Y es que, aprovechando la reciente entrada de la estación florida, hemos querido preparar tres programas dedicados a los placeres de la existencia, esos que están presentes de continuo en nuestra vida pero que quizá sólo la exaltación de la primavera (una primavera por ahora lluviosa, desapacible y alejada de sus manifestaciones más esperadas) nos permite apreciar en su inequívoca -pese a su apariencia minúscula- grandeza.De manera que, al igual que hace siete días, he entresacado algunos reveladores y muy apasionados fragmentos del altamente recomendable libro El primer trago de cerveza y otros pequeños placeres de la vida, escrito por Philippe Delern y publicado por Tusquets, que recoge más de treinta gratos motivos para saborear los encantos de nuestra -tan a menudo y por tantos desgraciados motivos- complicada existencia. Casi podríamos comer fuera, Ir a coger moras, La autopista de noche, En un viejo tren, El Tour de Francia, Invitado por sorpresa, Leer en la playa, Los domingos por la noche, El jersey de otoño y El cine, son los títulos de los textos que aparecen en la presente edición.
Casi podríamos comer fuera