A lo largo de los más de veinte cursos de Buscando leones en las nubes el espació ha dedicado varias emisiones -creo que un total de ocho- a Tom Waits, uno de mis músicos favoritos.
No perdí esta vez
Sentirme amado sobre la tierra
No sé cuánta gente oirá mi programa. A veces sospecho que no está oyéndolo nadie, lo que se dice nadie: cero personas en total, y eso me produce una sensación de afantasmamiento: la voz inútil que suena en la noche vacía. Y entonces me siento como un turista belga que tocase el acordeón o similar en mitad del desierto de Nafud o similar. (Felipe Benítez Reyes)
Con el programa de esta semana suman cuarenta y tres (en realidad cuarenta y dos, Downtown train ha sonado dos veces, la última para dar cabida a una versión española, como más abajo os contaré) las diferentes piezas del genial artista californiano (escritas, casi todas, en colaboración con Kathleen Brennan, su mujer) que han visto la luz en las cuatro emisiones de la serie que hoy finaliza y que en Buscando leones en las nubes hemos dedicado a su inmensa figura con ocasión de su sexagésimo cumpleaños. Veronica Mortensen, los catalanes de la J. Teixi Band (junto con Los Hermanos Dalton, de los que conozco también una interpretación de Downtown train, y Bunbury, al que le he escuchado Broken bycicles, son, que yo sepa, las únicas muestras de la acogida de la obra de Tom Waits en los cancioneros de músicos de nuestro país), James Taylor, Alex Chilton, Marianne Faithfull, Nancy Griffith, Jack Ingram y Valerie Carter nos ofrecen sus estupendas versiones (muy distintas en estilos, del jazz al country, del rock de garaje al blues) en este programa postrero. Un programa que, como es natural, no podía terminar sin escuchar una vez más la voz, la genuina, la inclasificable, la destrozada y la, sin embargo, intensa voz de Tom Waits (hace casi treinta años, en un juego recurrente, yo ponía en mi casa sus primeros vinilos a amigos y conocidos, que no sabían de la existencia del músico, y siempre, sin excepciones, todos imaginaban que tras esa voz rota se escondía un cantante negro, de mucha edad -tirando a viejo-, presumiblemente orondo y seguro que envuelto en sudor. La sorpresa, cuando tras la escucha les mostraba las carátulas y descubrían a un joven -en esos primeros discos no llegaba a los treinta años- que era además blanco y escuálido y esquivo y desharrapado, era mayúscula). De modo que he encadenado algunas canciones escogidas de entre diversas actuaciones en directo para despedir la emisión y la serie. Esta opción, la de escuchar a Waits en sus conciertos, resulta muy oportuna, además, porque estos días se presenta el disco Glitter and doom, grabado en vivo, y que recoge algunos momentos significativos de su última gira mundial en 2008.
Fijaos en la variedad y en la riqueza, en la calidad y en lo heterogéneo del elenco de artistas que presenta esta semana Buscando leones en las nubes: del mundo de la ópera procede Anne Sofie von Otter, cantando Take it with me en el disco grabado con el legendario Elvis Costello, figura del pop-rock (si es que su genialidad permite que se le encasille en algún género). Desde los territorios del country llegan un clásico, Willie Nelson y otra gran figura, Kimmie Rhodes, juntos en una magnífica Picture in a frame. Otra de las mejores canciones de Tom Waits, Innocent when you dream, aparece en la versión de Lana Lane, una intérprete de rock progresivo, al parecer, con influencias metálicas y algo góticas, y a la que no conocía hasta que apareció en mi búsqueda de canciones para el programa. Viktor Laszlo es el nombre artístico (tomado de la película Casablanca: así se llamaba el marido de Ingrid Bergman en el film) de Sonia Dronier. Es una cantante francesa (yo la recuerdo, muy guapa -con perdón-, en Boom, boom, una película, su única película, creo, dirigida por Rosa Vergés hace veinte años). En el programa lleva a cabo la interpretación más ‘waitsiana’ de toda la emisión, no en vano suena en ella la voz del propio Waits: una algo dislocada pero estupenda Lowside of the road. A continuación aparece una rareza, Pascal Fricke, que recrea con su guitarra clásica una delicadísima gema, You can never hold back spring. Caroline Henderson, cuyo trayectoria musical se desenvuelve en los ambientes del jazz, canta Nobody, otro clásico. Christmas card from a hooker in Minneapolis (muy apropiada para la época, ahora que hasta Bob Dylan presenta su preceptivo disco de villancicos) suena en la versión de la cantautora norteamericana, Neko Case. Un muy popular (en su país) músico polaco, Kazik Staszewski, pone la nota exótica al programa con la ajustada versión (que guarda bastantes paralelismos con el original) del Yesterday is here. Le sigue una cantante que también ha protagonizado destacadas incursiones en el cine, Sally Norvell, tejana. Su versión del Please, call me baby me parece estupenda. Diamond in your mind es la aportación al programa del inmenso (en todos los sentidos) Solomon Burke, toda una leyenda del soul (ya está 'en los fogones' un programa monográfico dedicado a su música). La delicada y preciosa Martha la escuchamos en la voz de Tim Buckley, otro mito del rock que forma parte de la legión de admiradores de Tom Waits. Reparad en que Buckley murió en 1975 y se ve que ya para entonces Waits ejercía su influencia sobre sus colegas de profesión. La penúltima pieza del programa es Blue skies. Su intérprete es Floyd Dixon, fallecido también en 2006, después de una larga carrera centrada principalmente en el rhythm and blues. Y para cerrar una muestra tan diversa y para mi gusto interesante, escuchamos a Carlos Careqa, un cantautor brasileño, de Sao Paulo, que tiene un disco entero de versiones de Waits; de él he extraído E tudo fica azul, una recreación libremente traducida del All the world is green.
En la emisión de ayer han sonado versiones de algunas de sus piezas más representativas en las excelentes interpretaciones de músicos muy diversos, pertenecientes a países y épocas y estilos bien distintos, en lo que constituye una buena prueba de la enorme y profunda capacidad de influencia de Tom Waits en el ámbito de la música popular. Así, podéis recrearos con Claudia Bettinaglio, suiza, que procede del mundo del blues, y con la ecléctica italiana Laura Fedele, tan cercanas al universo de Waits que han publicado, ambas, discos completos de versiones de sus canciones; con la leyenda del rockabilly Lee Rocker; con la elegante y distinguida diva del jazz Diana Krall; con Jane Birkin, auténtico mito de la música francesa; con la cantautora de Los Ángeles Eleni Mandell, una de las artistas preferidas del propio Tom Waits; con la cantante gospel Ashley Cleveland; con la brasileña Cibelle, una artista multimedia, que frecuenta la música electrónica; con el ya clásico Johnny Cash; y, para terminar, con dos intérpretes de Gran Bretaña: Christine Collister, que se desenvuelve con soltura en los territorios del jazz, el blues y la música folklórica, y la venerable Linda Thompson, auténtica leyenda del folk británico. Reparad, vuelvo a insistir, en la variedad de registros en los que se mueven los admiradores de Tom Waits, y fijaos además, escuchando sus interpretaciones, en cómo cada uno de ellos conserva su personalidad pese al indiscutible nexo común que suponen las canciones del californiano.
He entresacado del libro Tom Waits: conversaciones, entrevistas, opiniones, escrito por el periodista norteamericano Mac Montandon y publicado por la editorial Global Rhythm, algunas reflexiones de Tom Waits sobre todo lo divino y lo humano: el matrimonio y la familia, la amistad, la noche, el alcohol, la creación artística, la celebridad y la fama, el cine, y, sobre todo, la música, los secretos de la composición, la innovación y los experimentos musicales, la industria del disco, su propia trayectoria artística, su influencias, sus manías. El libro, indispensable para los seguidores de Waits, recoge cuarenta entrevistas a las que el músico se sometió a lo largo de más de treinta años en diversos medios de todo el mundo. Y no es que las palabras de Tom Waits sobre los temas mencionados constituyan una extraordinaria aportación a la historia del pensamiento universal, pero en tanto permiten descubrir su personalidad (aunque miente como un bellaco, confunde voluntariamente a los periodistas, siembra de pistas erróneas las entrevistas, ‘construye’, en suma, una falsa identidad verdadera), en tanto sus desinhibidos comentarios complementan el universo de sus canciones pueden resultar reveladores, teniendo, además, una cierta gracia, pues casi siempre aflora su vitriólico humor. De modo que proporcionan un marco idóneo para escuchar sus canciones, esas canciones en las que se concentra la depurada esencia de su inconmensurable talento artístico.TOM WAITS. MÁS ‘CLÁSICOS’
Tom Waits es uno de mis músicos favoritos. Lo lleva siendo durante más de tres décadas. A lo largo de todo un año, desde el pasado 7 de diciembre de 2008 hasta el próximo 7 de diciembre de 2009, fecha en la que se convertirá en sexagenario, Buscando leones en las nubes, quiere homenajear al genial artista californiano con algunos programas dedicados a su figura, a su personalidad, a su obra, a sus canciones. Ya han salido al aire cuatro emisiones de la serie.
En las dos primeras, os ofrecía piezas extraídas de su último disco de estudio, el triple álbum Orphans, sonando entre los versos de un escritor, Raymond Carver, cuyo universo literario guarda muchas concomitancias con el peculiar mundo de Tom Waits. En la tercera, que se emitió en el primer trimestre de este curso, recogí canciones de la primera época de Waits, sus años en el sello discográfico Asylum, que constituyen ahora, casi seis lustros después, auténticos clásicos de la música popular. Ayer, para cerrar por ahora las entregas de la serie, Buscando leones en las nubes emitió un cuarto programa dedicado al cantante y compositor de Pomona (California), con una selección de grandes canciones pertenecientes a discos publicados entre 1980 y 2002. Las cuatro emisiones están disponibles aquí, en el blog, incluyendo ésta, la cuarta, que ahora os ofrezco. Ya para el curso próximo, y a medida que se vaya acercando la fecha en la que cumpla sus sesenta años, os prometo hasta tres programas más dedicados a Tom Waits, aunque entonces el planteamiento y el enfoque de las emisiones será distinto y muy novedoso y singular. Por cierto, y como medida del extraordinario talento del cantautor, pensad en que llevo ya ‘entregadas’ unas cuarenta canciones de su fecunda obra (no he repetido ninguna, hasta ahora), y todas las radiadas son excelentes… no creo que haya muchos músicos capaces de ofrecer cuarenta muestras de su actividad creativa que pasen -todas ellas- un mínimamente exigente rasero de calidad.
Un breve apunte, antes de presentaros algunos vídeos, sobre las complejas traducciones de las letras de Tom Waits. He seguido, en general, las versiones de Alberto Cajal recogidas en los dos libros de canciones de Tom Waits publicados por la editorial Fundamentos, en 2006 el primero y en este 2009 el segundo. He hecho, sobre esa base, algunos retoques menores justificados, a mi juicio, por la necesidad de mejorar la musicalidad de una frase o de eliminar algún término que personalmente me desagrada o de aclarar una cita más o menos oscura. Hay, sin embargo, algunas canciones emitidas que no están en la doble antología de Fundamentos. En esos casos he intentado por mí mismo la traducción, auxiliado (y en ocasiones el auxilio equivalió al trabajo total) por mis amigas Kili, fiel frecuentadora del blog, Mª Ángeles y Amparo, las tres expertas profesoras de inglés. No obstante, quiero dejaros alguna pista para trasladaros siquiera una mínima parte de la dificultad de la traducción de las letras de Tom Waits, llenas de referencias aparentemente inexplicables, repletas de metáforas algo abstrusas, punteadas por citas y menciones a realidades locales difíciles de captar para quien no es no ya norteamericano sino incluso californiano o, más aun, angelino. Por poner un único ejemplo representativo, en la canción On the Nickel, con la que abrimos el programa esta semana y que he presentado en su versión en castellano como En The Nickel, el nombre del título hace referencia, quizá, a una institución para indigentes que existía en la calle 5 de Los Ángeles, a la que acudía gente desamparada, mendigos, niños abandonados y tristes personajes sin lugar donde caerse muerto. Un nickel es, en su acepción popular, una moneda de cinco centavos y alude a la miseria, a la indigencia de quienes frecuentaban el lugar. En fin… ya me diréis cómo se mantiene en la traducción todo ese aluvión de alusiones.
Aprovechando la eficacia (por ahora) del nuevo sistema de exposición de los vídeos que he introducido hace algunas semanas en este blog, y teniendo en cuenta el entusiasmo que la belleza de las canciones de Tom Waits provoca en mí y que me hace compartir con vosotros mis hallazgos, os dejo varias muestras del arte del californiano (serán ocho... y porque me he frenado). En primer lugar, tres vídeos correspondientes a otras tantas canciones emitidas en el programa de ayer: una versión magnífica, en directo, de la preciosa y algo sombría Cold cold ground, precedida de un disparatado preámbulo muy estilo Waits; el clip, del año 1985 (¡¡casi veinticinco años ya!!), de otra maravilla, Downtown train, con una breve coda de nuevo ‘marca de la casa’; y una evocadora ilustración en imágenes de la estupenda y bastante triste Hold on. Además, otros cinco vídeos que ilustran piezas no escuchadas anoche, pero igualmente magníficas: Day after tomorrow, interpretada en un concierto en directo en el que la delicadeza, la dulzura incluso (aunque parezca paradoja) de la aguardentosa voz de Tom Waits sólo se ve perturbada por los gruñidos incontrolados de un auditorio más preocupado por hacerse notar, como suele ser desgraciadamente costumbre, que por la escucha intensa de una música deslumbrante; una versión, brevísima y rezumando sensibilidad, de You can never hold back spring en un concierto de la gira de Orphans en 2006; otro prodigio de delicadeza, la genial Time, en una emotiva y tiernísima versión; una especie de extraña mezcla, confeccionada con inquietantes imágenes de diversas etapas de su vida, de otra muy típica canción de Tom Waits, Down in the hole, en la que se reflejan algunos de los aspectos más histriónicos y excesivos de su personalidad; y para excesos, los luciferinos del I don’t want to grow up, en el que el eterno niño que es Tom Waits manifiesta abiertamente las razones por las que no quiere crecer.



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