismo que se recoge en el antetítulo porque Leonard Cohen, aunque los años hayan limitado sus registros, no es sólo el cantante de voz profunda y seductora que todo el mundo conoce, sino un extraordinario, aunque a veces oscuro, poeta. Un poeta que empezó a publicar versos en 1956, once años antes de que se decidiera a poner música a sus versos y grabara su primer álbum, el magnífico Songs of Leonard Cohen. Las dos vertientes de su personalidad artística, por otro lado no tan disímiles, no tan alejadas entre sí, se recogen en esta completa antología que os recomiendo vivamente y que reúne lo esencial de su obra publicada hasta la fecha de la presentación del libro, es decir, nueve volúmenes de poesía, diez discos y dos novelas que obviamente no se incluyen en él. En total, en Un acorde secreto se ofrecen al lector más de doscientos cincuenta poemas y canciones, en su versión inglesa original y en su correspondiente traducción al castellano, llevada a cabo ésta, como acabo de señalar, por el ubicuo Alberto Manzano, uno de los mayores especialistas españoles en la obra de Leonard Cohen. Sólo quedan fuera, por razones evidentes relativas al hecho de que el libro vio la luz, como os decía, en 1996, las letras de sus dos últimos discos de estudio, Ten new songs, de 2001 y Dear Heather, de 2004. Pero de estas dos postreras colecciones de canciones y de la poesía no cantada de Leonard Cohen ya hablaremos en programas posteriores.
Os dejo cuatro vídeos (no quiero abusar; hay, además, que reservar algunos para las próximas entregas) de otras tantas actuaciones del cantante. Lover, lover, lover, Avalanche, The future, y The partisan son cuatro de sus mejores composiciones que, sin embargo, no sonarán en ninguno de los programas de este septiembre (he debido seleccionar… ¡¡son tantas las canciones que me gustan!!). Lover, lover, lover aparece en un añejo programa de la RAI, en 1975. Avalanche está registrada en San Sebastián a finales de los ochenta, The future en una televisión inglesa casi diez años después, y The partisan, una pieza que él no escribió, en una interpretación en Estocolmo de hace sólo unos meses (la grabación es de una muy menguada calidad, pero, pese a todo, la belleza de la canción nos permite disfrutar), de modo que la serie muestra el progresivo y muy evidente deterioro físico del hombre y la sin embargo inalterada magia del artista.
Buscando leones en las nubes es el blog de un programa de radio, del mismo nombre, que se emite en Radio Universidad de Salamanca los lunes de 10 a 11 de la noche. Una descripción pormenorizada de la emisión la encontraréis en la primera entrada de este blog, del 25 de septiembre de 2008 (se puede acceder a ella desde la imagen inferior -el cartel de Buscando leones en las nubes-, en este mismo panel lateral).
En las diferentes entradas del blog se ofrece la posibilidad de escuchar íntegramente, sobre la misma página, el programa correspondiente (en el player adjunto).
Además, es posible descargar esas mismas emisiones en formato mp3 desde este panel lateral, dentro de la sección denominada Programas (descargas) y, tras ella, en la que lleva por título Más programas para descargar. 'Pinchando' sobre el nombre del programa se accede a una pantalla, en la columna izquierda de la cual, debajo de Play/Download, aparecen unas cifras (64kbps, habitualmente) ola expresión Whole directory. Un click de ratón sobre las cifras o el texto permite la descarga automática del programa.
En la sección Etiquetas, entrando en cada una de las referencias recogidas, encontraréis información sobre el contenido de los programas respectivos.
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Con pose intelectualoide (los periódicos son de atrezo: habitualmente sólo leo hojas parroquiales)
"La felicidad era como aquellas nubes que cambiaban de apariencia a cada instante. Brillaban doradas, o se teñían de gris, sin permanecer más que un momento en el mismo estado. Las horas más radiantes pasan así de largo veloces, como un capricho o como una broma." Kyoichi Katayama
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