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martes, 11 de octubre de 2016


ROBERT CRUMB. REZA UNA PLEGARIA

Esta semana Buscando leones en las nubes se centra, por sexta ocasión consecutiva, en un libro altamente recomendable, Héroes del blues, el jazz y el country, en el que la editorial Nórdica presentó, a principios de este 2016, una completa recopilación de imágenes de Robert Crumb en las que el veterano dibujante representó, en los primeros ochenta del pasado siglo, a algunos -muchos en realidad, más de un centenar- de los más destacados artistas de las etapas originarias de esos géneros en la Norteamérica de hace ahora cien años.

En la tercera sección del libro, editado por Nórdica, el protagonismo recae sobre intérpretes del country, y habiendo dedicado los cuatro espacios iniciales de la serie al blues y al jazz, y siendo la del lunes pasado la primera emisión centrada en el country, procede cerrar ahora el ciclo con un nuevo programa que gira sobre la más primigenia música campestre, en el que comparecerán cerca de una veintena de fantásticos y en su mayor parte desconocidos para el gran público, entre el que me cuento, representantes del género: Taylor-Griggs Louisiana Melody Makers, Carter Brothers & Son, Hoyt Floyd Ming & His Pep-Steppers, Paul Miles & His Red Fox Chasers, Roane County Ramblers, Frank Blevins & His Tar Heel Rattlers, Charlie Poole & The North Carolina Ramblers, Al Hopkins and His Buckle Busters, Fiddlin' Bob Larkin and His Music Makers, East Texas Serenaders, Dock Boggs, Fiddlin' Powers & Family, Red Patterson Piedmont Log Rollers, Weems String Band, The Leake County Revelers, Wilmer Watts And The Lonely Eagles y Crockett Kentucky Mountaineers.

Antes de cada tema seleccionado, y a modo de presentación, podréis escuchar mi lectura del breve pero enjundioso texto con el que, en el libro, Richard Nevins traza un somero esbozo de la biografía de cada uno de los protagonistas.


Robert Crumb ilustra la música olvidada de la América profunda. Pablo Martínez Pita

Robert Crumb se caracteriza por sus obsesiones. Las más destacadas: las mujeres, la política y la música. En todas ellas se muestra políticamente incorrectísimo. Es capaz de molestar a todos los sectores ideológicos por igual. Porque sus opiniones nunca son convencionales, y él tampoco se ha molestado en ocultarlo en sus viñetas. Al fin y al cabo, es el padre del cómic «underground», un estilo por definición corrosivo, irreverente y, en su caso, casi irreflexivo. Eso sí, casi cualquier autor del noveno arte actual reconoce su influencia, empezando por el gran gurú actual del medio, Art Spiegelman. En lo que respecta a la música, los razonamientos de Crumb son cercanos a los de un «talibán»: prácticamente nada que se salga de los años veinte y treinta del siglo XX merece la pena de ser escuchado.

El creador de Mr. Natural y el gato Fritz es coleccionista de discos de 78 r.p.m., tiene su propia banda –la Cheap Suit Serenaders, en la que toca el banjo y con la que publicó tres discos en los años setenta– y ha escrito sobre la vida de diferentes músicos, como Jerry Roll Morton y su extraña maldición vudú. A principios de los años ochenta comenzó a colaborar con el sello Yazoo Records, dedicado a recuperar viejas grabaciones de blues, con una serie de retratos que iban incluidos en cada disco en forma de cromos, con pequeñas biografías en el reverso escritas por el escritor especializado Stephen Calt.

Aquel proyecto fue creciendo hasta la incorporación de pioneros del jazz y el country. Esos dibujos se han reeditado en varias ocasiones, incluso en cajas recopilatorias. Ahora llega a España en forma de libro de la mano de la editorial Nórdica bajo el título «Héroes del blues, el jazz y el country», con 114 de estos retratos sacados en su mayoría de fotografías antiguas. Solo la genialidad de este gran ilustrador podía conseguir una obra de arte y evitar que su lectura resultara monótona.

El prólogo ha sido escrito por el director de cine Terry Zwigoff –autor del documental «Crumb» y de «Ghost World», «Bad Santa» y «El arte de estrangular»–, quien explica, por ejemplo, que la última serie realizada fue la dedicada al jazz, y que su luminosidad responde al hecho de que son acuarelas. Crumb se pasó a esta técnica por comodidad, no por ninguna otra causa. También comenta que lo ideal es acompañar la lectura de la obra con la audición del CD que acompaña al ejemplar, con 21 grabaciones fechadas entre 1927 y 1931 y seleccionadas por el propio ilustrador. Está divido en tres partes, uno para cada género citado. Una verdadera inmersión en los sonidos de la América profunda. Skip James, Frank Stokes, «Dock» Bogs, East Texas Serenades, la «King» Oliver’s Creole Jazz Band (con Louis Armstrong entre sus miembros), Clarence Williams o la Jelly Roll Morton’s Red Hot Peppers son algunos de los nombres que aparecen en este documento sonoro.

El mismo Crumb ha contado en alguna de sus historietas cómo, a los 17 años y a pesar de su timidez, llamaba a las puertas de las casas del sur de Estados Unidos preguntando si por casualidad allí se guardaban, en algún rincón, viejos discos acumulando polvo; y de esta manera se encontró con verdaderas joyas en vinilo que compraba por diez centavos. Así descubrió ese sonido único de los viejos bluesmen, y así comenzó su colección.

Luego llegaría su etapa en San Francisco en pleno verano del amor, sus experiencias con el LSD y sus intentos infructuosos por escuchar conciertos de rock. De forma desternillante describe esta etapa en sus viñetas y su horror al escuchar aquel «ruido».

Es cierto que es autor de una de las portadas icónicas de la música moderna, la de «Cheap Thrills» (1968), de Big Brother and de Holding Company. A pesar ser Janis Joplin, su vocalista, una inmensa cantante de blues-rock, ni siquiera Crumb muestra respeto por sus canciones. Aquello fue un encargo porque ella era su amiga y él era todo un personaje en ese mundillo hippie (con el que siempre mostró cierta distancia ética y estética). Eso sí, a raíz de aquel trabajo le llovieron peticiones para otras portadas, lo que abrió un nuevo camino. Pero desde entonces él se ha centrado sobre todo en las músicas de su gusto. Es decir, en algunos de los músicos que aparecen en este libro.

«Los chavales van, aprenden cuatro acordes con la guitarra y ganan un millón de dólares. ¡La gente tiene lavado el cerebro!», comenta un personaje de una de sus tiras. Sobre Bruce Springsteen razonó en una entrevista de 1988, recogida en el libro «R. Crumb, entrevistas y cómics» (Gallo Nero): «Demasiado profesional, demasiado elaborado, demasiado artificial. No es la voz sencilla y directa de la gente normal y corriente, que es para mí la música más emocionante».

martes, 4 de octubre de 2016


ROBERT CRUMB. ESTOY SOLO Y TRISTE

Bienvenidos una semana más a Buscando leones en las nubes que, en esta ocasión, os ofrece la quinta entrega de la serie que llevamos emitiendo desde principios de septiembre con la música de raíz norteamericana como protagonista. Así, y siempre utilizando como referencia el libro Héroes del blues, el jazz y el country, que recoge las imágenes, muy descriptivas y reveladoras, en las que Robert Crumb, el gran clásico del cómic, retrató a más de cien intérpretes pioneros en esos géneros de la música de los Estados Unidos de las primeras décadas del siglo pasado. El libro, editado por Nórdica y presentado hace unos meses en nuestro país es, además de esa magnífica recopilación del peculiar arte de Crumb, una interesante enciclopedia, ligera pero muy “apetitosa”, que nos permite conocer, aunque solo sea de manera elemental, el fecundo caudal de tradiciones, de huellas, de fuentes e influencias que están en la base de gran parte de la música estadounidense que hoy se escucha en el mundo.

En nuestros cuatro anteriores espacios nos hemos centrado, a pares, en el blues y el jazz, con dos programas para cada género, de manera que esta semana y la que viene os introduciré gustoso en el fascinante mundo del más primigenio country con treinta y tantas piezas, rescatadas en muchas ocasiones de sus carraspeantes grabaciones originales, en las interpretaciones de una serie de músicos formidables, casi todos desconocidos para mí antes de la lectura del libro, que merecen, no obstante, el recuerdo y la valoración actuales. Eck Robertson and Family, Da Costa Woltz's Southern Broadcasters, Gid Tanner and The Skillet Lickers, Fiddlin' John Carson & His Virginia Reelers, Earl Johnson & His Dixie Entertainers, The Carter Family, Fiddlin’ Doc Roberts Trio, Ted Gossett’s String Band, Jimmie Rodgers, Harry McClintock, Dr. Humphrey Bate And His Possum Hunters, Uncle Dave Macon & His Fruit-Jar Drinkers, Burnett & Rutherford, Mumford Bean & His Itawambians, The Shelor Family, Narmour W.T. & S.W. Smith y The Tennessee Ramblers son los formidables -e ignorados- intérpretes.

Entre las canciones os leeré unas muy sucintas semblanzas biográficas, escritas por Richard Nevins, que acompañan en el libro a las simpáticas y elocuentes estampas de Crumb.


Los ídolos de “pizarra” de Robert Crumb. Darío Prieto Sierra

En Ghost world, la película de Terry Zwigoff sobre el cómic de Daniel Clowes, Steve Buscemi daba vida a un coleccionista de viejos discos de pizarra: blues, swing, ragtime y country de artistas prácticamente desconocidos que sonaban a 78 revoluciones por minuto, la velocidad a la que se quedó atrapada la old-time music, la música de los viejos tiempos. La obsesión de Buscemi por esa Arcadia musical que desapareció mucho antes de que sonase el primer rock era una referencia clara al dibujante de cómics Robert Crumb. El autor de Mr. Natural y Fritz the Cat se ha mantenido firme en dos afectos a lo largo de su vida: las mujeres rotundas de piernas fuertes y la nostalgia por aquellos viejos buenos tiempos. En una de sus muchas historietas autobiográficas, Crumb recordaba cómo él -un católico blanco, temeroso, aprensivo e hipocondríaco- merodeaba por las barriadas negras pobres, aterrado, en busca de algún tesoro escondido en forma de desván lleno de pizarrosos discos. Pero su pasión no se queda ahí: aprendió a tocar el banjo y la mandolina para emular a sus ídolos e incluso formó un grupo de revival (R. Crumb & his Cheap Suit Serenaders) con el que publicó varios discos en los 70.

Una de las materializaciones de este amor de Crumb fueron las series de cromos que realizó durante los años 80 y que, al modo de las colecciones de estampitas que se regalaban antaño en los paquetes de chicles o las cajetillas de tabaco, reunían retratos de sus héroes. En vez de jugadores de béisbol o estrellas de Hollywood, el dibujante inmortalizó a pioneros del blues, el jazz y la música country, en tres series distintas realizadas en colaboración con el sello Yazoo Records, encargado de recuperar de la frágil pizarra aquellas canciones y reeditarlas en formatos más actuales. Las series, realizadas en cartulina recortada (para los músicos de blues y country) y acuarela (para los de jazz) fueron reunidas en un libro publicado en 2006 y que ahora edita en española editorial Nórdica bajo su división de cómic. El volumen viene acompañado de un CD con 21 temas de algunos de los protagonistas de las ilustraciones, grabados originalmente entre 1927 y 1931.

Crumb dibuja en estas láminas a leyendas como Louis Armstrong, Skip James, Benny Goodman, Jimmie Rodgers, Duke Ellington, Coleman Hawkins y Charlie Patton. Pero lo más interesante es el recorrido por esos rostros de quienes murieron prácticamente en el anonimato antes de que la amplificación llegase a la música, en 1935, y de que el propio Crumb llegase a este mundo, en 1943. String bands (grupos de instrumentos de cuerda, formados generalmente por guitarras, banjos y fiddles o violines usados para la música popular de raíces) de larguísimos nombres y compuestas íntegramente por blancos (alguno de los cuales se atrevía a tocar el serrucho musical) aparecen junto a jug bands (formaciones en la que, además de guitarras, se usaban instrumentos caseros, como garrafas sopladas por el cuello) de músicos negros, en un viaje que muestra la particular convivencia de razas y tradiciones sonoras en estados como Mississippi y Alabama. Las breves notas biográficas que acompañan las ilustraciones tienen apenas un par de datos, y en muchos casos ni siquiera pueden recoger una referencia de las fechas de nacimiento y muerte de los protagonistas.

El propio Zwigoff, que ha dirigido un documental sobre el dibujante (Crumb, 1994) y que tocó frecuentemente con sus Cheap Suit Serenaders, se encarga también del prólogo de esta edición, y explica el interés del artista por los músicos que se quedaron en los márgenes, en vez de por las grandes estrellas: "A Robert le gustaban esos artistas, pero aparentemente disfrutaba más homenajeando a las bandas menos conocidas. Tal vez quisiera darles un poco del merecido reconocimiento tras tantos años de anonimato. La existencia y disponibilidad de fotografías condicionó en parte a los músicos que se incluyeron. Es casi un milagro que alguien tuviera una foto de Mumford Bean and his Itawambians, un conjunto tan poco conocido que probablemente sólo haya una docena de coleccionistas acérrimos de country que conozcan el único disco de 78 r.p.m que existe de ellos y jamás reeditado".

Otro ejemplo serían Hoyt Ming and his Pep Steppers, una familia originaria de algún pueblo en torno a Tupelo (el lugar de nacimiento de Elvis Presley) que grabó una única sesión y luego volvió "a sus vidas rutinarias de trabajo y al más absoluto anonimato". Es decir, como el 90% de los grupos de la época.

En sus retratos, explica Zwigoff, Crumb se inspiró más en la música de los discos de 78 r.p.m que en las propias fotografías que tuvo a su disposición. Rostros que Crumb quiso rescatar del sumidero del olvido y hacerlos mirar a la inmortalidad.

martes, 27 de septiembre de 2016


ROBERT CRUMB. ME VAS A ECHAR DE MENOS

En este último programa del mes de septiembre continuamos con la serie que en estas primeras semanas posvacacionales estamos dedicando a un libro extraordinario, Héroes del blues, el jazz y el country, una recopilación de estampas debidas a Robert Crumb, el controvertido y sin embargo legendario dibujante de cómics, que en la pasada década de los ochenta confeccionó, para acompañar una colección de discos sobre esos tres géneros tan genuinamente norteamericanos, sus peculiares retratos de un largo centenar de músicos de los primeros años del siglo XX, figuras esenciales, aunque en muchos casos desconocidas o casi ignoradas, de la música popular estadounidense.

Esta semana, volvemos a centrarnos en el universo del jazz, con una selección de cerca de una veintena de intérpretes de ese género que registraron algunos de sus discos en las décadas de los veinte y treinta del pasado siglo. Cada pieza se acompaña con un texto preliminar de David Jasen, breves reseñas biográficas, incluidas en el libro, sobre cada uno de los músicos. James P. Johnson, Tiny Parham, Duke Ellington, Sidney Bechet con Rosemary Crawford, Freddie Keppard, Fats Waller, Muggsy Spanier & His Dixieland Band, Bennie Moten, Frank Trumbauer, Mary Lou Williams, Ernest 'Punch' Miller, Eddie South, Alex Hill, Joe Venuti con Annette Hanshaw, Fletcher Henderson, Jimmy Noone's Apex Club Orchestra y Benny Goodman son los inspirados intérpretes de los temas que suenan en el programa.



Javier Fernández de Castro. El boomeran(g). 3 de mayo de 2016

Recuerdo haber leído en diferentes lugares (sobre todo durante las entrevistas) el relato que hace Crumb de sus prolongadas y, tal y como es él, obsesivas búsquedas en polvorientos almacenes y tiendas de ignotos pueblecitos del Deep Sur en busca de discos de 78rpm grabados por músicos casi desconocidos de los años 20 a los 40. Una obsesión que le resultó altamente rentable porque, en primer lugar, le permitió sumergirse en el corazón de la América que conformó a gigantes como William Faulkner, Tennesse Williams, Flannery O´Connor, Carson McCullers, Truman Capote o Harper Lee, quienes a su vez habían estaban en la base de su propia formación. En segundo lugar, gracias a aquellos viajes interminables logró satisfacer su pasión por la música popular primitiva americana y de paso pudo acumular un capital en forma de apuntes, fotografías y documentos pero también algunos de los instrumentos que tocaron aquellos héroes anónimos y que a la vuelta de unos pocos años iban a alcanzar precios desorbitados en las salas de subastas; maletas repletas de discos de incalculable valor para los coleccionistas amantes de la música y unos cuadernos de apuntes sobre el terreno que luego le han permitido diversificarlos en forma de cromos, barajas, portadas de discos y libros gráficos, todo ello realizado con todo el cuidado y el amor del mundo porque, además de estar inmerso en una obra gráfica que ha terminado siendo una de las manifestaciones visuales que mejor reflejan el llamado “espíritu de los sesenta”, Crumb satisfacía su sempiterno amor por aquellos músicos de pueblo que sin abandonar sus profesiones de barbero, predicador o vendedor ambulante, estaban poniendo las bases de tres los estilos de música más creativos y fértiles del siglo XX, es decir, el blues, el jazz y el country. Para reflejar en términos prácticos lo que quiere decir “incalculable valor” aplicado a su obra, basta recordar que en plenos años noventa Crumb adquirió la magnífica casa que posee en el Languedoc a cambio de seis de aquellos cuadernos de apuntes realizados durante sus viajes.

martes, 20 de septiembre de 2016


ROBERT CRUMB. NO TENGO A NADIE

Una semana más os damos la bienvenida a Buscando leones en las nubes, que hoy os ofrece la tercera edición centrada en Héroes del blues, el jazz y el country, el espléndido libro presentado por Nórdica hace unos meses, que recoge las semblanzas de más de un centenar de músicos de los tres estilos mencionados, intérpretes, en su gran mayoría desconocidos para el gran público aunque excelentes, que contribuyeron, en los años 20 y 30 del siglo pasado, al nacimiento y la difusión de esos géneros musicales tan genuinamente norteamericanos.

El libro cuenta como principal atractivo, más allá de la recopilación y presentación organizada de esos referentes en muchos casos ignorados en las más convencionales revisiones sobre la materia, de las excepcionales ilustraciones de Robert Crumb. Crumb, icono del cómic underground de las alternativas décadas de los sesenta y setenta, es un reconocido amante de la música de raíz estadounidense y ha llevado su pasión a la confección, en torno a 1980 de tres series de cromos o cartas o postales en los que se retratan -a partir de fotografías e ilustraciones de la época- muchos de los principales intérpretes del blues, el jazz y el country más originarios y germinales. Cerca de ciento veinte de estas estampas se incluyen en el fantástico libro que protagoniza estas nuestras emisiones de comienzo de curso.

En la sesión de esta semana, habiendo dejado atrás en los dos programas precedentes el universo del blues, nos centraremos en el ámbito del jazz, con casi una veintena de piezas pertenecientes a esos tiempos “inaugurales”, con intérpretes magníficos (muchos de ellos grandes nombres del género: Bix Beiderbecke, Coleman Hawkins, Jelly Roll Morton, Louis Armstrong, Lil Hardin Armstrong, Johnny Dodds, Eddie Lang, Junie C. Cobb, Joe King Oliver, 'Banjo' Ikey Robinson and His Bull Fiddle Band, Roy Palmer con Bob Hudson, Jack Teagarden, Jabbo Smith, Joe 'Wingy' Manone And His Club Royale Orchestra, George 'Pops' Foster, Earl Hines y Jimmy Blythe) cuya sucinta biografía, recogida en los breves apuntes de David Jasen incluidos en el libro, precede en mi lectura, a modo de austera presentación, cada uno de los temas.

martes, 13 de septiembre de 2016


ROBERT CRUMB. TODA LA NOCHE

Esta semana, el segundo de los frentes en que se desenvuelve habitualmente nuestro programa, el literario, brilla por su ausencia porque aunque todos los textos que os leeré en la emisión pertenecen a un libro, un excepcional libro, solo incurriendo en un exceso de benevolencia podríamos calificarlos de literatura, sin que ello, obviamente, desmerezca su valor.

Y es que en nuestra edición de hoy os ofrezco la segunda entrega de la serie –que se prolongará hasta bien avanzado octubre- dedicada a los orígenes de la música popular estadounidense a partir de las referencias contenidas en Héroes del blues, el jazz y el country, un magnífico volumen, editado este mismo año por Nórdica, en el que se recogen más de un centenar de dibujos de Robert Crumb, el afamado y casi legendario ya autor de cómics, que hace cuarenta años ilustró, con sus espléndidas estampas de pioneros de la música norteamericana, sendas colecciones de discos recopilatorios sobre los protagonistas -muchos de ellos desconocidos- de los inicios de los tres géneros que recoge el título del libro.

La obra está poblada de infinidad de músicos de biografías anodinas, instrumentistas sorprendentes capaces de tocar no solo el piano o la guitarra, el violín o el saxofón, sino también el serrucho, la garrafa u otros insólitos artilugios caseros, intérpretes geniales que vivieron en el anonimato, tocando en las calles, en ceremonias religiosas o en bandas populares, formando parte de agrupaciones heteróclitas, inmigrantes blancos nacidos en el siglo XIX, buenos conocedores del repertorio tradicional y de las raíces musicales de los países europeos de los que procedían, y depauperados negros, con un pasado de esclavitud a sólo escasas décadas de “distancia”, que convertían sus lamentos, nacidos de las desgracias propias y de las de su raza, en baladas melancólicas, apesadumbradas, tristísimas y resignadas -a veces, no obstante, combativas y rebeldes-, pero también en gloriosos himnos festivos.

Todo ello, toda esta enorme riqueza musical y sociológica, antropológica y humana, cultural y moral, está encerrado en el formidable libro reseñado y del que hoy, como hace siete días, voy a extraer fragmentos referidos a músicos de blues. Los textos, al igual que en la emisión del lunes pasado, son de Stephen Calt y se limitan a escuetos apuntes biográficos sobre cada uno de los músicos (Sleepy John Estes, Cannons Jug Stompers, Memphis Jug Band, Big Bill Broonzy, Roosevelt Sykes, Blind Gary Davis, Papa Charlie Jackson, Charley Patton, Buddy Boy Hawkins, Barbecue Bob, Ed Bell, Blind Willie & Kate Mctell, Son House, Memphis Minnie, Mississippi John Hurt, Tommy Johnson, Peetie Wheatstraw y Bo Carter); unas notas someras que, sin demasiado valor en sí mismas, constituyen sin embargo un conveniente preámbulo para la degustación del tema correspondiente.

martes, 6 de septiembre de 2016


ROBERT CRUMB. TAN SOLITARIO

Bienvenidos un curso más a Buscando leones en las nubes, que hoy comienza su décimo octava temporada. Elena Villegas desde el control técnico y Alberto San Segundo como creador del espacio y dueño también de la voz con la que desde hace tanto tiempo os lo presento, os saludamos un nuevo septiembre y os invitamos a disfrutar con una serie de programas que ahora se abre y que tendrá también un cierto valor germinal, de iniciación.

Y es que a lo largo de las próximas seis semanas, y mientras las emisiones regulares de Radio Universidad de Salamanca se ponen en marcha, os ofreceremos aquí, exclusivamente en nuestro blog, un a mi juicio interesante ciclo dedicado a los orígenes de la música popular estadounidense, partiendo de un libro formidable publicado en los primeros meses de este año. Se trata de Héroes del blues, el jazz y el country, una colección de postales, retratos de artistas pioneros de los años 20 y 30 del pasado siglo, figuras destacadas -aunque muchas de ellas desconocidas- en cada uno de esos géneros musicales, dibujos debidos al genio de Robert Crumb, el gran clásico del cómic underground de los setenta.

El libro, editado con primor por Nórdica, recoge un total de ciento doce cromos -pues eso fueron en un primer momento- sobre otros tantos músicos, estampas bellísimas creadas por Crumb a partir de fotografías antiguas para acompañar e ilustrar sendas colecciones de discos -Heroes of the Blues, Early Jazz Greats y Pioneers of the Country- en las que Nick Perls, el dueño de Yazoo Records, reeditó su espléndida colección de discos de “pizarra”, en 78 r.p.m., de música tradicional norteamericana, convirtiéndolos en un formato más moderno y ofreciéndolos al público -estamos en torno a 1980- bajo la forma de LP. En el libro, cada una de las imágenes se acompaña de una breve semblanza de la figura correspondiente -cantantes callejeros, músicos aficionados, intérpretes casi desconocidos, algunos artistas consagrados, pianistas y violinistas, virtuosos del banjo o la guitarra, la trompeta o la armónica, viejas orquestas, grupos familiares, barberos y reverendos, vaqueros y ferroviarios con talento para la música-, en textos de Stephen Calt, que se ocupa de los artistas de blues, David Jasen, centrado en los de jazz, y Richard Nevins, que escribe los referentes al country.

En el espacio de esta semana y en el del lunes que viene voy a presentaros un total de treinta y seis piezas musicales, dieciocho en cada emisión -que se prolongan muy por encima de nuestra duración habitual-, escogidas del fecundo ámbito del blues de las primeras décadas del siglo pasado, unos temas que os introduciré con la lectura del sucinto texto que sobre su intérprete se recoge en el libro. Pero siendo interesantes los comentarios y estremecedoras las canciones, unos y otras no pueden disfrutarse cabalmente sin la contemplación de las magníficas ilustraciones -ingenuas, minuciosas, evocadoras, sugestivas, delicadas y entrañables- de Crumb, razón por la que os recomiendo apasionadamente la compra del libro. Seguro que no os arrepentiréis.

En la emisión que ahora os presento podéis escuchar primitivas piezas musicales, la mayor parte de las dos primeras décadas del siglo pasado, interpretadas por William Moore, Peg Leg Howell, Clifford Gibson, Blind Blake, Frank Stokes, Jaybird Coleman, Blind Willie Johnson, Leroy Carr & Scrapper Blackwell, Blind Lemon Jefferson, Fred McMullen & Curley Weaver, Whistler & His Jug Band (las “jug band”, en las que sus miembros tocaban instrumentos más o menos caseros, proliferaron en la época; en el magnífico vídeo que acompaña esta entrada podéis ver a Whistler & His Jug Band en acción, en un tema, Foldin’ Bed, que no suena en el programa), Mississippi Sheiks, Rube Lacey, Skip James, Bo Weavil Jackson, Furry Lewis, Sam Collins y Ramblin’ Thomas. que se completan con los atinados comentarios sobre sus protagonistas de, como ya he señalado, Stephen Calt.