martes, 29 de mayo de 2018


BURT BACHARACH. NO INTENTES CAMBIARME

En el programa de esta semana continuamos con la segunda entrega de la serie de cuatro que componen el homenaje que nuestro espacio está dedicando a Burt Bacharach con ocasión del nonagésimo aniversario de su nacimiento, el 12 de mayo de 1928, en Kansas City.

Como ya comentaba en la emisión de hace siete días, Bacharach es uno de los grandes clásicos de la música popular de los últimos sesenta años, un pianista, arreglista, cantante y, sobre todo, compositor, responsable de centenares de temas a lo largo de su extensa carrera, varias decenas de los cuales alcanzaron los primeros puestos en las listas de éxitos de medio mundo. El hecho de que sólo esporádicamente interpretara sus propias canciones y que éstas vieran la luz habitualmente en las voces de otros cantantes, es la causa, quizá, de que su nombre no suscite el reconocimiento inmediato entre las generaciones más jóvenes. Sin embargo, cualquier mínimo amante y seguidor de la música pop reconoce en él a un genio indiscutible, presente durante décadas en los primeros planos de la escena musical, un compositor magistral, con un talento extraordinario y con una descomunal capacidad de influencia sobre infinidad de artistas.

Sus canciones, exquisitas, elegantes, sofisticadas, aparentemente sencillas pero técnicamente complejas, formalmente convencionales en unas décadas en las que la innovación y la experimentación musicales constituían el baremo de referencia incuestionable, de un romanticismo dulce y delicado muy inusual en un panorama estilístico más arriesgado y atrevido, más rebelde y “comprometido” -el núcleo central de su producción tiene lugar en los años de los Beatles, los Rolling Stones, Bob Dylan, los Kinks o los Doors- han, sin embargo, perdurado, y en nuestros días podemos escucharlas como verdaderos clásicos imperecederos, capaces de recrear, quizá de un modo más fidedigno que el de los autores mencionados, el espíritu de una época que, envuelta en nostalgia y emoción, aparece hoy no sólo como la de las drogas y el rock and roll, la de la contracultura y el underground, sino también la del amor y las flores, la de la inocencia y la levedad, la de la gracia, la ligereza y la belleza.

En la hora de programa que ahora os presento os ofrezco diecisiete canciones de Bacharach, todas ellas -salvo las tres primeras- interpretadas por quien fue su voz más representativa, la inmensa Dionne Warwick, en un recorrido musical que llega hasta mediados de los años sesenta. Antes de la gran diva, suenan Adriano Celentano, The Shirelles y The Drifters.

La espléndida y muy reconocible música nacida de la colaboración Bacharach-Warwick aparece entre breves notas biográficas, comentarios del propio autor y anécdotas varias entresacados de diferentes entrevistas y artículos entre los que destacan los escritos por Robert Greenfield, Mick Brown, Francisco Neira o Mario Serra.

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