martes 20 de marzo de 2012


MUJERES SOÑADAS

Después del programa especial dedicado el lunes pasado a las mujeres, Buscando leones en las nubes continúa, una semana más, con su particular celebración del Día Internacional de la mujer (Nota aclaratoria: hace siete días hablé aquí del Día Internacional de la mujer "trabajadora" y se me ha hecho ver mi equivocación. Acepto, claro está, la corrección: si la denominación oficial no incluye la mención al trabajo es un error mío no haberla actualizado. Me resulta insólita, en cambio, la alusión a que ese mero despiste pueda interpretarse como un supuesto comentario machista -no ya mío, sino de cualquiera que haya incurrido en él. Haber declarado abiertamente mi defensa de la justa igualdad entre hombres y mujeres, de la indispensable equiparación de derechos y obligaciones, del necesario subrayado de la presencia de la mujer en la sociedad; llevar años abriendo este modesto espacio radiofónico a la ostensible presencia femenina… no resulta suficiente desde la perspectiva de la corrección política imperante. No, al contrario: si pese a todo ello, alguien escribe -por ignorancia de la denominación adecuada, como en mi caso, o por despiste o confusión o vaya usted a saber por qué- “Día internacional de la mujer trabajadora” y no “Día internacional de la mujer” es culpable indiscutible de un irredento machismo. Sencillamente, resulta de un reduccionismo difícil de entender. En fin… el rábano y las hojas).

El enfoque de este nuevo programa dedicado a la mujer en Buscando leones en las nubes es, sin embargo, algo menos femenino que el de la semana pasada Entonces, como quizá recordaréis, era la propia voz de las mujeres la que sonaba en los versos de algunas poetas jóvenes que daban a conocer su obra a través de blogs, páginas web, redes sociales y, en general, el universo de internet. En nuestra edición de esta semana, en cambio, quiero hablaros de las mujeres a partir de la mirada masculina y desde una perspectiva, además, muy particular. Mujeres soñadas he titulado el programa de esta noche y ello porque el nexo común a todos los poemas que voy a leeros es precisamente ése, el de las ensoñaciones, el de las quimeras que los hombres, sobre todo los más románticos e idealistas, los más ingenuos y fantasiosos, tendemos a construir a partir de un encuentro fortuito, de una mirada cruzada al azar, de una presencia intuida, del paso fugaz de una desconocida a nuestro lado, en la calle (como en la sugerente foto de Stanley Kubrick que acompaña esta entrada). El desencadenante de la emisión, la idea generadora de la que nace el programa me la dio un bello texto de Andrés Trapiello recogido en el último tomo (hasta el momento) de su diario, Apenas sensitivo, y que ahora os transcribo en su integridad:

Recuerdo aquella anécdota de los años mejicanos de Bergamín. Paseaba éste por la ciudad y se quedó mirando a una muchacha, descarándose con ella, como Petrarca ante la aparición de Laura. Le atraían las jóvenes hermosas, y él, que era tan viejo y tan feo como Bradomín, a ellas. Pero a diferencia de éste, no se sabe que Bergamín fuese un conquistador y no se conoce ninguna historia en la que él propusiera nada a ninguna de de aquellas adoratrices, ni mucho menos que se propasara con ninguna. Todo quedaba en el amor cortés, como pudimos verlo tantas veces. Y esas beldades, algunas de las cuales eran y siguen siendo amigas nuestras, acaso por ello mismo, porque sabían que todo había de reducirse a un ¡ay! y al campoamoriano “las hijas de las madres que amé tanto...”, se dejaban requebrar y aceptaban sus maliciosas dedicatorias en los libros, a modo de madrigales. A cambio sólo pedía de una manera implícita estar a su lado, a ser posible de dos en dos o de tres en tres, mejor que de una en una, y mirarlas. A la muchacha mejicana de la historia la descubrió caminando. Al columbrarla, se plantó en la acera y esperó a que llegara adonde él estaba. La muchacha se dio cuenta de lo que sucedía, claro, porque las chicas guapas desde que tienen quince años saben leer de una manera instintiva las miradas de los hombres e interpretar sus deseos. Lo que lean en esas miradas puede incomodarlas o no, conforme a un código que sin embargo no está escrito, pero están, como suele decirse, al cabo de la calle. A esta de la historia debió de hacerle gracia la estampa de aquel garabato flaco que era Bergamín y supo desde ese mismo momento que era, además, de los inofensivos y corteses, así que cuando llegó adonde Bergamín estaba, le sostuvo la mirada y le dijo, con ese desparpajo de las muchachas que lo dan todo en un instante sabiendo que al instante siguiente ya lo habrán olvidado: ‘¿Me va usted a soñar?’

Esas mujeres soñadas que nos ilusionan y entristecen, que nos impulsan y torturan, que se nos imponen desde nuestra pobre naturaleza de seres deseantes, aparecen en los poemas de Charles Baudelaire, Mario Benedetti, Pablo Neruda, Álvaro Valverde, Roger Wolfe, Miguel D’Ors, Felipe Benítez Reyes, José Luis García Martín, Vicente Gallego, Robert Desnos y Fernando Pessoa.

Y música de ensueño también para acompañar los poemas, preciosas y melancólicas canciones, grandes clásicos, piezas, todas ellas, intemporales, interpretadas por muy renombradas vocalistas de jazz, que contribuyen, con la seda de sus voces, como quiere el tópico, a crear un clima recogido, henchido de nostalgia y suavidad, que se aviene de maravilla con la dulce tristeza que impregna los versos de los poetas escogidos. Diana Krall, Helen Merrill, Nina Simone, Silje Nergaard, Ruth Cameron, Sophie Milman, Dorothy Dandrige, Beady Belle, Blossom Dearie, Stacey Kent (que aparece en la sección de vídeos con una magnífica versión de Jardin d’hiver) y Dinah Washington han sonado en la emisión.




Mujeres soñadas

martes 13 de marzo de 2012


LA MANERA DE RECOGERSE EL PELO

Buscando leones en las nubes quiere festejar, un año más, el Día internacional de la mujer trabajadora, que se celebró el pasado 8 de marzo, con un par de programas íntegramente dedicados a las mujeres. Como sabéis nuestros seguidores más asiduos, se trata de una costumbre que venimos repitiendo, casi sin excepción, desde los comienzos de nuestras emisiones. Y en la raíz de nuestra decisión de vincular algún programa, en las fechas cercanas al 8 de marzo, al universo femenino, está, de entrada, el genuino interés que me mueve hacia la música interpretada por mujeres. Ése es el desencadenante primitivo: mi pasión por las vocalistas. Mis archivos contienen centenares de discos protagonizados por grandiosas divas del jazz, por frescas chicas del pop, por innumerables mujeres del country o del rock, por baladistas y cantantes femeninas recogidas de entre las músicas del mundo entero. Mostrar la maravilla que encierran esas voces es siempre el propósito originario de estos programas femeninos de Buscando leones en las nubes, y es por ello, para que disfrutéis con la belleza de sus canciones, por lo que en la edición de esta semana os ofrezco piezas de Andrea Corr, Fatoumata Diawara, Marisa Monte, Zoe Muth, Jacqui Naylor, Norah Jones, Fiorella Mannoia, Evan Rachel Wood, Camille, Rita Hosking, Aretha Franklyn, The Watson Twins y Sia, cuya poderosa versión del I got to sleep de los Kinks cierra esta entrada en la sección de vídeos.

Del mismo modo, aunque en menor medida, otro tanto ocurre con respecto al mundo literario. Leo, y con mucho placer, bastante poesía escrita por mujeres, de modo que no me resulta complicado seleccionar cada curso una muestra representativa de algunos de los poemas que más me han "llegado", que más han tocado mi sensibilidad, para acompañar las canciones que deseo compartir con vosotros. En esta ocasión he escogido poemas extraídos de Generación Blogger. La manera de recogerse el pelo, una antología realizada por David González y que vio la luz en la editorial Bartleby el pasado 2010. Hace unas semanas presenté el libro en mi otro programa en Radio Universidad, Todos los libros un libro. Entonces comentaba (y recupero aquí esa información -citándome de modo pretencioso; mis disculpas por ello) que en él se recogen poemas de trece mujeres, nacidas entre 1962 y 1984, veinteañeras pues, muchas de ellas, rondando los cuarenta la mayor; poemas caracterizados, como señala José Ángel Barrueco en el esclarecedor prólogo, por algunos rasgos comunes. El principal es que sus autoras son poetas que pertenecen al mundo de internet, que escriben en blogs y fanzines, revistas digitales y redes sociales, que se sirven de las herramientas informáticas no sólo para difundir sino también para escribir su obra (de hecho, el libro se acompaña de un curioso e ilustrativo dvd con información relativa a las trece escritoras). Son chicas que escriben poemas en sus casas, a las que no les sobra el dinero -ni las ganas- para hacer copias de sus versos, encuadernarlas, enviarlas a las editoriales y quedar a la espera de una dudosa respuesta que quizá nunca llegue a producirse. Mujeres que, por lo tanto, abren sus blogs y ofrecen al mundo digital, a medida que escriben, el fruto de sus intuiciones poéticas, de su creatividad, de su universo interior. Mujeres que, además, son radicales, duras, sin pelos en la lengua, luchadoras, conscientes y orgullosas de su condición femenina, que aflora indisimulada y combativamente en sus versos. Mujeres que escriben palabras, y sigo citando al prologuista, que nos hablan del mundo, de la fuerza de voluntad de las mujeres, de los hombres a los que aman, y los hijos a los que alumbran o pierden, de los parientes a los que añoran, del frío que sentimos cuando estamos desvalidos, de los sueños que se pierden en nuestras rutinas, de la rabia que origina la sociedad mediante sus injusticias y sus arrebatos de violencia, de la manera de mirarse al espejo y confesarse ante la pantalla del pc, del dolor y la herida, del sustento diario y el trabajo y los madrugones necesarios para resolver la hipoteca y el futuro y la comida de la familia. Por orden de aparición, en el programa han sonado las voces poéticas de Silvia Oviedo, Ester García Camps, Gloria Gil Romera, Déborah Vukušić, Lucía Fraga, Ana Vega, Ana Pérez Cañamares, Cristina Morano, Inma Luna, Lola Lugo, Nuria Mezquita, Isabel Bono y Begoña Paz.

Hay, también, claro, en mi insistencia en ofreceros, año tras año, estos programas femeninos (aunque, lo confieso, en un plano secundario), una cierta voluntad reivindicativa, un deseo de contribuir (en la muy pequeña medida que proporciona la exigua difusión de las emisiones y del blog) a la visibilidad (ese término tan de moda) de la producción artística, literaria y musical de las mujeres. Y, a propósito de visibilidad, no quiero dejar pasar la oportunidad de terciar (de modo inevitablemente polémico), en el debate que estas semanas se ha planteado en la sociedad española acerca de los usos supuestamente sexistas del lenguaje. Creo, como es natural, en la equiparación de derechos de hombres y mujeres, en la no discriminación en las relaciones laborales, en la igualdad de unos y otras (de unas y otros) en el acceso a puestos de responsabilidad y de gobierno, a los espacios del poder y la decisión. Defiendo la plena presencia de las mujeres en la vida pública y reivindico el deseable equitativo papel de los hombres en los espacios privados. Estoy de acuerdo, incluso, con enfatizar, de modo razonable y con sentido común, aunque pueda resultar algo artificial, los méritos de las mujeres para compensar los siglos de oscuridad femenina y los perjuicios que una sociedad fundamentalmente machista ha provocado en el actual reparto de papeles sociales. Entiendo, por fin, como necesaria la pretensión de subrayar la visibilidad de las mujeres en el habla, a través de un uso no “sexista” de la lengua (decir los profesores acudieron a la cena de fin de curso acompañados de sus mujeres, constituye, como se ha repetido estos días, una prueba evidente de una utilización anacrónica, discriminatoria y, en definitiva, injusta, de nuestro idioma). Pero de ahí a duplicar de modo estéril la extensión de las frases (con ese insulso y reiterado los ministros y las ministras, los diputadas y las diputadas, los consejeros y las consejeras... y así hasta el infinito) contrariando los principios de economía, eficacia y razonabilidad por los que nacen, crecen y se desarrollan las lenguas, hay un abismo que yo personalmente no estoy dispuesto a cruzar. Suscribo en su integridad el informe elaborado por el profesor Ignacio Bosque y refrendado por el pleno de la Real Academia Española de la Lengua, celebrado en Madrid el pasado 1 de marzo de 2012. El texto, presentado bajo el título Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, me parece una ponderada, sensata y bien argumentada defensa de la igualdad de la mujer en todos los ámbitos, y, a la vez, una esclarecedora y respetuosa crítica a los abusos políticamente correctos propugnados desde ciertos sectores, a mi juicio algo radicales, del feminismo más militante. Os dejo aquí, además, el texto íntegro de un artículo sobre la misma controvertida cuestión, escrito por Elvira Lindo y publicado en El País hace unos días, y con el que también me identifico al cien por cien.


Quiero

Con 31 años de experiencia laboral a mis espaldas creo que voy aprendiendo a sintetizar lo que quiero. Quiero, por ejemplo, que los directivos de los medios de comunicación sean escrupulosos en el tratamiento que se les da a las mujeres, no sólo desde la información o el editorial sino también desde las columnas. La chulería y el desprecio hacia la condición femenina aún tiene un sorprendente hueco celebradísimo en el columnismo español. Me gustaría que los sueldos de las mujeres igualaran a los de los hombres, que se considerara la promoción de las mujeres a puestos directivos si éstas cuentan con los mismos méritos que los hombres. Quiero que se respete la maternidad en los centros laborales porque es algo que, entre otras cosas, nos beneficia a todos. Quiero que en el trabajo se nos trate con igual consideración que a los hombres. Es posible que los varones no sean conscientes de ello pero es habitual percibir un trato condescendiente o paternalista que se nos concede, para colmo, como un regalo. Quiero que el sentido común que desprende el documento escrito por el filólogo Ignacio Bosque y suscrito por varios académicos sobre el lenguaje no sexista contagie de sentido común otras decisiones de la Real Academia, que entre elegir a un nuevo ilustre mediocre o a una nueva ilustre mediocre se suelen decantar con demasiada frecuencia por la primera opción. Es decir, que traten de predicar con los hechos; al fin y al cabo, es lo que están defendiendo en su escrito. No quiero que sindicatos, centros laborales dependientes de un ministerio o comunidades autónomas, etcétera, presionen a trabajadores o aspirantes a utilizar el lenguaje de determinada manera. Son tan fundamentales los aspectos que las mujeres deseamos mejorar que, francamente, estar incluida en un plural masculino que se entiende como genérico me importa bien poco.




La manera de recogerse el pelo

martes 6 de marzo de 2012


LOS OJOS ARDIENDO COMO FAROS

Al igual que hace siete días, Buscando leones en las nubes os ofrece esta semana un emisión “cinematográfica” a partir de la excusa de la ceremonia de entrega de los Oscars celebrada el pasado 26 de febrero. Entonces -en la vertiente literaria del programa- os presentamos una primera serie de poemas de autores españoles que tenían en el cine, en el deslumbramiento, en la ilusión, en el encanto de la sala oscura, su centro, su motivo principal. E igualmente, en la parte musical de nuestra emisión, fueron saliendo al aire preciosas piezas de jazz pertenecientes a la banda sonora de algunas celebradas películas de la musicalmente fecunda historia del cine. Pues bien, esta semana continuamos, como os digo, con esa misma línea, en una segunda y espero que atractiva incursión literaria y musical de nuestro programa en el universo cinematográfico.

En el ámbito literario, seguimos con poemas extraídos de algunas muy interesantes antologías sobre el tema: los dos números de la revista Litoral consagrados al cine, publicados en el año 2003 con los títulos respectivos de La poesía del cine y Los poetas del cine. Además, la imprescindible recopilación Viento de cine. El cine en la poesía española de expresión castellana (1900-1999), que se presentó en 2002 en la editorial Hiperión, con una atractiva introducción e interesantes notas del también poeta y novelista José María Conget. En el programa de esta semana suenan versos de José María Álvarez, Manuel Sánchez Chamorro (que por un error mío repite en ambos programas; mi pretensión inicial era ofrecer nombres nuevos en cada una de las emisiones) Juan Luis Panero, Carlos Marzal, Pere Gimferrer, José Manuel Benítez Ariza, Amalia Bautista, Antonio Martínez Sarrión, Juan Bonilla, Luis García Montero y Pedro Sevilla.

En la vertiente musical os encontraréis con los sugestivos ecos de algunas piezas que pertenecen a distintas bandas sonoras de películas en las que el jazz, de manera principal y protagonista o secundaria y como mero acompañamiento o ilustración de fondo, forma parte del film. Se trata de The bed, con Herbie Hancock, en Blow up, el clásico de Michelangelo Antonioni basado en un cuento de otro escritor amante del jazz, Julio Cortázar; Laura, con el saxo de Charlie Parker en Bird, su biografía fílmica, otra gran película de jazz dirigida magistralmente por Clint Eastwood; On the sunny side of the street, con otro maestro, Lester Young, que suena en la excelente American Splendor, de Shari Springer Bermanen; I love you for sentimental reasons, recreada por la excepcional voz de Ella Fitzgerald que aparece en Paseando a Miss Daisy, de Bruce Beresford; Mood indigo con el clarinete de Bob Wilber contribuyendo a dibujar el ambiente del Nueva York de los años 20 en Cotton club, de Francis Ford Coppola. Theme from Susannah, en el que escuchamos al saxo de Ben Webster jugando entre las notas del piano de Oscar Peterson, en la música de la película Testigo silencioso, de Daryl Duke; That’s all it was, con la siempre delicada Eliane Elias, que aparece en Calle 54, de Fernando Trueba (del que os recomiendo también la banda sonora de su reciente y magnífica Chico & Rita, una conmovedora historia de amor en la Cuba de Batista, que se narra entre deliciosas e inspiradas canciones de jazz, con la notable presencia de Bebo Valdés como referencia musical esencial; de ella os dejo, en la sección final de vídeos, su canción principal, Lily, en la desgarrada interpretación de Estrella Morente); I wish I knew, con otro grande, John Coltrane, en El Rey Pescador de Terry Gilliam; Suzie & Jack, en la que el intimista saxo de Dave Grusin contribuye a crear la intensa atmósfera de Los fabulosos Baker boys, de Steve Kloves, con una Michelle Pfeiffer deslumbrante; Round midnight, con Thelonius Monk (al que olvidé citar en la emisión radiofónica), que suena en El demonio vestido de azul, la estimable película de Carl Franklin a partir de la novela del mismo título de Walter Mosley, cuya serie negra, publicada por Anagrama y protagonizada por el detective Ezequiel “Easy” Rawlins, os recomiendo vivamente; Body and soul, en la que el saxo aterciopelado (perdón por el topicazo) de Coleman Hawkins puede escucharse en El color púrpura, otra de las grandes obras de Steven Spielberg.




Los ojos ardiendo como faros

martes 28 de febrero de 2012


NOSTALGIA DE AQUELLAS TARDES DE DOMINGO

Con la excusa de los Oscars, el cine es esta semana (y lo será la próxima), al igual que en años anteriores por estas fechas, el protagonista de Buscando leones en las nubes. Y lo es en la doble vertiente, literaria y musical, en la que se desenvuelve habitualmente nuestro programa.

Desde el punto de vista literario, os ofrezco, en los dos programas de la serie, una selección de poemas de autores españoles que tienen al cine, a la magia de las salas cinematográficas, a la fascinación que nos provocan las películas, al encantamiento y la seducción de las historias que vemos en las pantallas, como centro de su expresión poética. El cine ha tenido una presencia constante y destacada en la poesía española desde principios del siglo XX. García Lorca, Alberti, Gerardo Diego, Pedro Salinas, entre otros nombres destacados de nuestra literatura; el surrealismo, la generación del 27, los poetas sociales de los 50, los novísimos, entre otros movimientos poéticos, se han ocupado de un fenómeno que, desde sus orígenes, resultaba muy sugestivo y evocador y de una extraordinaria capacidad poética. Sin embargo, estas dos emisiones de Buscando leones en las nubes se van a centrar, exclusivamente, en autores contemporáneos, en poetas relativamente jóvenes, en poetas que, en cualquier caso, y al margen de su edad, han publicado algún libro en los últimos 20 años. La mayor parte de los versos han sido extraídos de algunos libros imprescindibles que os recomiendo apasionadamente. Por un lado, los dos completísimos números de la revista Litoral que, con los títulos de La poesía del cine y Los poetas del cine, editó en 2003 la ejemplar y magnífica publicación malagueña. En ambos volúmenes podréis encontraros el menú habitual de la pionera revista: poemas, estudios, análisis, documentos, referencias musicales, imágenes, cuadros, opiniones... presentado todo ello en unas ediciones cuidadísimas que rezuman belleza y que aúnan contenido interesante y continente precioso. Por otro lado, el programa se nutre también de una extraordinaria antología, Viento de cine. El cine en la poesía española de expresión castellana (1900-1999), que vio la luz en la editorial Hiperión en 2002. La selección de autores y poemas, la esclarecedora introducción y las ilustrativas y profusas notas corresponden al escritor José María Conget, que presenta un volumen imprescindible para rastrear la presencia del cine en la obra de nuestros poetas a lo largo del siglo XX. En el libro aparecen poemas en los que, como señala la propia editorial, el cine se constituye en referencia central o esquinada de la inspiración lírica: las salas cinematográficas como locus amoenus de la infancia o prado oscuro del amor, el deseo imposible por las estrellas de la pantalla, los títulos que se enlazan con momentos clave de nuestra biografía, la metáfora del sueño y de la memoria, los primeros planos del recuerdo, el travelling que desemboca en el crimen, la sesión de noche que fluye hacia el silencio del fracaso, la risa muda de los grandes payasos en que se convierte la carcajada de la existencia. Todo está en los versos, todo estuvo en el cine. Para completar el programa de esta semana he elegido poemas -entresacados, como digo, de los libros citados- escritos por Jesús Lizano, Ana María Navales, María Sanz, Pere Rovira, José María Merino, Harkaitz Cano Jaúregui, Felipe Benítez Reyes, Miguel D’Ors, Javier Benítez, Karmelo C. Iribarren y Manuel Sánchez Chamorro.

En el terreno musical, la emisión gira sobre el jazz. He escogido, para acompañar los poemas leídos, piezas de jazz interpretadas por algunas de las más importantes figuras de la historia de ese estilo, grandes clásicos que han aparecido en películas, no necesariamente vinculadas a los Oscars, pero siempre magníficas. Se trata, y la sola enumeración resulta impresionante por la cantidad de obras y artistas que forman parte de lo mejor de la cultura universal del último siglo, de Willow weep for me, interpretada por Billie Holiday en El criminal, de Joseph Losey; He’s younger than you are, con el saxo de Sonny Rollins sonando en Alfie, de Lewis Gilbert; Theme from I want to live, la banda sonora compuesta por Gerry Mulligan para la película del mismo título, Quiero vivir, dirigida por Robert Wise; Looking at you, en la voz de Lee Wiley, que aparece en L.A Confidential, excelente film de Curtis Hanson; I got it bad & that ain't good, con Nina Simone, recogida en El gran Lebowski, de Joel Cohen; Why did she choose you, la intensa presencia del saxo de Gato Barbieri en El último tango en Paris, de Bernardo Bertolucci; Nuit sur les Champs Élysées, una estupenda manifestación de la fecunda colaboración del trompetista Miles Davis con el director Louis Malle en Ascensor para el cadalso; Almost cried, con el maestro Duke Ellington en Anatomía de un asesinato de Otto Preminger; Still time, una pieza en la que se emparejan el saxo de Dexter Gordon y el piano de Herbie Hancock, en una de las mejores películas sobre el jazz que he visto en mi vida, Round midnight, del casi siempre genial Bertrand Tavernier; I only have eyes for you, con el saxo de Gerry Niewood construyendo el sugerente fondo sonoro para Una historia del Bronx, esa pequeña gema cinematográfica que dirigió Robert de Niro en 1993; There’ll be another spring, en la que la voz de Dianne Reeves contribuye a crear el clima profundo de Buenas noches y buena suerte, la magnífica aparición de George Clooney en su cada vez más frecuente e inspirado rol de director.

Cerramos esta presentación con otra muestra de la presencia del jazz en el cine. Se trata de Diana Krall, que no aparece en ninguno de los dos programas, pero que va a tener pronto una emisión monográfica en Buscando leones en las nubes, interpretando Let’s fall in love (con un subtitulado de traducción mejorable) que formó parte de la banda sonora de la prescindible Otoño en Nueva York que, con Richard Gere y Winona Ryder, dirigió en 2000 la actriz Joan Chen.




Nostalgia de aquellas tardes de domingo

martes 21 de febrero de 2012


UN PAISAJE DE BAOBABS EN SENEGAL

El próximo domingo 26 de febrero se celebran elecciones en Senegal, unos comicios marcados por el presumible fraude del actual presidente Abdoulaye Wade que con 85 años y doce en el poder pretende perpetuarse en su cargo con una maniobra de dudosa legitimidad democrática. Aunque África no suele aparecer en los medios de comunicación, los acontecimientos ocurridos estas últimas semanas en Senegal han sido lo suficientemente importantes como para hacer aflorar -siquiera de modo tímido- la realidad del continente negro a nuestros periódicos y telediarios, y por ello quizá conocéis ya los conflictos que han suscitado estas elecciones, con esa irregular presencia en ellas del actual presidente Wade y el sospechoso rechazo por los tribunales de la candidatura del cantante Youssou N’Dour. Se habla, incluso, de que quizá Senegal pueda ser un nuevo foco de revuelta popular en África, al estilo de las movilizaciones habidas en Egipto, Túnez o Argelia hace algunos meses. Os dejo un par de excelentes páginas en las que encontraréis información actualizada sobre el universo africano y en particular sobre el estado de la situación en Senegal.

Con la excusa de estas elecciones, en Buscando leones en las nubes dedicamos nuestra edición de esta semana al extraordinario país africano. Y lo hacemos desde una doble perspectiva. En el plano musical escucharéis, precisamente, algunas de las mejores canciones de Youssou N’Dour, la mayor figura viva de la escena artística y cultural senegalesa. En la emisión suenan Mame Bamba, The lion, Live television, Birima, Sagal ko, Set, Fenene, Dunya, Miyoko, Dem y la muy conocida Seven seconds, todo un himno en contra del racismo que hace casi veinte años popularizó el cantante en su dúo con Neneh Cherry y que podemos ver también en el vídeo final. A través de su música, Youssou N´Dour ha dejado constancia de su compromiso con su pueblo, con el continente africano y con sus habitantes más desfavorecidos. Sus canciones hablan de la emigración, de la pobreza y el hambre, de la explotación, de las guerras, de los sufrimientos de las gentes, del padecimiento de las mujeres, de los abusos de los poderosos. Y todo ello, la profunda implicación política y social de sus letras, con el envoltorio de una música extraordinaria, una afortunada mezcla de la tradición senegalesa, el mblalax, un estilo que él popularizó por encima de la salsa africana, la otra gran fuerza musical del país, y la electrónica occidental, el rock y el pop, el soul y el blues norteamericano. Con casi cuarenta años de carrera a sus espaldas, Youssou N`Dour nos ha dejado hasta ahora decenas de discos memorables y, sobre todo, infinidad de portentosas actuaciones en directo. Yo recuerdo varios deslumbrantes conciertos suyos: el primero en Madrid, como casi desconocido acompañante de Peter Gabriel, una aparición sorprendente en un ya muy lejano 1987; en el Pueblo español de Barcelona, creo recordar que en 1995; en 1999 y en 2003 en Cartagena, con el auditorio repleto de africanos bulliciosos, los conciertos convertidos en una fiesta con centenares de personas bailando y cantando al dictado alegre de la música del senegalés. En fin, cuántos magníficos recuerdos, también en lo personal (emocionados besos retrospectivos para N., C., L. y M.)

Sus intensas canciones, su poderosa voz, aparecen entre los versos de Léopold Sédar Senghor, el más destacado poeta de Senegal y probablemente de toda África, ex-presidente del país, miembro de la Academia Francesa y fallecido hace ahora poco más de diez años. La obra poética de Léopold Sédar Senghor ofrece al lector uno de los universos poéticos más ricos y sugerentes de la literatura en lengua francesa del siglo XX. Un universo en el que se integran elementos muy heterogéneos, en ocasiones antagónicos, como tradición y modernidad, pensamiento y sensibilidad, historia personal e historia colectiva, aliento lírico y épico, ritmos africanos y europeos, de los que finalmente emerge, en simbiosis armónica, un canto a la Unidad y a la Reconciliación Universal, a la Vida y a la Poesía, en palabras de Lourdes Carriedo y Javier del Prado, responsables de la presentación de su Obra poética en la editorial Cátedra, un libro del que he entresacado los poemas que os ofrezco en el programa. En sus versos nos asalta la presencia africana, tanto desde el punto de vista físico: la sabana inmensa, las riberas del gran río, las enormes extensiones de arbustos, un paisaje de baobabs, como espiritual: las mitologías fundadoras del continente, su ancestral historia, sus conflictos políticos o su problemática social. A veces, los poemas discurren -como cuenta en uno de los que se leen en el programa- entre alfombras relucientes y suaves de Tombuctú, cojines mauritanos, perfumes agresivos, muebles del Congo y de Guinea, oscuros y pesados, esteras muy tupidas de silencio, máscaras primitivas y puras por los muros. Y, siempre presente, la perfección inenarrable de los cuerpos de las mujeres, la elegancia de sus movimientos, la maravilla de su piel bruñida, su belleza espléndida.




Un paisaje de baobabs en Senegal

martes 14 de febrero de 2012


MUNDOS MÍNIMOS

Esta semana, en Buscando leones en las nubes os invitamos a adentraros con nosotros, una vez más, en el fecundo territorio de los cuentos brevísimos a partir de una decena de ellos extraídos de un libro que se ofrece como una antología, como una recopilación muy atractiva de un género que está registrando un inusitado auge en los últimos años. Por todas partes proliferan seminarios, talleres de escritura, concursos, iniciativas varias vinculadas a esta peculiar forma de creación literaria, y nos encontramos por doquier con profusión de publicaciones, estudios, congresos y certámenes alusivos a estos relatos cortos, a las narraciones mínimas, al cuento hiperbreve, o, en la expresión que quizá ha hecho más fortuna, al microrrelato. El libro que constituye la referencia en el programa que ahora os presento es Mundos mínimos. El microrrelato en la literatura española contemporánea. Lo publicó por la Editorial Libros del Pexe en Gijón, en el pasado 2007 y ya os di cuenta de él con ocasión del programa dedicado a Ana María Shua. La edición y el análisis preliminar son responsabilidad de Teresa Gómez Trueba, a partir de los trabajos presentados en unas jornadas organizadas por la Cátedra Miguel Delibes en Valladolid.

Mundos mínimos presenta una estructura mixta, a caballo del ensayo y la narración literaria propiamente dicha. En la primera parte de la obra, que ocupa las ciento treinta primera páginas, se incluyen una serie de estudios introductorios sobre el género, debidos a la propia editora, que analiza los microrrelatos de Juan Ramón Jiménez; a Irene Andrés Suárez, que examina los de Domingo Ródenas de Moya; a Marta Alisent, que centra su estudio en Francisco Ayala; a Fernando Valls, que aporta un curioso e interesante decálogo sobre el género; y al abulense, vallisoletano de adopción, José Jiménez Lozano, que ha frecuentado en su obra el cuento brevísimo.

En la segunda y última parte del libro se recoge una amplia selección de relatos (cerca de cien), de algunos destacados autores del género, como Julia Otxoa, Pedro Ugarte, Juan Pedro Aparicio, José María Merino, Francisco Silvera, el citado José Jiménez Lozano, Antonio Pereira, Luis Mateo Díez, Andrés Neuman y Roberto Lumbreras. De cada uno de ellos se ofrece un cuento en el programa, todos entresacados de los recogidos en el libro, salvo el último, de Roberto Lumbreras, que surge, no obstante, en el marco de la misma iniciativa de la Cátedra Miguel Delibes, dedicada al estudio y divulgación de la literatura española en general y castellano-leonesa en particular.

Y entre los textos, preciosas canciones caracterizadas, como es habitual en el programa, por esos rasgos de delicado intimismo, de introspección melancólica y algo triste que constituyen uno de nuestros rasgos de identidad. Sus intérpretes, Luisa Sobral, Mohini Geisweiller, Celso Fonseca, Zoe Muth and the Lost High Rollers, Amy Winehouse, Paul Simon, Nick Cave and The Bad Seeds, Marissa Nadler, Sophie Zelmani y Karen Souza que hace una intensa versión de Tainted love, el clásico de Soft Cell de los ochenta que también susurra en directo la guapa cantante en el vídeo con el que cerramos esta entrada.




Mundos mínimos

martes 7 de febrero de 2012


¿HAS SENTIDO ALGUNA VEZ ESO?

Una semana más, Buscando leones en las nubes vuelve al formato misceláneo. Sin un nexo conductor, sin un hilo argumental fácilmente perceptible, en la emisión que ahora os presento se suceden las reflexiones recogidas de textos literarios y las emociones suscitadas por un puñado de canciones reposadas. El tono que pretendo dar al programa, a partir de los fragmentos leídos y la música escuchada, es, como sabéis quienes nos seguís habitualmente, intimista y relajado; aspiro a crear una atmósfera recogida y amable, sosegada y tranquila, que propicie la introspección. que os permita disfrutar apaciblemente de unas piezas musicales y unos textos escogidos por su belleza, por su poder de sugestión, por su fuerza evocadora, por su capacidad de inducir las ensoñaciones, por su potencialidad creativa, por la posibilidad que encierran de construir quimeras, modestas y algo evanescentes quimeras, esas que urdimos inconscientes cuando nos cruzamos en la calle con unos ojos cómplices, cuando recreamos el pasado en una copa de vino, cuando soñamos concentrados ante el mar, cuando se nos abre el mundo tras una página de un libro. Lo que os propongo es en cierto sentido, poniéndome pedante -lo cual he de admitir que no me cuesta demasiado esfuerzo- un viaje espiritual, un recorrido mental (pero también físico: quiero que el sentimiento, que la emoción toque vuestros cuerpos) por los más atractivos territorios de vuestra inteligencia.

Y todo ello, a fin de cuentas, para acabar mostrando -de modo sutil, pero evidente- algunas de las esquinas de mi personalidad, para exponer algunos de los más recónditos espacios de mi espíritu (ensoñaciones, deseos, ilusiones, esperanzas, anhelos), para, por lo tanto y en cierto modo, acabar -presento mis disculpas- desnudándome. He escrito, quizá algo alegremente, al inicio de esta entrada, que no hay un núcleo vertebrador de la emisión. No es cierto, siempre lo hay: soy yo mismo. Mis elecciones me definen, los textos que elijo, las canciones que os ofrezco, los cuadros que acompañan estas entradas, me describen y me descubren, dibujan, a fin de cuentas, un retrato de mi alma; nebuloso, de contornos imprecisos, apenas entrevisto; pero para quien sepa observar, mis rasgos, difuminados, afloran entre las notas musicales y las voces ajenas que resuenan en las ondas. Ya lo decía Borges, de nuevo Borges, en aquel pensamiento que tengo la impresión de que ya ha aparecido aquí (o en algún programa): Yo creo que, en definitiva, todo lo que uno escribe es autobiográfico. Sólo que eso puede ser dicho: “Nací en tal año, en tal lugar” o “Había un rey que tenía tres hijos”. Se trata, pues -espero que se me entienda-, no de un exhibicionismo gratuito sino de un intento de compartir experiencias esenciales, comunes -paradójicamente- en lo que tienen de propio de cada ser humano. Se trata de reconocerse en lo que nos identifica y hace iguales. Se trata de, a través de lo que uno mismo siente, llegar al otro, “tocar” al otro. Se trata, en fin, de deciros, de gritaros: “¿has sentido alguna vez eso?”

Como juego ilustrativo de mis tesis (y de las de Borges) os muestro aquí una nube de palabras generada a partir de los textos que integran el programa de hoy. En el gráfico final, el tamaño de la letra es indicativo de la relevancia de la correspondiente palabra (del número de veces que se repite, por lo tanto) en el conjunto del texto y por tanto puede dar una idea aproximada de cuáles son las (mis) preocupaciones dominantes que se recogen en las emisiones.

Las de hoy, las palabras tras las que esta semana he querido esconderme/mostrarme las han escrito Felipe Benítez Reyes, Ricardo Menéndez Salmón, Edgar Telles Ribeiro, Julian Barnes, Francisco León, Deborah Eisenberg, Françoise Sagan, António Lobo Antunes, Pedro García Montalvo, Luisgé Martín, Valeria Mazzuco y Antonio Orejudo. Las canciones que expresan -también- mi sensibilidad aparecen en las interpretaciones de Lulu Gainsbourg a dúo con Scarlett Johansson (de nuevo la bella Scarlett, en una ciertamente discreta colaboración musical), Shelby Lynne, Márcio Faraco, Marissa Nadler con Red Heroine, Fatoumata Diawara, Jacqui Naylor, Marisa Monte, Rosie Thomas, Jane Monheit, Kate Walsh, Damien Jurado y la germano-nigeriana Ayo, que protagoniza tamibén la sección de vídeos con And it’s suppossed to be love, la canción que cierra el programa.




¿Has sentido alguna vez eso?