HARUKI MURAKAMI. AL OTRO LADO
La propuesta literario-musical con Japón como protagonista principal, la miniserie nipona que inició Buscando leones en las nubes al comienzo de este curso 2008-2009, llega esta semana, con el año académico dando sus últimas boqueadas, a su término. El invitado estelar de nuestra emisión de ayer fue Haruki Murakami, el misterioso, fascinante, controvertido y genial escritor japonés.
Os contaré, antes de hablaros brevemente de la literatura de Murakami, mi peripecia personal en relación a su obra literaria. Siempre, desde que empezó a ser publicado en España, me había parecido un escritor demasiado raro. No soy yo un lector (ni una persona) dada a las fantasías, propendo al realismo, tengo poca imaginación y no me gusta demasiado (y por ello sobrellevo mal) la presencia en los libros y en mi vida de lo insólito, de las experiencias extrañas, de las aventuras algo místicas, de las apariciones fantasmagóricas (no me pronunciaré, por no llenar esta entrada de insultos, sobre las paparruchas paranormales). Por todo ello, por considerarlo peligrosamente ‘irreal’, me había negado reiteradamente a leerlo, pese a la cada vez más frecuente presencia de sus novelas en las librerías, en los suplementos culturales, en críticas y reseñas.
Sólo la azarosa insistencia de mi amiga Elena Rodríguez (fiel seguidora del blog, aunque de escasas y muy medidas apariciones en él) me hizo decidirme por fin, hace unos tres años, a comprar Kafka en la orilla. No sólo superé mis reticencias antifantásticas, sino que me entusiasmó, desató en mí una auténtica fiebre Murakami (soy excesivo y apasionado: estos fenómenos de entrega ciega y algo alocada son muy frecuentes en mi vida). Compré y leí todos sus otros libros publicados en nuestro país (la iniciática y adolescente y musical Tokio blues, con su título original ‘beatleliano’: Norwegian wood; Al sur de la frontera, al oeste del sol; la monumental y desbordante Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; After dark, la última que ha visto la luz en España, que describe una noche en la frenética y acelerada vida de Tokio; los sorprendentes cuentos de Sauce ciego, mujer dormida; y aún me reservo Sputnik, mi amor para saborearla este verano), permanezco atento a sus novedades, recojo información sobre su persona y su obra, hago acopio de todas las canciones que cita en sus novelas y cuentos (de ello os hablaré luego), incluso viajé a Japón (no sólo por su influjo, bien es verdad), reconociendo su espíritu en las calles de Tokio… en fin, me he convertido en un fan (casi) incondicional de Haruki Murakami.
Y creo que ello es debido, precisamente, a esa imbricación de lo sorprendente, de lo mágico, de lo aparentemente imposible, de lo extravagante, con el realismo más común y usual, ello es lo que me llama la atención y lo que me hace especialmente atractivas sus novelas. Porque en todos sus libros suele haber una narración de fondo que podríamos denominar convencional en tanto que se nos cuentan historias, se nos describen vidas con un sustrato narrativo clásico, con una progresión lineal. Pero esto es sólo una primera apariencia que no supone lo más destacado de los diferentes textos, en los que hay, sobre todo, a partir de este entramado básico, una sucesión de efectos, de situaciones, de tramas, de digresiones, de intercalados, de añadidos que ya no responden a la lógica más previsible y que entran en lo que constituye uno de los rasgos típicos del estilo de Murakami, la amalgama de mundos paralelos: se entrecruzan ficción y realidad, aparecen sueños y visiones oníricas, el pasado, el presente y el futuro se confunden, se intercambian espacios, surgen relatos increíbles: uno de sus protagonistas puede hablar con los gatos; en el medio de una situación aparentemente normal, llueven, de manera inopinada, sardinas, caballas y sanguijuelas; un personaje vive encerrado en un pozo; los pájaros hablan; aparecen como seres reales entes de ficción como Johnny Walker (llamado Walken en una novela) o el Coronel Sanders, el icono de Kentucky Fried Chicken; uno de sus personajes femeninos (importantísima y muy intensa y atractiva la presencia de las mujeres en la obra de Murakami) protagoniza episodios dotado de una existencia aparentemente real y simultánea a los quince y a los cincuenta años; hay muertes horribles que quizá ocurren tan sólo en sueños; bosques de alucinación, callejones oscuros que dan paso a mundos inexplorados y misteriosos; y tantas y tantas otras manifestaciones de lo fantástico, de lo imprevisto, de lo sorprendente, de lo (repetiré el término) mágico, de una existencia muy fecunda y atractiva que se vislumbra, casi inadvertidamente, al otro lado. Y todo ello se desarrolla casi siempre en un escenario urbano, cosmopolita, extremadamente moderno, con multitud de referencias a marcas, a relojes Rolex y Casio, a coches Toyota, un escenario inequívocamente japonés, con los signos distintivos de esa cultura, la mitología, los símbolos tradicionales, pero también las calles populosas, los altos edificios, los jardines recogidos, con la singular comida, la extraordinaria gastronomía nipona, omnipresente en las novelas, como uno de sus elementos característicos. Un territorio literario también lleno de menciones al mundo occidental (ha sido criticado por eso por alguno de sus compatriotas), las melodías del jazz, los grandes nombres del pop y el rock de los 60 y 70, la música y la literatura clásicas, las tragedias de Shakespeare o Esquilo, los mitos griegos. Todo ello, esta aparente desordenada amalgama de elementos heteróclitos constituye, como digo, una de las más destacadas señas de identidad (que ciertamente lo acercan a la obra de otro ‘raro’, que se desenvuelve también con soltura en estos universos oníricos y en las fantasías surrealistas, el director David Lynch), de los rasgos definitorios de Murakami, un escritor formidable, capaz de crear mundos fascinantes; unos mundos eficazmente recreados en las estupendas versiones que Lourdes Porta, traductora habitual de Murakami, hace para la editorial Tusquets, que ha venido publicando hasta el momento toda su obra en nuestro país.
Los temas principales de Murakami, el amor, el sexo, la muerte, la identidad, la adolescencia, los sueños, aparecen entre infinidad de referencias a canciones. He recogido, durante mis lecturas de sus obras, decenas de citas de piezas musicales, sobre todo, como digo, de jazz y del pop y el rock de los sesenta y setenta. De entre todas ellas, he escogido las que constituyen la banda sonora del programa, con canciones, relativamente apacibles, para concordar con la atmósfera habitual de Buscando leones en las nubes, de Ella Fitzgerald, Lovin’ Spoonful, Stan Getz con Tom Jobim y Astrud y Joao Gilberto, Fleetwood Mac, Nat King Cole, los Beatles, Sam Cooke, Henry Mancini, Bob Dylan, Benny Goodman, Marvin Gaye, Miles Davis, Brenda Lee, Frank Sinatra y Brook Benton.
En la sección de vídeos hoy seré relativamente austero, os dejo tan sólo dos, aunque el segundo tiene trampa. En primer lugar, con el título Por falta de palabras, una recreación, muy breve pero preciosa, de uno de los cuentos de Murakami, Sobre encontrarse a la chica 100% perfecta una bella mañana de abril, que concentra de manera ejemplar alguna de las manifestaciones más relevantes del espíritu y la atmósfera de la obra del escritor nipón. El vídeo es una de las muchas maravillas surgidas de Imaginantes, un programa de divulgación cultural de Televisa, la emisora mexicana, que nos recuerda a todos, con esta extraordinaria propuesta, que hay muchas formas de hacer televisión y que caben proyectos imaginativos y brillantes y poéticos y llenos de belleza en ese medio al que por nuestra cómoda inercia, pero sobre todo por la burda y zafia avaricia de los mercaderes que normalmente los dirigen solemos asociar a griterío, incultura, bazofia, ordinariez y basura. Entrad en la página de Imaginantes y disfrutad de lo que con propiedad podemos llamar televisión de calidad, la televisión del futuro (como se obstina en subrayarme mi optimismo natural).
Y hablando de calidad en televisión, mi segunda oferta del día se concentra en un programa emitido por Cuatro el veinticuatro de mayo pasado, una emisión de Callejeros viajeros en la que Tokio fue el protagonista principal de casi una hora de excelente televisión. Os dejo el programa íntegro en seis vídeos consecutivos que requieren tranquilidad y tiempo para degustarlos pero que transmiten, si os decidís a verlos, una imagen muy completa de lo que es Tokio, con la ventaja añadida de que la perspectiva de la vida tokiota la ofrecen ciudadanos españoles que viven en la capital nipona. Un visión fidedigna de Tokio, pues, y una fórmula estupenda para, desde vuestras casas, adentraros en los escenarios de la obra de Murakami.
Haruki Murakami. Al otro lado