martes, 26 de mayo de 2020


RAYUELA 

Esta semana quiero rescatar un programa emitido por primera vez en febrero de 2009, cuando se cumplían los veinticinco años de la muerte de Julio Cortázar, que falleció en París el día 12 de ese mes, en 1984. 

En Buscando leones en las nubes queremos recuperar hoy aquel homenaje al genial escritor argentino, un faro para millones de personas, inspiración y ejemplo en tantas cosas para tanta gente, para tantos jóvenes, entre ellos el chaval que yo era, sólo diecisiete años, cuando conocí sus libros. La emisión, que ahora vuelvo a ofreceros estaba dedicada a Rayuela, su gran obra maestra. 

La principal singularidad que ofrecía aquel programa, más allá del carácter excepcional de la novela en el que se centraba, radicaba en el hecho de que los textos de Rayuela seleccionados sonaban en la propia voz del escritor argentino. Su voz encantadora, las erres arrastradas, la cadencia envolvente de su tono, el vago acento afrancesado fruto de su infancia en Bruselas. Su seductora voz leyendo en los primeros fragmentos de la noche unos capítulos de la novela en los que el narrador es su protagonista principal, Horacio Oliveira, y dando la palabra a La Maga en otros, los cuatro últimos, con el bebé Rocamadour, hijo de la Maga, que muere en la novela en una secuencia central e importantísima de la misma, como destinatario de sus tiernas y cariñosas y tristes palabras. 

Y Rayuela es, también, el jazz. El libro respira jazz por todos sus poros, no sólo porque está escrito con una estructura y un ritmo deudores de la música negra, sino por la profusión de referencias a músicos y, sobre todo, por la gran cantidad de piezas que, citadas en el texto, en cierto modo suenan en la novela. Algunas de esas piezas constituyen el fondo sonoro del programa que ahora recreamos. Son, todas, canciones que se mencionan en el texto o que escuchan sus protagonistas en algún momento de su desarrollo. Se trata, en su mayor parte, de piezas clásicas de los años 30 y 40 que, sin embargo, se muestran extraordinariamente vigentes -por eso son clásicos- en una escucha actual. Sus intérpretes son Lionel Hampton, Coleman Hawkins, Bessie Smith, Louis Amstrong, Big Bill Broonzy -en dos ocasiones-, Benny Carter y The Chocolate Dandies, Champion Jack Dupree, Earl Hines, Jelly Roll Morton, Waring’s Pennsylvanians, Bix Beiderbecke, Lester Young, y de nuevo Bessie Smith que cierra el espacio con la excelente Baby doll.

martes, 19 de mayo de 2020


EL CAMINO ESTRECHO AL NORTE PROFUNDO 

Esta semana quiero recuperar un programa relativamente reciente, de marzo de 2017, dedicado a un libro que había leído algunos meses antes y al que había dedicado una reseña presentaba en mi otro espacio en Radio Universidad de Salamanca, Todos los libros un libro. Se trata de El camino estrecho al norte profundo, una espléndida novela del australiano Richard Flanagan editada en nuestro país por Penguin Random House, de la que, si queréis saber más, podéis mi comentario en el blog del programa, todosloslibrosunlibro.blogspot.com. 

En la introducción a la emisión avanzaba un breve resumen que permitiera al oyente situarse con respecto a los textos del libro que entonces seleccioné y leí en antena. En el medio de una dramática historia sobre la construcción de una línea férrea levantada por Japón en la Segunda Guerra Mundial, que debería unir -con intenciones bélicas- Bangkok, capital de Tailandia, entonces Siam, y Rangún, que lo es de Birmania, hoy Myanmar, atravesando centenares de kilómetros de intrincada selva, punteada por bloques de montaña y caudalosos ríos, en unas condiciones auténticamente inhumanas para los prisioneros encargados de la ardua tarea, verdaderos esclavos explotados hasta la muerte por sus captores, el autor inserta el conmovedor relato de una emotivo y apasionado amor vivido en su juventud por el personaje principal, Dorrigo Evans, que se enamorará de la mujer de su tío, la bella Amy, en una fugaz experiencia que marcará toda su vida y le acompañará hasta su muerte. Para el programa escogí una muestra de textos del libro en la mayoría de los cuales es precisamente esta historia amorosa la que constituye el motivo principal. Os dejo aquí, como hice en la entrada correspondiente a la emisión de hace tres años, un fragmento muy significativo del libro. 

Y entre ellos aparecen unas cuantas preciosas canciones, todas muy dulces y algo tristes, rezumando belleza y sensibilidad, interpretadas por Angus y Julia Stone, Maria Taylor, Hélène, Maria Luiza, The Colorist con Emiliana Torrini, Lisa Simone, Seth James con Jessica Murray, Eve St. Jones, Joana Serrat, Grant-Lee Philips, Silvia Pérez Cruz, Van Morrison y Norah Jones. 


Yo no creo en el amor, dijo ella. No, no creo. El mundo es demasiado pequeño, ¿no cree, señor Evans? Tengo una amiga en Fern Tree que da clases de piano. Tiene un don para la música. Yo en cambio no tengo nada de oído. El caso es que un día me contó que cada habitación tiene su propia nota musical, solo hay que buscarla. Se puso a hacer gorgoritos mientras se paseaba de aquí para allá, y de pronto la habitación le devolvió una nota, como si hubiese rebotado en las paredes y se hubiese elevado desde el suelo para llenar el espacio con una melodía perfecta. Un sonido precioso. Como si uno arrojara una ciruela y le devolvieran todo un huerto. No se lo creería usted, señor Evans. Era como si esas dos cosas tan distintas, una nota y una habitación, se hubiesen encontrado mutuamente. Sonaba... como si encajaran. ¿Estoy diciendo tonterías? ¿Cree usted que a eso nos referimos cuando hablamos del amor, señor Evans? ¿A la nota que vuelve a nosotros, que nos busca aunque no queramos ser encontrados? ¿Qué un buen día conocemos a alguien y todo lo que define a esa persona nos resulta extrañamente familiar, como una vieja melodía tarareada, como si todo encajara de pronto? Es algo precioso. No me explico demasiado bien, ¿verdad? Las palabras no son mi fuerte. Pero así éramos Jack y yo. En realidad no nos conocíamos demasiado. No estoy segura de que me gustara todo en él. Supongo que también había cosas en mí que le desagradaban. Pero yo era esa habitación y él era esa nota, y ahora ya no está. Y no hay más que silencio.

martes, 12 de mayo de 2020


LA MELANCOLÍA. GENIO Y LOCURA EN OCCIDENTE 

Recupero hoy un programa que se emitió por primera vez a comienzos de 2006 con ocasión de la clausura de la exposición “Melancolía. Genio y locura en Occidente”, que entre octubre de 2005 y enero de 2006 se ofreció en las Galerías Nacionales del Grand Palais de París. Cuatro años después, en enero de 2010, la emisión, dedicada a esta no siempre dramática y sí muchas veces dulce emoción, se redifundió y apareció ya en este blog. 

En la exposición parisina, espléndida, se rastreaba la presencia de la melancolía a lo largo de la Historia del Arte occidental, analizándola, mostrándola desde ángulos diversos vinculados a la filosofía, la medicina, la psiquiatría, la religión, la teología o la literatura. Buscando leones en las nubes os ofrecía entonces una peculiar recreación, una aproximación singular al mundo de la melancolía, esa vida que vemos consumirse, como señalaba Fernando Savater en un artículo de aquellos días, a través de una selección de canciones y textos (algunos entresacados de los propuestos por los propios organizadores de la muestra, otros breves fragmentos de obras diversas recogidos de mis lecturas personales) que permiten disfrutar las delicias de una hora melancólica, de una hora algo triste, vagamente apagada, pero siempre feliz. 

Pero, contra lo que pudiera parecer, nuestra melancolía, no se puede negar que recurrente, no nos hunde en los abismos de la depresión desesperada sino que tiene siempre un punto de ilusión y de esperanza, de alegría incluso pese a la tristeza, una alegría que nos transporta siempre a un estado cercano a la exaltación, esa exaltación que produce frecuentemente el contacto con la belleza. Compartimos, en Buscando leones en las nubes, las palabras de Federico García Lorca, muy oportunas en relación con lo que ha sido el motivo central de nuestra emisión: Desechad tristezas y melancolías -escribe el poeta granadino-, la vida es amable, tiene pocos días y ahora la hemos de gozar. 

En la vertiente literaria, las reflexiones, siempre interesantes y sugerentes, se deben a Andrés Trapiello, George Minois, Adolfo García Ortega, Víctor Hugo, Anton Chéjov, Denis Diderot, Pío Baroja, Jackie Pigeaud, Aristóteles, Luisgé Martín y Emmanuel Kant. La música, bellísima y acorde al lánguido asunto de la emisión, está interpretada por Richard Hawley, Rosie Thomas con Ed Harcourt, Peter Gabriel, Sophie Zelmani, Djosinha, Gwyneth Herbert, Madeleine Peyroux, Adriana Maciel con Zeca Baleiro, Nouvelle Vague, Ryan Adams y George Michael.

Un grabado de Alberto Durero, de 1514 y título explícito, La melancolía, acompaña este comentario.

martes, 5 de mayo de 2020


EL JUEGO DE LAS VERSIONES 

Buscando leones en las nubes rememora esta semana, en esta pausa obligada impuesta por el coronavirus y la imposibilidad de grabación de nuevos programas que conlleva, su emisión número doscientos cincuenta.

Con ocasión de esa redonda de celebración, en junio de 2010, os proponía lo que entonces me atrevía a denominar, con excesivo énfasis, un formidable festejo. Festejo en lo musical y también en lo literario. En la vertiente sonora del programa incurría en un juego al que me entrego en ocasiones en estos veinte años de Buscando leones en las nubes, el de las versiones. Vais a escuchar, si os decidís a adentraros en el programa ahora recuperado, algunas estupendas recreaciones de canciones muy conocidas de las últimas cinco décadas, grandes clásicos del pop y el rock, popularizados en su origen por músicos tan destacados como Björk, Neil Young, John Lennon, Simply Red, Genesis, Kylie Minogue, Sting, Annie Lennox (en solitario y no con Eurhytmics como equivocadamente señalé en la emisión), Sade, Peter Gabriel y David Bowie en las excelentes interpretaciones, con el tono intimista marca de la casa, de Corinne Bailey Rae, Ida Sand, Youssou N’Dour, Jimmy Scott, Denzal Sinclaire, Helena Noguerra, Klaudia Salkovic al frente de Liquid blue, Sitti, Chris Botti, Kate Mc Garry y Prozak for lovers. 

Esta idea de las versiones, de la doble visión de las cosas, igual pero alterada, casi idéntica y sin embargo distinta, este juego siempre enriquecedor y sugestivo que consiste en el enfoque paralelo de una misma música, de una misma realidad, de una misma emoción, de unas mismas palabras, de una misma vida, se evoca -entre otras muchas interesantes "sugerencias"- en el espléndido cuadro, La reproduction interdite, de René Magritte, un pintor que me apasiona desde hace muchos años, y que en su momento sirvió de encabezamiento a la entrada del blog (y que ahora vuelvo a reproducir). 

Los textos que acompañan las piezas musicales, decantados en su mayoría hacia la temática del amor y en general de la felicidad y el sentido de la vida, los escribieron Markus Orths, Orhan Pamuk, Luis Landero, Andrew Sean Greer, Inma Monsó, Martin Amis, Adolfo García Ortega, Philippe Claudel, Ann-Marie Mac Donald, Pedro García Montalvo y Antoni Casas Ros. 


Ayer me di un paseo hasta el Puente de los Ladrones. ¿Te acuerdas? ¿Cuántos años teníamos? ¿Poco menos de veinte? Tú llevabas un vestido de color grosella. Yo tenía un nudo en la garganta. Estábamos contemplando el río. Esta corriente, me decías, es nuestra vida, que pasa. Mira qué lejos va, qué hermosa es, ahí, entre las flores de los nenúfares, las algas de largos cabellos, las orillas de tierra arcillosa… Yo no me atrevía a cogerte de la cintura. Tenía un nudo tan apretado en la garganta que casi no podía respirar. Tus ojos miraban a lo lejos. Los míos contemplaban tu nuca. Aspiraba tu perfume a heliotropo y el del río, que olía a aire limpio y a hierba. De pronto, cuando menos lo esperaba, te volviste hacia mí, me sonreíste y me besaste. Era la primera vez. El agua corría bajo el puente. El mundo tenía el brillo de los domingos. 

Ayer estuve un rato en el Puente de los Ladrones. El río es el mismo. Sigue habiendo grandes nenúfares, algas de largos cabellos, orillas de tierra arcillosa. Sigue oliendo a aire limpio y a hierba, pero sólo a eso. Philippe Claudel

 

martes, 28 de abril de 2020


RECUERDOS DE ÁFRICA 

En este proceso -forzado por la imposibilidad técnica de grabar programas a causa del confinamiento que impone el coronavirus- de recuperación nostálgica de antiguas emisiones de Buscando leones en las nubes, hoy quiero recuperar un espacio que salió al aire en diciembre de 2010. 

Bajo el título que encabeza esta entrada os presentaba entonces una edición especial de Navidad, no radiada y ofrecida exclusivamente aquí, en las páginas de nuestro blog. 

Explicaba entonces que la idea de esa emisión extraordinaria había surgido cuando, con ocasión del programa Voces africanas, radiado unos meses antes, algunos de los oyentes de Buscando leones en las nubes me habían sugerido, tanto a través de los comentarios de la página como en persona, que debiera darle voz a aquellos recuerdos de mi primer viaje al África negra que acompañaron en el blog la entrada del programa de aquella semana. 

Entonces recogí la idea, que en seguida me gustó, -en realidad ya había pensado hacer un programa centrado en ese contacto inaugural con el África subsahariana- y decidí ponerla en práctica de algún modo que en ese momento todavía desconocía. Una vez articulada y convenientemente desarrollada la presenté, como personalísimo regalo de la Navidad de 2010, con el que celebrar y agradecer la fidelidad de la audiencia -escasa pero persistente- a nuestro espacio. 

Escucharéis, ahora de nuevo, pues, mi lectura de ese largo texto que contiene lo esencial de mis recuerdos de aquella experiencia tan intensa y emotiva, tan arrebatadora y tan feliz. Entre los distintos fragmentos, aparecía, casi completo, un disco espléndido que contribuirá, sin duda, mucho mejor que mis palabras, a trasladaros al continente africano. Se trata de Chamber music, una preciosa gema, delicada, mágica, intimista, envolvente, arrebatadora, bellísima, fruto de la colaboración del músico maliense Ballaké Sissoko, genial intérprete de kora, con Vincent Segal, un virtuoso violonchelista que antes de este disco de 2010 había colaborado con Sting, Elvis Costello, Cesaria Evora o Carlinhos Brown. 

Suenan en la emisión nueve de las piezas del disco, todas instrumentales, salvo la impresionante Regret à Kader Barry en la que encontramos la sensual voz de Awa Sangho. No os perdáis otros dos discos maravillosos de Ballaké Sissoko: uno, de 2003, con Ludovico Einaudi y titulado Diario Malí, ya fue la base de un programa de Buscando leones en las nubes, el primero de la serie dedicada a Cita en Tombuctú, la novela de Pep Subirós; el otro, anterior pero igualmente esplendoroso, New ancient strings, lo grabó Sissoko con Toumani Diabaté en 1999. Imprescindibles ambos. 

Espero que mis evocaciones africanas asociadas a la maravilla de Chamber music os hagan disfrutar de unos momentos agradables en estos días difíciles. (En la foto, la mezquita de Bobo-Dioulasso, capital de Burkina Faso, uno de los escenarios de mi viaje).

martes, 21 de abril de 2020


CAE LA NIEVE 

La interrupción de las emisiones regulares de Buscando leones en las nubes, ante la imposibilidad de grabar los programas a causa de la epidemia de coronavirus, y el hecho de que la última entrega emitida coincidiera, hace siete días, con los veinte años de existencia del espacio, “funcionan” como excusa para ocupar estas semanas “vacías” hasta su reanudación (que esperemos sean pocas, aunque me temo que no deberíamos descartar el horizonte de septiembre, o incluso alguno posterior) con la recuperación, aquí y en las ondas, en las que sí sigue siendo posible la difusión, de algunos programas antiguos que iré eligiendo en función de mis particulares criterios. 

Unos criterios que, desde un punto de vista objetivo, no son otros que los de la calidad e interés que puedan atesorar las distintas selecciones de música y literatura que os he venido ofreciendo durante estas dos décadas, y que desde una perspectiva más personal y subjetiva tienen que ver con mi propia satisfacción con el resultado obtenido en determinadas emisiones. 

Con las muchas limitaciones técnicas y de sonido, pero también las que se derivan de mi condición de aficionado y de mi correlativa falta de profesionalidad, de mis deficiencias en la locución, de mis, en definitiva, múltiples carencias radiofónicas, hay programas que me gustan mucho, cuyos textos y canciones logran todavía, tras nuevas escuchas, emocionarme, hacerme pensar, conmoverme, cambiar mi ánimo, ilusionarme o sumirme en un placentero estado de agradable melancolía. 

Algunos de esos programas irán saliendo aquí en las próximas citas con la escasa pero fiel audiencia de Buscando leones en las nubes, empezando por el de hoy mismo, una emisión que se radió por primera vez el 24 de junio de 2002 y que se redifundió, ya con el blog abierto, el 11 de octubre de 2008. En ambos casos se presentó con el título de “Van Morrison/James Joyce” que ahora he cambiado al actual “Cae la nieve”, más poético y, sobre todo, menos expuesto a absurdas reclamaciones (en su momento, y a requerimiento de los abogados del “león de Belfast”, que debieron rastrear el nombre de su cliente en la biblioteca digital en la que deposito mis “producciones”, hube de retirar el programa por supuesta violación de los derechos de propiedad intelectual… en fin). 

La emisión conjuga la lectura de fragmentos significativos del cuento Los muertos, de James Joyce, incluido en su libro Dublineses, con algunas de las más tristes canciones de otro irlandés ilustre (pero uno del sur y otro del norte). El cuento, como sin duda conocéis, ha sido objeto de traslación cinematográfica por John Huston, en una película de 1987, The Dead, testamento profesional del director, que es, sin duda, una de las mejores de la historia del cine (y probablemente la más bella que yo haya podido ver). 

El programa, algo más largo de lo habitual, permite apreciar muchas de las insuficiencias antes reseñadas, agravadas por mi bisoñez de hace casi veinte años: una locución impostada y algo artificiosa, un mal sonido, diversas imperfecciones técnicas. El resultado final, sin embargo, es más que digno, porque creo que es fácil percibir la emoción que me embarga al narrarlo (lo cual, a mi juicio, es un valor) y, sobre todo, porque el texto de Joyce y la música de Morrison son, simplemente, inmejorables. 

Un breve apunte, antes de comenzar, a propósito del relato de James Joyce cuyo espíritu -ya que no su texto íntegro- inspira el espacio. Estamos a principios del siglo XX, en Dublín. Un matrimonio, Gabriel y Gretta, acuden al baile de Navidad que celebran todos los años sus tías, miss Kate y miss Julia. Llegan parientes y conocidos, amigos e invitados habituales. Se cena, se habla, se canta, se danza. Se suceden con rutina ritual, encuentros, charlas, bromas, pequeñas disputas, bailes, discursos. Al fin, todo acaba. Gabriel y Gretta se disponen a abandonar la casa de sus tías. En este punto nos acercamos al texto y empieza nuestro programa. Cae la nieve fuera de la casa de miss Kate y miss Julia. Suena ya la música de Van Morrison…

martes, 14 de abril de 2020


VEINTE AÑOS BUSCANDO LEONES 

Alberto San Segundo os da la bienvenida a Buscando leones en las nubes, que esta semana os ofrece un programa por varias razones especialísimo. 

En condiciones normales, con la de hoy abriríamos el tramo postrero de nuestras emisiones en este tercer trimestre, el último ya del curso. Pero, por desgracia, la terrible epidemia del coronavirus ha acabado con todo rastro de normalidad. Ya no hay curso, ya no hay, en puridad, trimestre académico, ya no habrá, pues, mientras duren las consecuencias de la plaga, programas de Buscando leones en las nubes. 

Y es que, como sabéis, nuestro espacio se emite tras haber sido grabado con varias semanas de antelación. La imposibilidad de acudir a los estudios de la radio durante estos meses de confinamiento ha acabado con las “reservas” de programas registrados, por lo que, al menos durante un mes -quién sabe si ya hasta septiembre-, no podré ofreceros nuestra habitual selección de música y literatura con la que pretendo interesaros y haceros pasar una hora agradable las noches de los lunes. He ahí, pues, la primera muestra de singularidad de mi propuesta de esta noche: una apertura que es, en gran medida, un cierre. (Mientras tanto, cada martes iré subiendo aquí, de nuevo, algunos de los programas de estas dos décadas de los que más satisfecho estoy, para refrescar así vuestra memoria y mantener el vínculo -confiemos en que lo haya- con vosotros).

La segunda es más feliz y obedece a una circunstancia que lleva presente en mi mente desde hace meses. El 14 de abril de 2000, hoy mismo se cumplen veinte años, salía al aire el primer programa de nuestro espacio, un titubeante debut con el que se abría una etapa de mi vida que nunca pude imaginar que iba a prolongarse estas dos décadas… y las que, quizá, aún estén por venir. (Qué casualidad, aciago azar, que el “corte” en nuestras emisiones motivado por la pandemia haya venido a producirse precisamente aquí, en este exacto punto de inflexión, tras veinte años justos de emisiones ininterrumpidas). 

No hay tiempo aquí para comentar las vicisitudes que rodearon el nacimiento de Buscando leones en las nubes, el azaroso desencadenante de mi presencia en la radio, la ilusionada invención del planteamiento y la estructura del programa, la afortunada elección del nombre, la búsqueda de su melodía identificativa. Sí quiero comentar, de manera breve, la razón de ser de la presencia de textos y canciones en aquel primer y, para mí, esperanzador comienzo. 

Aquella emisión inicial, que nació como un mero impulso irracional, muy poco reflexivo, de compartir con la escasa audiencia la música con la que yo disfrutaba, no contemplaba la vertiente literaria nada más que como una opción residual, un inevitable modo de acompañar las canciones elegidas, una suerte de engarce hablado, un peaje forzoso que mi timidez debía pagar para que me fuera permitido difundir mis preferencias musicales. Desde siempre yo he ido anotando, al principio en cuadernos, más tarde en diversos documentos en el ordenador, citas de libros, frases que me interesaban de mis lecturas, fragmentos de entrevistas, comentarios o reflexiones espigados al azar de cuanto texto he ido leyendo en mi muy libresca vida. De esas inagotables carpetas para uso particular extraje entonces, con cierta desgana, los once textos -frases concisas y fulgurantes, máximas escuetas que concentran estallidos de sentido, sucintos relámpagos de pensamientos, penetrantes y lacónicas sentencias- que constituyeron el núcleo literario, llamémoslo así, de aquel tembloroso estreno y que sirvieron de excusa para, aquí sí que con plena conciencia, arropar la que pretendía excelsa e inigualable selección musical. Émile Cioran, José María Riera de Leyva, Luis Landero, César Simón, José Luis Sampedro, Susana Gerte Doblón, Jean Marie Gustave Le Clèzio, Arthur Schnitzler, Fernando Pessoa, Manuel Vicent y Fernando Trueba fueron sus autores. 

En un mundo predigital -yo, creo recordar, no usaba aún internet-, esa primera noche me acerqué a los estudios de la radio con una buena provisión de vinilos en los que se recogían las once joyas -así las consideraba entonces mi inocencia inaugural- con las que esperaba conmover y emocionar, entretener e interesar, deslumbrar y apasionar a mi improbable audiencia. Bruce Springsteen, Tete Montoliu, Geoffrey Oryema, Paula Cole, The Blue Nile, The Stranglers, Mahmoud Ahmed, John Mark con Johnny Almond, Massive Attack con Tracey Thorn (cuyo excepcional Protection, que os dejo en vídeo, cobra hoy, veinte años después, un escalofriante sentido), Antonio Carlos Jobim con Pat Metheny y Chet Baker, fueron sus intérpretes seleccionados, en una primera pero ya muy significativa muestra del eclecticismo que siempre ha rodeado mis elecciones musicales. 

De esa vacilante y desastrosa experiencia inicial no quedan, por fortuna, registros grabados. Y es por ello que ahora, a modo de espero que disculpable autohomenaje, os ofrezco íntegro ese primer programa, pues su guión, con los textos leídos y las canciones emitidas, sí ha sobrevivido al paso del tiempo. 

El desconcierto y la improvisación del debutante afloraron, sin duda, en los muchos errores de la emisión, empezando por lo abrupto de una casi inexistente presentación: Buenas noches. Como todos los viernes, de 10 a 11, "Buscando leones en las nubes", un programa de Alberto San Segundo para Radio Universidad. A partir de ese esquemático y elemental saludo, brusco y simultáneamente cohibido, y sin explicación posterior de ningún tipo, se daba paso a las reflexiones y los temas musicales escogidos. Y así he querido hacerlo ahora mismo, sin comentario alguno mío adicional formulado desde “el presente” de 2020. Más allá de mi introducción actual, todo lo que escuchéis en el espacio se corresponde, literalmente, con lo que entonces -más tembloroso, más inexperto, más inseguro, más azorado- ofrecí a mis perplejos, desconcertados y muy escasos oyentes. 

Espero que ahora, veinte años después, el programa pueda llegar a interesaros. Tanto como para esperar con impaciencia nuestro regreso que, confío, pueda llegar, con suerte, en las próximas semanas. En caso contrario, será ya en septiembre cuando volveremos con todos vosotros (más allá de los programas de "recuerdo" que seguiré dejando aquí cada semana). ¡¡Disfrutad de la música y la literatura!! ¡¡Cuidaos mucho!! ¡¡Resistid con ánimo y paciencia los embates -de salud, económicos, laborales- de este inaprensible y odioso enemigo!!