miércoles, 21 de octubre de 2009


EL DULCE SABOR DEL FRACASO

El eje temático, un tanto vago y difuso, sobre el que gira el Buscando leones en las nubes de esta semana, el nexo que enlaza los fragmentos literarios y las canciones del programa (un programa que salió al aire con bastantes deficiencias técnicas, por las que os pido disculpas) es el fracaso. El fracaso como condición consustancial de la existencia, la certeza de que el ser humano está abocado, por naturaleza, por su naturaleza mortal, a fracasar es una de las claves de la obra de Émile Cioran, el pensador rumano, el filósofo del pesimismo, al que véis en la foto y que en una cita que apareció ya en la emisión que inauguró Buscando leones en las nubes en su primera temporada, en el curso 1999/2000, decía: Todos los hombres tienen que destruir su vida. Y según la manera como lo hagan se llamarán triunfadores o fracasados. Pues bien, de ello trata nuestra edición de esta semana, del fracaso, de la radical imposibilidad de dar alcance a nuestros sueños, de la constatación del hecho de que nuestros deseos se verán siempre desmentidos por la realidad, y a la vez, de la necesidad de mantener -contra viento y marea- nuestras ilusiones, de la necesidad de seguir viviendo entusiasmados pese a la inutilidad de tanto esfuerzo.

La razón por la que he querido dedicar al fracaso esta emisión de Buscando leones en las nubes -más allá del interés que desde siempre ha tenido este tema para mí (el íntimamente dulce sabor del fracaso frente a la amargura del éxito, siempre algo obsceno, siempre algo estéril, siempre algo falso)- está relacionada, como casi siempre en estos casos, con el azar. Recientemente me han asaltado -podríamos decirlo así- en diferentes ámbitos dos manifestaciones especialmente emocionantes de esta idea que hoy nos ocupa. Por un lado, escuché días atrás la descripción que hacía el director de cine José Luis Garci de una secuencia de una película -cuyo título no recuerdo- en la que un personaje que aparece en escena se interesa por el resultado de un partido de fútbol que alguien está viendo en la televisión. ¿Quién va ganando? -pregunta el recién llegado-. Nadie, contesta el otro, unos pierden más despacio que los otros. Por otro lado, tuve ocasión de ver, hace algunas fechas, un documental sobre el exilio republicano que siguió a nuestra guerra civil, y en él un anciano español residente desde los días aciagos de aquella contienda en Bélgica, uno de aquellos “niños de la guerra” que abandonó nuestro país tras la rebelión militar contra la República, contaba, en su castellano materno casi olvidado, y obligado a recurrir a su francés adoptivo, ya -quizá- más definitivamente suyo; contaba, digo, entre sollozos, y con emoción incontenible, que sufría enormemente cuando veía un partido de fútbol entre España y Bélgica, pues no sabía entonces cuál de los dos equipos preferir, despojado ya para siempre de su identidad, el fracaso al que otros condenaron su vida puesto de manifiesto entonces, patente en esa opción trivial. Al final, decía entre lágrimas, voy por el que pierde, siempre voy por el que pierde.

Y con este motivo unificador he elegido textos y músicas. Todos los fragmentos leídos se refieren, aunque sea de un modo muy vago e indirecto, a la pérdida, a las derrotas, a los proyectos incumplidos o frustrados, a la impotencia y el desasosiego a los que nos conduce la certeza, inequívoca, de la imposibilidad de alcanzar nuestros sueños, al eterno conflicto entre la realidad y el deseo, a la dificultad de vivir una existencia casi siempre lamentable, a la atormentada conciencia de nuestra propia finitud, a la radical desesperación que lleva consigo esta triste condición humana que nos humilla y nos obliga a vivir como meros animales racionales cuando, como dioses, somos capaces de imaginar paraísos. Son textos, a mi juicio muy interesantes y sugestivos, escritos por James Salter, Marcos Ordóñez, Antonio Lobo Antunes, Julio Ramón Ribeyro, José Carlos Llop, Andrés Trapiello, Juan Benet, Ricardo Piglia, J. M. Coetzee, José Antonio Garriga Vela y Adolfo García Ortega.

Las canciones elegidas son tristes y melancólicas y evocan, en la atmósfera algo lánguida que las envuelve, en su intimismo doliente, esa misma sensación de abatimiento y desesperanza que marca el tono del programa. Sus intérpretes han sido Yann Tiersen, Carrie Rodriguez, Rosa Passos, Dianne Reeves, Liz Durrett, Kristin Asbjornsen, Jann Arden, Rokia Traoré, Lambchop, Caroline Henderson y Rodrigo Leao con Ana Vieira, Pedro Oliveira y Ana Carolina.

Esta semana sólo puedo dejaros un par de vídeos con dos de las mejores canciones del programa: la delicadísima y preciosa L’échec, de Yann Tiersen, con el fondo de una nocturna y lluviosa Montevideo, la ciudad más triste del mundo, y otra maravilla, Slow day, que he querido que volváis a escuchar pese a que el vídeo no es tal y sí en cambio una muy austera foto fija de Kristin Asbjørnsen, su intérprete.




El dulce sabor del fracaso


martes, 13 de octubre de 2009


CUARENTA AÑOS DEL SARGENTO PIMIENTA
La festividad de este pasado lunes ha impedido que Buscando leones en las nubes se emitiera en las ondas en su horario habitual. Para suplir este vacío, os ofrezco ahora un programa de 2007 dedicado a celebrar los cuarenta años del Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, el legendario disco de los Beatles.

Como es costumbre (una costumbre que, por desgracia, mi falta de tiempo convierte en cada vez más reiterada) no os dejo aquí un comentario extenso sobre la importancia de este álbum magnífico, sobre las curiosidades de su grabación, sobre la época convulsa en que se registró y sobre el reflejo de ese mundo en cambio en los surcos de aquel vinilo anticipador, sobre las turbulencias, las disensiones, los desencuentros que vivía el grupo en aquellos días, indicadores sutiles de su ya pronta separación, sobre la poderosa y muy notoria influencia de las drogas en sus surrealistas letras y en su innovadora música, también en la vida de sus autores, sobre la extraordinaria repercusión del disco en la vida musical y en la sociedad de su tiempo y aun del que estaba por venir, sobre las deslumbrantes novedades y los controvertidos avances técnicos que supuso, sobre su sorprendente carátula, llena de guiños y de citas y que tantos homenajes y recreaciones y hasta plagios posteriores ha suscitado. De todo ello, y de muchísimas cosas más, habla el imprescindible libro, cuya portada es hoy la imagen de esta entrada, Vida y milagro del Sgt. Pepper’s. Un disco para una época, publicado por Global Rhythm y escrito por Clinton Heylin, un apasionado y muy bien documentado experto. No os lo perdáis, a poco que os interesen los Beatles, los sesenta o el nacimiento y la evolución de la música pop contemporánea.

Mi particular homenaje a otro de mis discos preferidos de los Beatles consistió en una recreación de sus trece canciones originales en la voz de otros tantos intérpretes, en una particular celebración, pista a pista, del talento de los de Liverpool a partir de las casi siempre apreciables ‘reformulaciones’ por parte de algunos de sus devotos admiradores. Así, si os descargáis el programa (o si lo reproducís en esta página), podréis escuchar versiones interpretadas por Gilberto Gil, Rita Lee, Aimee Mann, Fionn Regan, Connie Evingson, Billy Bragg con Cara Tivey, Bikeride, Patti Smith, Claudine Longet, Michelle Shocked, The M’s, Peter Frampton con los Bee Gees y Sting. Entre ellas, las psicodélicas, algo extravagantes, en contadas ocasiones emotivas y muy a menudo anodinas letras de los Beatles, en este disco cargadas de veladas (y a veces no tan ocultas) alusiones a las drogas; un territorio, el del ácido, los psicotrópicos y las sustancias alucinógenas, que los chicos de Liverpool frecuentaban con asiduidad en aquellos tiempos y cuyo evanescente rastro impregna el disco.

Y para que la genuina voz de los Beatles no falte en este recordatorio, os ofrezco en la sección de vídeos, con el inexcusable fondo de la mítica portada del Sargent Pepper, el disco original completo repartido en cinco fragmentos consecutivos.




Cuarenta años del Sargento Pimienta

martes, 6 de octubre de 2009


CRUZANDO ABBEY ROAD


Buscando leones en las nubes continúa con esa faceta algo nostálgica y conmemorativa con la que hemos comenzado nuestra undécima temporada. Y si a lo largo del mes de septiembre fue Leonard Cohen el objeto de nuestra mirada retrospectiva, esta semana son los Beatles, los fabulosos cuatro de Liverpool, los que concitarán nuestra atención con ocasión del cuadragésimo aniversario de la publicación, a finales de septiembre de 1969, en Inglaterra, y a principios de octubre de ese mismo año en Estados Unidos, del magnífico álbum Abbey Road, uno de los mejores de entre los suyos y, creo que no exagero, uno de los mejores en términos absolutos de la historia de la música popular. En cualquier caso, el disco que a mí personalmente más me gusta de los del cuarteto británico y, sin duda, el LP (disculpadme la jerga antediluviana) que más he escuchado en mi vida.

Una vez más, mis limitaciones personales y mi poca disponibilidad de tiempo me impiden desarrollar aquí con profundidad los múltiples aspectos destacados en el disco (el de su extraordinario valor en el orden estrictamente musical, el más general de la inmensa creatividad artística, de la innovación técnica y de la experimentación que rezuman sus diecisiete piezas, el enfoque sociológico que resaltaría su capacidad para recoger y plasmar los movimientos sociales y culturales de la época, la vertiente documental que enfatizaría las circunstancias de su grabación, la presencia en él del germen de la inminente desintegración del grupo, y tantos otros). Como de costumbre, delego en internet y en la wikipedia el tratamiento más detenido de esos temas.

Me limitaré, entonces, en esta entrada, a daros noticia de cuál ha sido mi peculiar acercamiento al universo ‘beatle’ en los diez cursos largos de existencia de Buscando leones en las nubes. Dejadme contaros, de entrada, que yo escuché, con fervor y pasión exaltados, toda la discografía de los Beatles entre mis catorce y mis diecisiete años. Y que, gustándome -y mucho- sus primeros discos, quizá los más conocidos, sin duda los más radiados, los que contienen las canciones que de modo evidente cualquier ciudadano del último y más recóndito rincón del mundo asocia a su nombre (Yesterday, A hard day’s night, Michelle, Ticket to ride, Help, y tantas más), son sus obras finales, singularmente el Sargent Pepper, el Álbum Blanco, y este Abbey Road los que me entusiasmaron entonces y me siguen pareciendo hoy obras maestras. Por ello, en Buscando leones en las nubes hemos celebrado en 2007, 2008 y ahora en 2009, los cuarenta años de, respectivamente, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band, The White Album y, hoy, Abbey Road (al que, desde entonces, siempre denominé a la española -y me resulta casi imposible acostumbrarme a lo contrario-: Abi Road, con mi agreste pronunciación de aquellos años, no demasiado mejorada con el tiempo, la verdad).

El programa dedicado al doble Álbum Blanco salió al aire dentro de una serie de cuatro emisiones, radiadas en mayo de 2008, dedicadas a conmemorar el mayo francés de 1968. Las cuatro, incluyendo la beatleliana, os las ofreceré aquí en algunas de esas pausas que tan a menudo, y debido a las vicisitudes del calendario académico, congelan la programación de Radio Universidad. En 2007, la celebración de turno recayó sobre el Sargent Pepper. La emisión, titulada Cuarenta años del sargento Pimienta, aparecerá en el blog la semana próxima, como paliativo de la ausencia de programa el lunes 12, una fecha que, al coincidir con día festivo, nos deja sin emisión en vivo.

Con respecto al programa de ayer, el particular homenaje que hemos dedicado a la última grabación de los Beatles (Let it be, que vería la luz un año después, fue registrado, no obstante, con anterioridad), lo singular de nuestra propuesta consistió en que se pudieron escuchar, en el mismo orden del disco original, sus diecisiete canciones, aunque interpretadas por músicos distintos al legendario cuarteto. Versiones de muy diversa índole, con estilos muy variados, de dudosa calidad o discutible valor en algunos casos, pero que permiten apreciar -todas ellas- la maravilla de las canciones primitivas. Así, aparecieron, Dianne Reeves con Cassandra Wilson, Mina, Frankie Lane, Dani, Anita Harris, Sarah Vaughn, Nina Simone, el Quarteto em cy, Paul Nicholas con Dianne Steinberg, los Bee Gees, Frankie Howard, Roy Wood, Joe Cocker, Ben Folds, Dobbie Dobson, George Benson y los propios Beatles, a los que he dejado que cerraran el programa con la breve y algo iconoclasta Her Majesty, una pista final escondida en el disco. Espero, más allá de que os gusten todas las recreaciones emitidas, que apreciéis mi esfuerzo porque, aunque tengo más de cien discos de versiones de los Beatles, encontrar interpretaciones más o menos dignas y coincidentes con el espíritu del programa para todas las piezas del álbum ha resultado, en algunos casos, muy difícil.

En el apartado de vídeos la opción ha sido muy sencilla. Con la imagen de fondo del famoso paso de cebra de Abbey Road os ofrezco el disco original completo, fraccionado en seis secuencias. De ese modo podéis contrastar la interpretación inicial de los Beatles con las versiones ofrecidas en el programa.




Cruzando Abbey Road

martes, 29 de septiembre de 2009


LEONARD COHEN POETA
La fascinación que la obra -y el propio personaje- de Leonard Cohen ha ejercido sobre decenas de músicos a lo largo de varias décadas se pone de manifiesto de un modo notorio en el programa de esta semana de Buscando leones en las nubes. Si hace siete días os ofrecía canciones de Cohen en versiones de algunos ‘grandes’ de la música popular (casi todos pertenecientes a la generación inmediatamente posterior a la suya, gentes que rondan los sesenta años), escuchando la emisión de ayer podemos encontrarnos con músicos más jóvenes, algunos cuarenta años menores que el canadiense, pero que con sus recreaciones de los clásicos intemporales de Leonard Cohen demuestran que su obra está, por si hubiera dudas, más allá de las épocas y de los estilos, más allá de los gustos singulares y de las peculiaridades de los distintos movimientos musicales, más allá de las ideologías y las diferentes visiones de la vida, más allá de las trayectorias artísticas y las particulares peripecias vitales de quienes la degustan, la disfrutan, la reinterpretan, e incluso la critican; rasgos estos, los de la aceptación casi universal, que definen a un clásico.

Fijaos en que (y doy este argumento para quienes estos días, en diversos foros, echan pestes de la música de Leonard Cohen, critican su pesadez, sus sosería, el aburrimiento que les suscitan sus canciones, lo pasado de moda de su propuesta) figuras tan distintas como Nick Cave, Ian McCulloch, Suzannna and the Magical Orchestra, Linda Thompson, Martha Wainwright, REM, los Pixies, James, Lloyd Cole, That Petrol Emotion, Beth Orton, o en España Luis Eduardo Aute o Santiago Auserón, entre otros, se han sentido atraidos por las canciones de Cohen, hasta el punto de haber grabado versiones de ellas.

Para la edición de esta semana de Buscando leones en las nubes, con la que se cierra esta miniserie dedicada a Leonard Cohen, he escogido piezas muy conocidas, algunas ya emitidas en otros programas (por ejemplo la perfecta Famous blue raincoat, que tanto me gusta y que suma tres versiones distintas a lo largo de esta serie), en interpretaciones de Antony, Madeleine Peyroux, John Cale, Christina Rosenvinge (a quien, por error, olvidé citar en la emisión en directo), The House of Love, Jennifer Warnes, Josh Ritter, Katie Melua, Claudine Longet, Jabier Muguruza y Jarvis Cocker.

Para conformar la parte literaria del programa he querido mostraros la faceta ‘sólo’ poética de Leonard Cohen, es decir algunos de sus versos que no han sido musicados, que han surgido al margen de su plasmación en canción. No existen, a mi juicio, demasiadas diferencias entre los textos de una y otra vertientes de la producción de Cohen, se mueven todos en un territorio común marcado por el amor, las mujeres, los conflictos de pareja, la muerte, las referencias religiosas, la guerra y la paz… Hay muchos interesantes libros de poemas de Leonard Cohen, casi todos publicados por la editorial Visor con traducciones de Antonio Resines (‘otro’ Antonio Resines). De algunos de ellos he entresacado los que suenan en esta postrera edición de la serie que Buscando leones en las nubes ha dedicado durante el mes de septiembre a Leonard Cohen.

En la sección de vídeos os propongo cinco estupendos. En primer lugar una grabación de Katie Melua, con bastante ruido de fondo e imagen algo titubeante, cantando In my secret life en un festival de jazz de Montreal en 2008. A continuación, Jabier Muguruza interpreta en Sant Cugat el So long, Marianne que ha sonado en el programa (con el valor añadido de los subtítulos en catalán). Luego, el austero Nick Cave encara con delicadeza la magistral Suzanne. En cuarto lugar, Madeleine Peyroux espléndida en una versión en clave jazzística de Dance me to the end of love. Y para terminar, como no podía ser de otra manera, he querido que el cierre lo ponga la voz del propio Leonard Cohen en su doble condición de cantante y poeta: primero interpreta un definitorio I’m your man al que sigue el recitado, profundo e intenso, de A thousand kisses deep, ambos registrados en Londres en esta su última gira.

Buscando leones en las nubes se despide así, por ahora, de Leonard Cohen, agradeciéndole los muchos momentos de belleza y de placer que nos ha proporcionado y deseándole muchos años más de vida plena y de fecunda carrera artística.




Leonard Cohen poeta

martes, 22 de septiembre de 2009


LEONARD COHEN EN OTRAS VOCES

El tercer programa de Buscando leones en las nubes dedicado a Leonard Cohen, que se emitió ayer, después del susto del concierto en Valencia y en el mismo día de su cumpleaños, da la voz a otros intérpretes que recrean, en formidables versiones, algunas de las canciones del canadiense. Hay decenas de músicos pertenecientes a países, generaciones y estilos diversos que reconocen el magisterio y, en cierto modo, la autoridad de Leonard Cohen y que han querido, por ello, a lo largo de varias décadas, rendirle homenaje haciendo propias las canciones del prolífico y veterano cantautor.

En el programa de ayer han sonado Don Henley, Trisha Yearwood, Tori Amos, Aaron Neville, Peter Gabriel, Billy Joel, Suzanne Vega, Jann Arden y Willie Nelson, en interpretaciones contenidas en un disco de 1995, The tower of song: The songs of Leonard Cohen, que incluye, aparte de las canciones emitidas, versiones de Elton John, Sting, Martin Gore (miembro de Depeche Mode) y Bono, en una prueba de la variedad de sensibilidades musicales tocadas por la magia de Leonard Cohen.

En la sección de vídeos os dejo una algo oscilante pero magnífica Tori Amos haciendo, en un concierto en Albany en 2007, una recreación necesariamente triste pero conmovedora de Famous blue raincoat, la canción que más me gusta de Leonard Cohen. En segundo lugar, una filmación extraída de esta su reciente gira en la que las Webb Sisters, que le acompañan en sus conciertos, bordan en una interpretación delicadísima, la estremecedora If it be you will. A continuación, una actuación, grabada en el Joe’s Pub de Nueva York en abril de 2007, en la que Leonard Cohen canta con su colaboradora durante muchos años y ahora excelente cantante en solitario, Anjani Thomas. Por último, otra maravilla, Ain’t no cure for love, también en directo, en Moncton, Canadá.




Leonard Cohen en otras voces

martes, 15 de septiembre de 2009


LEONARD COHEN A MIL BESOS DE PROFUNDIDAD
La segunda entrega de nuestra serie de homenaje a Leonard Cohen salió al aire ayer en un programa que recogió canciones de sus dos últimos discos de estudio, Ten new songs, de 2001, y Dear Heather, de 2004. Para mi gusto, y pese a las pésimas críticas recibidas, ambos álbumes contienen al menos seis o siete canciones formidables, que no desentonan entre la restante discografía del genial cantautor, y algunas de ellas, como In my secret life, Alexandra leaving, Boogie street o A thousand kisses deep, están llamadas, incluso, a convertirse en clásicos y a perdurar sin duda en la memoria de varias generaciones de aficionados a la música.

En la emisión de ayer os ofrecí, como es costumbre en este tipo de programas, la traducción de las letras de las canciones radiadas. En esta ocasión he optado por versiones algo artesanales, dejando de lado las recreaciones de Alberto Manzano que aparecieron -tan sólo cuatro o cinco canciones- en un curioso poemario de Leonard Cohen, Libro del anhelo es su título, que recoge muchos versos, algunas canciones y bastantes dibujos del cantante y poeta canadiense y que la editorial Lumen publicó en España hace tres años. En cualquier caso, las versiones emitidas de los textos de Cohen son naturalmente discutibles; por poner un solo ejemplo de las complejidades que entraña la traducción y de las interpretaciones absolutamente contrapuestas que de un mismo texto ofrecen sus diversos traductores y, en consecuencia, de la relativa validez de cualquiera de ellas, baste decir que en Alexandra leaving, basada con toda nitidez (pues los paralelismos son evidentes y van más allá de la mera cita) en un poema de Cavafis, El dios abandona a Antonio, Alberto Manzano traduce en todo momento la Alexandra del título por la Alejandría, nombre de ciudad, del poema cavafiano; yo, en cambio, he optado por Alexandra, nombre de mujer, creo que de un modo más consecuente con el sentido último de la canción.

En la habitual sección de vídeos os ofrezco, al igual que hace siete días, un buen número de ellos; en este caso son cinco, vinculados a las canciones del programa. En primer lugar, In my secret life, grabada en Londres en 2008, con un protagonismo destacado de la magnífica Sharon Robinson, en una grabación de inmejorable calidad. A continuación, By the rivers dark sonando sobre una sucesión de fotos de esta reciente y ultimísima gira. El tercer vídeo es también un montaje, con fotografías bastante interesantes, que aparecen como fondo para The faith. Del mismo modo podréis escuchar el A thousand kisses deep que da nombre al programa de ayer, deslizándose entre algunos destacados y conocidos cuadros de Dalí, Y, para finalizar, de nuevo Sharon Robinson, ahora cantando en solitario la estupenda Boogie street en un concierto de este año en Lisboa.




Leonard Cohen. A mil besos de profundidad

martes, 8 de septiembre de 2009


LEONARD COHEN. ALGUNOS ‘CLÁSICOS’ DESDE LA TORRE DE LA CANCIÓN

El próximo 21 de septiembre, Leonard Cohen cumplirá 75 años. A lo largo de de este mes, durante cuatro lunes consecutivos, Buscando leones en las nubes va a dedicar sus emisiones al genial cantautor canadiense. Coincidirá así, además, nuestro homenaje con las últimas fechas de la extensa gira que el artista está realizando, a lo largo del verano, por toda España. Yo pude verlo y escucharlo en un magnífico concierto en León, el 31 de julio. Pero los escenarios de Vigo, Palma de Mallorca, Gerona, Madrid, Granada, Bilbao, Zaragoza, Valencia y Barcelona, en donde actúa el mismo día de su cumpleaños, han contado -o contarán- con su presencia luminosa e intensa.

No me extenderé en la glosa de la figura de Leonard Cohen; tanto su biografía como su obra, poética y musical, son debidamente conocidas por todos, de modo que un simple enlace a la wikipedia me permitirá soslayar esos comentarios. Os daré noticia, tan sólo (os anticipo que mi aterrador panorama laboral para este curso, permite aventurar unas entradas del blog más bien ceñidas y austeras), de la estructura que he elegido para la serie, de la lógica que engarzará estos cuatro programas. El hilo conductor es sencillo: mostrar lo más destacado, en textos y melodías, de la producción musical del canadiense. Para ello, en el primer programa, en el que salió al aire ayer (por cierto, las emisiones regulares de Radio Universidad no comenzarán hasta octubre; mi insistencia y la amabilidad de sus responsables permiten no obstante que se haga una excepción con Buscando leones en las nubes), he recogido algunos de los grandes clásicos de Leonard Cohen interpretados por él mismo. Os encontraréis así con auténticos himnos de la música popular de los últimos cuarenta años, emblemas poderosos de una época como Dance me to the end of love, I’m your man, Take this waltz, So long, Marianne, Chelsea Hotel o The tower of song, ese tipo de canciones que el público, arrobado, corea en los conciertos. En las ediciones venideras escucharéis bastantes otras piezas de la destacada discografía de Leonard Cohen, tanto en su propia voz como en versiones, todas excelentes, de otros intérpretes.

Para presentar la compleja traducción de sus, a veces, difíciles letras he elegido las versiones de Alberto Manzano, un gran conocedor de la obra de Cohen. Todas las de esta primera emisión han sido entresacadas del imprescindible libro Un acorde secreto, publicado por la editorial Celeste en 1996 (imagino que, dado el insensato sistema de publicaciones que guía nuestro mercado editorial, es bastante probable que su búsqueda en las librerías resulte infructuosa, a pesar de los escasos trece años transcurridos).

Un acorde secreto incluye en su portada, previo al título principal, otro lema, muy revelador: Leonard Cohen. Canciones y poemas. Y es revelador ese dualismo que se recoge en el antetítulo porque Leonard Cohen, aunque los años hayan limitado sus registros, no es sólo el cantante de voz profunda y seductora que todo el mundo conoce, sino un extraordinario, aunque a veces oscuro, poeta. Un poeta que empezó a publicar versos en 1956, once años antes de que se decidiera a poner música a sus versos y grabara su primer álbum, el magnífico Songs of Leonard Cohen. Las dos vertientes de su personalidad artística, por otro lado no tan disímiles, no tan alejadas entre sí, se recogen en esta completa antología que os recomiendo vivamente y que reúne lo esencial de su obra publicada hasta la fecha de la presentación del libro, es decir, nueve volúmenes de poesía, diez discos y dos novelas que obviamente no se incluyen en él. En total, en Un acorde secreto se ofrecen al lector más de doscientos cincuenta poemas y canciones, en su versión inglesa original y en su correspondiente traducción al castellano, llevada a cabo ésta, como acabo de señalar, por el ubicuo Alberto Manzano, uno de los mayores especialistas españoles en la obra de Leonard Cohen. Sólo quedan fuera, por razones evidentes relativas al hecho de que el libro vio la luz, como os decía, en 1996, las letras de sus dos últimos discos de estudio, Ten new songs, de 2001 y Dear Heather, de 2004. Pero de estas dos postreras colecciones de canciones y de la poesía no cantada de Leonard Cohen ya hablaremos en programas posteriores.

Os dejo cuatro vídeos (no quiero abusar; hay, además, que reservar algunos para las próximas entregas) de otras tantas actuaciones del cantante. Lover, lover, lover, Avalanche, The future, y The partisan son cuatro de sus mejores composiciones que, sin embargo, no sonarán en ninguno de los programas de este septiembre (he debido seleccionar… ¡¡son tantas las canciones que me gustan!!). Lover, lover, lover aparece en un añejo programa de la RAI, en 1975. Avalanche está registrada en San Sebastián a finales de los ochenta, The future en una televisión inglesa casi diez años después, y The partisan, una pieza que él no escribió, en una interpretación en Estocolmo de hace sólo unos meses (la grabación es de una muy menguada calidad, pero, pese a todo, la belleza de la canción nos permite disfrutar), de modo que la serie muestra el progresivo y muy evidente deterioro físico del hombre y la sin embargo inalterada magia del artista.




Leonard Cohen. Algunos 'clásicos' desde la torre de la canción