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sábado, 13 de junio de 2009

EUGÉNIO DE ANDRADE

El 13 de junio de 2005 moría en Oporto Eugénio de Andrade (mantengo, como parece obligado, la grafía portuguesa de su nombre) y Buscando leones en las nubes le dedicaba a los pocos días un programa de homenaje, recuperación de otra emisión, centrada en el poeta, que había salido al aire en enero de 2004. Hoy, cuatro años después de su fallecimiento, dejo aquí ese programa originario, a modo de celebración de su figura y como recordatorio de una obra inmensa. Eugénio de Andrade es otro de los poetas favoritos de nuestro programa, pero sobre todo es, ha sido, uno de los grandes exponentes de la lírica portuguesa de todos los tiempos. En octubre de 2001, la editorial Pretextos presentó, con el título de Todo el oro del día, una antología completísima del poeta portugués de la que extraje los versos leídos en el programa y que, reeditada y enriquecida con posterioridad, recoge lo mejor de su poesía. Una poesía limpia, luminosa, llena de sol, de paredes encaladas, una poesía de la infancia, del recuerdo de la madre, del verano, de las flores, del agua, del amor, del sexo, una poesía algo triste, melancólica, pero a la vez sensual y radiante, austera, vagamente primitiva, primordial, estremecedora, bellísima, que os recomiendo vivamente. En la primera edición del programa recogía, a modo de introducción, unas frases de Ángel Campos Pámpano, autor de la traducción, la selección y el prólogo al libro, muy esclarecedoras sobre el poeta y su obra: Escribir es, para el poeta, estar atento a las voces del mundo, a la luz que ilumina de pronto el cuarto oscuro de la infancia o el del amor o el del sexo, pues el cuerpo, la realidad del cuerpo, es un motivo recurrente en esa celebración del mundo que es toda la obra de Eugénio de Andrade. A su muerte, la ministra de Cultura de Portugal, Isabel Pires de Lima, glosaba la escritura de su paisano fallecido afirmando: Es una poesía blanca o casi blanca, hecha con recursos mínimos. Es tan nítida que parece venir de los elementos naturales, a los cuales apela continuamente: las manos, los frutos, la sangre, el amor físico. Y en esos días, también, el premio Nobel José Saramago, se pronunciaba sobre la poesía de su compatriota: Es una poesía del cuerpo en su esencia física, pero, al mismo tiempo, como una especie de ascensión a la luz.

Por cierto, Ángel Campos Pámpano, un estupendo escritor extremeño, otro poeta de la luz, que igualmente ha aparecido más de una vez en Buscando leones en las nubes, moría también a finales de 2008. Queden también aquí unos versos suyos como despedida: Deja tras de ti un enigma/si has de salvar la muerte.

Elegí entonces, hace cinco años, como acompañamiento musical para los poemas de Eugénio de Andrade, canciones recogidas, muy suaves, muy dulces, muy tristes, que ‘congeniaban’ muy bien con los versos del portugués. Canciones de Márcio Faraco, Tindersticks (¡¡¡más Tindersticks!!!; pero como os dije hace algunas semanas, han estado presentes en Buscando leones en las nubes desde las primeras temporadas), Milla Jovovich (sí, la modelo Milla Jovovich, en una versión impresionante, casi me atrevería a decir que mejor que la original, del Satellite of love de Lou Reed), Jazzamor, Jaume Sisa, Aster Aweke, The Be Good Tanyas, Stanley Turrentine y Sanne Salomonsen.



Eugénio de Andrade