Los fragmentos literarios han sido extraídos de sendas obras de Agota Kristof, Edward St. Aubyn, Richard Ford, Rafael Chirbes, Luis Landero, John Banville, Donna Tartt, José Antonio Garriga Vela, Bernardo Atxaga, Fulgencio Argüelles, Geoff Dyer e Ivo Andric.
martes, 30 de junio de 2015
UNA GOTA DE MERCURIO
Quienes pudisteis escuchar Buscando leones en las nubes hace siete días sabréis que las dos emisiones, la del lunes pasado y la de esta semana, se articulan sobre una misma lógica. He querido organizar ambos programas a partir de un conjunto de fragmentos literarios y piezas musicales cuyos respectivos autores e intérpretes son los mismos en cada una de las dos ediciones.
Con un enfoque en ambos casos teñido de melancolía y una atmósfera algo lánguida que rezuma aflicción y pesar, la propuesta aspira a interesaros, a haceros pensar y, por qué no, hasta a emocionaros y conmoveros con reflexiones que giran sobre el sinsentido de la vida, lo efímero del tiempo (una gota de mercurio que brilla en la palma de la mano y se escurre entre los dedos cada vez que intentas capturarla), lo absurdo de la existencia y la inutilidad de todo propósito u objetivo con los que aspiremos a guiar nuestro paso por el mundo.
Bob Dylan, Diana Krall, She & Him, Nick Mulvey, Annie Lennox, Catrin Finch con Seckou Keita, Karen Souza, Eric Clapton, ELE, Van Morrison con Mick Hucknall, Frazey Ford y Little Jimmy Scott (al que volvemos a homenajear con ocasión del primer aniversario de su muerte, y del que dejo una nueva muestra de su arte en una grabación en vivo de su interpretación del clásico de Simply Red, Holding back the years; aún recuerdo un magnífico concierto del entrañable cantante en Salamanca, hace un par de décadas... Descanse en paz), han puesto la banda sonora a la emisión.
Los fragmentos literarios han sido extraídos de sendas obras de Agota Kristof, Edward St. Aubyn, Richard Ford, Rafael Chirbes, Luis Landero, John Banville, Donna Tartt, José Antonio Garriga Vela, Bernardo Atxaga, Fulgencio Argüelles, Geoff Dyer e Ivo Andric.
Los fragmentos literarios han sido extraídos de sendas obras de Agota Kristof, Edward St. Aubyn, Richard Ford, Rafael Chirbes, Luis Landero, John Banville, Donna Tartt, José Antonio Garriga Vela, Bernardo Atxaga, Fulgencio Argüelles, Geoff Dyer e Ivo Andric.
Marcella, un óleo pintado en 1910 por Ernst Ludwig Kirchner, refleja con excepcional belleza este tedio existencial que está en el fondo de nuestra propuesta de esta semana.
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Una gota de mercurio
martes, 23 de junio de 2015
UN DOLOR MATE
Buscando leones en las nubes se envuelve esta semana en un halo de tristeza para ofreceros una emisión un tanto singular que se plantea como una suerte de juego a desarrollar durante dos lunes consecutivos. Con un tono general algo melancólico y apesadumbrado tanto en textos como en música, he elegido, para completar estas dos ediciones del programa, una serie de fragmentos literarios y un conjunto de canciones cuyos autores e intérpretes respectivos serán los mismos en una y otra emisión.
Y así, doce escritores y otros tantos cantantes repetirán en el elenco de protagonistas de cada una de estas dos horas de radio, muy semejantes entre sí, presentadas, como de costumbre, por Alberto San Segundo, bajo el control técnico de Elena Villegas.
En la vertiente literaria del programa os ofrezco textos escritos por Agota Kristof, Edward St. Aubyn, Richard Ford, Rafael Chirbes, Luis Landero, John Banville, Donna Tartt, José Antonio Garriga Vela, Bernardo Atxaga, Fulgencio Argüelles, Geoff Dyer e Ivo Andric.
Entre ellos han sonado las canciones interpretadas por Bob Dylan, Diana Krall, She & Him, Nick Mulvey, Annie Lennox, Catrin Finch con Seckou Keita, Karen Souza, Eric Clapton, ELE, Van Morrison con Mick Hucknall, Frazey Ford y Little Jimmy Scott, con quien he querido terminar el programa en homenaje a su figura, al cumplirse el pasado 12 de junio el primer año de su muerte.
Un magnífico autorretrato de 1912 de Egon Schiele, ilustra nuestra entrada, en paralelo, con la angustia, la desolación y el espíritu torturado que son señas de identidad de la pintura del austríaco, con el dolor mate al que alude el título de nuestra edición de esta semana. Los cuadros de Schiele me han acompañado desde hace muchos años, reproducciones de sus obras se multiplican por las paredes y las estanterías de mi casa y aquí, en el blog de Buscando leones en las nubes, os he dejado más de una vez algunas muestras de su indiscutible y desesperanzada genialidad.
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martes, 16 de junio de 2015
GERRY GOFFIN (Y CAROLE KING)
Buscando leones en las nubes os ofrece esta noche un programa muy especial, un homenaje a Gerry Goffin, el genial letrista muerto hace ahora un año, el 19 de junio de 2014. Junto con la que fue su mujer, Carole King (a la que también dedicaremos una emisión en temporadas venideras), formaron una de las parejas más prolíficas del panorama musical de la década de los sesenta, dejando para la historia de la música popular decenas de grandes éxitos, auténticos clásicos que hoy perduran en nuestra memoria y en infinidad de recreaciones actuales. Quince de ellos, tanto en sus primitivas interpretaciones como en versiones más modernas, pero todos compuestos por el dúo, y todos absolutamente vigentes, integran nuestra edición de esta semana que se complementa con algunos someros detalles biográficos de la excepcional pareja a partir de textos extraídos de sendos artículos de Fernando Navarro en El País, Luis Alemany y Pablo Gil en El Mundo, Álvaro Alonso en ABC, Héctor Sánchez en Efe Eme y Juan Rebenaque en Zona Musical.
Puede sorprender, quizá, que en un programa de homenaje a un escritor de canciones no se ofrezca ninguna de sus letras, pero es que desde mi adolescencia -cuando yo escuché las primeras composiciones de la pareja- tengo en mi memoria la música de muchos de estos espléndidos temas, siendo para mí los textos absolutamente irrelevantes. El sello Goffin & King aparecía, repetido, en numerosos discos de los que yo escuchaba entonces y es por ello que, celebrando a Goffin, me permito también revisitar mi primera juventud con algunos temas que aún suenan en mi memoria, más deudores de la capacidad compositiva de Carole King que de la brillantez como escritor de su marido. Son los casos de Going back, que en el programa os presento en la versión de los Byrds; Oh no, not my baby, recreado por los modernísimos She & Him; Hey girl en la voz de Billy Joel; I can't hear you no more, cantado por Helen Reddy; el magnífico Up on the roof, en la interpretación de James Taylor; Is this what I get for loving you, actualizado por Marianne Faithfull; It might as well rain until september, sonando como hace cincuenta años lo cantaba Bobby Vee; el intemporal clásico Will you still love me tomorrow, en la sobrecogedora versión de la malograda Amy Winehouse; So much love, también en el enfoque original de Ben E. King; (You make me feel like) a natural woman, que popularizó Aretha Franklin; la a lo largo de distintas generaciones muy escuchada The loco-motion, cantada esta vez por Dee Dee Sharp (aunque en mi recuerdo esté -desde hace treinta años- una jovencísima y muy guapa Kylie Minogue bailando al compás de su pegadizo estribillo); Some of your lovin', una de las varias recreaciones de los temas de la pareja que ha hecho Phil Collins; Smackwater Jack, en una fantástica interpretación de The Manhattan Transfer; Don't forget about me, con Dusty Springfield, una de las más asiduas “frecuentadoras” del universo musical de Goffin y King; y, por último, Some kind of wonderful, en donde he querido que compareciera la voz de la propia Carole King como cierre del programa.
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martes, 9 de junio de 2015
Y YA NADA TIENE SENTIDO
Esta edición de Buscando leones en las nubes continúa con la pauta de las últimas semanas desenvolviéndose, por ello, a partir de un formato misceláneo hecho de canciones y textos de orígenes, enfoques, temáticas y planteamientos estilísticos muy diversos entre sí.
Así ocurre, sin duda, con las piezas musicales, que aunque participan de una atmósfera levemente folkie sólo tienen en común su belleza, su sensibilidad, su facilidad para tocar las fibras más emotivas de nuestras almas. Sharon Robinson, Robyn Hitchcock, Courtney Barnett, Marcio Faraco, Paola Turci (cuya relajada versión acústica de Io t’ameró lo stesso acompaña esta entrada), Neil Young, Cariad Harmon, Ben Watt, Hattie Briggs, Eels, Ná Ozetti con Zé Miguel Wisnik, Eric Clapton con Willie Nelson y Little Mae Risch son los intérpretes de las deliciosas canciones emitidas.
Y jugando con un verso de la bella canción de Paola Turci -Io t’ameró lo stesso, ti aspetterò, ti prenderò come un sorriso- os dejo, como hace siete días, una nueva imagen de Banksy. Waiting in vain es el título de uno de sus más representativos grafitis.
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Y ya nada tiene sentido
martes, 2 de junio de 2015
MAL DE AMORES
Esta semana volvemos al amor, nuestro tema favorito, el más recurrente y frecuentado en los muchos años de vida del programa. Sin embargo, esta noche, nuestro enfoque -a diferencia del planteamiento más abiertamente optimista de la mayor parte de nuestras emisiones sobre el asunto- recreará las manifestaciones más sombrías y apagadas, más oscuras y taciturnas del fenómeno amoroso.
Y así, los fragmentos literarios y las piezas musicales escogidos para acompañaros en los próximos sesenta minutos, nos hablarán de pérdida y de tristeza, del abandono y la aflicción y la sensación de carencia que conlleva, de los recuerdos del amor cuando éste es sólo pasado, de la espera y la desesperación, del aburrimiento y la rutina que trae la convivencia forzada, de las heridas y dolor que inflige a veces el amor, de la separación, del sufrimiento y el delirio, de la traición y el olvido y el rencor, del amor marchitado, del amor apagado, del amor que se desvanece, del amor para siempre perdido.
En la vertiente musical del programa han sonado Lana del Rey, Aude Henneville, Lyambiko, Alice Gerrard, Bïa, Dayna Kurtz, Perla Batalla, ELE, Natalie Prass, Diana Krall, Silje Nergaard, Ornella Vanoni y la británica Rumer.
Los textos leídos en la emisión han sido escritos por François de la Rochefoucauld, Pierre Lemaitre, Chimamanda Ngozi Adichie, Pablo D’Ors, Antonio Orejudo, Lucía Etxebarría, Taiye Selasie, Nicole Krauss, Luisa Castro, Sándor Marai, Deborah Einsenberg, Luisgé Martín y John Milton.
Un espléndido -como casi todos los suyos- grafiti de Banksy, Lovesick, ilustra esta entrada.
martes, 26 de mayo de 2015
ESPLENDOR EN LA HIERBA
La presente edición de Buscando leones en las nubes se mueve en una atmósfera de nostalgia y melancolía, pues la emisión gira -de un modo más o menos directo- sobre el tema del recuerdo. Para ello quiero ofreceros algunas canciones que yo escuché en mi juventud, la mayor parte muy conocidos éxitos de los ochenta -aunque hay alguno de los sesenta, los setenta y hasta de los inicios de los noventa- pero en versiones actuales, todas con ese enfoque cálido, dulce e íntimo que caracteriza la mayoría de nuestras propuestas radiofónicas. Se trata, como digo, de temas que han marcado una época y que, en cualquier caso, suenan en mi memoria asociados a aquellos años de una juventud desbordante que hoy no puedo sino contemplar con inevitable añoranza.
Jazzamor, The Civil Wars, Sarah Menescal, James Farrelli, Vanessa Paradis, Jamie Lancaster, Tok Tok Tok, Prozac for lovers, Tina Arena, Tori Amos, Nouvelle Vague, Liam Finn con EJ Barnes, Roberta Lima y Karen Souza suenan en sus sugerentes versiones de temas de Bob Dylan, Michael Jackson, Simple Minds, Phil Collins, U2, The Cure, Lou Reed, Credence Clearwater Revival, The Police, Nirvana, Talking Heads, Neil Young, Paul Young y Morrisey (y no The Smiths, como, equivocadamente, señalé en el programa).
Y entre las canciones, fragmentos literarios, en los que los recuerdos, la memoria, la evocación de la infancia, el dolor por el paso del tiempo, el lamento por la vida perdida, la tristeza por los sueños desperdiciados, la pesadumbre que acarrea la conciencia de que aquellos días felices no volverán, aparecen como protagonistas. Sus autores son Ian McEwan, José Carlos Llop, Luisgé Martín, Eduard Márquez, Andrés Ibañez, Rafael Argullol, José Avello, John Williams, Carl Jung, Susana Fortes, John Banville, Luis Mateo Díez, Juan Antonio Masoliver y William Wordsworth, cuyos versos: Aunque ya nunca podremos recuperar el esplendor en la hierba de los días felices, no debemos afligirnos pues siempre la belleza subsiste en el recuerdo, concentran lo esencial de nuestra propuesta de esta semana, dando título a la emisión (y también, claro está, como es bien conocido, a Esplendor en la hierba, la magnífica película de Elia Kazan).
Espero que pese al regusto algo amargo de los textos y a la languidez un punto sombría de las canciones podáis disfrutar de un programa, como casi siempre emotivo y conmovedor, delicado y repleto de sensibilidad.
Espero que pese al regusto algo amargo de los textos y a la languidez un punto sombría de las canciones podáis disfrutar de un programa, como casi siempre emotivo y conmovedor, delicado y repleto de sensibilidad.
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martes, 19 de mayo de 2015
IAN CURTIS/JOY DIVISION. EL AMOR NOS DESGARRARÁ
Buscando leones en las nubes vuelve a incurrir esta semana en una emisión conmemorativa, siendo como es la nostalgia una de nuestras señas distintivas. El 18 de mayo de 1980, hace ahora treinta y cinco años, Ian Curtis, el jovencísimo líder del grupo Joy Division, se suicidó con sólo veintitrés años, colgándose en la cocina de su casa cercana a Manchester. Tras de sí dejaba un par de discos de estudio, una somera obra consistente en una pocas decenas de canciones oscuras, siniestras, hipnóticas y melancólicas que supusieron, sin embargo, una renovación de la música pop y rock de la época, que bajo su influjo dejó atrás la rudeza del punk para adentrarse en territorios entonces inexplorados y que luego transitaron con éxito artistas como The Cure o Björk, Nick Cave o los actualmente famosos Arcade Fire.
La enigmática personalidad de Ian Curtis, su raro magnetismo, las peculiaridades de su atormentada existencia (con su carácter depresivo, sus crisis epilépticas, la culpa por el engaño extraconyugal que hizo quebrar su matrimonio juvenil) unidas al indudable valor de su poesía y su música, han dotado al personaje de una dimensión casi mítica, que se ha reflejado en los numerosos libros, artículos, películas y homenajes varios que se han sucedido desde su muerte.
Os recomiendo, en este sentido, la película Control, dirigida en 2007 por Anton Corbijn, creada a partir de las memorias de Deborah Curtis, la viuda del cantante. También resultan apreciables algunos libros, como Joy Division. El Fuego Helado, un interesante y exhaustivo análisis de los dos discos de larga duración que vio publicado el grupo, Unknown pleasures y Closer, de 1979 y 1980 respectivamente, y de su magnífica triada de singles, Transmission, Atmosphere y Love will tear us apart, escrito por Marcos Gendre y publicado, en una edición que incluye además las letras de sus principales canciones e infinidad de significativas fotografías del grupo y de representativos personajes de la época, por Ediciones Quarentena. También, desde otro ángulo, más creativo, Ian Curtis/Joy Division. Reversiones, publicado por la argentina Caja Negra Editora, presenta las letras de Joy Division en las versiones -recreaciones, en realidad- de cuatro autores argentinos, Mariano Dupont, Andi Nachon, Walter Cassara, Violeta Percia, y uno uruguayo, Roberto Echavarren.
En todos estos documentos -libros, película, fotografías, letras- aflora el interesante universo de Ian Curtis, cuyo especial magnetismo se manifiesta en su música, claustrofóbica y adictiva, que provocó en el joven que yo era entonces -hace ahora más de treinta y cinco años- un impacto y una conmoción inolvidables, hasta el punto de que aún hoy me recuerdo escuchando embelesado durante horas los sombríos tonos de aquellas canciones afligidas y desesperadas. Ese recuerdo es el que quiero evocar ahora, tres décadas y media después, con una emisión para la que he escogido una decena de sus temas, los que más me gustan, los que más escuché en aquella época, los que más permanecen en mi memoria hoy día y los que, quizá, sean también los más representativos del universo poético del malogrado artista. Todos ellos irán precedidos de sus respectivas letras, opresivas y gélidas, herméticas y desoladoras, ominosas y magnéticas, a partir de la traducción que hace de ellas Daniel Gascón en otro libro -el a mi juicio más interesante de entre los últimos publicados sobre el músico y su grupo- titulado Ian Curtis. En cuerpo y alma y presentado por la editorial Malpaso. Con un sugestivo prólogo de la citada Deborah Curtis, viuda del artista, y sustanciosos textos del crítico musical británico John Savage, que es quien firma la obra, el libro recoge las letras de todas sus canciones junto con los documentos originales -cuadernos, hojas sueltas, borradores varios- en los que se plasmaron, así como una significativa muestra de material adicional como fanzines, imágenes, cartas, entrevistas, portadas de libros pertenecientes al propio Curtis, en un volumen presentado en una muy cuidada edición.
Os dejo también, como complemento a esta entrada, un artículo publicado por Antonio Lucas en el diario El Mundo, en noviembre de 2014, con el título Cuando los demonios llevan el timón, y que presenta una interesante semblanza de nuestro invitado de esta semana.
Cuando los demonios llevan el timón. Antonio Lucas
De algunas músicas resulta difícil salir ileso porque fueron concebidas por alguien que anduvo por la vida sinceramente dañado. Y ese calambre se nota. Hay una estricta correspondencia entre el rock y los demonios del exceso, una vocación de leyenda en quienes resolvieron su intemperie con un puñado de canciones al modo de los himnos. Ian Curtis pertenece a esa genealogía lunática de los nacidos para arder. Aquellos que trabajan a pleno rendimiento contra sí mismos. Y emocionan. Y desconciertan. Y exigen lealtad en esa compañía hacia el subsuelo. Curtis fue un muchacho de Manchester, con los ojos glaucos y una furia desatada hacia dentro.
Aquel chiquito de voz encampanada fundó una de las bandas más decisivas del rock inglés de finales de los años 70, Joy Division. Primero en la estela del 'punk' y luego abriendo un camino de penumbra inmisericorde con la poesía como impulso. Curtis limitaba al norte con Lou Reed y al sur con las 'Iluminaciones' de Rimbaud. Al Este con Kafka y al Oeste con Bowie. Sus papás lo instalaron en el mundo el 18 de julio de 1956 no muy lejos de Manchester. La ciudad tenía el color duro de las urbes industriales, ese arpegio de aceros y carbonilla, chimeneas de ladrillo y bocina fabril. La epilepsia vino de serie con Curtis. La timidez. La extravagancia de los callados. Alto, con el pelo de flaco de escolanía, los huesos casi por fuera y la nariz dibujando en su cara un suave eslalom. Esto lo hacía inconfundiblemente vulgar por fuera, pero una hipersensibilidad hirviente lo afianzaba como un ser insólito por dentro.
Todo en su infancia fue normal, hasta donde la epilepsia permite que la vida de un párvulo no deflagre. Los libros primero y la música después comenzaron a tomar posiciones en su biografía. Los poemas. El dibujo. La salud quebrada. Y cuando la adolescencia fue pidiendo más madera llegó a su barrio el 'punk' en forma de Sex Pistols. En uno de los conciertos de la banda de Johnny Rotten, en 1976 y en Manchester, propuso a Peter Hook y a Bernard Sumner fundar una banda. Les faltaba el baterista, pero serían una banda. Primero como los Warsaw y poco después, a finales de 1977, como la extraordinara aventura que llamaron Joy Division: La División del Gozo, que era el pabellón de las prisioneras sometidas a vejaciones sexuales por los soldados alemanes en los campos de concentración.
Ese principio de oscuridad formaba parte del espíritu de cinc de Curtis. La ambigüedad de referentes tenía su raíz en la herencia 'punk' de la que escaparía pronto y bien. El coqueteo con la utillería nazi era otro gesto más de su desafío, una estética rebelde más que una apología del crimen.
Para entonces, el muchachito y su grupo se hacían sitio en los mejores sótanos de Manchester con un sonido de ultratumba y unas letras con algo de noche de ouija. Letras profundas y desoladas que formaban parte del derribo íntimo de Curtis. Grabaron cuatro canciones hinchadas de neurosis y abismo en un EP que titularon 'An ideal for living' y poco después, ya en 1978, ficharon por la discográfica Factory para echarse a volar. Y volaron.
Las letras de Joy Division eran el correlato exacto del alma sincopada de su líder. Unas piezas sobre la desolación, el vacío y las alienaciones del hombre que impactaban directamente en la solapa de la burguesía y, a la vez, entraban en combustión entre los parietales de una muchachada inflamable a la que se le ponía el corazón derviche con los ritmos secos e hipnóticos de la banda. Para esos días, Ian Curtis había perfeccionado su puesta en escena. En los conciertos convulsionaba y en el cerebelo iba hilvanando unos movimientos que lo contorneaban como una marioneta loquísima mientras se descoyuntaba en una mezcla de ataque epiléptico incontrolado y baile robótico descompensado.
Este chico era un espectáculo de vértigos y chamanismo, armando un espectáculo muy visceral que tenía algo de acontecimiento de la naturaleza para entusiasmo de la multitud agostada.
En todo este tiempo, a Ian Curtis le dio tiempo a casarse con Deborah Woodruffe y a tener una hija, Natalie. Y a escribir fieramente en cuadernos en los que dejaba la mano acelerar cuesta abajo generando poemas de escritura automática como un exorcismo. "Ahora puedo ver ante mis ojos cómo caen todas las piezas". Y versos para canciones aupados por el frío de los sin cobijo y los sin respuesta: "Una nube pende sobre mí, marca cada movimiento profundamente en el recuerdo de lo que en otro momento fue el amor". Vivía a plena luz del día, pero con la luna llena siempre basculando sobre los tejados de su agrietado ánimo.
Algunos de sus temas son un recuento de demonios y glaciaciones: 'Disorder', 'The day of the Lords', 'Isolation', 'She's lost control', 'Love will tear us apart'... En ellos hay ramalazos de la escritura de Ballard y de William Borroughs, digestiones apresuradas de los textos de Sartre y Herman Hesse... Curtis tenía en la depresión su carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida. En los fármacos una falsa viga maestra. En el alcohol una majada líquida en la que resguardarse de sí mismo. Daba golpes de Estado contra su tiniebla constante, pero ya demasiados demonios tenían el timón de su soberanía. De su trastorno bipolar.
Los conciertos se multiplicaban, sus espasmos crecían, el primer disco del grupo, 'Unknown pleasures', publicado en 1979, fue acogido como un acontecimiento. La gente se agolpaba en la jurisdicción íntima de Ian Curtis con el mismo empeño que la soledad le iba haciendo charco gota a gota. Durante una entrevista para el 'fanzine' belga 'En Attendant' conoció a Annik Honoré, empleada de la embajada de Bélgica en Londres. Comenzó entonces una aventura que vino a descompensar aún más su amortiguación psíquica, suficientemente descompensada entonces. Aquel muchacho frágil que votaba a Margaret Thatcher encontró en Annik un estímulo nuevo para intentar salir del laberinto. Pero en esa carrera loca y callada que era la vida le estaba esperando en la meta un féretro prematuro.
Los conciertos tenían cada vez más calado de ceremonia ritual. La epilepsia aparecía poderosa sobre el escenario en su siniestro y constante cameo. Las letras de sus poemas y canciones habilitaban cada vez más espacio para la extrañeza y el público se mordía la lengua de gusto mientras echaban a coro los diablos del vientre. La existencia de Curtis no podía asumir más material de derribo. Deborah (autora de la biografía del cantante, 'Touching from a distance. La vida de Ian Curtis y Joy Division') descubrió su relación con Anikka y aquellos cuernos fueron el detonante del desgarro último. La idea del divorcio aterraba aquel muchacho frágil que gastaba voz con ecos de bóveda. El fotógrafo y director Anton Corbijn lo expuso bien en el 'biopic' sobre Curtis, 'Control'.
Las impurezas de sufrir con tanta generosidad hicieron de él un ser tan complejo como inesperado. El 18 de mayo, en su casa de Manchester volvió a ver 'Stroszek', su película preferida de Werner Herzog. Escuchó 'The idiot', de su amado Iggy Pop. Y cuando ya en la madrugada dejó de hacer pie se ahorcó en la cocina. Tenía 23 años y demasiado dolor agrupado ya en su cabeza. En pocos días Joy Division iniciaba su primera gira por EEUU. Dos meses después salió el último disco de la banda, 'Closer'. En la tumba de aquel muchacho de ojos glaucos quedó este epitafio irremediable: "El amor nos destrozará". Y exactamente eso fue.
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