martes, 1 de agosto de 2017


JOHN COLTRANE. MY ONE AND ONLY LOVE

Buscando leones en las nubes os da la bienvenida una semana más, aunque no una cualquiera porque hoy cerramos las emisiones por este curso y hasta el próximo mes de septiembre. Y lo hacemos con el capítulo postrero de la serie de homenaje a John Coltrane que con ocasión de cincuentenario de su muerte os estamos ofreciendo desde hace quince días.

Hoy, al igual que en la emisión precedente, os propongo un nuevo acercamiento a la dimensión más recogida, más amable, más intimista y delicada del músico norteamericano, esa que aflora en sus baladas y en discos como The gentle side of John Coltrane o en recopilaciones como John Coltrane for lovers, quizá en exceso comerciales, aunque ya sabéis que en nuestro espacio no presumimos de exquisitez y por ello no ponemos reparos a la belleza aunque venga avalada -para tantos depreciada- por la aceptación mayoritaria. Y belleza hay, a raudales, en las versiones que hace nuestro invitado -en algún caso, como ya ocurriera el lunes pasado, acompañado por la grave y magnífica voz de Johnny Hartman- de algunos clásicos, standards muy conocidos de la historia de la música popular.

Intercalados entre los temas musicales, os presento sugestivos fragmentos de My favorite things. Conversaciones con Coltrane, el libro de clarificadoras entrevistas con Coltrane, y de A Love Supreme y John Coltrane, la monografía de Ashley Kahn sobre la obra mayor del saxofonista. En ellos afloran las opiniones del artista sobre su propia obra, sobre la experimentación y la creatividad, sobre la inspiración y las emociones que despierta la música.

De esta manera, Elena Villegas, responsable del buen funcionamiento de los artefactos electrónicos, y Alberto San Segundo, que pone su inspiración y su sensibilidad, sus ideas y su gusto, sus buenas intenciones y su muy mejorable voz al servicio de cada programa, os decimos así adiós, confiando en que hayáis disfrutado de la emisión y de todas las anteriores -quinientas setenta y cinco en total llevamos ya- e invitándoos a estar con nosotros dentro de un mes, exactamente el 4 de septiembre, en que empezaremos un nuevo curso con más música y más literatura. Pasad un muy buen mes de agosto. Hasta pronto. Adiós.


He estado leyendo un libro sobre la vida de Van Gogh, y he tenido que hacer una pausa y pensar en esa maravillosa y persistente fuerza: la urgencia creadora. La urgencia creadora estaba en ese hombre que se encontraba en total desacuerdo con el mundo en que vivía. Y, a pesar de la adversidad, las frustraciones, los rechazos, un arte vivo y magnífico surgió de él, desbordándolo. ¡Si pudiera estar aquí hoy! La verdad es indestructible. Por lo que se ve, la historia muestra (y lo mismo ocurre hoy) que el innovador suele ser condenado en cierta medida; generalmente según el grado en que se aleja de los modos de expresión predominantes, o como quieras llamarlo. El cambio siempre es difícil de aceptar. También vemos que esos innovadores siempre intentan revitalizar, ampliar y reconstruir el statu quo en sus respectivos terrenos siempre que sea necesario. Muchas veces son rechazados, completamente marginados, considerados ciudadanos de segunda, etcétera. Precisamente por las sociedades a las que aportan tanto sustento. Muchas veces son personas que soportan graves tragedias personales en sus vidas. Sea cual sea el caso, aceptados o rechazados, ricos o pobres, siempre les guía esa constante eterna, la urgencia creadora. Cuidémosla y alabemos por ella a Dios. John Coltrane

martes, 25 de julio de 2017


THE GENTLE SIDE OF JOHN COLTRANE

Esta semana continuamos con la serie que iniciamos hace siete días y que finalizará el próximo lunes dedicada a John Coltrane, el excepcional músico de Carolina del Norte, un saxofonista de descomunal talla artística, uno de los grandes nombres de la historia del jazz y, sin exageración, de la música popular del último siglo. Y medio siglo, cincuenta años, es lo que ha pasado desde el fallecimiento de Coltrane hasta estos días, razón por la que nuestro espacio ha querido conmemorar su inmensa figura con los tres programas que integran la serie mencionada.

Y si el lunes pasado os ofrecía la versión más áspera, más difícil y esquiva, de la obra del músico, también la más anticipadora y arriesgada, hoy nos vamos a deslizar de un modo evidente hacia su lado más amable, más intimista, más melódico, más lírico, el del excepcional intérprete de baladas que también fue -en paralelo a los experimentos y las innovaciones- John Coltrane. Así, en la próxima hora sonarán una decena de temas clásicos -muchos de ellos standards bien conocidos- reelaborados, recreados, reinventados por el magistral talento del músico. En algunos de ellos comparece la voz grave y profunda, intensa y romántica, de Johnny Hartman, que tantas veces acompañó a Coltrane.

Entre ellos, y como a lo ocurrirá a lo largo de las tres entregas de esta serie, aparecerán textos entresacados de dos obras fundamentales: My favorite things. Conversaciones con Coltrane, el libro publicado en España por la editorial Alpha Decay, en su colección Alpha Mini, que recoge, con la traducción de Isabel Nuñez, tres entrevistas del artista con periodistas musicales franceses a principios de la década de los sesenta del pasado siglo, junto a una interesante carta de Coltrane a otro periodista, Don DeMichael. Igualmente encontraréis citas de A Love Supreme y John Coltrane, la obra de referencia inexcusable del experto Ashley Kahn.


Quisiera aportar a la gente algo que se parece a la felicidad. Me gustaría descubrir un procedimiento tal que sólo deseando que lloviera, se pusiera enseguida a llover. Si uno de mis amigos se pusiera enfermo, yo tocaría cierta melodía y se curaría; si se arruinara, yo interpretaría otra canción e inmediatamente recibiría todo el dinero que necesitara. Pero cuáles son esas piezas y cuál es la vía que debo recorrer para lograr su conocimiento, lo ignoro. Los auténticos poderes de la música son aún desconocidos. Quisiera provocar reacciones en los oyentes de mi música, llegar a crear auténticos climas. John Coltrane


martes, 18 de julio de 2017


JOHN COLTRANE. MY FAVORITE THINGS

En las tres emisiones que restan para finalizar el curso, empezando por la de esta semana, vamos a centrarnos en una figura esencial en el influyente mundo del jazz -y por extensión en el de la música en general- del siglo XX. Se trata del saxofonista John Coltrane, que murió el 17 de julio de 1967, ayer hizo, pues, cincuenta años exactos.

Con ocasión de este aniversario vamos a repasar, como digo en tres programas consecutivos, su inmensa figura a partir de una muestra de una treintena de sus temas principales y más representativos, aunque hay que advertir de antemano, no obstante, que una obra de una magnitud tan inabarcable como la del músico norteamericano -una mera consulta a la Wikipedia permite constatar la existencia de más de cien álbumes grabados en sus cuarenta años de vida- resulta imposible de “resumir” en apenas tres escasas horas de radio.

La estructura de los programas será, en todos los casos, idéntica, aunque con ligeras variaciones de enfoque entre ellos. El núcleo central de cada espacio será, como parece obvio, su música, de la que os dejo una antología elegida con criterios no solo objetivos -piezas musicales con carácter emblemático, descriptivas de las líneas maestras de la producción artística de Coltrane- sino también rabiosamente subjetivos, con una estrecha vinculación a momentos señalados en mi propia biografía, en la que el saxofonista de Carolina del Norte ha ocupado un lugar preponderante y hasta -si exagero levemente- trascendental.

En este sentido, y simplificando en exceso mi lectura de la obra de Coltrane, podríamos decir que podemos encontrar, al menos, dos grandes vertientes en su música. Hay, sin duda, una vía vanguardista y rompedora, revolucionaria, de experimentación y osadía, de descubrimiento e investigación, de innovación y cambio, de rugiente frenesí, de agitación y de enfrentamiento en ocasiones violento -en términos artísticos- con las convenciones del jazz de su época; una vía que se refleja en las interpretaciones basadas en la improvisación, los largos solos, la quiebra de las estructuras musicales consabidas y habituales, las piezas de difícil -a veces imposible- “acceso” para los oídos del profano; y hay también otra vía, más lírica, más melódica, más asequible, en la que -sin perder el espíritu de indagación y aventura, de exigencia y riesgo; y por supuesto con talento y maestría- se recrean clásicos de la música popular, famosos standards del jazz o temas bien conocidos de la tradición folklórica anglosajona.

Pese al impacto que en mi vida provocó la primera de esas dos facetas -sobre todo a raíz de la lectura de Rayuela, la novela de Julio Cortázar que me mostró a Coltrane y me hizo entrar apasionadamente en la inmensidad de su obra-, pronto pude constatar que es esa otra dimensión más “ligera”, la de las baladas, la de las “canciones” en el sentido más convencional del vocablo, se acomoda mejor a mi personalidad. Con poco más de veinte años, ya me deleitaba con el doble disco The gentle side of John Coltrane, que recogía ese lado amable, tierno, suave y delicado, de una exquisita sensibilidad, del artista.

Siguiendo esa doble lógica, y aunque en cada uno de los tres programas aparecerán muestras de ambas líneas, dejo esta primera emisión para las piezas con una mayor complejidad, más abruptas incluso, que alcanzaron su máxima expresión en la obra de Coltrane en A love supreme, su obra maestra de 1964.

El cierre de esta noche lo pondrá la larguísima y excepcional revisión que hace Trane de My favorite things, quizá la canción más conocida de la película Sonrisas y lágrimas, una prueba ejemplar de cómo el talento del músico es capaz de “desarticular” -hoy se diría deconstruir- una melodía convencional hasta convertirla en una hipnótica e intensa experiencia sonora. Una cinta -una casete, en el lenguaje de la época- de este disco me acompañó durante decenas de horas en el alegre ocio de mis primeros años de profesor, en los que no hacía más que crecer mi fascinación por Coltrane y su grupo de acompañamiento “canónico”, con McCoy Tyner al piano, Elvin Jones a la batería y Jimmy Garrison al bajo, un trío presente en gran parte de las interpretaciones de estos tres programas.

Las dos últimas entregas de la serie, en cambio, os ofrecerán la ocasión de disfrutar la absoluta belleza de una veintena de temas intemporales, en interpretaciones magníficas, a la vez clásicas e innovadoras, de nuestro invitado de hoy.

Entre los temas musicales, os ofrezco fragmentos de algunos interesantes libros sobre Coltrane. En concreto, han sido dos mis fuentes de referencia a la hora de confeccionar los programas. La mayor parte de las citas proceden de My favorite things. Conversaciones con Coltrane, un librito de la editorial Alpha Decay, en su colección Alpha Mini, en el que, con la traducción de Isabel Nuñez, se recogen tres entrevistas del artista con Michel Delorme, Jean Clouzet y Claude Lenissois, en 1962, 1963 y 1965, y una sustanciosa carta de Coltrane a otro periodista, Don DeMichael. Además, hay algunos textos extraídos de A Love Supreme y John Coltrane, el ya clásico estudio de Ashley Kahn.

martes, 11 de julio de 2017


A PROPÓSITO DE LAS MUJERES

Una vez más Buscando leones en las nubes os ofrece una emisión muy femenina, con textos y temas musicales debidos íntegramente a mujeres. Hace unos meses, a finales de marzo, dedicaba mi otro espacio en la emisora universitaria salmantina, Todos los libros un libro, a la escritora italiana Natalia Ginzburg, de cuya interesante obra os hablé en una reseña que ahora podéis recuperar en el blog del programa, del mismo título. Uno de los volúmenes que entonces os presenté, una colección de cuentos agrupados bajo la rúbrica A propósito de las mujeres, venía precedido, en la edición de Lumen, por un breve pero sustancioso prólogo, en el que la autora disecciona con agudeza e inteligencia -y también con las limitaciones de la época en que fue escrito, a mediados del siglo pasado (no sé si su descarada franqueza provocará hoy, en estos tiempos de corrección política, más de un rechazo)- algunos rasgos significativos de la personalidad femenina, dando cuenta de las frustraciones y los miedos, de las esperanzas y la angustia, del cansancio, el aburrimiento y el dolor, del sufrimiento, la tristeza y la melancolía, de la infelicidad y también de las ansias de libertad de las mujeres. Ese texto, casi íntegro y que os dejo también aquí en el blog como cierre a esta presentación, estructura la parte literaria del programa.

Entre los distintos fragmentos suenan una decena de canciones interpretadas también por mujeres; temas todos que cuentan con las notas de recogimiento e introspección, de elegancia y delicadeza que constituyen los rasgos más característicos de la mayoría de las propuestas musicales de Buscando leones en las nubes. Malene Mortensen, Ina Forsman, Paola Turci, Lotte Kestner, Thilda, Silje Nergaard, Krista Johnson, Cara Matthew, Simone Kopmajer y una de nuestras invitadas favoritas, Ingrid St-Pierre, con su aniñada y deliciosa voz.


He conocido a muchísimas mujeres, a mujeres tranquilas y a mujeres no tranquilas, pero también las tranquilas caen en el pozo: todas caen en el pozo de vez en cuando. He conocido a mujeres que se consideran muy feas y a mujeres que se consideran muy guapas, a mujeres que viajan y a mujeres que no, a mujeres que sufren dolor de cabeza de vez en cuando y a mujeres que nunca lo sufren, a mujeres que se lavan el cuello y a mujeres que no se lo lavan, a mujeres que tienen muchos hermosos pañuelos blancos de hilo y a mujeres que no tienen pañuelos o, si los tienen, los pierden, a mujeres que llevan sombrero y a mujeres que no llevan, a mujeres que temen estar demasiado gordas y a mujeres que temen estar demasiado delgadas. He conocido a mujeres que se pasan el día en el campo con la azada y a mujeres que parten la leña con la rodilla y encienden el fuego y preparan la polenta y mecen al niño y lo amamantan, y a mujeres que se aburren mortalmente y asisten a cursos de historia de las religiones, y a mujeres que se aburren mortalmente y sacan a pasear al perro, y a mujeres que se aburren mortalmente y se dedican a martirizar a quien tienen a mano, a su marido o a su hijo o a la criada, y a mujeres que salen por la mañana con las manos amoratadas por el frío y una bufandita al cuello y a mujeres que salen por la mañana moviendo el trasero y contemplando su reflejo en los escaparates, y a mujeres que han perdido su trabajo y se sientan a comer un bocadillo en un banco del jardín de la estación a empolvarse ligeramente la cara. He conocido a muchísimas mujeres, y ahora estoy segura de descubrir en ellas al cabo de un rato algo digno de conmiseración, un problema mantenido más o menos en secreto, más o menos grande: la tendencia a caer en el pozo y encontrarse con una posibilidad de sufrimiento infinito que los hombres no conocen tal vez porque gozan de mejor salud o son más capaces de olvidarse de sí mismos y de identificarse con su trabajo, más seguros de sí y más dueños de su cuerpo y de su vida, y más libres.

Las mujeres comienzan en la adolescencia a sufrir y a llorar en secreto en su habitación, lloran por culpa de su nariz o de su boca o de alguna parte de su cuerpo que no les gusta, o lloran porque creen que nadie las querrá nunca, o porque tienen miedo de ser estúpidas, o porque tienen miedo de aburrirse en vacaciones, o porque tienen pocos vestidos: estas son las razones que se dan a sí mismas, pero en el fondo no son más que pretextos y en verdad lloran porque han caído en el pozo y saben que a lo largo de su vida caerán en él a menudo, lo que les hará más difícil llevar adelante algo serio. 

Las mujeres piensan mucho en ellas mismas y piensan de una forma amarga y febril que los hombres desconocen. Es muy difícil que lleguen a identificarse con el trabajo que realizan, es difícil que consigan emerger de esas aguas oscuras y dolorosas de su melancolía y olvidarse de sí mismas. 

Las mujeres tienen hijos y cuando nace el primer niño aparece en ellas una nueva especie de tristeza hecha de cansancio y miedo, y aparece siempre, incluso en las mujeres más sanas y tranquilas. Es el miedo a que el niño enferme, o es el miedo a no tener suficiente dinero para comprar cuanto necesita el niño, o es el miedo a tener la leche demasiado grasa o a tenerla demasiado líquida, es la sensación de no poder viajar tanto como antes, o la sensación de no poder dedicarse ya a la política, o la sensación de no poder volver a escribir o de no poder pintar como antes o de no poder escalar montañas como antes por culpa del niño; es la sensación de no poder disponer de la propia vida, la preocupación de tener que protegerse de la enfermedad y la muerte porque la salud y la vida de una mujer es necesaria para su hijo.

Y hay mujeres que no tienen hijos, y esta es una gran desgracia, es la peor desgracia que puede sucederle a una mujer, porque en un momento dado todo se convierte en desierto y aburrimiento y hastío de las cosas que antes se hacían con audacia, escribir y pintar y hablar de política y hacer deporte, y todo se convierte en cenizas en sus manos, y una mujer consciente o inconscientemente se avergüenza de no haber tenido hijos y empieza a viajar, pero incluso viajar es difícil para una mujer, porque tiene frío o porque le duelen los zapatos o porque se le hacen carreras en las medias o porque la gente se sorprende de ver a una mujer que viaja y mete las narices en todas partes. Y todo esto aún puede superarse, pero además está la melancolía y las cenizas en las manos y la envidia al ver las ventanas iluminadas de las casas en las ciudades extranjeras. Tal vez consigan vencer la melancolía un largo tiempo y paseen al sol con paso firme y hagan el amor con los hombres y ganen dinero y se sientan inteligentes y bellas, ni demasiado gordas ni demasiado delgadas, y se compren sombreros extravagantes con lazos de terciopelo y lean libros y los escriban, pero en un momento dado caen de nuevo en el pozo con miedo y vergüenza y desprecio de sí mismas y ya no consiguen escribir libros y tampoco leerlos, no logran interesarse por nada que no sea su problema personal, que muchas veces no saben explicarse bien y al que dan nombres diversos, nariz fea boca fea piernas feas aburrimiento cenizas hijos no hijos.

Y luego las mujeres empiezan a envejecer y se buscan las canas para arrancárselas y se miran las ligeras arrugas debajo de los ojos y comienzan a tener que ponerse fajas con dos ballenas en la barriga y dos en el trasero y dentro de ellas se sienten oprimidas y sofocadas, y todas las mañanas y todas las noches observan cómo su rostro y su cuerpo se transforman poco a poco en algo nuevo y penoso que pronto ya no servirá para nada, ya no servirá para hacer el amor ni para viajar ni para practicar deporte, sino que será algo que ellas mismas deberán cuidar con agua caliente y masajes y cremas o bien dejarlo que vaya devastándose y marchitándose bajo la lluvia y el sol y olvidar el tiempo en que fue bello y joven. 

Las mujeres son una estirpe desgraciada e infeliz con muchos siglos de esclavitud a sus espaldas y lo que tienen que hacer es defenderse con uñas y dientes de su malsana costumbre de caer en el pozo, porque un ser libre no cae casi nunca en el pozo ni piensa siempre en sí mismo, sino que se ocupa de todas las cosas importantes y serias que hay en el mundo y solo se ocupa de sí mismo esforzándose por ser día a día más libre. La primera que debe aprender a actuar así soy yo, porque de lo contrario seguro que nunca podré hacer nada serio y el mundo no progresará mientras esté poblado por una legión de seres que no se sienten libres.

martes, 4 de julio de 2017


OTRA NOCHE SOLITARIA

Esta semana cerramos la breve serie de dos emisiones dedicadas a El arte de quedarse solo, la última entrega de los siempre apetecibles diarios del poeta y profesor José Luis García Martín, un tomo, publicado este año, que recoge sus anotaciones correspondientes a los años 2015 y 2016.

Como ya comenté hace siete días, la personalidad del autor es ciertamente controvertida. De pensamiento siempre original, emitido a menudo a contracorriente, García Martín parece regodearse en su permanente enfrentamiento con el mundo. Consciente y hasta orgulloso de su radical discrepancia con los valores generales, con las opiniones comunes, con las ideas consabidas, son innumerables las ocasiones en las que afirma, subraya y se vanagloria incluso de su superioridad intelectual y hasta moral frente al resto de sus conciudadanos -en particular los que pueblan ese singular universo que forman los escritores-, si bien su jactancia, su enfático narcisismo se ven algo mitigados por un permanente punto de humor, algo socarrón, que permite al lector -al menos eso ocurre en mi caso- dudar de la firmeza, la autenticidad y la convicción de una postura que parece muchas veces impostada. Leyéndolo, pareciera como si el autor se obstinara en demostrar a cada momento su irritante carácter y su desabrida forma de estar en el mundo, su figura un artefacto literario, inventado, pues, una ficción más, aunque para mi gusto de escaso interés y dudosa eficacia.

El corolario natural de un planteamiento tan desagradable, tan arisco, tan abrupto es, obviamente, la soledad, que inspira el título del libro y que permea la obra entera. Una soledad de la que, no obstante, García Martín, presume -de ahí la mención al “arte de quedarse solo”, como si se tratara de un logro, un refinado objetivo que debiera cultivarse- aunque, de nuevo a mi juicio, probablemente infundado, hay un tono algo amargo y triste, algo pesaroso y no deseado, algo compungido y melancólico, que casi siempre impregna las palabras del excelente poeta. Los textos que hoy he recogido para integrar el programa participan, en general, de esa intención algo suficiente y presuntuosa, y en ellos aparece esa áspera versión de sí mismo en la que su autor parece complacerse.

La soledad es también el leitmotiv que inspira las quince canciones que suenan entre las palabras de García Martín; unas canciones, como siempre en Buscando leones en las nubes, apacibles y recogidas, rezumando elegancia y sensibilidad, interpretadas por Roy Orbison, Mavis Staples, Paul McCartney, Bruce Springsteen, Doris Day, Bobby Vinton, Graça Cunha, Marc Broussard, Sia, Beck, Chris Isaak, Michael Kiwanuka, Millie Jackson, Charlie Musselwhite y Carrie Rodriguez con Bill Frisell.

Una vez más Edward Hopper comparece en estas páginas como complemento a los programas. Esta vez se trata de New York Movie, un cuadro de 1931.

martes, 27 de junio de 2017


EL ARTE DE QUEDARSE SOLO

Esta semana quiero ofreceros la primera emisión de una serie de dos que tendrá a la última entrega de los diarios del profesor y poeta José Luis García Martín como núcleo central. El arte de quedarse solo, publicado en 2017 en la editorial Renacimiento recoge las anotaciones del autor correspondientes a los años 2015 y 2016.

Se trata, como es habitual en el resto de la producción diarística del extremeño -aunque asturiano de adopción-, de un compendio de afilados textos en los que la literatura, los libros, los viajes, la política, las tertulias, los escritores o la vida cotidiana son objeto de los inteligentes y siempre polémicos acercamientos de un García Martín algo hosco y distante, beligerante y de difícil conformar, siempre muy singular e independiente, que cultiva de modo consciente -regodeándose, incluso, en ella- una acre antipatía, componiendo una pose de suficiencia y vanidad, de egocentrismo narcisista algo repelente y de petulante intransigencia (aunque quizá su acentuada pretensión de sinceridad sea auténtica y no haya artificio ni “personaje” literario y estemos, en efecto, ante un individuo en realidad desagradable).

Y sin embargo, yo llevo años leyéndolo con placer -intentando sustraerme a ese enojoso sesgo de esa personalidad, construida o real-, pues en su poesía hay emoción y verdad, en sus traducciones criterio, buen gusto y sensibilidad, y en sus artículos y colaboraciones -más allá de una para mí insoportable insistencia en litigar con cualquiera que a su inflexible juicio no esté al nivel de su propia soberbia inteligencia- atinadas opiniones e ideas luminosas, originales y poco condescendientes con la estúpida corrección política imperante.

En la presente emisión os dejo una docena larga de reflexiones entresacadas de este El arte de quedarse solo; pensamientos muy breves, casi aforísticos, debidos, en su mayoría, al propio García Martín o citados por él -en referencias quién sabe si apócrifas, dada la trayectoria del autor en este sentido-, como Jardiel Poncela, Lawrence Durrell, Rafael Montesinos o algún ignoto poeta chino.

Y siendo el de la soledad el tema último -camuflado o explícito- del libro, os ofrezco, como complemento a los textos, una serie de canciones que la tienen también como motivo principal; temas bellísimos cantados por mujeres que recrean, casi siempre con melancolía y hasta tristeza, esos estados de carencia en que, desguarnecidos e indefensos, nos enfrentamos cara a cara y sin ayuda, a nuestros propios demonios interiores. Billie Holiday, Vonda Shepard, Simone Kopmajer, Bessie Smith, Mina, Carpenters, Emmylou Harris, Gal Costa, Linda Ronstadt, Diana Krall, Madeleine Peyroux, Cesaria Evora, Barbara y Marlena Shaw son sus inspiradas intérpretes.

martes, 20 de junio de 2017


LLEGA EL DILUVIO

Con la emisión de esta semana cerramos por este curso la serie, que ya ha tenido una primera entrega hace un año y que volverá a reaparecer en el que viene, centrada en Antología poética del rock, un estupendo libro, presentado en 2015 por la editorial Hiperión, un sello clásico en el mundo de las publicaciones de poesía, en el que Alberto Manzano, escritor, periodista, traductor y poeta él mismo, recopila dos largos centenares de canciones escogidas de entre el amplísimo repertorio de la música rock en sus más de cien años de existencia.

En el libro se recogen temas que van desde finales del siglo XIX hasta el más reciente 2012, piezas todas que, unidas por el hilo conductor del rock, hunden sus raíces sin embargo en otros géneros como el blues, el country, el pop, u otros ámbitos musicales de los que se nutre el generoso caudal del rock’n’roll.

La finalidad última de libro es ofrecer una muestra de la riqueza poética que en muchos casos encierra el universo de la más popular de las músicas contemporáneas, a través de las letras de las canciones seleccionadas, que el autor traduce con criterio, En efecto, el rock ha sido con frecuencia una espléndida caja de resonancia de la sociedad, un altavoz que ha permitido transmitir las preocupaciones y las quejas, los anhelos y las reivindicaciones, la sensibilidad y las emociones, los intereses y los sueños, las esperanzas y las frustraciones de varias generaciones de jóvenes que han encontrado en las canciones y en sus a menudo poéticas letras una muy adecuada vía de expresión de sus aspiraciones y su personalidad.

Unidos, pues, por ese aliento lírico, en la emisión de esta semana os dejo diez temas de la última mitad de los setenta en los que, entre la introspectiva voz de los cantautores y los más abruptos mensajes de los rockeros, se vislumbra ya la radical desesperanza del punk y la new wave con la que despuntará la década siguiente y con la que nos encontraremos en otra serie que, como he señalado, se emitirá el curso próximo. Jackson Browne, Neil Young, Steely Dan, Kevin Ayers, Eagles, Elliott Murphy, The Clash, The Cure, Marianne Faithfull y Peter Gabriel que cierra el programa con la magnífica Here comes the flood, uno de sus primeros éxitos en solitario, tras su separación de Genesis. Peter Gabriel es uno de los pocos grandes nombres de la música popular que aún no ha tenido un programa monográfico en nuestro espacio, una carencia que espero paliar lo antes posible, toda vez que el genial músico británico es, además, uno de mis artistas favoritos.

martes, 13 de junio de 2017


NO ME OLVIDES

Buscando leones en las nubes os invita a esta segunda edición de la serie que desde el lunes pasado estamos dedicando a un libro, Antología poética del rock, que ya centró tres de nuestros programas del curso pasado y sobre el que ahora recaemos, al constituir una fuente inagotable de interesantes saberes.

En él, su autor, el imprescindible Alberto Manzano, recoge dos centenares de canciones que, en su particular criterio, representan lo más destacado y relevante de la música rock en su larga historia que se desarrolla, a lo largo de más de un siglo, desde las postrimerías del XIX hasta estos albores ya bien avanzados del XXI.

Esta semana volvemos a centrarnos en una selección de temas de la pasada década de los setenta, con once canciones de géneros muy diversos, todos girando sobre el universo de rock, como son el pop, la psicodelia y soul, el rock sinfónico y el reggae, el country y la música de raíz. En todos los casos, cada pieza viene precedida de su letra, siempre en la traducción del propio Manzano.

Don Nix, Jim Capaldi, Marvin Gaye, The Kinks, Lou Reed, Tim Buckley, Peter Hammill, Roxy Music, Bob Marley, J.J.Cale y Harry Nilsson, son los intérpretes de las canciones elegidas, casi todas muy representativas, en música y textos, del espíritu de su época.






No me olvides

En invierno
Ten los pies calientes
Abrígate
Y no me olvides
Guarda el recuerdo
Y no malgastes la pólvora

En verano
Junto a la piscina
Rodeado
De luciérnagas
Sé que te añoraré cuando esté solo
Pero también echaré de menos la pensión alimenticia

Por favor, no me olvides
Házmelo fácil sólo un ratito
Sabes que pensaré en ti
Dime que tú también lo harás

Cuando seamos viejos
Y el cáncer invada nuestros cuerpos
No te preocupes por ello ahora
Venga, seamos felices
Porque nada dura siempre
Y yo siempre te amaré

martes, 6 de junio de 2017


AQUALUNG

Hace ahora poco más de un año, en abril de 2016, en Buscando leones en las nubes dedicábamos tres emisiones a Antología poética del rock, un muy interesante libro que publicó la editorial Hiperión en su prestigiosa y ya longeva colección de poesía. Bajo la tutela de Alberto Manzano, escritor, periodista y, en general, experto en música, en el libro se presentan cerca de doscientas canciones muy destacadas y que configuran una significativa “fotografía” de la historia del rock, desde sus inicios en las postrimerías del siglo XIX hasta un reciente 2012, fecha a la que se corresponde el último tema seleccionado. Agrupadas por décadas, de cada pieza musical se ofrece su letra, en su versión original y en la traducción del propio Manzano, así como la referencia de su autor y sus principales intérpretes.

En la serie radiada el curso pasado os propuse, en la primera emisión, una muestra de canciones de las cuatro primeras décadas del siglo XX; en la segunda, el objeto del programa fueron algunos muy conocidos temas de los años cincuenta y la primera mitad de los sesenta; y por fin, en la tercera, sonaron canciones de los últimos años de esa década prodigiosa. En todos los casos, y ante la gran variedad de títulos recogidos por Manzano, opté por elegir aquellos que, siendo representativos de la música de sus respectivas épocas, encajaban mejor en mi particular sensibilidad y coincidían más abiertamente con mis gustos musicales.

Un año después, en Buscando leones en las nubes volvemos a esa obra de referencia para abrir otra breve serie, compuesta por otros tres programas, en la que nos centraremos en los muy prolíficos años setenta, desde unas primeras canciones aún vinculadas al universo sesentero, con las drogas, la guerra de Vietnam y el mundo y los valores del hippismo como ejes principales de sus letras, hasta la música de finales de la década, con el punk y la new wave apuntando ya en el horizonte.

En concreto, en la edición de esta semana suenan once temas, casi todos muy reconocibles y hasta emblemáticos de esos años y además, en el plano personal, parte destacada de la banda sonora de mi primerísima juventud. Sus intérpretes son The Doors, Kris Kristofferson, Joni Mitchell, James Taylor, Cat Stevens, Nick Drake, Led Zeppelin, Jethro Tull, Janis Joplin, David Crosby y Elton John, que ha cerrado el programa con la estupenda Goodbye, un magnífico tema de su excepcional álbum Madman across the water, una obra maestra cuyo vinilo yo “destrocé” -como el Aqualung de Jethro Tull- de tanto ponerlo en aquellos inocentes años de los primeros setenta.

Un Elton John, en esa su primera etapa no tan comercial y prescindible como llegó a ser con posterioridad, que dio discos tan excepcionales como el mencionado o Honky Château o Goodbye yellow brick road, y que se merece -al igual que el inefable Ian Anderson, líder de Jethro Tull- al menos un programa de homenaje en Buscando leones en las nubes, que os prometo para el curso venidero.

martes, 30 de mayo de 2017


DE UNA FORMA NORMAL

De nuevo, en Buscando leones en las nubes volvemos a la fórmula miscelánea, tan querida por mí, con una selección de textos y canciones que no tienen entre sí ningún elemento temático en común y que solo aparecen unidos por su belleza y su capacidad para inducir vuestra reflexión y despertar vuestra sensibilidad.

Os ofrezco así una docena de fragmentos que he recogido de algunas de mis lecturas más recientes y que encierran interesantes reflexiones, bastantes de ellas muy breves, todas muy sugerentes y dotadas de un extraordinario poder evocador; textos escritos por Arthur Rimbaud, Hertha Müller, J.R. Moehringer, Benjamin Black, Angelika Schrobsdorff, Xavier de Maistre, John Berger, Elizabeth Strout, Garth Risk Hallberg, Colm Toíbín, Pierre Lemaitre y T.C. Boyle.

Entre ellos, otras tantas canciones, siempre con el tono recogido e intimista que es costumbre en nuestro espacio, capaces por sí solas de crear una atmósfera delicada y acogedora que contribuya a haceros pasar una hora entretenida y agradable. Alison Krauss, Thana Alexa, Ryan Adams, Ingrid St-Pierre, Leonard Cohen, Márcia, Michael Kiwanuka, Amy Goddard, Conor Oberst, Mina, Van Morrison y Dina Popma son sus intérpretes.

Atardecer, el melancólico cuadro de Edward Munch, pintado en 1888, complementa esta entrada.


En una ocasión fue a ver a Freud una mujer que estaba muy enferma, muy enferma de la cabeza, ya me entiendes, y le preguntó si podía curarla. “No puedo curarla”, le dijo Freud, “pero tal vez pueda conseguir que sea infeliz de una forma normal”. Benjamin Black

martes, 23 de mayo de 2017


UNA VIDA NUEVA

El Buscando leones en las nubes de esta semana vuelve a acomodarse al formato misceláneo que tan grato me resulta y en el que tanto he incurrido a lo largo de las muchas temporadas en que el programa lleva emitiéndose.

La finalidad última de nuestro espacio es ofreceros una selección de música y literatura con la intención de haceros disfrutar de una hora agradable, entretenida e interesante, y para ello, y como sabéis nuestros seguidores más habituales, muy a menudo escojo textos literarios y piezas musicales extraídos de mis lecturas y escuchas más recientes, que no tienen en común ningún nexo salvo la belleza y el interés de unas y otras.

Es el caso de la emisión de esta noche, en la que para completar la vertiente literaria de nuestro espacio he escogido una docena de citas entresacadas de algunos libros que, como digo, he leído en las últimas semanas. Se trata de fragmentos muy propicios para la reflexión, muy evocadores y llenos de emoción. La mayor parte de ellos proceden de novelas, pero hay también textos recogidos de poemas, una biografía y algún ensayo. Sus autores son Adda Ravnkilde, Elizabeth Strout, Richard Russo, Georges Simenon, Garth Risk Hallberg, Logan Pearsall Smith, Emily Dickinson, Marcos Giralt Torrente, Richard Flanagan, Rubem Fonseca, Eileen Chang y Benjamin Black, el alter ego policiaco de John Banville.

Son también conmovedores y bellísimos los temas musicales que completan la emisión, doce canciones interpretadas por mujeres, rezumando delicadeza, sensibilidad, elegancia y encanto. Las interpretan Julia Stone, con el acompañamiento de su hermano Angus, Andrea Motis, Eve St. Jones, Brianna Gaither, Bonnie Bishop, Clementine Duo, Natalie Hemby, Vanessa Collier, Tift Merritt, Elina Duni, Marisa Monte (con la sutil compañía de Arnaldo Antunes) y la algo ñoña pero entrañable anglopakistaní Rumer.

Back where you belong, un bonito cuadro de Jack Vettriano abierto a múltiples evocaciones, acompaña este comentario.


La última vez que estuve en el hospital San Juan de la Cruz en el dique seco había un tipo a quien su esposa acudía a visitar todos los días… Todos, sin excepción. Él no era joven, tendría mi edad. Ella tampoco era joven, no muy atractiva, un poco desaliñada, ya imaginas el tipo. Formaban una pareja corriente. Pero cada vez que ella entraba en la cafetería, que era donde nos encontrábamos con nuestros visitantes, lo primero que hacía siempre era sujetar la cara de él entre las manos y besarle en la boca apasionadamente, como si fuesen una pareja de jóvenes amantes y llevasen semanas sin verse ni acariciarse.
—Bonita historia.

—Lo más extraño era el impacto que nos causaba a los demás.

—¿Cómo era?

—Nos sentíamos un poco incómodos y guasones y desdeñosos…, ese tipo de cosas, ya te puedes imaginar. Pero lo que sentíamos con mayor intensidad era tristeza. Simplemente eso, tristeza. Eso no habría pasado de hecho si ellos hubiesen sido jóvenes y guapos… Imagino que entonces habríamos estado celosos. Pero no, nos sentíamos tristes. Creo que lo que veíamos en ellos, en aquella pareja de cuarentones que estaban allí besándose, era el reconocimiento de lo que nosotros habíamos perdido o que nunca habíamos tenido… Todas las posibilidades de la vida que habían pasado de largo, que nosotros habíamos dejado pasar sin ni siquiera extender una mano para detenerlas, para aferrarlas. No me malinterpretes, esa tristeza no era un sentimiento lacerante. Era como… como uno de esos jirones de bruma que te atraviesan en un día caluroso, provocándote un escalofrío y dejándote con una sensación de frío que antes no tenías. Benjamin Black

martes, 16 de mayo de 2017


LO PEOR DE LA HUMANIDAD

Esta semana continuamos con la corta serie, iniciada hace siete días y que hoy llega a su fin por este curso -habrá continuación en temporadas venideras-, dedicada al humor con ocasión de la reciente celebración, el pasado 7 de mayo, del Día mundial de la risa.

Ese alegre motivo me llevó hace una semana a ofreceros trece reflexiones muy breves, casi aforísticas, y teñidas todas de un muy perceptible tono irónico, festivo y hasta burlón, entresacadas de El pequeño libro de las grandes citas de humor, una recopilación que presentó Gregorio Doval en 2016 en el sello Alienta Editorial. En el acogedor volumen, presentado en un formato y con un tamaño que lo aproximan al de los clásicos breviarios, el autor recopila mil setecientas cincuenta citas, en su mayoría, como digo, muy ingeniosas y mordaces, que abordan temas muy diversos, y de las cuales yo he seleccionado para la presente edición otras trece referencias que constituyen otras tantas aproximaciones a la naturaleza humana, a nuestra actitud ante la vida, a, por tanto, aspectos esenciales de la existencia en los que, como comprobaréis en unos minutos, resulta fácil reconocerse.

Los autores de los textos, todos, como he dicho, con un innegable tono humorístico, llenos de ingenio y agudeza, son Laurence Peter, Georg Lichtenberg, Pío Baroja, Ambrose Bierce, Francis Herbert Bradley, Nicholas Butler, José Camón Aznar, Winston Churchill, Samuel Butler, Rodney Dangerfield, Stanislaw Jerzy Lec, Albert Einstein y Enrique Jardiel Poncela.

Alternando con los textos, os propongo una muestra de temas musicales, muy tranquilos y apacibles, rezumando belleza y sensibilidad, que constituyen, a mi juicio, el perfecto acompañamiento de las citas literarias y que contribuyen a la consecución de esa atmósfera de quietud y sosiego que define los mejores de nuestros programas. Y así, podréis escuchar las preciosas canciones de Alison Krauss, Mina, Sturgill Simpson, Emily Barnes, Ryan Adams con Emmylou Harris, Clara Peya, Stephanie Struijk, Mark Eitzel, Flo Morrisey con Matthew E. White, Jose James con Oleta Adams, Sarah Menescal, Ceuzany y Natalia M. King.

martes, 9 de mayo de 2017


LIMONES

Esta semana y la próxima voy a ofreceros dos emisiones vinculadas a una peculiar y algo estrambótica celebración que viene festejándose desde hace algo menos de una década a partir de una iniciativa surgida en la India como un proyecto en pro de la paz en el mundo, una de esas propuestas bienintencionadas y algo difusas y por eso casi siempre imposibles con las que a menudo nos encontramos en este mundo globalizado. Se trata del Día Mundial de la risa que tiene lugar desde 1998 en el primer domingo de mayo, el pasado 7 de mayo en el caso de este año.

Y en unos programas centrados en la risa he elegido consiguientemente como eje conductor un libro muy curioso que con el explícito título de El pequeño libro de las grandes citas de humor publicó en 2016 Alienta Editorial. En él, Gregorio Doval, que firma la edición, recopila mil setecientas cincuenta citas, frases, aforismos y reflexiones tocadas todas -en mayor o menor medida- por la ironía y el sarcasmo, por la agudeza y el ingenio, por la comicidad y el humor. Divididas por ejes temáticos, las citas son casi siempre muy interesantes, inducen a la reflexión y, sobre todo, provocan al menos la sonrisa del lector que, en ocasiones, llega incluso a la carcajada a partir de la hilarante gracia de algunas de las sentencias.

En la emisión de hoy os ofrezco una docena larga de referencias que giran sobre la actitud ante la vida y la naturaleza humana, unos pensamientos, como digo, muy penetrantes y divertidos que aparecen entre otras tantas canciones que se desenvuelven en las pautas habituales de nuestro programa: el intimismo, la introspección, la delicadeza y la sensibilidad. Paul Anderson, Mel Brooks, Bernard Le Bovier de Fontenelle, Sigmund Freud, Lina Furlan, Curt Goetz, Ramón Gómez de la Serna, Eugène Ionesco, Stephen Kallis, Erich Kästner, Ronald David Laing, Vita Sackville-West y Ron White son los autores de las frases que habéis podido escuchar en la emisión.

Los muy agudos e ingeniosos pensamientos humorísticos seleccionados han aparecido entre las espléndidas canciones de Laura Marling, Teddy Thompson con Kelly Jones, Emily Jane White, Conor Oberst, Sophie Zelmani, Tony Joe White, Petra Magoni y Ferruccio Spinetti con su Musica Nuda, Ina Forsman, Scott Hamilton, Dina Popma, los hermanos Matthew y Jill Barber, Mark Kozelek y la siempre dulce Ingrid St-Pierre.

martes, 2 de mayo de 2017


ELLA FITZGERALD EN EL CIELO

Hace ahora poco más de cinco años fallecía en Cracovia Wislawa Szymborska, la excepcional poeta polaca a la que hemos dedicado cuatro programas en Buscando leones en las nubes. En su entierro sonó su canción favorita de Ella Fitzgerald, Black coffee, con la que cerramos la emisión de esta semana, la segunda de la serie dedicada a la extrordinaria figura artística de la cantante de Virginia.

Entre las canciones de nuestra inolvidable invitada, con mucha presencia en esta ocasión de sus recreaciones de standards de los grandes cancioneros norteamericanos, singularmente el de los hermanos Gerswhin y el de Cole Porter, podéis escuchar textos sobre la propia Ella, sobre su música, sobre su vida y su trayectoria artística entresacados de artículos y reportajes diversos, así como reflexiones y comentarios de otros músicos y de la misma intérprete.

Sus autores son Teresa Amiguet, Giuseppe Videtti, Luca Sofri, Stuart Nicholson, Tim Sendra y Alfonso Cardenal, de los músicos Ira Gershwin, Frank Sinatra, y Jimmy Rowles y la citada Wislawa Szymborska, de la que os ofrezco, como emocionante colofón al programa, el poema Ella Fitzgerald en el cielo, que dedicó a la cantante.


Ella Fitzgerald en el cielo (traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano)

Le rezaba a Dios,
le rezaba ardientemente,
para que hiciera de ella
una feliz chiquilla blanca.
Y si ya es tarde para esos cambios,
pues al menos, Mi Señor, mira cuánto peso
y quita de aquí como poco la mitad.

Pero el misericordioso Dios dijo No.
Simplemente puso la mano en su corazón,
le miró la garganta, le acarició la cabeza.
Y cuando todo haya pasado—añadió—,
me llenarás de júbilo viniendo a mí,
mi alegría negra, mi tonel cantarín.

martes, 25 de abril de 2017


ELLA FITZGERALD. THE FIRST LADY OF SONG

Con el programa de esta semana iniciamos una corta serie, que tendrá su continuación el lunes próximo, dedicada a una excepcional artista, una de las grandes divas del jazz, The First Lady of Song, la deslumbrante Ella Fitzgerald, nacida hace ahora cien años, el 25 de abril de 1917, y fallecida hace otros veinte, en 1996.

Persuadido, como lo estoy en cada emisión, de que lo esencial de estos programas de homenaje -y, en general, de todos los demás- es disfrutar de la música del artista que pretendemos celebrar, voy a abreviar esta presentación para dar paso a una docena larga de canciones en las que sobresalen la sensibilidad, el estilo y la maestría vocal de nuestra invitada. Una Ella Fitzgerald frecuentadora de un vastísimo repertorio musical del que podría haber extraído “material” valioso no solo para estas dos entregas sino para una veintena de ellas. Esta noche, y siguiendo un muy vago y plagado de excepciones criterio cronológico, os ofrezco piezas entre las que destacan algunas de sus primeros años como intérprete, en los que la influencia de cantantes blancas como Connee Boswell y el apoyo de músicos como Chick Webb marcaron sus inicios artísticos.

Entre los añejos pero bellísimos temas os leeré diversos fragmentos extraídos de artículos y reportajes de prensa, incluso de la página web de la artista, debidos a distintos periodistas, aficionados y expertos en su obra (Jorge Hernández, Teresa Amiguet, Milagros Soler, Valentina Matarozzi, Alberto Grazioli, Giuseppe Videtti y su “descubridor” el músico Chick Webb), así como a la propia Ella Fitzgerald. Transcribo aquí, como cierre a esta presentación, uno de los textos, del italiano Alberto Grazioli, que nos habla del sorprendente vínculo entre nuestra invitada y Marilyn Monroe.


Marilyn Monroe le cambió la vida. Para mejor. No son sólo fueron Chick Webb, Louis Armstrong, Norman Granz o Dizzy Gillespie los que dieron lugar a un cambio en la existencia de la cantante. Mientras estaba de gira en los años 50, era víctima de discriminación debido a su origen étnico. Le pasó a muchos otros artistas afroamericanos en ese momento. Por ejemplo, en una ocasión, mientras estaba en un local para llevar a cabo una actuación, la policía irrumpió y arrestó a todo el mundo, dándole también un trato terrible a la cantante. Y una vez en comisaría, aún tuvieron el valor de pedirle un autógrafo.

Quizá alguien se pregunte: ¿qué pinta Marilyn en todo esto? Los cantantes negros estaban a menudo limitados a pequeños locales, a los pequeños clubes, lejos de la oportunidad de actuar frente a una gran audiencia. Sólo por el color de su piel. En la década de los 50 era un honor poder actuar en el Mogambo, en Hollywood. Lo hizo Frank Sinatra y también era frecuentado por gente de la talla de Clark Gable, Charlie Chaplin, Humphrey Bogart, Lauren Bacall y Lana Turner. Ella no podía acceder al local exclusivo sólo por discriminación racial. Marilyn contactó directamente con el propietario del restaurante y le dijo que quería a Ella actuando en su club: si aceptaba su petición, reservaría una mesa, todas las noches, justo enfrente del escenario. El hombre estuvo de acuerdo, y esta gestión permitió a Ella ser conocida y comenzar con dignidad una carrera que acabaría por alcanzar fama mundial.

martes, 18 de abril de 2017


TRADUTTORE, TRADITORE

Bienvenidos a un nuevo trimestre, bienvenidos a una nueva emisión de Buscando leones en las nubes, que vuelve a las ondas tras las ya finalizadas vacaciones de Pascua. Esta semana, y para abrir esta última etapa de la programación por este curso, en lo que constituye la edición número 560 de nuestro espacio, volvemos a Lost in translation, el atractivo libro de Ella Frances Sanders que ya protagonizó nuestra emisión postrera del trimestre pasado.

Se trata, como quizá recordaréis, de un compendio de más de cincuenta términos de una treintena de idiomas, que tienen en común la dificultad, más aún, la imposibilidad de su traducción (quien traduce, traiciona: traduttore, traditore, en el dictum clásico sobre el tema), al referirse, en la breve concisión de una sola palabra, a un conjunto de evocaciones, vivencias, sobreentendidos, derivaciones, sugerencias, alusiones, implicaciones, resonancias, sentimientos, emociones, subtextos, intenciones, sentidos ocultos o latentes, elementos del contexto y referencias implícitas, de tal amplitud y complejidad que hacen inviable la traslación literal a otras lenguas.

A esa difícil tarea se enfrenta, sin embargo, la autora, ofreciéndonos sus versiones, entrañables y poéticas, rezumando sensibilidad y un sutil sentido del humor, tal y como podréis comprobar en la selección de trece vocablos que he elegido para conformar el espacio de esta semana. Unos términos que, como adelanté hace quince días, se presentan en su pronunciación castellana, ante mis limitaciones al enfrentarme a la fonética del parsi o el malayo, el gaélico o el árabe, el finés o el húngaro, algunos de los idiomas presentes en la emisión.

Los evocadores significados de las voces escogidas aparecen entre unas no menos sugerentes canciones, como siempre envueltas en una atmósfera íntima y recogida, muy delicada y agradable de la que espero podáis disfrutar, interpretadas por Jill Johnson, Jimmy Scott con Till Brönner, Rumer, Leyla McCalla, Jane Siberry, Teresa Salgueiro, Matthew y Jill Barber, Scott Hamilton, Tony Joe White, Sarah Jane Morris con Antonio Forcione, Neko Case con K.D. Lang y Laura Veirs, y Leonard Cohen.

martes, 4 de abril de 2017

 
LOST IN TRANSLATION
 
Como cierre de las emisiones de este trimestre, Buscando leones en las nubes os ofrece un programa que gira, como lo hará el primero tras las vacaciones de Semana Santa, sobre un librito muy atractivo y que, pese a su modestia, me parece valioso y sugerente, abierto pues a una lectura profunda y penetrante, a reflexiones trascendentes y, en todo caso, a una agradable experiencia lectora. Se trata de Lost in translation, la obra -sin nada en común con la película del mismo título que dirigió Sofia Coppola- de la escritora e ilustradora Ella Frances Sanders, que vio la luz el pasado año en la editorial Libros del Zorro Rojo en la imposible traducción de Sally Avigdor. A partir del próximo miércoles 5 de abril podéis leer una completa reseña del libro en el blog de mi otro programa en Radio Universidad de Salamanca, Todos los libros un libro.
 
Y si, a propósito de la traducción, he hablado de imposibilidad es porque Lost in translation es un compendio de más de cincuenta palabras, escogidas entre el léxico de una treintena de idiomas (entre otros el japonés, el noruego, el alemán, el sueco o el árabe, pero también algunos no tan difundidos como el malayo, el yidis, el tagalo, el urdu, el sánscrito o el farsi, e incluso los más exóticos wagiman, tulu, yámana o el bantú nguni), que no tienen una traducción exacta en el inglés en el que se redacta el texto original, ni tampoco en el castellano en que nosotros leemos el libro. La autora presenta cada vocablo con su versión a nuestro idioma, siempre aproximada ante lo inviable de la literalidad, entre muy sencillos dibujos, todos teñidos de un tono inocente y algo naïf, con los que ilustra el significado, casi siempre metafórico y muy poético, de cada término.
 
En la presente emisión os ofrezco una docena de esos términos, con mención del idioma al que pertenecen y con la entrañable propuesta de traducción que le da su autora. Son, como digo, en todos los casos, palabras que expresan sentimientos y experiencias, emociones y vivencias, de alcance universal, con las que, por tanto, resulta fácil identificarse, más allá de lo relativamente enrevesado o críptico de su formulación original. Quiero disculparme de antemano por mi forzosamente equivocada pronunciación al presentaros cada voz, pues como se puede imaginar no son el islandés o el inuit, el gaélico o el hawaiano lenguas con las que esté familiarizado. Opto, por lo tanto, por una versión fonética españolizada de cada vocablo, confiando en que, al margen de la incorrecta dicción, sea el sentido al que alude cada palabra lo que pueda interesaros.
 
Entre los textos, y como es norma en Buscando leones en las nubes, os dejo una selección de canciones, exquisitas y muy dulces, llenas de encanto y sensibilidad, que se acomodan de maravilla a la delicia de los fragmentos leídos. Sus intérpretes: 9Bach, Sandy Denny, Izaline Calister, Gregory Porter, Valerie June, Mark Eitzel, Hope Sandoval, Philip Henry con Hannah Martin, Flo Morrisey con Matthew E. White, Eleanor McEvoy, Amos Lee y Heather Bambrick.

martes, 28 de marzo de 2017



… Y VICEVERSA

La emisión de esta semana de Buscando leones en las nubes, que es la segunda y última de la breve serie que comenzamos el lunes pasado, tiene a El azar y viceversa, la hilarante novela de Felipe Benítez Reyes, presentada hace casi un año en la editorial Destino, como protagonista exclusiva.

Al igual que hace siete días, son doce los fragmentos del libro que comparecen en el programa, todos ellos textos repletos de sentido y abiertos a la reflexión, girando, en su mayor parte, sobre el amor y algunos temas adyacentes, como el paso del tiempo y los recuerdos, las ilusiones y los sueños, sobre todo los inalcanzables y los incumplidos.

Entre los divertidísimos, y pese a ello algo tristes, pensamientos del escritor gaditano, os ofrezco una docena de canciones, como de costumbre intimistas y melancólicas, cálidas y deliciosas temas, rezumando belleza y sensibilidad, interpretadas por Eve St. Jones, Madeleine Peyroux, Rokia Traoré, Ben Sidran, Las Migas, Sarah Menescal, Mina, Vince Gill, Marisa Monte con Devendra Banhart, Bob Dylan, Paul Simon y Sara Watkins.


No sé si estará usted de acuerdo conmigo, pero creo que todos llevamos una triple vida, sustentada en tres pilares: lo que creemos ser, lo que quisiéramos ser y lo que en verdad somos. La mezcla de los tres elementos suele resultar bastante mala, aunque conviene mostrarse optimista y hacerse cuanto antes a la idea de equilibrar de la mejor manera posible esa conjugación desconcertante.

Al fin y al cabo, no hay cosa que conozca uno mejor que su vida aparente y que su vida imposible, de igual modo que no hay cosa que cualquiera de nosotros conozca menos que su identidad más recóndita, ya que podemos interpretar nuestras acciones, dilucidar sus razones superficiales, incluso las intermedias, pero no su razón última, que no pasa de ser algo así como el brinco irreflexivo del arlequín: lo que hacemos y pensamos sin tener ni idea de por qué lo pensamos ni de por qué lo hacemos. Y es posible que ahí esté la clave de todo, o de casi todo: la existencia como una sucesión de piruetas aleatorias en el vacío.

Disfrutamos de la facultad de narrarnos, aunque a través de meras anécdotas, y de sobra sabe usted que una anécdota no es más que un entresueño disfrazado de realidad, un jalón pintoresco y más o menos coherente en la gran secuencia del sinsentido. Pero lo radicalmente abstracto, ¿cómo se cuenta? Ni los mejores filósofos sirven del todo para eso. Bien... Por suerte, no puedo creer en la predestinación: desde la cuna, yo iba para víctima colateral de la mecánica insensata del mundo, como la mayoría de la gente, pero el caso es que he sido una persona venturosa y hasta diría que tirando a feliz.

Con el paso inerte de los años, he aprendido algunas cosas, como es natural, y he vivido otras muchas, aunque, según ha demostrado esa ciencia exacta que es la desilusión, el mucho aprender no siempre sirva para la vida ni el mucho vivir enseñe en el fondo nada, ya que todo es un comienzo: cada día nos inauguramos. Los indefinidos. Los reescritos. Un documento con tachaduras y con una escritura urgente, pues la historia de cualquier existencia tiene menos que ver con la caligrafía que con la taquigrafía, y no sé si me explico: esto es el vértigo. Una carrera a ciegas en una casa de cristal, rompiendo cosas. Esto va tan rápido, en fin, que a veces tienes la impresión de que no va a acabarse nunca.

Para empezar, ¿qué sabe un adulto de su niñez? Pues me temo que poco más que un niño de su futuro. Con respecto al tiempo, estamos siempre entre dos fantasmagorías, y lo que nos sucedió ayer por la tarde no es menos neblinoso que lo que habrá de pasarnos mañana por la mañana. De todas formas, si no tiene usted inconveniente, le hablaré durante un rato, así por encima, de esa masa de niebla que he ido dejando atrás, a pesar de que comprendo que la niebla es un mal asunto de conversación.

martes, 21 de marzo de 2017


EL AZAR…

Buscando leones en las nubes vuelve a girar esta semana en torno a una única obra literaria, pues después de las emisiones centradas en Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout, y El camino estrecho al norte profundo, de Richard Flanagan, vamos a dedicar dos programas consecutivos a El azar y viceversa, la magnífica y divertidísima novela de Felipe Benítez Reyes.

En el mes de diciembre pasado, y en mi otro espacio en Radio Universidad, Todos los libros un libro, presenté una extensa reseña sobre el libro del autor gaditano. A ella me remito ahora por si queréis conocer con más detalle los pormenores de la interesante novela. Podéis leerla en el blog del programa, todoslibrosunlibro.blogspot.com. Os dejo aquí ahora un breve fragmento del libro.

Doce sugestivos fragmentos de esta obra, profundas reflexiones penetradas de un sutilísimo humor, integran la emisión de hoy, en la que se presentan acompañados de otras tantas canciones, todas ellas desenvolviéndose en la tónica melancólica habitual de Buscando leones en las nubes. Las irónicas e inteligentes, las penetrantes y casi siempre muy divertidas palabras del gaditano aparecen así entre las deliciosas canciones de Richard Hawley, Nakany Kante, Van Morrison, Lana del Rey, Lambchop, Fiorella Mannoia, Leonard Cohen, Natalie Merchant, Joan Chamorro con Andrea Motis, Norah Jones, Tekla Waterfield y Corinne Bailey Rae.


«Un día muy lejano, la mar se nos morirá», me decía mi padre, entre la pesadumbre y la videncia catastrofista, y yo imaginaba que el cadáver de la mar sería una superficie mansa y estática, sin oleaje y silente, hasta que fuera consumiéndose, evaporándose hasta la última gota, y dejara al descubierto una planicie sin fin atestada de esqueletos de ballenas y de cascos de embarcaciones náufragas, de calaveras y tesoros, como una tierra novedosa y espectral de promisión. Pero el caso es que la mar sigue ahí, envenenada pero viva, y que mi padre se me murió muy pronto. Lo tengo en la memoria como una especie de presencia volatizada, con esa indefinición de todo lo que se mueve en la línea medianera entre lo fingido y lo verdadero, aunque le dio tiempo a revelarme algunos de los secretos de la mar, que pueden ser insondables si uno no consigue establecer un patrón para ese misterio en movimiento perenne, y en eso la mar se parece mucho a la vida, por lo que ambas tienen de prodigios inestables. El patrón que me sugirió era sencillo, aplicable a la mar inmensa y, por extensión, a las cosas restantes del universo, incluidas las intangibles: dejarme fascinar por todo sin caer en la ansiedad de pretender poseerlo, de querer interpretarlo ni de procurar trascenderlo. («No estamos en el mundo para que nos den un diploma de especialistas en el mundo», me repetía.) Adopté ese patrón y no me ha ido mal, aunque reconozco que con demasiada frecuencia el pensamiento se me va por sus caminos peculiares, que suelen ser los propios de los laberintos.

Miguel Escribano Beltrami, que así se llamaba mi padre, trabajó de muchacho en la tienda de tejidos de mi abuelo y luego apenas un par de años en una caja de ahorros, tarea que complementaba con la de llevar la contabilidad pequeña de algunos comercios. Murió a los treinta y cuatro años, cuando yo tenía doce, y nunca he sabido resignarme a esa esfumación suya tan temprana. Es una figura borrosa de la que me acuerdo casi a diario: una especie de pincelada de humo en el aire, con su traje de alpaca gris —que es con el que casi siempre me lo represento, no sé por qué, ya que tenía otros, claro está— o a veces, más raramente, con la guayabera blanca de los veranos, que venía a ser el disfraz de indiano próspero de casi todos los padres, que con aquella prenda introducían una reminiscencia de ultramar en nuestros meses de calor. El tiempo traza, eso sí, perspectivas deformantes: cuando llega el momento en que recuerdas a tu padre difunto como alguien más joven que tú, la secuencia lógica del tiempo se desarticula y tienes la impresión desatinada de que el huérfano es él. Afortunados, en fin, quienes puedan recordar a sus progenitores como unos viejecillos que se despidieron poco a poco de la vida, porque en esa nostalgia habrá al menos un método, aunque es posible que no menos dolor. Tampoco menos extrañeza: la muerte es siempre rara.


martes, 14 de marzo de 2017


EL CAMINO ESTRECHO AL NORTE PROFUNDO

Una semana más, tras la anterior emisión dedicada a Me llamo Lucy Barton, el libro de Elizabeth Strout, Buscando leones en las nubes vuelve a centrarse en una obra literaria para entresacar de ella todos los textos que conformarán el programa, los cuales aparecerán acompañados, como es habitual en nuestras emisiones, de un conjunto de canciones siempre algo tristes y melancólicas pero bellísimas, caracterizadas por su tono intimista y su aire recogido y delicado.

Hace algunos meses, a finales de 2016, os presentaba en mi otro espacio en Radio Universidad de Salamanca, Todos los libros un libro, mi reseña de El camino estrecho al norte profundo, una espléndida novela del australiano Richard Flanagan editada en nuestro país por Penguin Random House. Me remito a mis palabras de aquella ocasión, que podréis consultar en el blog del programa, todosloslibrosunlibro.blogspot.com, para completar la información sobre el libro que hoy protagoniza Buscando leones en las nubes.

Os diré ahora, tan solo, que en el medio de una dramática historia sobre la construcción de una línea férrea levantada por Japón en la Segunda Guerra Mundial, que debería unir -con intenciones bélicas- Bangkok, capital de Tailandia, entonces Siam, y Rangún, que lo es de Birmania, hoy Myanmar, atravesando centenares de kilómetros de intrincada selva, punteada por bloques de montaña y caudalosos ríos, en unas condiciones auténticamente inhumanas para los prisioneros encargados de la ardua tarea, verdaderos esclavos explotados hasta la muerte por sus captores, el autor inserta el conmovedor relato de una emotivo y apasionado amor vivido en su juventud por el personaje principal, Dorrigo Evans, que se enamorará de la mujer de su tío, la bella Amy, en una fugaz experiencia que marcará toda su vida y le acompañará hasta su muerte. En el presente programa escucharéis una selección de textos del libro en la mayoría de los cuales es precisamente esta historia amorosa la que constituye el motivo principal.

Y entre ellos, como he señalado, unas cuantas preciosas canciones, todas muy dulces y algo tristes, rezumando belleza y sensibilidad, interpretadas por Angus y Julia Stone, Maria Taylor, Hélène, Maria Luiza, The Colorist con Emiliana Torrini, Lisa Simone, Seth James con Jessica Murray, Eve St. Jones, Joana Serrat, Grant-Lee Philips, Silvia Pérez Cruz, Van Morrison y Norah Jones.


Yo no creo en el amor, dijo ella. No, no creo. El mundo es demasiado pequeño, ¿no cree, señor Evans? Tengo una amiga en Fern Tree que da clases de piano. Tiene un don para la música. Yo en cambio no tengo nada de oído. El caso es que un día me contó que cada habitación tiene su propia nota musical, solo hay que buscarla. Se puso a hacer gorgoritos mientras se paseaba de aquí para allá, y de pronto la habitación le devolvió una nota, como si hubiese rebotado en las paredes y se hubiese elevado desde el suelo para llenar el espacio con una melodía perfecta. Un sonido precioso. Como si uno arrojara una ciruela y le devolvieran todo un huerto. No se lo creería usted, señor Evans. Era como si esas dos cosas tan distintas, una nota y una habitación, se hubiesen encontrado mutuamente. Sonaba... como si encajaran. ¿Estoy diciendo tonterías? ¿Cree usted que a eso nos referimos cuando hablamos del amor, señor Evans? ¿A la nota que vuelve a nosotros, que nos busca aunque no queramos ser encontrados? ¿Qué un buen día conocemos a alguien y todo lo que define a esa persona nos resulta extrañamente familiar, como una vieja melodía tarareada, como si todo encajara de pronto? Es algo precioso. No me explico demasiado bien, ¿verdad? Las palabras no son mi fuerte. Pero así éramos Jack y yo. En realidad no nos conocíamos demasiado. No estoy segura de que me gustara todo en él. Supongo que también había cosas en mí que le desagradaban. Pero yo era esa habitación y él era esa nota, y ahora ya no está. Y no hay más que silencio.

martes, 7 de marzo de 2017


ME LLAMO LUCY BARTON

La excusa que esta semana motiva y explica nuestro espacio es la inminente celebración, mañana, 8 de marzo, del Día Internacional de la Mujer. Como sabéis nuestros habituales seguidores, en las fechas cercanas a esta “conmemoración” suelo hacer girar el programa sobre alguna manifestación de la literatura o la música creadas por mujeres.

Y así ocurre una vez más en esta ocasión, en que he escogido como centro del programa un libro, Me llamo Lucy Barton, escrito por una mujer, la espléndida Elizabeth Strout y presentado en España por la editorial Duomo, y que tiene a otras dos como protagonistas, una directa y principal, la propia narradora, la Lucy Barton del título, y otra más indirecta aunque también fundamental, su madre, con la que Lucy habla, en un diálogo pospuesto durante años, al encontrarse la hija, una escritora de mediana edad, en un sanatorio en el centro de Manhattan en el que convalece de una intervención quirúrgica que se ha complicado y que la ha obligado a permanecer en su cama hospitalaria más tiempo del previsto.

En la novela, a partir de las conversaciones entre madre e hija, mantenidas en cinco intensas jornadas, ésta repasa su vida, los recuerdos de la infancia, el matrimonio con su ahora exmarido William, que se ha vuelto a casar y con el que mantiene un apacible contacto, la relación con sus hijas, Chrissie y Becka, que durante su internamiento permanecen con su padre, el trato con algunos amigos y, por encima de todo, la ambivalente relación con su madre, conflictiva y tortuosa en muchas ocasiones, llena de amor siempre. He seleccionado una docena de fragmentos del libro que permiten, de un modo alusivo y vagamente impresionista, formarse una idea de su atmósfera, de su espíritu.

Entre los textos, doce canciones que tienen a la maternidad, a las relaciones materno-filiares, a las madres en definitiva, como motivo central, interpretadas por Lyambiko, Tindersticks, Suzanne Vega, Pink Floyd, Micah P. Hinson, Ayo, Eels, Jill Sobule, The Dixie Chicks, John Lennon, Basia y la cantante etíope Ejigayehu “Gigi “ Shibabaw, cuya extraordinaria voz cierra el programa con la canción Mother is sent away, que aparece en la banda sonora de la película “Endurance”, en la que se narra la vida de Haile Gebrselassie, el atleta ya legendario atleta de Etiopía. Desconozco el significado de su letra, cantada en el amárico del país africano, pero se trata indudablemente de una nana que, en el contexto de la película, ilustra una escena en la que la madre de un Gebrselassie niño, muy enferma, debe ser transportada de su poblado al hospital. La familia entera, ante el destartalado vehículo que la llevará quién sabe si para nunca volver, sale a despedirla mientras el niño llora y la conmovedora nana suena ofreciéndole, como siempre hace la voz de una madre, un espacio de protección y consuelo, de abrigo y ánimo.

Espero que el programa os interese, hasta el punto de que os despierte el deseo de leer esta magnífica novela, Me llamo Lucy Barton, de Elizabeth Strout, en su integridad.