martes, 28 de septiembre de 2010


CIUDAD DEL HOMBRE: NEW YORK

Con el programa de esta semana cerramos la serie dedicada a Nueva York en este septiembre de 2010, nueve años después de los terribles atentados que han sido nuestra excusa para el más que merecido homenaje a la gran urbe norteamericana. Volverá a haber programas neoyorquinos en Buscando leones en las nubes, pero llegarán dentro de unos meses, quizá espere incluso al décimo aniversario de ese infausto once de septiembre.

En la emisión del pasado lunes el núcleo central del programa recayó en Ciudad del nombre: New York (y no Nueva York, como de modo absurdo me obstiné en repetir en antena), el espléndido libro de poemas de José María Fonollosa. Entre sus versos sonaron canciones de U2, Téléphone, Sting, The Pogues con Kristy McCall, REM, Morcheeba, Marianne Faithfull, Bright Eyes, Manhattan Transfer, Prefab Sprout y Rufus Wainwright.

Yo leí Ciudad del nombre: New York, en su edición primera, de mayo de 1990 (poco más de un año después moriría su autor), en la editorial Sirmio, cuya portada preside esta entrada. Hay una edición más actual (la otra es ya inencontrable) en Acantilado que conserva, aunque no he podido consultarla, el esclarecedor y algo vanidoso prólogo de Pere Gimferrer que abría la primera. Como la agudeza, y en definitiva, la autoridad literaria de Gimferrer no admiten discusión, transcribo aquí para vosotros esas palabras preliminares en la convicción de que os harán más atractiva (más aun que la escucha del programa) la genial obra de Fonollosa:

Tenía yo quince o dieciséis años cuando un libro titulado Ciudad del hombre: New York, cuyo autor, residente en La Habana era José María Fonollosa, concurrió sin éxito al premio Ciudad de Barcelona. Formaba parte del jurado el poeta escolapio Ramón Castelltort (1915-1965), uno de mis primeros guías en el mundo de la poesía, de quien tuve la suerte -compartida, entre otros, con Francisco Rico- de ser alumno y amigo. Gracias a él, leí, con el de Fonollosa, los más sobresalientes originales presentados al premio; hechas las salvedades que su condición sacerdotal le imponía, el padre Castelltort pensaba como yo que el libro de Fonollosa era el que de ellos denotaba una más singular personalidad de escritor. Que en las votaciones no tuviera éxito no debe sorprendernos; otros libros valiosos a su modo, incluso de autores conocidos -así, por aquellos años, Toco la tierra de Ángela Figuera Aymerich o Voces y acompañamientos para San Mateo de José María Valverde-, también habían concurrido al premio Ciudad de Barcelona sin obtenerlo. Me quedó, con todo, una vivísima impresión del texto de Fonollosa. Pocos años más tarde, una carta al director (a propósito de la situación política en la Cuba de Castro) publicada en la prensa barcelonesa me reveló indirectamente las señas del escritor, que había regresado ya a su Barcelona natal, y no resistí el impulso de escribirle para contarle la historia anterior. Pero tardé mucho en conocerle; hace sólo un par de años, llegó a mi poder un original, titulado Ciudad del hombre, bajo el que no tardé en descubrir un nuevo avatar del libro que había cautivado mi adolescencia. Era mucho más largo y se había convertido en una obra ambientada en Barcelona; pero pronto el autor, ante mi opinión y la de Jaume Vallcorbá, optó por repristinarlo a Nueva York, lo cual no requería más expediente que el cambio de títulos (del libro y de cada poema), sin modificación alguna en los textos mismos, y bastaba para ello con atenerse al plano de Nueva York que Fonollosa había guardado cuidadosamente durante todos aquellos años. Ya con el título definitivo de Ciudad del hombre: New York, lo que tiene entre manos el lector es una selección básica -llevada a cabo fundamentalmente por Fonollosa, con alguna aportación mía- del más extenso original.

Nos hallamos, pues, ante una obra cuyo primer estadio de redacción se remonta a mediados de los años 50 y en la que el autor ha trabajado hasta ahora mismo; una obra, por otra parte, que en forma extraña me ha acompañado en distintos momentos de mi vida; una obra de nada fácil clasificación de un autor casi totalmente desconocido. ¿Quién es José María Fonollosa y en qué consiste Ciudad del hombre: New York? José María Fonollosa, nacido en Barcelona en 1922, y que sólo había publicado algún texto fugaz antes de trasladarse a Cuba, es a un tiempo poeta y narrador; sitúa su obra, y así debemos leerla y valorarla, en la línea fronteriza entre poesía y narración, ahormada en el soporte endecasilábico blanco que, ya desde Jovellanos, sirve en castellano para la expresión que quiere ser, o poder ser, alternativamente relato, pensamiento y poesía. Si como poeta en Fonollosa pensamos, fácil es ver el parentesco de algunas de sus preocupaciones con las de otros poetas de su generación; afinidades casuales, pero no por ello menos significativas, le hermanan, por un lado, con ciertas zonas de Gabriel Ferrater, y, por otro, con determinados aspectos -los menos visibles, pero no los menos sustantivos- del Blas de Otero de Ancia. Pero, aunque a su tiempo no sea ajeno, y muy características de su tiempo se revelen su visión de Nueva York o su pasión por el jazz, Fonollosa es autor solitario y su proyecto resulta enteramente singular e insólito.

Ciudad del hombre: New York es un libro coral. En cierto modo su espíritu es whitmaniano; como Whitman, el poeta es aquí “un cosmos” y es “hijo de Manhattan”. Los textos pueden leerse o bien como fragmentos de un diario íntimo—que contendría además, a retazos, una autobiografía fragmentaria, en parte real y en parte ficticia al parecer—o bien como breves monólogos autónomos de múltiples personajes distintos, cada uno con su propia vida, cada uno con su propia opción moral. Cierto que algunas de estas vidas o morales se emparentan, mas otras se contraponen violentamente; las más, al cabo, se complementan. Lo característico, lo distintivo de los textos es, en suma, esta huidiza ambigüedad. Quien habla es un solo hombre y muchos hombres a la vez; quien habla es el poeta y sus voces, esos a modo de heterónimos sin nombre ni rostro, definidos sólo por su ubicación en Nueva York: heterónimos epónimos. La dicción es siempre de una sequedad esquinada y lacerante; con frecuencia diríase estilización del laconismo desgarrado del mundo pop, a modo de versiones lunáticas de letras de blues, tangos o boleros. La sequedad aparente del endecasílabo respira holgadamente en una muy sentenciosa y flexible variedad de matices y de entonaciones; a lo lapidario, la rotundidad punzante y diamantina el dicho definitivo, se acomoda de forma admirable esta voz a primera vista discursiva y prosística, que toca, empero, la nervadura del ser en lo cósmico.

Ciudad del hombre: New York tiene tres temas fundamentales: la vida urbana, la sexualidad y el crimen. Fonollosa tuvo, en su etapa de formación barcelonesa y en su etapa cubana, las lecturas -poéticas y de otra índole- que cabía esperar de quien desea ser escritor. Desde hace bastantes años, empero, sólo tiene dos lecturas habituales: las obras completas de Sade y el rotativo barcelonés La Vanguardia. Nada hay en ello de anécdota menor, de detalle curioso pero gratuito. Por el contrario, esta monográfica pasión lectora es del todo coherente con las preocupaciones del escritor. En La Vanguardia encuentra Fonollosa, como antaño en sus recorridos por Nueva York, un espejo, ahora microscópico, de la vida urbana; en Sade, además de un primer atisbo del espacio urbano como espacio mítico de violencia y terror que explorará luego Baudelaire, halla la sistemática cala en el ámbito de la transgresión y en el sexo como experiencia de conocimiento. En esta óptica, como es sabido, también el delito pertenece a la zona de la relación entre el yo y el mundo visible; la agresión es aquí metáfora de la sed de conocimiento, y diríase que, ante la imposibilidad de romper el cerco o armazón del yo, de rebasar el coso o coto de la individuación, se recurre a la violencia -imprecatoria, mas postulada como real- a modo de exorcismo o simulacro vano: ya que no nos es dado ser otro que quien somos no conocer de verdad al ser ajeno, la vulneración hace las veces de espejismo de la fusión con otro ser, y con el ser universal; con el no-yo, si se quiere. Así, la disgregación coral de esta empresa, única en las letras hispánicas de hoy, que es Ciudad del hombre: New York halla su razón de ser, no sólo en la expansión de la lengua coloquial hacia el territorio del arquetipo y de lo visionario, sino también en el asedio al núcleo último de la propia identidad que es razón y clave de la más reveladora escritura contemporánea.

Como os supongo un poco hartos de los paseos neoyorquinos de las semanas precedentes, para nutrir hoy la sección de vídeos he querido traeros algo distinto: canciones de un músico controvertido, que a lo largo de su provocadora carrera ha tenido un espacio para interpretar canciones sobre poemas de José María Fonollosa. El muy singular cantante, y todo un personaje, Albert Plá publicó en 1995 un disco, Supone Fonollosa, musicando poemas del barcelonés, extraídos de Ciudad del hombre: New York y de Ciudad del Hombre: Barcelona, un posterior poemario del escritor. Un año después, y dirigido por David Trueba, se editó un DVD que registraba una actuación de Albert Plá en el teatro Alfil de Madrid, en la que interpretó bastantes de las canciones de aquel disco. Os dejo aquí ahora cinco muestras de ese concierto, las tres primeras, Como una nube, Mujer mala y No quise hacerle daño, son poemas de Fonollosa; las dos últimas son Añoro, una creación personal de Plá, y El lado más bestia de la vida, esa estupenda versión del clásico de Lou Reed que no hace mucho sonó en nuestro programa y que casa muy bien con el espíritu, la atmósfera, el tono y las preocupaciones de Ciudad del hombre: New York.




Ciudad del hombre: New York

martes, 21 de septiembre de 2010


CUADERNO DE NUEVA YORK

Languideciendo en el lecho del dolor (el diluvio universal de hace unas fechas y mi propia torpeza propiciaron una caída en la que me destrocé una de mis rótulas), sumergido en un mar de hielo y antiinflamatorios, lamentándome por la consiguiente pérdida del concierto de Eels (con las entradas compradas), rogando al cielo que mi sufriente pierna no me impida ver mañana a Peter Gabriel, carezco de la energía suficiente como para explayarme en una entrada de blog demasiado extensa. No es tampoco José Hierro, el protagonista del Buscando leones en las nubes de esta semana (lo es en tanto autor de Cuaderno de Nueva York, su estupendo libro, una obra mayor), un poeta que provoque en mí entusiasmos; no los suficientes, al menos, como para conseguir que haga abstracción de mi rodilla maltrecha y me lance a una glosa interminable de la obra en tanto testamento literario de su autor o cualquier otra disquisición más o menos sesuda condenada de antemano a convertirse en carne de wikipedia. De manera que al grano, que la pierna duele.

Es por ello que tan sólo os diré que en la tercera emisión de la serie que en este septiembre hemos dedicado a la recreación literaria y musical de la ciudad de Nueva York, esta semana es el citado Cuaderno de Nueva York de José Hierro el elemento central de la vertiente literaria del programa. Sus poemas, extensos y emotivos, profundos y muchas veces conmovedores, suenan entre las canciones de temática neoyorquina de Don Henley, Patty Scialfa, Tori Amos, Fun Lovin’ Criminals, Blossom Dearie, Craig Amstrong, Chicago y Art Garfunkel.

Y en el apartado de los vídeos, instalados en la confortable distancia de nuestro sillón (hoy, al menos para mí, no tan confortable), seguimos ejerciendo de turistas. La semana pasada nuestro destino fue el Nueva York de Españoles en el mundo, hoy lo será el Manhattan de Callejeros viajeros. A este paso (aunque, dadas las circunstancias, mejor no hablar de pasos) acabará contratándome la Oficina de Turismo neoyorquina. Aunque, ahora que lo pienso, con tanta insistencia en los recorridos más previsibles quizá ocurra al contrario, que acabéis por aborrecer Nueva York y entonces sus autoridades no me dejen pisar (ejem... ¿no había un verbo mejor?) la ciudad nunca más.




Cuaderno de Nueva York

martes, 14 de septiembre de 2010


POETA EN NUEVA YORK

La segunda entrega dedicada a Nueva York en este septiembre de Buscando leones en las nubes está consagrada a Poeta en Nueva York, una de las obras cumbres de la poesía de Federico García Lorca. Escrito entre 1929 y 1930 durante su estancia en la Columbia University, Poeta en Nueva York describe de un modo bellísimo, cargado de imágenes portentosas que parecen tomadas del inconsciente, del mundo de los sueños, la desbordante urbe americana. Una poesía que no necesariamente debe entenderse y sí degustarse, un torbellino, un aluvión de palabras, de hermosísimas palabras que proporcionan una visión alucinada y surreal, como mostrada en un espejo deformante y monstruoso, de la vida de todo el siglo XX a través del espejo alegórico de una, en cierto modo, aterradora Nueva York. Una Nueva York alienada e irreal, abigarrada, atroz, onírica, brutal, en la que hay iguanas mordedoras, cocodrilos increíbles, hormigas furiosas, caballos que viven en las tabernas, sangre, mariposas disecadas, serpientes, camellos de piel erizada, calaveras de paloma, dentaduras de oso, cementerios, vómitos de húsares y de gatos, llagas amargas, mujeres gordas, dalias muertas, miradas de alcohol, canes amenazantes, pájaros cubiertos de ceniza, sangre, filósofos devorados por los chinos, orugas, niños idiotas, golondrinas con muletas, quemaduras, dientes, volcanes, cieno, aguas podridas, enjambres de monedas, niños abandonados, más sangre, lenguas de cobra, un millón de vacas, cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, rosas, borracheras de aceite, sangre, ríos de sangre, trenes de sangre, niños clavados con alfileres, insectos de antenas oxidadas, manzanas heridas, tiburones, gusanos, carbón machacado, elefantes heridos, ataúdes, lamentos, hombres desnudos, gritos, llantos, carnes desgarradas, cadáveres de gaviotas, sesos estrellados, melones de dinamita, excrementos, criaturas en carne viva, árboles asesinados, enjambres de corolas, barcos encallados, muerte, y de nuevo sangre, y más sangre, sapos aplastados, saliva, fachadas de orín, sepulcros, alambradas, manadas de bisontes, niños locos, maricas, domadores, ratas grises... en lo que constituye una desmesurada sucesión de símbolos terroríficos, una atosigante representación de la animalidad que subyace a nuestra aparentemente civilizada existencia, un grito estremecedor que nace, trágico e irracional, de las cloacas de la gran urbe enloquecida, una dramática y angustiosa metáfora de la desquiciada deriva de las sociedades modernas.

Y este deslumbrante y excesivo festín del lenguaje, esta salvaje y desgarrada representación de la ambigüedad del alma humana en nuestros días, he querido complementarla con la versión musical más dulce de la metrópoli americana. De manera que entre los oscuros y aterrados versos de Lorca suenan deliciosas y sosegadas piezas de jazz, con Nueva York como centro, interpretadas por Frank Sinatra, Billie Holiday, Nat King Cole, Lee Wiley, Plas Johnson, Illinois Jacquet, Maxine Sullivan, George Williams, Peggy Lee y Neal Hefti.

Para la sección de vídeos, y aunque hay en internet mucho material directamente relacionado con Poeta en Nueva York que podéis consultar por vuestra cuenta, si estáis interesados, he preferido seguir con la línea discreta y convencionalmente ‘turística’ iniciada hace siete días, ofreciéndoos íntegro un programa de Españoles en el mundo dedicado a Nueva York.




Poeta en Nueva York

martes, 7 de septiembre de 2010


VENTANAS DE MANHATTAN

Empieza un curso más de Buscando leones en las nubes. Comienza una nueva temporada, la duodécima (la tercera con este blog activo), y desde aquí os doy mi más agradecida bienvenida. Espero que sigáis manifestando la misma atención e idéntica fidelidad que las mostradas hasta ahora.

En las ediciones de este mes de septiembre, y en tanto dura la provisionalidad en la emisora, hasta el comienzo general de la programación regular, lo cual tendrá lugar, probablemente, a principios de octubre, vamos a recuperar una serie de cuatro programas especiales, cuatro monográficos, que dedicamos, hace algunas temporadas y con ocasión de los ataques a las Torres Gemelas, de los que estos días se cumplen nueve años, a la ciudad de Nueva York. Se trata de programas que tenían, que tienen, en tanto los he reelaborado ahora para su nueva emisión, a Nueva York como protagonista principal en las dos dimensiones, la musical y la literaria, habituales en Buscando leones en las nubes.

En la edición de esta noche el hilo argumental -en los textos- lo constituye la lectura íntegra de un artículo de Antonio Muñoz Molina que con el título de Paseo por la ciudad fantasma se publicó en el diario El País al día siguiente de los atentados. El artículo, junto con otros textos de parecidos estilo e intención, se incluyó después, en 2004, en el libro Ventanas de Manhattan, publicado por la editorial Seix Barral. Se trata de un libro magnífico, que aunque no es una novedad literaria sí tiene, en cambio, en estos días de septiembre, una especial vigencia y puede ser leído hoy desde una perspectiva muy actual. Ventanas de Manhattan, teniendo como protagonista principal a la ciudad de Nueva York y no estrictamente al ataque terrorista que destruyó las Torres Gemelas en el World Trade Center, sí se centra, sin embargo, en una parte importante de su desarrollo, en los efectos que produjo en el propio Antonio Muñoz Molina, pero sobre todo en la ciudad y en el mundo en general, el brutal atentado, por lo que hoy, cuando estamos recordando el noveno aniversario de aquel infausto 11 de septiembre, su lectura puede resultar, como os digo, especialmente interesante y significativa.

Ventanas de Manhattan es un híbrido, una mezcla de novela, reportaje periodístico, documento sociológico, libro de viajes, diario, y hasta, si se me apura, ensayo histórico. Antonio Muñoz Molina, trasmutado en personaje, nos describe la ciudad, se pasea por ella, por sus gigantescos edificios, nos muestra sus iconos emblemáticos, nos descubre, con su habitual prosa evocadora y envolvente, sus rincones más desconocidos, también los más comunes y frecuentados por los turistas, nos presenta a sus gentes, nos acerca sus tesoros culturales y artísticos, nos contagia su atmósfera, nos enseña su paisaje geográfico, pero también el sentimental, el emotivo, el espiritual, nos hace partícipes de su ritmo, de su música…

Leyendo el libro nos encontramos, como digo, con el Nueva York archisabido, el que forma parte ya de la memoria colectiva de las gentes, el de las películas y la publicidad y las series televisivas, el gran mito del siglo XX: los hormigueantes taxis amarillos, las escaleras de incendios, las nubes de vapor que ascienden de los abismos del metropolitano, los policías arquetípicos, la diversidad racial y cultural, la profusión de rascacielos, el puente de Brooklyn, la estatua de la Libertad, el Central Park, Broadway y Brooklyn, Harlem y el Bronx, los grandes museos. Pero Muñoz Molina nos pone en contacto también con otro Nueva York, quizá más real, o al menos tanto como el consabido: gentes anónimas que deambulan por la ciudad, pequeños jardines recoletos, mercadillos, bazares, puestos callejeros, calles secundarias de barrios oscuros, la cotidianidad más prosaica del ciudadano medio.

Pero en realidad Ventanas de Manhattan no habla sólo de estos dos Nueva York, el tópico de las postales y el realista de la vida diaria de sus habitantes, pues hay muchos Nueva York, y todos aparecen en las páginas del libro: el de la cultura, la arquitectura, las obras de arte y los museos; el de la literatura, las referencias de novelas y escritores que se han ocupado de la ciudad; el de los inmigrantes de mil y una nacionalidades; el nostálgico de sus amigos españoles, el actor Javier Cámara, los escultores Manolo Valdés o Francisco Leiro, el científico Valentí Fuster…; el de la música, los clubes de jazz, las salas de concierto, los teatros que albergan lo mejor de la música clásica, los músicos callejeros; y claro, como podrá percibirse en el programa, también el Nueva York del 11 de septiembre, del cual es Muñoz Molina testigo privilegiado, y a cuyo impacto en la ciudad dedica algunas excelentes páginas.

Del mismo modo, la música del programa tiene también a Nueva York como centro, como núcleo principal. Se trata de canciones en las que la gran metrópoli, sus gentes, sus calles, sus símbolos, sus miserias y sus glorias, la soledad y el bullicio, las decepciones, los fracasos, el entusiasmo de sus habitantes son los protagonistas. Concretamente, en la emisión de anoche, han sonado Laura Nyro, Simon y Garfunkel, Ralph McTell, Bob Dylan, Chris de Burgh, Bruce Springsteen, Jim Croce, Jon Mark con Johnny Almond, Cristopher Cross y Billy Joel, clásicos absolutos todos ellos, que recrean la ciudad en la que viven, la ciudad en la que sueñan, también un Nueva York inventado, un Nueva York imaginado, evocado, soñado.

Para la sección de vídeos he elegido esta vez imágenes de Nueva York en lugar de música sobre la ciudad. Se trata de una serie de cuatro vídeos aparentemente institucionales, aunque desconozco su origen y su autoría últimos. En cualquier caso incluye imágenes espectaculares, de una gran calidad, de los principales enclaves de la inmensamente atractiva capital del mundo.




Ventanas de Manhattan

lunes, 26 de julio de 2010


EL ESTILO DEL MUNDO. PROHIBIDO ENVEJECER

Buscando leones en las nubes cierra definitivamente sus puertas hasta el mes de septiembre. Os dejo ahora, como última muestra de esa recuperación de programas pasados que hemos presentado a lo largo de este julio terminal, la tercera edición de la serie consagrada a El estilo del mundo, el sugerente y en cierto modo anticipador libro de Vicente Verdú publicado hace algunos años por la editorial Anagrama.

En esta emisión postrera los fragmentos leídos se refieren a las cada vez más difusas fronteras de nuestra propia identidad; a la gozosa confusión de los roles sexuales; a la reformulación de los rituales del sexo, que se alejan progresivamente de los dictados reproductivos para adentrarse en el estéril disfrute y en el placer infecundo; al auge de la depresión como patología representativa de un mundo caracterizado por la falta de horizontes trascendentes; a los avatares de la religiosidad y sus sucedáneos; al enaltecimiento de lo natural, de lo ecológico, en un planeta hediondo y progresivamente contaminado; a la aspiración fáustica y algo infantil de la inmortalidad y a la consecuente proliferación de cosméticos, cirugías, masajes, tratamientos rejuvenecedores y, más modestamente, centros de spa; a la sacralización del presente, que adviene repentino llenando las pantallas y se esfuma sin apenas rastro en poco tiempo, y que tiene en el accidente, en el acontecimiento espectacular, en el brutal atentado su representación paradigmática; en la sospechosa apelación a la ética en los negocios, en la empresa, en la banca, en la mercadotecnia, en el arte; en la virtualidad, en fin, de la existencia, en su caracterización como suceso ficticio por el que el individuo deambula pasando de su condición de protagonista a la de mero espectador de su propia y sin embargo alienada vida. Como podéis comprobar, un muy interesante elenco de algunos asuntos esenciales en este convulso comienzo de siglo.

La dimensión global del mundo que vivimos puede apreciarse también en la selección musical del programa, fiel reflejo del mestizaje, de las interdependencias, de la mezcla, consustanciales a un planeta en red. Así, en la emisión suenan el Life on mars de David Bowie en la versión de la indonesia Anggun; el Smooth operator de Sade en una especie de masacre que en otro contexto resultaría intolerable aunque aquí hasta nos parece divertida, perpetrada por el grupo Señor Coconut, curioso nombre que encubre el dudoso talento del alemán Uwe Schmidt; el Voodoo child de Jimi Hendrix en la voz de la beninesa Angelique Kidjo; la famosa Back in the URSS de los Beatles interpretada por los rusos Baba Yaga; la emblemática La chica de ayer de Nacha Pop en una versión, mucho peor que la ‘nuestra’, de los americanos Gigoló Aunts; la dylaniana Knockin’ on heaven’s doors en traducción magnífica del brasileño Zé Ramalho; el I put a spell on you que popularizara Nina Simone en la interpretación de la belga, pero también egipcia, Natacha Atlas; el bellísimo Sometimes it snows in april de Prince en la versión de Les Natives de las Islas Martinica; y para finalizar, el Eu sei que vou te amar de Vinicius de Moraes y Tom Jobim recreado por el cubano Bebo Valdés y nuestro Diego “El Cigala”.

Y aunque mi galbana veraniega me aconseja no demorarme demasiado en el rastreo internáutico de vídeos, os ofrezco un interesantísimo diálogo grabado en la Biblioteca Central de Córdoba el 22 de marzo de 2010 dentro del ambicioso programa Conversaciones en La Central, patrocinado por esa institución andaluza. En esta ocasión (en internet os podéis encontrar bastantes más intervenciones del mismo ciclo) quienes conversan son nuestro invitado Vicente Verdú y Javier Gomá (autor del más estimulante, provocador, sugestivo, inspirador y apasionante ensayo que he leído en los últimos años: Ejemplaridad pública, publicado por Taurus) que charlaron bajo la rúbrica Ejemplaridad pública: la responsabilidad del ejemplo en una sociedad democrática. Desgraciadamente, de los cinco vídeos que integran la totalidad de la conversación falta el segundo, que por no sé qué extrañas causas no parece accesible; espero que disculpéis el salto que forzosamente se produce al intentar seguir con su natural continuidad todo el transcurso del debate.

Y así, con este extenso documento (extenso pero muy aleccionador e intelectualmente sugerente) cierro esta entrada. Os deseo a todos, de nuevo, unas felices vacaciones y un relajado (aunque intenso) mes de agosto. Confío en que sigáis con nosotros en Buscando leones en las nubes en septiembre, en la reanudación de las emisiones regulares de Radio Universidad de Salamanca. ¡¡Feliz (resto del) verano!!




El estilo del mundo. Prohibido envejecer

martes, 20 de julio de 2010


EL ESTILO DEL MUNDO. UNA REALIDAD TRANSPARENTE

El segundo programa de Buscando de leones en las nubes dedicado a El estilo del mundo que ahora, en estos calurosos días de julio, recuperamos para el blog sigue moviéndose en los mismos parámetros que el primero de la serie, publicado hace algunas fechas: textos extraídos del magnífico libro de Vicente Verdú, y música cosmopolita y variada, acorde con el espíritu globalizador que impregna la realidad de nuestras sociedades en estos albores del siglo XXI. Los fragmentos del libro de Verdú se desenvuelven en los ámbitos preferidos del autor: la disolución de las fronteras entre el poder político y el financiero; el potente, sinuoso y oculto imperio económico como una entidad superior, lamentablemente, a la muy tímida democracia; la profunda desigualdad del planeta; el auge de la vigilancia electrónica, del control informático y, en consecuencia, el estrechamiento de los límites de la libertad; la secular injusticia inherente al sistema multiplicada hasta el infinito; la desmesurada importancia de la imagen, de la televisión y de internet, hasta el punto de que no ya hay más realidad que la televisada; el zafio desarrollo de una, así llamada, cultura del espectáculo; la omnipresencia de las marcas, de manera que todo, universidades y museos, compañías de seguros y hospitales, autores, actores, deportistas, cada uno de nosotros en realidad, es ya una imagen de marca; el fin del artista creador y su progresiva suplantación por el ejecutivo, por el empresario, por el dinero, en suma; la transparencia de las carcasas de los ordenadores, de los edificios, de los relojes, de las blusas, de los tirantes del sujetador como emblema de la invisibilidad, de lo inalámbrico, de lo virtual, de lo inmaterial, signos todos de nuestro tiempo; el declive del hombre que corre en paralelo a la progresiva presencia de lo femenino en todos los espacios de la vida social, laboral e incluso familiar y personal...

Tan profundos y complejos temas, tratados, no obstante, por Vicente Verdú con sus consabidas fluidez y amenidad, surgen arropados por algunas canciones muy conocidas en los cinco continentes, que describen también, por ello, por su universalidad, por su carácter global, nuestro mundo actual, y que suenan en voces, podríamos decir, desplazadas, sacadas de su contexto natural. Así, por ejemplo, el catalán Albert Plá hace una muy sui generis interpretación de un clásico de Lou Reed que ha titulado El lado más bestia de la vida; el ugandés Geoffrey Oryema ofrece una respetuosa versión del Suzanne de Leonard Cohen; los fraudulentos Benzedrine Monks of Santo Domonica simulan una seudo gregoriana recreación del Losing my religion de REM; King Changó inventa en clave venezolana el Englishman in New York de Sting; la hispano libanesa Najwa Nimri pone su seductora voz a una Garota de Ipanema de Tom Jobim peor que algunas de sus versiones clásicas aunque igualmente interesante; la israelí Noa y el magrebí Khaled juegan a dúo en el clásico de John Lennon Imagine; los japoneses Pizzicato five atacan con gracia el sesentero e intemporal Mais que nada de Sergio Mendes; el italiano Adriano Celentano borda el Stand by me de Ben E. King; y por último la brasileña Rita Lee paladea su dulce Minha vida a partir de otro clásico, el In my life de los Beatles.

En la sección de vídeos, y de nuevo en aras de la brevedad, os dejo una entrevista más con Vicente Verdú, esta vez una breve intervención suya en un programa radiofónico en relación con otro de sus libros más recientes.




El estilo del mundo. Una realidad transparente

domingo, 11 de julio de 2010


EL ESTILO DEL MUNDO. LA VIDA EN EL CAPITALISMO DE FICCIÓN

En el año 2003 Vicente Verdú, publicó un libro, a mi juicio, esencial; una agudísima descripción de la vida en nuestras sociedades posmodernas en los albores, entonces, de un nuevo siglo. Su título era El estilo del mundo, la vida en el capitalismo de ficción, y fue publicado, como gran parte de la obra de su autor, por la editorial Anagrama.

¿Cómo es el mundo en el que vivimos? ¿Cuáles son los rasgos dominantes de esta inmensa sociedad global en que se ha convertido el mundo del siglo XXI? ¿Qué parámetros definen y dan cuenta de la vida de los más de seis mil millones de ciudadanos de este orbe inmenso en un universo que hasta hace pocas décadas se dibujaba con rasgos futuristas y de ciencia ficción? Durante tres semanas, hace algunos años, a lo largo de otras tantas emisiones, Buscando leones en las nubes ofreció un intento de aproximación a tan sesudas preguntas a través de los enjundiosos textos del excelente libro de Verdú; un libro, como os digo, lleno de inteligencia y agudeza, magníficamente escrito, cuyo propósito último, logrado con creces, era mostrar una especie de fotografía de la vida de las gentes en la sociedad globalizada, cosmopolita y en red de nuestros días. A lo largo de este agobiante mes de julio dejaré en el blog esos tres programas con la múltiple intención de paliar los efectos de nuestra ausencia en las emisiones regulares de Radio Universidad, interrumpidas por las vacaciones veraniegas, de acompañaros algunas semanas más con inteligentes textos y canciones estupendas, y, cómo no, de dar a conocer lo fundamental del pensamiento del sociólogo ilicitano.

En relación con los muchos aciertos que despuntan en la visión del mundo que ofrece Vicente Verdú en su libro, resulta obvio que estos muchos años transcurridos desde la aparición de El estilo del mundo no han pasado en balde. Es por ello que algunos de los datos, de las cifras, de las magnitudes que aparecen en la emisión han perdido parte de su actualidad, de su vigencia, en el acelerado tiempo frenéticamente consumido desde que el libro viera la luz. En un mundo en cambio permanente, uno o dos años (no digamos siete) suponen un salto imposible de digerir (¡¡pensad que en el libro no se menciona ni una sola vez, creo recordar, a Google!!). Tanto es así que el propio Verdú ha presentado recientemente, también en Anagrama, El capitalismo funeral, de nuevo un análisis, pesimista y demoledor (estamos en la tercera guerra mundial, afirma) y sin embargo igualmente certero y más actualizado, de los males de este delirante mundo nuestro devastado por crisis aparentemente inexplicables aunque en último término nada inocentes. Sin embargo, lo esencial del texto -vuelvo a El estilo del mundo-, el acertado diagnóstico de los problemas a los que se enfrenta el orbe al empezar el siglo, la atmósfera, el aire que describe el estilo de nuestras sociedades, no han cambiado y, muy al contrario, siguen manteniendo toda su virtualidad. Escucharéis, por tanto, si nos seguís durante este mes, la lectura de una serie de fragmentos que constituyen unos muy singulares y oportunos acercamientos a algunos de los grandes ejes en los que se desenvuelve la vida de los ciudadanos del mundo en este comienzo de siglo, en este comienzo de era podríamos decir, incluso, sin temor a exagerar. ¿Cómo son el sexo, la religión, la muerte, el comercio, el arte, la política, la identidad, la vejez, el ocio, el amor en nuestras sociedades? De todo ello habla Verdú, con pertinencia y criterio, con profundidad y rigor, con humor e inteligencia, con amplitud de miras y versatilidad, en este magnífico El estilo del mundo.

Para ilustrar esta fotografía de un mundo en red, los tres programas se nutren de música también cosmopolita y variada, fiel reflejo de las interdependencias, de las imbricaciones, de las mutuas fecundaciones entre territorios y estilos musicales diversos que coexisten en nuestras sociedades comunicadas tan exhaustivamente, tan obsesivamente. En estas tres emisiones podréis escuchar grandes clásicos de la música popular de nuestros días en versiones insólitas que demuestran la virtualidad, la potencia de esa idea matriz que explica el mundo de hoy: la de la aldea global. En un mundo globalizado proliferan las interrelaciones, las mezclas, lo mestizo, las libres apropiaciones, las recreaciones descontextualizadas… y así ocurre también con la música: versiones africanas de Bob Dylan o Leonard Cohen, interpretaciones de Bowie en clave indonesia, Bob Marley en japonés, los Beatles omnipresentes en Brasil, Rusia o la India… y también miradas norteamericanas sobre hits españoles, o quejíos flamencos sobre melodías de Police… En fin, muestras espléndidas de ese mundo uniformizado en el que desenvolvemos nuestras existencias y del que el paroxismo supuesta y paradójicamente identitario y diferenciador, singularísimo y colorista de los campeonatos mundiales de fútbol que hoy llegan -esperemos que con éxito; con nuestro éxito- a su fin, constituye un emblema paradigmático.

De manera que en esta primera emisión de Buscando leones en las nubes dedicada a El estilo del mundo, os encontraréis a la brasileña Ive Mendes cantando el If you leave me now de Chicago; a los senagaleses Toure Kunda con su interpretación del In the air tonight de Phil Collins; al Norwegian wood de los Beatles en la recreación angloindia de Cornershop; al clásico Proud Mary de los Credence Clearwater Revival en la sedosa versión de los alemanes Prozak for lovers; a los japoneses Nenes haciendo el No woman, no cry de Bob Marley; a nuestra Ángele con un peculiar Me recordarás, que traduce libremente el Every breath you take de Police; al portorriqueño José Feliciano con el I Can’t get no (Satisfaction) de los Rolling Stones; a otro clásico, el Waters of march de Jobim, en la inspirada versión de Cassandra Wilson; y al sufriente Sting encarando el Ne me quitte pas del belga Jacques Brel.

En la sección de vídeos, los calores estivales aconsejan la reducción de la oferta. Os dejo pues, tan sólo, el enlace a una larguísima grabación -hora y media en total- de una conferencia, seguida de debate, de Vicente Verdú en la Fundación César Manrique. Aunque sus destrezas en la comunicación oral no llegan ni de lejos a su maestría en la escritura, aunque el comentario preliminar del presentador es deplorable, aunque las intervenciones del público suelen incurrir en esa aborrecible práctica -tan habitual en eventos de este género- de dejar fluir libremente el supuesto talento del que formula la pregunta, hasta el punto de que los torpes desvaríos de éste, lamentablemente, acaban suplantando -nuestro ego siempre irrefrenable- las respuestas del invitado, pese a tantas limitaciones disuasorias espero que las palabras de Verdú puedan interesaros.


El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción